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domingo, 28 de diciembre de 2025

Caza de citas

“Para crear pistas falsas, callejones sin salida, hechos plausibles que sin embargo nunca han sucedido. Para incriminar, para exculpar. Para meterte ideas en la sesera, para hacerte desconfiar del flujo natural del tiempo. Para traspasar fronteras como una brisa, como un fantasma, ante los mismos ojos de la autoridad. Todo eso y algunas cosas más. Es como pintar un retrato o un paisaje, exaltando ciertos elementos, traicionando el modelo real hasta que la representación, que transmite más fuerza, más energía, se impone victoriosa. El falsificador de la banda, me has llamado. No te equivocas, pero también soy un pequeño demiurgo capaz de tender infinitos velos sobre el rostro del mundo”

Francisco Serrano

(“El corazón revolucionario del mundo”, Tusquets, Barcelona, 2025:  43)

Ilustración:  Shusaku Takaoka.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Noticiero retrospectivo

 - Joaquín Marta Sosa. “Iglesia, ¿cultura revolucionaria o contrarrevolucionaria?”. Summa, Caracas, N° 62 del 15 al 30/11/1972.

- Bertrand Poirot. “Entrevista con Roger Garaudy: El porvenir es algo que se inventa”. El Nacional, 23/10/77.

- Rodolfo José Cádenas. “La investigación científica en la nueva sociedad”. El Nacional, 15/10/67.

- F.N. “Entrevista a Carlota Flores: El paraguas de COPEI”. El Diario de Caracas, 17/07/83.

- Fidel Castro / AFP: “Misión especial cumple el Che Guevara en un país”. El Universal, Caracas, 04/11/65.

Reproducción: Enrique Pérez Olivares (IFEDEC) y Arístides Calvani (ODCA) con el presidente electo Luis Herrera Campíns.

lunes, 17 de octubre de 2022

Brevísimo curso comparativo (o los pulmones de Betancourt)

EL FILOBETACURISMO DE CHÁVEZ FRÍAS

Luis Barragán

Desde principios de los ochenta del siglo pasado, los consabidos hechos del 18 y 19 de octubre de 1945 naturalmente ocuparon más a los historiadores que a los  polemistas de la prensa, presuntamente, agotadas o prescritas todas las facturas o contrafacturas políticas pendientes. Olvidados los acontecimientos, en la presente centuria, el régimen todavía hoy dominante saqueó el pasado para reforzar su legitimidad, tergiversándolo, aunque - quizá inadvertidamente - Chávez Frías hizo gala de un filobetancurismo que a nadie puede extrañar dado el batiburrillo ideológico que lo explicó, con la salvedad de su literal profesión de fe castrista.

No constituye exageración alguna, parangonar dos etapas históricas, como la de 1945-1948, y la que, muy luego, surgió de las urnas electorales para extremar el llamado autoritarismo competitivo con la fracasada reforma  constitucional, 1999-2007. Las coincidencias responden, en un caso, a las expectativas históricamente formadas, mientras que, en el otro, por decir lo menos, a la falta de formación e imaginación política del barinés, apenas compensado por los oportunos consejos de Miquilena y los viejos rencores de Uslar Pietri de una notable (SIC) difusión.

Demostrado por una profusa documentación anterior y posterior a los hechos citados, fruto de un permanente debate político,  Rómulo Betancourt levantó las banderas de la emergencia social, la despersonalización del poder, la moralización administrativa, el sufragio directo, universal y secreto para una democracia efectiva, como el freno de una inminente guerra civil. Chávez Frías sintetizó su prédica proclamando las urgencias sociales, la despartidización del poder, la lucha frontal contra la corrupción, propulsando una democracia verdadera, después denominada protagónica y participativa, y, no faltaba más, convirtiéndose en el muro de contención frente a toda guerra civil, como puede constatarse en sus mensajería anterior y posterior al ascenso del poder.

Por supuesto, esta faceta filobetancurista, inherente al fenómeno octubrista, encuentra su mejor auspicio en la renta petrolera, descubierta por los venezolanos de los cuarenta como un formidable y demandable elemento de redención, y, por los noventa, redescubierta como un derecho conculcado y una posibilidad de solventar absoluta y definitivamente todos nuestros problemas.  Hoy, comprobadamente insuficiente para cubrir el más modesto gasto corriente, jurará encontrar un equivalente con el arrendamiento territorial que, en última instancia, define las llamadas zonas económicas especiales.

El discurso presidencial repotencia los estigmas que pesan frente al elenco desplazado y Betancourt  lo ejemplificará concretamente a través de “una política suntuaria, ostentosa, la del hormigón y del cemento armado (que) fue grata al régimen (medinista), como lo ha sido a todo gobierno autocrático que en piedra de edificios ha querido siempre dejar escrito el testimonio de su gestión, no pudiendo estamparlo en el corazón y la conciencia del pueblo”  [octubre de 1945];  Chávez Frías, amenazante,  hará una mayor extensión simbólica, ya que “están todavía latiendo de manera muy peligrosa las mismas causas multiplicadas, no sé por cuántos factores, que aquí produjeron la explosión social del 27 de febrero de 1989”  [febrero de1999], ahora, retumbando entre los que se preguntan cómo llegamos a esto.  El uno, internalizándolo, desea administrar esa noción del pasado para inmediatamente gobernar, como no dejó nunca de hacerlo ni siquiera en su segunda presidencia, muy a pesar de las gravísimas circunstancias afrontadas, porque había programa que cumplir; el otro,  saturándolo, nos retrotrajo a décadas largamente superadas, sin que jamás gobernara, huérfano de un programa, excepto se tenga por tal la retórica populista que prometió convertirnos en toda una potencia en el decenio anterior, destruyendo la industria petrolera misma.

El guatireño de quien, por cierto, aficionado a la pipa, ya raras veces se le ve fotografiado con un cigarrillo o un puro, supo rectificar y madurar todo un proyecto histórico a partir de 1959, derivando en una era contrastante con la Venezuela atrasada y de intestinas luchas armadas; propuesta de un profundo impacto en nuestra cultura política,  recogida en “Venezuela, política y petróleo”, como bien lo calibró Omar Astorga en “El mito de la legitimación” [Caracas, 1995]. El sabaneteño de un adecaje que expiró en 2007, nos retrotrajo al país que creímos por siempre superado, cuyas obras más densas se encuentran en “Aló, presidente” y en “El libro azul” [Caracas, 2013], faltándole un coronel que la reescriba por tierras de Comala, más que de Macondo.

            La revolución luce como un mito poderoso a desgranar y, por ello, no puede pasar por alto una fecha como la de hoy que permite tender puentes entre el trienio y la veintena de años que tenemos soportando el presente régimen, siendo quizá muy útil la (re) lectura de François Furet y su “Pensar la revolución francesa” [Barcelona, 1980], Luis Ricardo Dávila y su “Imaginario político venezolano” [Caracas, 1992], o Sócrates Ramírez y su “Decir una revolución: Rómulo Betancourt y la peripecia octubrista” [Caracas, 2014]. Le es imposible al dirigente político y social de oficio eludir el asunto que no lo reclama  estricta o rigurosamente como historiador, sino  como un hacedor que está consciente y convencido de su actual rol histórico.

Reproducción: La inicial, medio y fecha imprecisa;  la segunda, Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, nr. 4 de 1947.  Luego, Élite, nr. 1047 de 1945.

18/10/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/el-filobetancurismo-de-chavez-frias/

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...