TAL DÍA COMO AYER, O EL ESPANTAPÁJAROS HISTÓRICO
“—Ya bastante jodidos estamos todos en
un país en
que la gente debe luchar
cada día por la supervivencia —
le había argumentado
Aitana, con Violeta a su lado—, un
lugar donde te han
sucedido cosas como las que te
hicieron cuando te
botaron de la Universidad y donde
el pasado está lleno de
mentiras y el futuro es una masa
oscura y, así, viscosa,
sin forma. Pero uno no puede
dejar que lo aplasten y
conformarse con autocompadecerse”
(“Morir en la arena”, Tusquets, Barcelona, 2025: 144)
Finalmente huye el dictador Fulgencio Batista que ya
no soportaba más el asedio de las variadas corrientes y fuerzas opositoras, y,
particularmente, las armadas que descendían victoriosas de Sierra Maestra,
comandadas por Fidel Castro. Éste, entra a La Habana el primero de enero de
1959 y toda la prensa venezolana registra emocionada el desenlace de un proceso
convertido en causa propia entre nosotros.
Hecho al que neciamente podría negársele su
trascendencia, pues, colapsó definitivamente la vida republicana de la isla de
una prolongada precariedad, dio inicio a una experiencia que se hizo
peculiarmente bolchevique de acuerdo al canon de la Guerra Fría. La coalición
opositora inicialmente conformada por los sectores liberales, socialdemócratas,
auténticos y comunistas, al igual que sindicatos, empresarios, estudiantes,
clerecía y la prensa independiente, fue rápida y radicalmente capitalizada por
el movimiento 26 de Julio: relegado el propósito de restablecer la Constitución
de 1940, sanear el Estado y celebrar elecciones, la llamada unidad
revolucionaria acabó con los aliados, disidentes, adversarios y opositores, se
confundió con la suerte personal de Castro forzando al partido único trastocado
en Estado.
Antes, Cuba exhibía un básico pluralismo político (auténticos, ortodoxos, liberales) y
una mínima tradición o aspiración republicana que bien expresó la Constitución
ya citada, convertida la universidad en un extraordinario referente crítico y fuente
del relevo dirigencial. Además, lejos de idealizarla, afectada por las mafias
que también la domiciliaron, un rápido balance nos impone de la existencia real
de una población dinámica y urbana con una clase media en expansión, con una de
las más altas expectativas de vida de la región, avanzada en términos médicos,
susceptible de una provechosa modernización social y económica. No obstante,
operó una maldición indiscriminada del pasado y, desde la primera y segunda
Declaración de La Habana fidelista, definitivamente Fulgencio Batista y el
batistato encarnan todas las desgracias propinadas por el imperialismo que le
permite a la revolución, o lo que se entendió por tal, evadir toda la
responsabilidad de los fracasos sostenidos ya por 67 años, y deslegitimar
preventivamente la más tímida observación y crítica del por siempre inacabado
proceso.
Lo importante ha sido y fue la identificación y el
combate contra el fiero enemigo de las más maleables de las abstracciones, a
objeto de legitimar el ejercicio del poder negado a rendir cuentas, en el marco
de un constante e interesado proceso constituyente. Por lo pronto cabe
distinguir la eficaz personificación del enemigo, la aplicación de una absoluta
y maniquea ley de la causalidad, la creación de un poderoso mito histórico con
sus correspondientes tabúes.
La satanización del pasado no constituye novedad
alguna para la reflexión organizada y sistemática que todavía no es noticia de
los muchos que hacen la política por estos tiempos, y, así, se encuentra en dos
autores de los cuales, una, frecuenta justificadamente las páginas de opinión,
y, el otro, injustamente se le ha olvidado. Hannah Arendt lo reportó en el cuadro
generativo de miedos y resentimientos en los totalitarismos extremos de
entonces, mientras que Raymond Aron lo relaciona con la estructura social e
institucional, permitiendo – ambos – deducir la identidad, persistencia,
funcionalidad, efecto sobre la memoria colectiva y el contraste entre la actual
percepción histórica respecto a la versión oficial intensamente propagandizada.
Acá, nadie pretende defender el batistato, pero muy
pocas dudas que caben sobre la peor realidad de décadas que viven los cubanos,
incluyendo el éxodo continuo y tormentoso también expuesto como seña de
identidad: la obra de Leonardo Padura, el isleño que escribe todavía desde el
hogar caribeño, constituye una buena aproximación a la realidad. Por cierto,
pueden tomarse algunos títulos, con o sin Mario Conde, y compararla con la
ambientación de la Cuba precastrista tomando, por ejemplo, “Los días mejores”
(1958) de John Dos Passos que la evoca. Y es que la literatura puede apuntar mejor y
desnudar al espantapájaros que las ciencias sociales.
Ilustraciones: Fulgencio Batista, según Raúl Arzubi Borda (El Nacional, CCS, 02/01/1959). Modificación de la pieza original de Andrei Popov (https://apuntaje.blogspot.com/2025/12/del-fenomeno-recesivo.html ), a través de la IA (IA).
02/01/2026:
https://www.elnacional.com/2026/01/tal-dia-como-ayer-o-el-espantapajaros-historico/
https://lapatilla.com/2026/01/02/luis-barragan-tal-dia-como-ayer-o-el-espantapajaros-historico/



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