DE LA POLÍTICA INTERNACIONAL DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA
Por muy locales que fuesen, los partidos políticos
tienen una correspondencia con el ámbito regional y el de un más allá
absolutamente terrenal que tiende a fortalecerlos. Obviamente, no se explican
los partidos de alcance nacional sin la transnacionalidad, los vínculos con las
organizaciones política e ideológicamente afines y las entidades de la sociedad
civil internacional que los entrenan de un modo u otro para promover y
respaldar una determinada política exterior al acceder al poder.
Así, las relaciones internacionales competen a todo
partido con serias aspiraciones de trascender y la política exterior al elenco
de funcionarios del Estado que tengan a bien respaldar y defender en el parlamento
y en la opinión pública. Sugiere una sostenida promoción y estable asociación con
otros partidos similares y sus fundaciones, medios de comunicación, foros, think tanks y centros académicos, consultoras
y servicios de una variada índole, y hasta órganos gubernamentales allende las
fronteras, siendo naturalmente distinta la relación y el compromiso adquiridos
con otros Estados.
En nuestro país, desde muy antes, existen estrechos vínculos
partidistas con el extranjero varias veces debilitados en el presente siglo por
las características del régimen – por decir lo menos – híbrido que ostentamos, o
la competencia a ratos desleal entre los partidos por alcanzarlos. Lo cierto es
que tal relacionamiento ha permitido compensar en buena o alguna medida la tenaz
alianza del socialismo de esta centuria con otras potencias e intereses que son
históricamente ajenos a nuestra nación, aportándole a la oposición legitimidad
externa (visibilidad, relativa capacidad negociadora), solidaridad (activación
de los mecanismos jurídicos internacionales, elevación de los costos represivos),
y aprendizaje (sentido estratégico en la esfera internacional, experiencia de
las transiciones ajenas).
Con todas las fallas y errores cometidos, ponderando
nuestra ubicación geopolítica y geoestratégica, la oposición ha impedido el
aislamiento definitivo del país y ha sabido gestionar la incidencia del entorno
internacional en los asuntos domésticos. Esta dinámica puede entenderse por
analogía con el efecto boomerang,
descrito por Risse, Sikkink y Ropp: actores internos bloqueados por su propio
sistema buscan aliados internacionales que, desde afuera, ejercen presión para
influir en la situación interna. El patrón puede ampliarse a través del modelo en espiral: la presión externa alcanzó
niveles que antes parecían impensables desde el 3 de enero del presente año y,
aunque impuso un costo reputacional y estratégico para el gobierno, amplificó
los efectos sobre la dinámica política.
Cabe destacar que a la oposición no le corresponde
desarrollar una política exterior, sino mantener relaciones estratégicas que le
permitan convertir el capital político internacional en capacidad organizativa
interna, reforzar su arraigo social acorde a una efectiva articulación política,
y dar cauce institucional al reconocimiento de otros gobiernos y actores de
poder en el marco adecuado de esas relaciones internacionales. Marco que apunta
a un consenso básico en torno a las orientaciones, tácticas y estrategias de
una oposición irreductiblemente plural y que, faltando poco, ha de atender
también a la diáspora ayudándola en todo lo posible a conseguir mejores
condiciones de vida en los países donde la ineludible paisanidad reside o
aspira a residir. Valga acotar, nuestros hermanos que se encuentran en el
exterior requieren de la atención, sensibilidad y solidaridad de una dirigencia
en el exilio que ha de contribuir a organizarla social y políticamente, a pesar
de las severas limitaciones comunes.
De acuerdo a las actuales circunstancias, todo indica
que la meta a alcanzar es la de una transición libre, pacífica, democrática e
independiente, obligados a afrontar creadora y serenamente otros desafíos externos
subordinados a los internos, superiores y fundamentales. No tratamos de una
desesperada carrera de cien metros planos, sino de un largo maratón que apenas
comenzamos a las puertas de la otra etapa de la vida republicana: la de una
reconfiguración interna del poder. Solo así, compartiendo responsabilidades,
podremos convertir la oportunidad histórica de la transición en una genuina reintegración
nacional.
Ilustración: Nikola Ioa Hendrickx.
Fotografías: Meta final del maratón de la CAF en Caracas (08/02/2025).
17/02/2026:
https://www.elnacional.com/2026/02/de-la-politica-internacional-de-la-oposicion-venezolana/



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