LA DOCUMENTACIÓN EXISTENCIAL DE ROSALBA SIGILLO
Dentro y fuera del territorio nacional, hemos
acumulado y nos ha igualado una experiencia personal y colectiva en un siglo
muy antes insospechado que ahora orienta hacia una distinta identidad.
Incontables y valiosos son los testimonios de vida tramitados en la vida misma
que requieren de la documentación civil: esto es, superando la mera historia
individual susceptible de un amarillismo de oportunidad, se hace de una perspectiva
para trascender y generar una reflexión que contribuye al destino compartido o
el inevitable nosotros.
Anduvimos el largo período de la consabida pandemia,
pero – sintomático – ni siquiera retuvimos el nombre de las autoridades
responsables de la salud y, menos, los informes epidemiológicos, celebrando nuestra
supervivencia con el recuerdo entristecido de los familiares y amigos
fallecidos. Olvidamos la compleja temporada al reducirla a las circunstancias y
también anécdotas sustituidas constantemente por otras y, puede decirse, las
enfermedades de la quinta república, devueltas a las tradicionales, quedan
circunscritas al estricto ámbito hogareño con la pérdida de toda jerarquía social
para el debate político, haya o no (auto)censura y bloqueo informativo.
Por lo menos, citando un ejemplo, la Sociedad
Anticancerosa de Venezuela realizaba grandes campañas de colocación del Bono de
la Salud a objeto de financiar en lo posible la investigación y la cura del
cáncer, alcanzando el respaldo voluntario y simultáneo de las principales emisoras
radiales y televisivas por el meritorio afán de Rubén Merenfeld. La promoción
anual del evento principal, generaba una conciencia nacional sobre la
existencia de la enfermedad, sus consecuencias y esperanzadas alternativas, y,
aquél registro de la civilidad de antaño, luego legitimó la acertada y
valiente decisión gubernamental de prohibir la masiva publicidad de cigarrillos
y licores.
Cada vez más urgidos de comprensión antes que del
sensacionalismo de ocasión, valoramos el título publicado por Rosalba Sigillo Giannetto, en papel noble de impecable diseño y encuadernación, a mediados del
presente año: “A través del espejo” (Círculo Rojo Editorial, Almería). Texto
híbrido que parte de la ni tan obvia crisis de reconocimiento del cáncer ya
declarado, fundado en la tradición abierta por Virginia Woolf y Susan Sontag, traza
un itinerario del combate vital que ha librado para una situación tan radical:
“No siempre hemos ganado, pero seguimos
entrenándonos para este constante cambio que es la vida”, dice la autora a
su hija (pág. 105).
En el umbral de la conciencia que simboliza el espejo,
conduce con habilidad el tránsito hacia sí misma a través de un monólogo que la
Woolf hubiese querido combinar con las fotografías, como ahora lo hace la
Sigillo que tiene un natural talento para la escritura como para las imágenes
integradas al libro. Y escribiendo con una sencillez y claridad envidiables,
actualiza a la Sontag para desmitificar el cáncer, combatir el sentimiento de
culpa creado por el poderoso e injusto estigma que pesa sobre todo combatiente
al que le piden una rendición incondicional para la tranquilidad ajena: se
viene a la vida para ganarla día por día, sin temor a los cambios personales de
convicciones y perspectivas, pues, “al
llegar a la cima del miedo, lo reconocí, lo acepté” (39).
La autora no incurre en el heroísmo banalizador que se
ha apoderado de los más variados ámbitos de la vida social y política, y, a
medida que acepta e interioriza la enfermedad para lidiarla, por una parte, se
reconstruye y enriquece a sí misma para darle un giro existencial a la
experiencia ahora civilmente documentada, vale decir, creadoramente
significada, pedagógica y compartida. Al realizar ese trámite por la vida en la
vida misma, reacia a la resignada capitulación, por otra, detecta y
contrarresta los estereotipos, prejuicios y puerilidades de aquellos que desaprendieron
el oficio de vivir, como si estuvieran a salvo de cualquier padecimiento: “Me
incomoda el positivismo excesivo, el que simplemente se repite”, pues, “hay días donde no tolero las palabras de consuelo”
y “poco resuenan en mí las frases
prefabricadas”, porque ya ha cruzado la delgada línea entre el ver y el
padecer (69).
De la pandemia como experiencia colectiva y
tozudamente anónima, poco conocemos todavía, como del resto de las enfermedades
que nos aquejan dentro y fuera de la Venezuela por siempre urgida de documentar.
A la odontóloga especializada que acá atendió por más de veinte años a los
niños de escasos recursos en el Hospital Ortopédico Infantil, la consulta
privada ya no aportaba lo suficiente para el sostenimiento del hogar,
marchándose para luego descubrir y tratar la enfermedad en España: corajudamente
la ha afrontado, rehaciéndose para comprender y ayudar a comprenderla, dando
cuenta de las mil vicisitudes de una diáspora imposible de esquivar y de borrar.
Sin dudas, es el mejor mensaje para abrir el 2026.
30/12/2025:
https://www.elnacional.com/2025/12/la-documentacion-existencial-de-rosalba-sigillo/


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