“Una mañana Unamuno le pidió a Aurelia que
invitara al policía o soldado de paisano que ese día estaba de guardia en la
puerta a tomar algo en la cocina, con el fin de que él pudiera abandonar la
casa a hurtadillas. Sin dudarlo un instante, la mujer bajó al portal y, después
de saludar al vigilante, le preguntó si le apetecía un poco de chorizo con un
vaso de vino. Al otro se le iluminó la cara y Aurelia se dio cuenta de que ya
lo conocía de otras veces, y a la legua se notaba”
Luis
García Jambrina
(“El
último caso de Unamuno”, Alfaguara, Madrid, 2026: 185)
Ilustración:
Eduardo Aravena Delgado, "Escapada".

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