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jueves, 1 de enero de 2026

Cuba 67

TAL DÍA COMO AYER, O EL ESPANTAPÁJAROS HISTÓRICO

Luis Barragán

 

—Ya bastante jodidos estamos todos en un país en

que la gente debe luchar cada día por la supervivencia —

le había argumentado Aitana, con Violeta a su lado—, un

lugar donde te han sucedido cosas como las que te

hicieron cuando te botaron de la Universidad y donde

el pasado está lleno de mentiras y el futuro es una masa

oscura y, así, viscosa, sin forma. Pero uno no puede

dejar que lo aplasten y conformarse con autocompadecerse”

Leonardo Padura

(“Morir en la arena”, Tusquets, Barcelona, 2025: 144)


Finalmente huye el dictador Fulgencio Batista que ya no soportaba más el asedio de las variadas corrientes y fuerzas opositoras, y, particularmente, las armadas que descendían victoriosas de Sierra Maestra, comandadas por Fidel Castro. Éste, entra a La Habana el primero de enero de 1959 y toda la prensa venezolana registra emocionada el desenlace de un proceso convertido en causa propia entre nosotros.

Hecho al que neciamente podría negársele su trascendencia, pues, colapsó definitivamente la vida republicana de la isla de una prolongada precariedad, dio inicio a una experiencia que se hizo peculiarmente bolchevique de acuerdo al canon de la Guerra Fría. La coalición opositora inicialmente conformada por los sectores liberales, socialdemócratas, auténticos y comunistas, al igual que sindicatos, empresarios, estudiantes, clerecía y la prensa independiente, fue rápida y radicalmente capitalizada por el movimiento 26 de Julio: relegado el propósito de restablecer la Constitución de 1940, sanear el Estado y celebrar elecciones, la llamada unidad revolucionaria acabó con los aliados, disidentes, adversarios y opositores, se confundió con la suerte personal de Castro forzando al partido único trastocado en Estado.

Antes, Cuba exhibía un básico pluralismo  político (auténticos, ortodoxos, liberales) y una mínima tradición o aspiración republicana que bien expresó la Constitución ya citada, convertida la universidad en un extraordinario referente crítico y fuente del relevo dirigencial. Además, lejos de idealizarla, afectada por las mafias que también la domiciliaron, un rápido balance nos impone de la existencia real de una población dinámica y urbana con una clase media en expansión, con una de las más altas expectativas de vida de la región, avanzada en términos médicos, susceptible de una provechosa modernización social y económica. No obstante, operó una maldición indiscriminada del pasado y, desde la primera y segunda Declaración de La Habana fidelista, definitivamente Fulgencio Batista y el batistato encarnan todas las desgracias propinadas por el imperialismo que le permite a la revolución, o lo que se entendió por tal, evadir toda la responsabilidad de los fracasos sostenidos ya por 67 años, y deslegitimar preventivamente la más tímida observación y crítica del por siempre inacabado proceso.

Personificado el mal al extremo, el antiguo sargento devenido general que, por cierto, fue agasajado en su visita a Venezuela en los cuarenta, añadida la expresa satisfacción del Partido Comunista del patio, ha sido el chivo expiatorio por excelencia, el espantapájaros histórico por antonomasia, así como probaron en este lado del mundo con el Pacto de Puntofijo y el puntofijismo, disgregado en los múltiples nombres de actores de los que muy poca memoria o ninguna queda.  Huelga comentar los contrastes, pero la concepción es la misma en relación a los usos y abusos del pasado, mediato e inmediato, caricaturizado como el arma política letal de la izquierda impune, utilizando el fuste de los terrores jacobino, ruso, maoísta y nazi, que en su momento se apoyaron, de diversas formas, en regímenes y estructuras históricas como el ancien régime y Luis XVI, el zarismo, el colonialismo feudal y la República de Weimar para legitimarse.

Lo importante ha sido y fue la identificación y el combate contra el fiero enemigo de las más maleables de las abstracciones, a objeto de legitimar el ejercicio del poder negado a rendir cuentas, en el marco de un constante e interesado proceso constituyente. Por lo pronto cabe distinguir la eficaz personificación del enemigo, la aplicación de una absoluta y maniquea ley de la causalidad, la creación de un poderoso mito histórico con sus correspondientes tabúes.

La satanización del pasado no constituye novedad alguna para la reflexión organizada y sistemática que todavía no es noticia de los muchos que hacen la política por estos tiempos, y, así, se encuentra en dos autores de los cuales, una, frecuenta justificadamente las páginas de opinión, y, el otro, injustamente se le ha olvidado. Hannah Arendt lo reportó en el cuadro generativo de miedos y resentimientos en los totalitarismos extremos de entonces, mientras que Raymond Aron lo relaciona con la estructura social e institucional, permitiendo – ambos – deducir la identidad, persistencia, funcionalidad, efecto sobre la memoria colectiva y el contraste entre la actual percepción histórica respecto a la versión oficial intensamente propagandizada.

Acá, nadie pretende defender el batistato, pero muy pocas dudas que caben sobre la peor realidad de décadas que viven los cubanos, incluyendo el éxodo continuo y tormentoso también expuesto como seña de identidad: la obra de Leonardo Padura, el isleño que escribe todavía desde el hogar caribeño, constituye una buena aproximación a la realidad. Por cierto, pueden tomarse algunos títulos, con o sin Mario Conde, y compararla con la ambientación de la Cuba precastrista tomando, por ejemplo, “Los días mejores” (1958) de John Dos Passos que la evoca.  Y es que la literatura puede apuntar mejor y desnudar al espantapájaros que las ciencias sociales.

Ilustraciones: Fulgencio Batista, según Raúl Arzubi Borda (El Nacional, CCS, 02/01/1959). Modificación de la pieza original de Andrei Popov (https://apuntaje.blogspot.com/2025/12/del-fenomeno-recesivo.html ), a través de la IA (IA).

02/01/2026:

https://www.elnacional.com/2026/01/tal-dia-como-ayer-o-el-espantapajaros-historico/

https://lapatilla.com/2026/01/02/luis-barragan-tal-dia-como-ayer-o-el-espantapajaros-historico/

domingo, 9 de noviembre de 2025

Noticiero retrospectivo

 - Joaquín Marta Sosa. “Iglesia, ¿cultura revolucionaria o contrarrevolucionaria?”. Summa, Caracas, N° 62 del 15 al 30/11/1972.

- Bertrand Poirot. “Entrevista con Roger Garaudy: El porvenir es algo que se inventa”. El Nacional, 23/10/77.

- Rodolfo José Cádenas. “La investigación científica en la nueva sociedad”. El Nacional, 15/10/67.

- F.N. “Entrevista a Carlota Flores: El paraguas de COPEI”. El Diario de Caracas, 17/07/83.

- Fidel Castro / AFP: “Misión especial cumple el Che Guevara en un país”. El Universal, Caracas, 04/11/65.

Reproducción: Enrique Pérez Olivares (IFEDEC) y Arístides Calvani (ODCA) con el presidente electo Luis Herrera Campíns.

domingo, 26 de octubre de 2025

Noticiero retrospectivo

- Amonestado Arnoldo José Gabaldón por irrespetar el “cese al fuego”. Tribunal de Ética: Acusciones contra el secretario general de AD en el estado Aragua. Economía Hoy, 12/09/1989.

 - “¿Por qué Fidel Castro no quiere cambiar a Hubert Matos por Regis Debray”. Bohemia, Caracas, N° 257 del 03/03/68.

- Nelson Rodríguez A. “Los políticos y el país: Noexiste una oposición que se corresponda con sus necesidades”. /Entrevista a Rafael Pizani, Rafael Thielen, Eduardo Gallegos Mancera). El Nacional, Caracas, 06/01/85

- Luis Buitriago Segura. El general José Rafal Gabaldón condecorado por Carlos Andrés Pérez. El Nacional, Caracas, 03/08/74.

- Oliver Urbina Ávila. “Política de la cultura o cultura de la política”. El Nacional, 07/12/81.

Reproducción: Carlos Andrés Pérez. Momento, Caracas, 1968.

Noticiero retrospectivo 1

Noticiero retrospectivo 2


lunes, 24 de febrero de 2025

Pecar de ingenuos

EN 1959 FIDEL CASTRO FUE RECIBIDO COMO UN HÉROE EN VENEZULA

Luis Perozo Padua 

Venezuela fue el destino elegido, en un contexto de fervor revolucionario tanto en Cuba como en el país suramericano que conmemoraba el primer aniversario del derrocamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

El viaje no fue una simple visita de cortesía. Castro, invitado por el presidente electo Rómulo Betancourt, llegó a Caracas con una agenda política y diplomática clara: agradecer el apoyo venezolano a su lucha contra Fulgencio Batista, fortalecer los lazos con el gobierno democrático que se instauraba y asegurar respaldo económico para la naciente revolución cubana.

Viaje en nave venezolana

A la 1:25 p.m., la aeronave de matrícula venezolana que transportaba a Fidel y su comitiva aterrizó en el Aeropuerto de Maiquetía. Lo acompañaban figuras clave de la Revolución Cubana como Raúl Castro, su hermano y futuro presidente de Cuba, Ernesto “Che” Guevara, el célebre guerrillero argentino-cubano, Camilo Cienfuegos, el carismático comandante, Celia Sánchez, su compañera sentimental y figura clave en la organización del movimiento, Pedro Miret, combatiente del asalto al Moncada y alto dirigente del nuevo régimen, Paco Cabrera y Violeta Casals, colaboradores del proceso revolucionario, Luis Orlando Rodríguez, periodista y político vinculado a la izquierda cubana, así como otros “camaradas” de la lucha armada, que conformaban el grupo de confianza del líder cubano.

Un recibimiento político

El recibimiento de Fidel Castro en Venezuela fue multitudinario. En el aeropuerto lo esperaron altos dirigentes políticos venezolanos, representantes del movimiento revolucionario y miles de ciudadanos que veían en él un símbolo de lucha contra las dictaduras latinoamericanas.

Entre los presentes destacaban: Fabricio Ojeda, presidente de la Junta Patriótica, hombre clave en la caída de Pérez Jiménez, Luis Beltrán Prieto Figueroa, en representación de Acción Democrática (AD), Jóvito Villalba, líder de la Unión Republicana Democrática (URD), entre otras personalidades políticas y militares que respaldaban la causa democrática.

La autopista que enlazaba Maiquetía-Caracas, desde horas de la madrugada, estuvo congestionada por la muchedumbre expectante. A su paso el jefe rebelde fue vitoreado.

La primera parada de la caravana se efectuó en el restaurante El Pinar donde la Junta de Gobierno le ofreció a Castro un suntuoso banquete. 

La estancia en el elegante restaurante se prolongó hasta cercanas las seis de la tarde. Al lado de Fidel se sentaron el canciller René de Sola y el ministro del Interior, Augusto Márquez Cañizares.

Se prescindió de todo ceremonial y protocolo. Largas conversaciones, estruendosas risas y, no faltaron las anécdotas de la Sierra, intercalados con los dramáticos episodios del 23 de enero de 1957, que marcó el derrocamiento de la tiranía de Pérez Jiménez

También asistieron Gustavo Machado, secretario general del Partido Comunista, Miguel Otero Silva, director del periódico El Nacional, Gonzalo Barrios de Acción Democrática, Fabricio Ojeda, y entre otros, el vicealmirante Wolfgang Larrazábal, presidente de la Junta de Gobierno de Venezuela en 1958 y quien apoyó a la Revolución cubana facilitando el suministro de armas a las fuerzas de Castro en la Sierra Maestra, así como proporcionando un refugio para el gobierno cubano en el exilio. En junio de 1958, la revista Time remarcó que Larrazábal “se ha esforzado de manera desconcertante por ser amable con los comunistas”.

Mientras tanto, Caracas aguardaba impaciente a Castro en la Plaza del Silencio. Se advertía el mismo delirio del Aeropuerto de Maiquetía.

Un reportero cubano escribirá para la agencia UPI: “En la capital de Venezuela, hasta donde permite la vista se extiende un mar de cabezas. Las gentes se apretujan en los balcones y azoteas engalanados de banderas”. La concurrencia -certifica la prensa de entonces-, excede a las 300 mil personas.

El público enloquecido intentó subir a la tribuna que amenazaba con desplomarse. Por los micrófonos pertinentemente exclamaron ruegos y apelaciones a la calma.

Al poco tiempo el desorden se transformó en aplausos y vítores cuando se advirtió la presencia de Castro y algunos integrantes de su comitiva.

Fabricio Ojeda, en representación de la Junta Patriótica, la organización clave en el derrocamiento de la dictadura el 23 de enero, fue el encargado de abrir el acto. Su discurso, aunque breve, incluyó un reconocimiento a Fidel Castro. Sin embargo, cerró su intervención con una frase cargada de esperanza: “La hora de América, la hora de la justicia ha llegado. El espíritu de la revolución popular está cabalgando sobre los suelos de América”. "Palabras que, con el tiempo, quedarían en entredicho frente a las acciones de los líderes de la revolución cubana, que terminarían por sepultar las expectativas y promesas de un pueblo sediento de libertad bajo el peso de su propia traición.

Huésped de honor

En la mañana del sábado 24, el Concejo Municipal de Caracas en sesión solemne declaró a Fidel Castro, Huésped de Honor.

El líder cubano agradeció la distinción. En aquel salón un óleo llamó su atención. Aquella pintura recogía el momento en que un puñado de próceres venezolanos firman el Acta de Independencia el 5 de julio de 1811. Castro los comparó con su gesta.

En el Ayuntamiento capitalino, Castro y su comitiva esperaron la comisión del Congreso compuesta por Jóvito Villalba, Gonzalo Barrios, Miguel Ángel Landáez y César Rondón Lovera, que lo acompañaron hasta la sede del Congreso Nacional, donde el revolucionario cubano ofreció un discurso.

Comparado con Simón Bolívar

En horas del mediodía, exactamente a las doce, comenzó la sesión conjunta del Congreso para rendirle homenaje “al ilustre visitante”, como lo calificaron los medios de comunicación.

Cuando Castro atravesó el umbral del hemiciclo, uno e los diputados que más euforia denunció fue el poeta Gonzalo García Bustillos que cuarenta años más tarde será el embajador de Venezuela en Cuba.

Rafael Caldera, presidente de la Cámara, visiblemente emocionado recibió al “ilustre visitante” declarando abierta la Sesión Especial concediéndole el uso de la palabra a Domingo Alberto Rangel, de Acción Democrática, quien habló en nombre de los congresistas.

Estamos recibiendo a un hijo de Venezuela -afirmó con vehemencia-, porque Fidel Castro tiene carta de naturaleza en nuestro país. Venezuela, madre de libertadores, debe premiar como hijo suyo a quien ha sabido liberar de la opresión y el terror a un país hermano.

Y prosiguió resaltando: “La figura que ahora nos visita, y quiero decirlo sin incurrir en el pecado de sacrilegio, tiene rasgos que lo semejan de manera notoria, con aquel joven Simón Bolívar.”

Rangel hizo una breve pausa mientras cesaba la ovación, y precisó: “Castro es hoy un héroe, quizás el único héroe que ha producido América Latina desde que terminó la gesta de los libertadores.”

La presencia de Castro en el parlamento venezolano reflejó el interés del naciente gobierno cubano en estrechar lazos con Venezuela. Sin embargo, el momento más emblemático de la visita ocurrió en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde fue recibido por una multitud de estudiantes, dirigentes políticos y simpatizantes de izquierda que lo aplaudieron sin pausa.

En el Aula Magna, Fidel pronunció un discurso incendiario, lleno de referencias a la “lucha antiimperialista” y la necesidad de consolidar gobiernos revolucionarios en la región.

Su mensaje fue vitoreado por militantes de Acción Democrática, Copei, URD y el Partido Comunista, quienes lo veían como una inspiración para la transformación política y social de América Latina.

Punto de quiebre con Betancourt

A pesar del respaldo y el entusiasmo inicial, la relación entre Venezuela y Cuba se fracturó poco después. Cuando Rómulo Betancourt asumió la presidencia de la República en febrero de 1959, negándose a otorgar la ayuda económica que con tanto fervor Castro solicitaba.

Betancourt, un político de larga trayectoria en la lucha contra dictaduras, veía con sospecha el rumbo comunista que tomaba la Revolución Cubana y decidió mantener distancia de Castro. Esta negativa marcó el inicio de una relación tensa entre ambos gobiernos.

En los años siguientes, Venezuela se convirtió en un bastión de la lucha contra la influencia cubana en América Latina. Betancourt impulsó la doctrina que lleva su nombre, que promovía el aislamiento de regímenes no democráticos y la defensa de la institucionalidad en la región.

Por su parte, Fidel Castro intensificó su apoyo a los movimientos insurgentes en Latinoamérica, incluyendo grupos guerrilleros en Venezuela, lo que terminó por romper por completo los lazos entre ambos países.

Con la llegada de Hugo Chávez Frías al poder en 1999, la relación bilateral sufrió un giro drástico, cimentando una alianza que redefiniría el destino de Venezuela bajo la sombra de Cuba. Para muchos, el país dejó de ser un actor soberano para convertirse en un peón del régimen castrista, un satélite dócil orbitando alrededor de los designios de La Habana. En la actualidad, Venezuela no es solo un apéndice de la isla, sino una extensión colonial sometida a su influencia, donde la independencia forjada por nuestros libertadores se desmorona en el eco de una revolución prometida, pero pervertida desde su origen.

Fotografía: Tomada de la edición de El Nacional. 

21 y 24/02/2025:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/42498-en-1959-fidel-castro-fue-recibido-como-un-heroe-en-venezuela

 https://www.elnacional.com/opinion/en-1959-fidel-castro-fue-recibido-como-un-heroe-en-venezuela/

miércoles, 28 de agosto de 2024

Mea culpa, o ... piar bien tarde

LLEVADO POR LA ESTUPIDEZ, EN 1989 LE DÍ LA BIENVENIDA A FIDEL CASTRO

Alberto Barrera Tyszka

El 1 de febrero de 1989, en un desplegado a página completa del periódico El Nacional, apareció un remitido que destacaba en gran tamaño dos palabras: “Bienvenido, Fidel”. En tres días más, estaba por realizarse lo que después se llamó “La coronación”: un fastuoso y enorme evento que celebraba el comienzo de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez. Se habían convocado a diversas personalidades internacionales, casi todos los mandatarios del continente habían confirmado su asistencia. La posibilidad de que también llegara Fidel Castro, sin embargo, había desatado una polémica. Existía cierta presión, en diferentes ámbitos, cuestionando su presencia en la cumbre. El remitido público era una expresión de solidaridad con el dictador cubano.

Fue un texto breve pero desbordado: “Nosotros, intelectuales y artistas venezolanos al saludar su visita a nuestro país, queremos expresarle públicamente nuestro respeto hacia lo que usted, como conductor fundamental de la Revolución Cubana, ha logrado en favor de la dignidad de su pueblo y, en consecuencia, de toda América Latina. En esta hora dramática del Continente, sólo la ceguera ideológica puede negar el lugar que ocupa el proceso que usted representa en la historia de la liberación de nuestros pueblos. Hace treinta años vino usted a Venezuela, inmediatamente después de una victoria ejemplar sobre la tiranía, la corrupción y el vasallaje. Entonces fue recibido por nuestro pueblo como solo se agasaja a un héroe que encarna y simboliza el ideal colectivo. Hoy, desde el seno de ese mismo pueblo, afirmamos que Fidel Castro, en medio de los terribles avatares que ha enfrentado la transformación social por él liderizada y de los nuevos desafíos que implica su propio avance colectivo, continúa siendo una entrañable referencia en lo hondo de nuestra esperanza, la de construir una América Latina justa, independiente y solidaria”.

El manifiesto estaba firmado por 911 intelectuales y artistas. Yo fui uno de ellos.

Nadie me pagó por hacerlo. Nadie tampoco me obligó. Nadie puso mi nombre sin consultarme. No firmé bajo engaño. Yo tenía 28 años y había publicado un libro de poemas. Fidel llevaba tres décadas en el poder y ya había dado contundentes muestras de su condición de tirano. Había encarcelado, torturado y asesinado a adversarios y disidentes; había perseguido y encarcelado a los homosexuales; buscaba suprimir cualquier tipo de diversidad. Había militarizado la sociedad y concentrado en su persona todo el poder. Había cancelado -hasta como hipótesis en el imaginario colectivo- cualquier posibilidad de alternancia gubernamental… Ya había ocurrido el famoso caso Padilla. Ya había sucedido el éxodo del Mariel, en el que por fin pudo escapar de Cuba Reinaldo Arenas. La perestroika había sacudido a la Unión Soviética el año anterior y en unos meses más, en ese mismo 1989, caería derribado el Muro de Berlín… ¿Acaso todo esto no era suficiente?, ¿qué más se necesitaba saber para negarse a firmar ese remitido?

Hay quienes todavía sostienen que, en el fondo, la invitación de Carlos Andrés Pérez respondía a una estrategia geopolítica: lograr que Fidel regresara al circuito diplomático continental y, de esta manera, poder hacer una mejor presión internacional para comenzar a flexibilizar el régimen cubano. Por supuesto que nada de esto se vio en el evento. El espectáculo fue otro.

Un elegantísimo Fidel Castro, de impecable traje y corbata, fue la sensación de la cumbre. La crónica de la época destaca que “hasta las señoras del Country Club querían tomarse fotos con él”. Como si fuera una estrella de rock, los medios de comunicación lo seguían a todos lados, a veces con infantil fascinación. Castro declaró que tanto él como su equipo de seguridad habían tenido muchas dudas sobre su asistencia, dadas las continuas amenazas que recibía y la cantidad de planes que siempre estaban en marcha para asesinarlo, pero que la lectura del manifiesto de bienvenida firmado por tantos intelectuales lo llevó a tomar la decisión de viajar a Venezuela. Formar parte del remitido, entonces, podía incluso en ese momento, ofrecer cierto prestigio, una fugaz ilusión de celebridad.

Nada de esto tenía -para los venezolanos- la dimensión de gravedad y de tragedia que tiene hoy día. El tema comenzó a ser percibido, a ser analizado y debatido, de otra manera una década después, a partir de 1999, cuando Hugo Chávez asumió la Presidencia y comenzaron los cambios, entre ellos un tipo de relación oficial muy distinta entre Venezuela y Cuba. En esos primeros años, a medida que Chávez empezaba a desmantelar el Estado y a imponer su proyecto autoritario y militarista, en el contexto de una polarización política cada vez más encendida, la sociedad también empezó a buscar explicaciones, a hacerse otras preguntas, a revisar de otra manera su propia historia. Dentro de esos análisis, el viejo remitido de 1989, y quienes lo firmamos, pasamos a ser de pronto casi cómplices y responsables directos de la destrucción del país, de la llegada del “castrochavismo” a Venezuela. La anécdota me sirve ahora para resaltar nítidamente las diferencias de recepción y vivencia de un mismo suceso, por una misma sociedad en dos circunstancias culturales y emocionales distintas. También es útil para despachar temprano una de las más socorridas fórmulas con las que se pretende resolver este dilema: asegurar que los intelectuales o artistas que apoyan -a veces de forma incomprensible- causas o movimientos claramente autoritarios lo hacen porque reciben un sueldo: son oportunistas tarifados, se han vendido sin pudor y sin gracia, solo son unos farsantes mercenarios. Obviamente, hay casos así. Pero esta sentencia no sirve para contestar a la interrogante central: ¿por qué un grupo de intelectuales y artistas, sin que nadie nos pagara nada, firmamos un alborozado manifiesto de adhesión pública a un impresentable tirano caribeño? La realidad -por suerte para todos- suele ser más rara y más compleja que una simple receta, que la ecuación que sostiene frecuentemente la polarización política.

Creo que, de entrada, es imprescindible cambiar la noción que tenemos de los intelectuales. Hay que dejar de pensar en esa antigua figura del intelectual que -como decía Foucault- pretendía ser “conciencia y elocuencia” de la tribu. Los intelectuales solo pueden ser percibidos así en sociedades donde nadie lee y donde no existe el debate ciudadano. Es más saludable pensar que los intelectuales son tan irracionales como todos los demás, que no siempre saben mirar y entender la realidad, que en política se equivocan con la misma frecuencia que cualquier otra persona.

El siglo XX -a partir del nazismo, del fascismo y por supuesto de la experiencia soviética- produjo agudas y luminosas reflexiones sobre la relación entre los intelectuales y el totalitarismo. Obviamente, las experiencias son distintas cuando se piensa y se actúa desde adentro, bajo la amenaza, el control y la violencia institucional, que cuando se hace desde afuera de un sistema totalitario. Si se está adentro, el tránsito entre la irremediable necesidad de sobrevivir y el disimulo oportunista que termina convertido en devoción puede ser sutil, ligero, muy eficaz. Serguéi Dovlátov, un extraordinario escritor que logró salir de la Unión Soviética gracias a Joseph Brodsky, resumen este trayecto de la siguiente manera: “Había decidido vender mi alma a Satanás y acabé regalándosela”.

El caso de los intelectuales que desde afuera genuinamente establecen una relación de fervor con este tipo de antiguas o modernas tiranías es más complejo. Este sometimiento voluntario suele justificarse por la existencia de una utopía o por el deslumbramiento ante el poder y el magnetismo de un líder. Leszek Kolakowski propone también otra característica para analizar el problema: la dualidad del intelectual entre su sentido de superioridad e independencia de pensamiento y su aislamiento y su necesidad de ser parte de una colectividad. El intelectual requiere constantemente ser reconocido, necesita demostrar que es un intelectual, legitimarse con la validación pública. No hay nada mejor para superar esta contradicción -según sostiene el académico polaco- que apoyar “la causa de los desvalidos”.

En este sentido, Cuba, al inicio, ofreció un relato muy tentador: en una pequeña isla del Caribe, los desvalidos se rebelaron en contra de un tirano apoyado por el poderoso imperio norteamericano. De inmediato, gran parte de la intelectualidad del planeta celebró y se congregó alrededor de esta ilusión revolucionaria. Y eso no estuvo mal. El problema está en lo que tardaron -tardamos, y todavía algunos tardan- en liberarse y salir de ese espejismo.

No deja de ser paradójico que sea en 1971 -ya con una década de consolidación violenta del modelo autoritario fidelista- cuando se da la primera crisis importante de buena parte de la intelectualidad del mundo con el régimen cubano. La detención del escritor Heberto Padilla y su posterior “autocrítica” -tras 38 días de prisión- marcó un referente insoslayable. Esa confesión pública -que puede verse ahora en un reciente y fascinante documental de Pavel Giroud– muestra de manera nítida lo que debe ser un artista en una revolución: Padilla renuncia a sí mismo, se avergüenza y reconoce que bajo su disfraz de “escritor rebelde” solo había un traidor, “a mí -dice- me importaba mucho más mi importancia literaria que la importancia de la revolución”; reniega de sus libros, los tacha de “derrotistas”, “amargados”, “resentidos”… acusa a algunos de sus ex amigos, denuncia a la prensa extranjera, ensalza a los soldados y a los gloriosos miembros de los cuerpos de seguridad del Estado; y -por supuesto, no faltaba más- habla del generoso líder, único y verdadero creador de la revolución: “Y no digamos las veces que he sido injusto con Fidel, de lo cual nunca realmente me cansaré de arrepentirme”. Así es el intelectual que el autoritarismo desea y tolera.

Sorprende que aun después de este caso, que supuso la crítica y el alejamiento de grandes apoyos del proceso cubano (Sartre, Calvino, Alberto Moravia, Marguerite Duras, Susan Sontag, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Vargas Llosa…), Fidel lograra todavía mantener cierto prestigio. Escritores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o Augusto Monterroso, manteniendo un leve espíritu crítico en algunos momentos, siguieron siendo leales a la revolución, anclados casi siempre en el argumento emocional que se sustenta en la desigual batalla de los desvalidos que se defienden de los ricos y de los poderosos.

Esta misma narrativa es la que sostiene el relato del bloqueo y suele tener una eficacia asombrosa. Resiste el peso de su propio fracaso, reinventando permanentemente su débil mentira, y demostrando que la melodramatización de la política es altamente rentable. Todavía para mi generación fue muy difícil entender y asumir que podíamos y debíamos estar en contra del bloqueo pero también en contra de la Revolución.

Firmar el remitido de Bienvenida a Fidel, en 1989, fue un lamentable error. Y no porque eso haya tenido algún tipo de consecuencia concreta en todo lo que ocurrió después en Venezuela, sino porque -llevados por la efusión polarizante, por la vanidad, por la estupidez- nos hicimos cómplices de una dictadura. Atendimos el espejismo de un lenguaje y obviamos el horror de los hechos. Todo esto es cierto. Pero, como contraparte, también es cierto que el dilema entre la tragedia de la realidad y las alternativas para transformarla sigue sin resolverse. Para nosotros, la esperanza sigue siendo un enorme problema político

En una mesa redonda, a propósito del “destino de los intelectuales”, realizada en Nueva York en 1985, George Steiner dijo lo siguiente: “Creo que desde hace tiempo, desde la Revolución Bolchevique, se ha desatado un movimiento de esperanza entre los intelectuales, se han abierto numerosas ventanas a la esperanza: varias de ellas se debieron a esa Revolución, otras a la Primavera de Praga y el régimen de Dubcek, y otras más a Cuba y al Chile de Allende. A posteriori es muy fácil decir que, en cada ocasión, uno fue rematadamente estúpido y que era previsible que todo acabara en catástrofe, tiranía y corrupción (…) Lo que ahora me interesa es saber qué pasará con la propia naturaleza del pensamiento, con la epistemología del pensamiento, si no abrimos más ventanas”. Casi cuatro décadas después, cercados por la polarización, encerrados en tiempos de corrección política y cancelaciones, estas dudas siguen teniendo una pertinencia impresionante. Steiner proponía un ejemplo fabuloso: “Supongan ustedes que un estudiante se presenta a cualquiera de nosotros, como ya ha sucedido, y nos dice ahora: Han enterrado a gente viva en San Salvador. Ya no puedo soportarlo. Soy un ser humano y debo hacer algo (…) Díganme ustedes qué harían si alguien les dijera: Sé que de unirme yo a la izquierda todo acabará, si ganamos, en brutalidades estalinistas de la peor especie; y que de unirme a la derecha el resultado será un coronel fascista más, o un generalísimo, o cualquier otra cosa por el estilo. No tiene caso hacer nada, ¿verdad?, ¿responderían acaso que estamos obligados, para madurar, a aceptar el principio freudiano de la realidad?, ¿qué no hay elección posible porque, gane la izquierda o la derecha, todo acabará sin remedio en atrocidad?”.

Nada de esto justifica el remitido que firmé dándole la bienvenida a un tirano. Intento, si acaso, complejizar ese momento, no excusarlo. Pienso en él con la distancia de los años y con la evidencia de un presente sin desenlaces posibles, en un país donde lo que más escasea es la ilusión. ¿Qué podemos hacer entonces con la indignación, con las genuinas y desesperadas ansias de cambio?, ¿dónde ponemos la esperanza?

Fuente:

https://lagranaldea.com/2023/07/30/bienvenido-fidel

Tomado de: https://grupolipo.blogspot.com/2024/08/alberto-barrera-tyszka-en-1989-le-di-la.html?m=1&s=08

miércoles, 21 de febrero de 2024

Atril

DE LA MERA PROPAGANDA POLÍTICA

Luis Barragán

Por su ubicación y constante remodelación, el privilegiado inmueble ocupado por uno de los más destacados colectivos armados en el centro histórico de Caracas, le sirve igualmente de atril para señalar a sus particulares héroes, e, incluso, oficiosamente, indicar a las personalidades extranjeras que le sirven de inspiración. Casualmente, transitando por el lugar, nos percatamos de los nuevos aportes al muralismo oficial.

En efecto, dejan el testimonio psuvista de admiración hacia el norcoreano Kim Jong-un, el chino Xi Jinping, y el ruso Vladimir Putin. Raro, ha faltado el cubano Fidel Castro, a quien creemos – al menos – el geográficamente más cercano de los inspiradores, cuya corrección no tardará, buscándole un vistoso espacio pictórico que aparentemente la casa ya no tiene.

Respecto a los líderes extranjeros, se evidencia, de un lado, la vocación anti-occidental de la muestra Hay un palpable convencimiento ideológico, teniendo por tal la aceptación inmediata de la intensa propaganda gubernamental a favor de los aliados del madurato.

Por lo demás, semejante a una muestra que tributa a Irán en la cercanía de la Plaza Bolívar y la Catedral de la ciudad capital, esa convicción ideológica luce largamente acrítica, y, así como no imaginamos a los homenajeadores del patio viviendo bajo un régimen islámico, tampoco los vemos felices bajo la dinastía de los Kim, laborando y no precisamente en Pekín, o Beijing (en chino, 北京,), o en los cauces belicistas del heredero de todos los zares.

Luego, esos regímenes son válidos para todo el mundo, menos para quienes los invocan y festejan. Mera propaganda, no más.

Fotografía: LB (CCS, 15/02/24). 

21/02/2023:

https://guayoyoenletras.net/2024/02/21/de-la-mera-propaganda-politica/

domingo, 31 de diciembre de 2023

Infeliz aniversario

1° DE ENERO DE 1959

Luis Barragán

Aquella vez, amaneció Cuba sin Fulgencio Batista en el poder. Una cruel y corrompida dictadura finalizaba bajo el contundente rechazo de la población que supo canalizar y expresar muy bien Fidel Castro desde las montañas de Sierra Maestra, fruto de las interesadamente olvidadas y complejas negociaciones políticas con el resto de la oposición a la que apuñaló volteando la esquina.

En la prensa venezolana de entonces, la caída del autócrata fue festejada como propia, semejante a lo ocurrido con Pérez Jiménez, aunque nadie sospechaba del perfecto empedramiento del camino con todas las mejores intenciones del mundo que condujo a los isleños al infierno. Un descenso extraordinario del país que ostentó una superior calidad de vida aún bajo los estragos del autoritarismo, puntero latinoamericano en las ciencias médicas o el liderazgo político parido por la universidad, hasta sucumbir con asombrosa prontitud – esta vez - bajo el morbo exacto de un totalitarismo hambreador.

Medio siglo y tanto después, como el bloqueo, todavía el divertido Batista es excusa para el régimen comunista y, colándose en las novelas de Leonardo Padura hasta lo posible, la vida cotidiana es la de una radicalísima supervivencia, depresiva y conmovedora. Mejor coladura todavía, son los testimonios que las redes digitales exhiben de la rutina cubana, a través de videos y fotografías que no sorprende que se parezcan demasiado a la Venezuela del presente siglo.

Guardando las proporciones, con un parecido a la diáspora que se agigantó tempranamente entre los caribeños, siendo la nuestra la que tardó algo en masificarse. Además, nada casual, la propia dictadura habanera no sólo la estimuló, sino que se encargó de estereotiparla y los gusanos fueron objeto de una inclemente y vergonzosa xenofobia en las más variadas latitudes.

Hubo importantes rectificaciones y precisiones de los antiguos partidarios venezolanos de la mítica revolución cubana, pero arribaron al poder finalmente sus más ciegos fanáticos, superada la guerra fría para reafirmar la triste paradoja. La otra, no menos triste,  está representada por la muerte de Pablo Milanés en el Madrid de sus varios exilios condensados con la propia muerte lejos de casa, mientras Silvio Rodríguez, igualmente integrante de la trova tan simbólica e identitaria, lo más lejos que ha llegado  es a asegurar que ignoraba aquella tan sistemática violación de los derechos humanos aun teniendo la suerte de viajar por el mundo.

Ilustración: Raúl Arzubi Borda.  El Nacional, Caracas, 02/01(/2023.

31/12/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/12/31/luis-barragan-1-de-enero-de-1959/

01/12/2024:

https://www.costadelsolfm.org/2024/01/01/luis-barragan-1-de-enero-de-1959/

martes, 15 de agosto de 2023

La peor de las decadencias imaginadas

DE UN LEÑAZO JUDICIALIZADOR

Luis Barragán

En última instancia, cualesquiera sean sus nombres, alguien medianamente informado sabe del papel tradicionalmente asignado a las organizaciones comunistas en la búsqueda y conquista del poder.  Por su largo historial en Venezuela, a pesar de nuestras diferencias políticas e ideológicas, no debemos pasar por alto la confiscación oficialista del PCV,  finiquitando la experiencia leninista por estas ya trágicas latitudes.

Siendo la menos aventajada entidad subsidiaria del PSUV y devota de la otrora personalidad presidencial, sus actuales dirigentes no calibraron adecuada y suficientemente el libreto que le impuso la alianza, relegados tan minoritariamente a los cuerpos deliberantes que pudieron alcanzar. Y tampoco midieron la más profunda motivación que provocó la deserción de sus cuadros a favor del principal partido de gobierno, interpretado quizá como un desliz circunstancial.

El intenso latifundismo comercial del socialismo en curso, sedimento del rentismo petrolero ya agotado,  descolocó por completo el desempeño político del PCV, confundidos todos los ámbitos en la tarea depredadora de los más altos elencos del Estado.  Observada algo de cerca en el pasado período constitucional, la actuación de los parlamentarios leninistas quedó a la merced de los más fieles representantes del celebérrimo antecesor, asimilada la lección por el no menos afamado sucesor, echando por la borda el legado de los más sagaces, formados e informados líderes que ostentó, prestigiándolo, el partido décadas muy atrás.

Partido que teóricamente jamás cuadró con el marxismo guevarista que inventó Fidel Castro para sus viejos objetivos de expansión, forzado en nuestro país en abierto desafío a un particular desarrollo capitalista y a una importante vivencia democrática. E, igualmente sorprendido por la emblemática caída del muro de Berlín, hizo caso omiso a toda deliberación que apuntara al dogma maltrecho y a los reformistas, revisionistas, o renegados de una imparable satanización que autores sobrios e intachables ventilaron, como François Furet, al igual que versó anticipadamente sobre la profunda e inadvertida continuidad histórica en el marco de las más radicales y literalmente escandalosas revoluciones.

Caracterizado como el partido portador de una determinada perspectiva ética, sobreviviente a varias divisiones de las cuales una tuvo una innegable trascendencia internacional, supuesto remedio a la enfermedad infantil del izquierdismo, tuvo por socio a los felones golpistas de improvisaciones y ocurrencias con pretensiones doctrinarias, aunque visadas convenientemente por La Habana.  A la postre, intuidas por varios de los integrantes de la antigua plancha ¨80 de la UCV (no por casualidad, actualmente gobernante), el PCV no debatió las posturas que privilegiaron y obtuvieron dividendo de las identidades y derechos colectivos en reemplazo de la lucha de clases, considerada como un reduccionismo en la sociedad lumpemproletarizada, vencida por la boliburguesía y los pranes en el fragor de esta dos décadas.

Vocería frecuentemente subestimada y hasta maltratada por los compañeros de la bancada oficialista,  el rompimiento se hizo inevitable con el único voto negativo de toda la Asamblea Nacional de 2020, emitido por Óscar Figuera, secretario general del PCV, respecto a la ley concerniente a las zonas económicas especiales, el otro rentismo en ciernes.  De incómoda presencia para los grupos que actúan en el hemiciclo, la crítica exclusivamente desprecia el neoliberalismo que todavía agita la inquietud de los leninistas,  dentro y fuera del partido. 

A los elementos políticos, ideológicos y personales que protocolizan la ruptura, debemos sumar el histórico: antes, militante de organizaciones ultraizquierdistas, Maduro Moros es heredero de una rivalidad que se hizo cultura hondamente arraigada en los cuadros derivados de las múltiples divisiones y subdivisiones del MIR, comprobadamente privilegiado por el castrismo. El PCV tuvo cautela al iniciarse la insurrección hacia finales de 1960, evidenciado en su órgano de prensa, frente a un MIR en plena ebullición, fruto de la estridente división de AD, constando en el semanario Izquierda sus más temerarios lances, y, luego del pleito con los cubanos que insistieron en la lucha armada ya francamente derrotada, a finales de la década, Tribuna Popular tildó al MIR de aventurero y trotskista.

Por supuesto, hay otros más graves y agudos problemas que aquejan al país, pero también lo será que la expropiación judicial del PCV que se creyó inmune a todo leñazo oficialista, la deslicemos por debajo de la mesa en los sectores políticos. Hay una controversia necesaria de elevar, inherente a tales sectores, como antídoto necesario frente a la interesada y generalizada banalización de nuestras calamidades.

En una escena del ilustrador Daniele Panebarco,  exponente de una extraordinaria ironía creadora, rodeados por el enemigo, Trotsky preguntó sobre la oportuna ayuda de los “nuestros”, y, Lenin, inmediatamente señaló que los “nuestros” no existen, sentenciándolo como una convención burguesa. De modo que el PCV deberá aguantar el palo de agua en la peor decadencia imaginada, corriendo una suerte semejante a la izquierda europea  cada vez más parecida a la latinoamericana, asociada a la corrupción y al crimen organizado.

15/08/2023: 

https://www.elnacional.com/opinion/de-un-lenazo-judicializador/

sábado, 29 de enero de 2022

Una y otra diáspora

ARS LONGA, VITA BREVIS

Guido Sosola

Sesenta y tres años atrás, bajaron los guerrilleros de Sierra Maestra y, con Fidel Castro a la cabeza, entraron victoriosos a La Habana. Capitalizaban con exclusividad un triunfo al que aportaron decisivamente, es cierto, pero que obedeció a una confluencia de factores políticos que concertaron sus mejores  esfuerzos  para derribar la dictadura.

            Se  le atribuye a Hipócrates aquello del “arte de aprender algo es largo,  pero la vida es breve”. Con regímenes como el ferozmente establecido en la isla caribeña,  deben transcurrir varias generaciones para aprender la trágica lección.

            Para ese régimen, la más importante fecha es la del asalto al Cuartel Moncada un 26 de julio, mientras que  para sus más fervientes devotos venezolanos lo es el enero en el que, incluso, en visita de agradecimiento por el respaldo recibido, el barbudo diligenció infructuosamente los gratuitos barrilles de petróleo que necesitaba, y proclamar que fue y fueron capaces de derrotar a un todo un ejército, concitando  la imaginación ajena. Sin embargo, acaso por la dura y criminal represión ejercida sobre los paisanos que osaron protestar al régimen en 2021, además, rehenes de la pandemia, creemos que ha aminorado las invocaciones cubanoides del régimen venezolano,  pudiendo aseverarse que hacia la opinión pública del patio, ha bajado bastante el perfil de la revolución castro-comunista.

            Sobre todo para olvidar un detalle: los hermanos Castro provocaron una estampida de desplazados y refugiados que, al inicio, caricaturizaron como la fuga sólo de las clases más privilegiadas y, después, como la de los más incorregibles y testarudos delincuentes a los que les dio la oportunidad de marcharse de la isla. Rápidamente, estigmatizaron a esa diáspora variada y versátil, como los gusanos vende-patria, siendo exitosa la  propaganda puertas adentro, pero relativamente también puertas-afuera, pues, muchos los miraron con desconfianza y desdén, cuando no ensayaban un amargo gesto xenófobo.

            Algunos años hemos tardado en comprender y aceptar que ha ocurrido algo semejante con los venezolanos forzados al exilio social, económico y político en masa, gracias  al dúo Chávez-Maduro, aunque jamás ha tenido éxito el intento de estereotiparlos como lo peor del mundo. Valga esta acotación, porque se pretende olvidar que la tragedia venezolana tiene un sólido antecedente y, sospechamos, la dirigencia opositora actual no lo recuerda por una razón: olímpicamente lo ignora; o, peor, calla porque necesita que la visen hacia el México de las infelices negociaciones reinauguradas en 2021.

10/01/2021:

https://www.lapatilla.com/2022/01/10/guido-sosola-ars-longa-vita-brevis/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY