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lunes, 19 de agosto de 2024

Una coyuntura artificialmente prolongada

LAS RELACIONES CIVILES MILITARES: DOMINGO IRWIN  

Luis Barragán

Hubo esfuerzos significativos por reasumir y comprender el papel político del sector militar venezolano a finales del XX y principios del presente siglo, en buena medida frustrados al abonar a una versión convencional de la ya lejana consolidación del Estado Nacional y la definitiva asimilación de la entidad castrense. Honrosas las excepciones,  el liderazgo político y de opinión resultó sorprendido ante un distinto relacionamiento de la entidad con el resto de la sociedad susceptible de una desinhibida y creciente militarización.

Liderazgo que tardó, o todavía tarda, en imponerse de los indispensables aportes de la academia que ha avanzado en distintas disciplinas, como la sociología militar y la más específica del poder militar, la historia militar y particularmente la de la guerra, y las relaciones civiles militares. Terreno éste en el que destacó e hizo extraordinarios aportes el profesor Domingo Irwin,  fue no sólo autor de numerosos y muy rigurosos textos, sino – en propiedad – creador de una escuela de interpretación que, afortunadamente, prosperó, e, incluso, influyó sustancialmente en nuestro trabajo parlamentario.

En efecto, ganamos una novedosa perspectiva en el esfuerzo de abordar una materia tan compleja y sencilla al mismo tiempo, gracias al testimonio bibliográfico y hemerográfico de un insigne investigador que no temió a los medios de comunicación que paulatinamente sufrieron de la (auto)censura y el sedicente bloqueo. Empero, recientemente cumplido el décimo aniversario de la triste noticia, murió prematuramente, a deshora, inoportunamente, aunque tuvo la fortuna de contar con talentosos discípulos directos, académicamente productivos que también privilegiaron la edición de libros colectivos para abaratar costos, e, igualmente, reivindicar las enseñanzas del maestro respecto a las tareas mancomunadas; valga acotar, destaca entre los discípulos que mantienen viva y activa la escuela irwiniana, José Alberto Olivar, recientemente elegido como individuo de número de la Academia Nacional de la Historia, comprobando el acierto del pedagogo que fundó una tradición académica y de amistad en medio del desarrollo de una crisis política del país que todavía no concluye.

En otras circunstancias, digamos de una mínima normalidad y de esenciales libertades públicas, Irwin y su escuela hubiesen sido un público, reiterado e ineludible referente de opinión, aportante a un sobrio debate nacional que actualizara y profundizara cabalmente en la institucionalidad castrense y el debido control civil. Tuvimos en suerte que pensara el país del futuro, hábito no apto para los influencers traganíqueles que se juran una alternativa para cuando todo esto pase, desde la colorida burbuja digital  de sus ocurrencias, por cierto, harto diferente a los serísimos maestros de las redes.

Además, convengamos, Domingo Irwin no es asunto exclusivo de sus especializados causahabientes, sino de la sociedad civil democrática (disculpen el pleonasmo), su liderazgo político y también del  virtual, todos prisioneros de una coyuntura artificialmente perpetuada, empecinados en la continuidad histórica de Venezuela, nada más y nada menos. Por ello, igualmente celebramos que Iván Méndez, director de opinionynoticias.com, hiciese suya la conmemoración del gran historiador o, mejor, intérprete de la historia que está por hacerse, ejemplificando la atención que suscitan los maestros que genuinamente lo son.

20/08/2024:

jueves, 15 de agosto de 2024

Materia crucial

EL CONTROL CIVIL DE LOS MILITRES

Domingo Irwin (*)

Buenos días, se me pidió que hablara sobre el control civil de los militares, y yo le agrego un subtítulo “Una frustrada aspiración venezolana que se hará realidad en siglo XXI”.

La expresión control civil forma parte del léxico incorporado a la academia universitaria por un área del saber relativamente reciente, como son las relaciones civiles y militares. Los estudios pioneros y polémicos son de finales de la década de 1950, destacan en las ciencias políticas la propuesta de Samuel Perham, de los estudios sociológicos que hace Morris Yanowitz, y una visión crítica ante ambos, las tiene el científico social británico Samuel Edward Finer.

La preocupación básica de esta área interdisciplinaria del saber es una consecuencia de la formación de gigantescas fuerzas armadas durante la segunda guerra mundial y el desarrollo de las armas atómicas. Responden en buena medida a las advertencias del sociólogo Harold Lasswell en su célebre artículo en el American Journal of Sociology de 1941 sobre los potenciales peligros de lo que califica como Estado Cuartel. Este expresa el añejo temor liberal, racional, ante el militarismo cuando los especialistas de la violencia, los militares, según Lasswell, llegan por una suerte de metástasis a permear todo el tejido de una sociedad y la subordina a su corporativo interés.

Samuel Perham en 1957 propone dos tipos ideales de corte weberiano para lograr el control civil: subjetivo y objetivo, en el segundo enfatiza el profesionalismo castrense y en el primero los mecanismos de control político e institucional de los militares ajenos al mundillo estrictamente militar, tales como los constitucionales, parlamentarios, administrativos, entre otros. El argumento central de su propuesta es el profesionalismo militar, el cual fracciona en dos tipos básicos: alto y bajo. El profesionalismo militar para Huntington es el garante del control civil y tal es el caso del bajo profesionalismo.

Morris Yanowitz en 1960 propone una situación distinta al desarrollar lo que califica como Modelo de Gendarmería, donde las fuerzas armadas son quienes ejercen un proceder protector de la sociedad, respondiendo a sus muy castrenses condiciones vinculadas con la defensa exterior pero bajo la rectoría civilista aceptada por el sector militar mismo.

El británico S.E. Finer en 1962 critica ambos al proponer sus órdenes o niveles de cultura política. Argumenta que el asunto central es tomar el fenómeno de la intervención ilegal en la política de los militares como una experiencia que presenta condiciones generalizadas en la historia y en el globo terráqueo, si las sociedades no han logrado un orden cultural en el cual los militares son rechazados socialmente en su accionar político militante, tal puede ser el caso.

Desde estos argumentos iniciales de 1957 a 1962 mucha tinta se ha vertido en estudios referidos al control civil, un aporte destacado es el propuesto por Samuel J. Fitch en 1998; la idea es de una sencillez impresionante, a formas parciales de accionar político de los militares hay formas parciales de control civil y viceversa.

Al referir al profesor Fitch nos adentramos más en el tema del aspecto teórico, pero por obvias razones de honestidad intelectual se debe hacer mención al primer investigador universitario que se aboca al estudio sistemático de las relaciones civiles y militares venezolanas. Me refiero a Winfield Burggraaff y su tesis doctoral aprobada en 1967 en la Universidad de Nuevo México en el núcleo de Albuquerque y luego publicada bajo el título de The Venezuelan Armed Forces In Politics por la Universidad de Missouri en 1962. Lo importante del aporte de Burggraaff es que no es solo un estudio histórico de la evolución del sector militar venezolano, el primero que se hace académicamente a nivel de una tesis doctoral de forma sistemática y rigurosa, sino que para 1962 el lector cuidadoso puede entender que su obra señala una idea que está bien vinculada con las condiciones recientes del país, el control civil no está plenamente consolidado en Venezuela.

El enfoque que voy a desarrollar es básicamente de carácter histórico, y considero que para poder entender una situación de coyuntura debemos tomar en cuenta las variables intervinientes que se dan en situaciones anteriores, es ese peso del ayer que ejerce influencia determinante en algunos casos sobre el presente, por eso parto de señalar que el efectivo ejército nacional se estructura durante el proceso de guerra civil en 1898/1903, pero evidencia su potencial político efectivo es en diciembre de 1908 cuando el general Juan Vicente Gómez desplaza del poder a su compadre y amigo Cipriano Castro. Así, de las guerras civiles del siglo XIX pasamos a los golpes de Estado del siglo XX.

La realidad militar venezolana se estructura operativamente en los inicios del siglo XX venezolano, el avance de las condiciones corporativas militares es lento, sinuoso pero constante, desde la segunda década de este siglo. La condición corporativa se fortalece en las décadas de 1930/1950 y este es un aspecto que no se debe perder de vista, que se debe mantener como un elemento clave al estudiar el tema de las relaciones civiles y militares.

Al morir Gómez en 1935, el sector con más formación militar impone al Ministro de Guerra y Marina como Presidente de la República, Eleazar López Contreras. El sucesor de este, también general y Ministro de Guerra y Marina, Isaías Medina Angarita, avanza en el proceso de entregar la dirección política del país a los civiles mediante el fenómeno político novedoso del siglo XX venezolano, los partidos políticos modernos que se decían doctrinales y con una cobertura nacional.

Las tensiones que se manifiestan entre militares con una desproporcionada formación corporativa, versus una élite política civil con ambiciones de ejercer totalmente el poder, traen como resultado el surgimiento de las primeras logias modernas conspiradoras y militares desde 1943, con la intención de llegar al poder vía Golpe de Estado con impronta castrense.

La última situación expuesta reflejaba el problema de fondo que ya hemos mencionado, esta contradicción se resolvió vía Golpes de Estado, exitosos los de 1945, 1948 y 1958; o fracasados como el rosario de Golpes de Estado desde 1946 hasta 1962. Los resultados políticos fueron el trienio 1945/1948, la llamada década de gobiernos militares en 1948 a 1958 y el engranaje institucional entre las entonces calificadas Fuerzas Armadas Nacionales y el sector político civil representado en los partidos políticos modernos de tal estirpe, consolidado desde 1958/1962 hasta 1992. Esto constituye un auténtico record en la historia venezolana del siglo XX y por ahora también del siglo XXI.

Pero existen realidades que evidencian el potencial poder político corporativo castrense venezolano y esto es capital entenderlo; antes, durante y después de 1958/1962. Uno que es el más evidente es la condición de oficial militar activo, mayoritariamente con el grado de General o Almirante de los Ministros de la Defensa. Constitucionalmente bien podría ser un civil, pero la dirigencia política nunca se decidió a dar ese paso.

Vinculada con lo anterior está la ausencia de especialistas civiles en las áreas de defensa y seguridad con alta calificación especializada estratégica, con posiciones burocráticas destacadas en el Ministerio de la Defensa y funciones de asesoría experta en las comisiones de defensa del Congreso Nacional. Proceder que resultaba una necesidad vital para el fortalecimiento del control civil.

Los funcionarios civiles que laboraron para las instancias militares lo hicieron dentro de su desempeño profesional como abogados, educadores, ingenieros, entre otros. Mención aparte deben recibir los profesionales universitarios y civiles que desempeñaron e imagino que aún desempeñan actividades que gustan en calificar de analistas en los distintos sectores de la inteligencia militar.

La conformación de las redes de inteligencia con participación civil bien podría ser un medio de lucro para los oficiales militares, necesidad cierta durante las acciones contra la actividad subversiva tanto civil como militar de la década de 1960, en grado menor en 1970, pero que fue degenerando en labores de espionaje en diversos niveles fuera del ámbito cierto de la seguridad del Estado.

Como un proceso gradual, la fortaleza corporativa del sector militar venezolano se incrementa después de 1962 cubriéndose con el manto de la, calificada por ellos mismos, como institucionalidad militar. Muy a pesar de esto ya se tiene noticia incuestionablemente cierta y exacta sobre el resurgir de los grupos conspirativos castrenses en pleno auge de la renta petrolera venezolana de exportación en la década de 1970, los avances técnicos, educativos y organizacionales del sector militar en las décadas de 1970/1990 tuvieron dos efectos contrastantes. Por un lado fortalecen a la condición corporativa militar y, paradójicamente van construyendo la fábula del aislamiento del sector militar del resto de la sociedad venezolana.

Es importante entender que el sector militar venezolano participa en proyectos del desarrollo nacional y un ejemplo palpable lo tenemos acá en Guayana, la CVG es creación del General Alfonso Ravard y fue sumamente exitoso y luego va a ser exitoso también como primer presidente de PDVSA. Hay otros oficiales militares con excelente calificación gerencial, como el general Montaño Madrid, que en su momento fue director de la petroquímica e hizo un excelente trabajo. Otro como Carnevalli Rangel en la Corporación Venezolana del Petróleo.

Es decir, el hecho que una persona sea militar no lo capacita ni lo discapacita para ejercer importantes funciones gerenciales vinculadas con políticas públicas. Depende por supuesto de la formación especializada, técnica y la experiencia gerencial cierta que tenga ese individuo. Así como resulta absurdo pensar que con solo graduarte de oficial militar y sacar una que otra maestría ya se está capacitado para ejercer funciones de gerencia pública en instituciones del Estado sumamente complejas, dinámicas e importantes.

Tras estudiar el aspecto de la injerencia de la corporación militar en los temas vinculados con la delimitación territorial nacional, se aprecia con nitidez la creciente fortaleza de la corporación militar como grupo de presión, esto post 1960. El resultado a largo plazo fue la formación de especialistas militares, particularmente en la armada, en el tema limítrofe de la fachada caribeña y atlántica venezolana.

Destaca la obra escrita del vicealmirante retirado Elías Daniels, autor de una valiosa e inteligente crónica bajo el título de “Militares y democracia” publicado en Caracas por don José Agustín Catalá, Ediciones Centauro, 1993.

La autonomía administrativa de la organización militar venezolana se fortalece con las acciones desarrolladas para derrocar a la Fuerza Armada de Liberación (FAL) y Fuerza de Liberación Nacional (FLN), expresadas estas en los frentes guerrilleros de provincia y las Unidades Tácticas de Combate (UTC) urbanas. La idea básica es que los gastos militares deben ser supervisados por los órganos controladores castrenses, y en casos se cubren con el argumento del secreto militar. Esto limitaba en la práctica la injerencia efectiva de la Contraloría General de la República, los medios de comunicación y la ciudadanía en general. El llamado ciudadano de a pie no tenía conocimiento de esta situación y percibía que los militares eran supervisados administrativamente con rigor, pero era un rigor más de fachada que real y es una de las limitantes que tuvieron las comisiones de defensa de senadores y diputados de la época.

Con algunas adquisiciones de equipos militares el tema llegaba a la prensa nacional o al Congreso de la República, como fue el caso de la adquisición de los aviones de combate, para solo señalar uno de los varios que fueron reportados. Pero el aspecto que debe resaltarse es la autonomía, discrecionalidad e independencia administrativa efectiva de buena parte del gasto militar. Reflejo indirecto de esta situación es la comisión de enlace militar en el parlamento de ese entonces, con oficiales activos y la ausencia de reciprocidad, ocurrido esto por carecer el legislativo nacional y las comisiones de defensa de ambas cámaras de una representación civil en el Ministerio de la Defensa.

Concretando, desde la década del 60 hasta la década del 90, el control civil en Venezuela presentaba imperfecciones, otro tanto podemos señalar de la democracia venezolana de aquellos tiempos, no admitirlo sería un error.

Luego de superar divisiones internas entre 1958/1962 la realidad corporativa militar venezolana era ciertamente dominante en lo relativo a defensa exterior y a la seguridad interna. Sí admitía políticamente su injerencia vía individualidades militares muy capacitados técnicamente en actividad gerencial, en el diseño e implementación de políticas públicas, en una especie de efectiva responsabilidad compartida con los civiles.

También tenemos el caso de los Planes República, donde hay cierta injerencia del sector militar, garantizando la neutralidad política-militante en los procesos electorales de resguardo de sus materiales.

Debemos resaltar que las categorías analíticas, defensa exterior, seguridad interior, políticas públicas y selección de liderazgo con las condiciones de militares en control, autoridades compartidas y civiles dominantes, fueron acuñadas por Harold. Harold es un venezolano-estadounidense que tiene un PHD obtenido en la Universidad de Stanford, su tesis doctoral compara el proceso de inicio democrático en Argentina y en Venezuela. Fue profesor de la Escuela de Postgrado de la Armada de Estados Unidos en Monterrey – California y tiene un trabajo bien interesante publicado por la North Carolina Press de 2005 que lleva por título “Crafting Civilian Control of the Military In Venezuela, A Comparative Perspective”. Además de desarrollar estas categorías en la obra ya indicada, en parte repite una ponencia que presentó bajo el título “A Crisis In Civilian Control Of The Civil-Military Relation In The Army” en la Latin-American Study Association en Washignton DC el 5 y 8 de septiembre del 2001. En esta ponencia ya señala que existía en Venezuela para el año 2000 una responsabilidad compartida militar y civil en lo atinente a políticas públicas y selección de liderazgo, pero mencionaba como dominante a los militares en lo referido a seguridad interior y defensa exterior.

Examinando con ojos de historiador llegamos a la conclusión que la situación antes descrita ya existía en nuestro país desde 1958 en adelante, aunque no era notoriamente visible a la sociedad en general.

Ya para ir finalizando, sé que muchos de los presentes se deben estar preguntando ¿Cómo lograr el control civil de los militares? Somos de la opinión que deben existir varios proyectos sobre este tema, elaborados por militares venezolanos, unos en condición de retiro y otros en servicio activo. No los conocemos, ni los hemos leído. Y es solo una suposición que se apoya en la constante histórica de la oficialidad venezolana de producir trabajos que ellos entienden como analíticos y vinculados a resolver problemas que identifican como sensibles para la nación venezolana.

Para darles un ejemplo sencillo, ahora el sector militar gobernante no político son los que estuvieron vinculados con los golpes de estado fracasados del 1992, tanto el de febrero como el de noviembre, y dentro de estos grupos conspiradores tenían como columna vertebral los llamados MVR 200, el primero de ellos tenía el carácter civil-militar, luego es que se crea el MVR 200 de carácter militar e inclusive dentro de él crecen diferencias, surgiendo un sector muy radical llamado Frente Bolivariano de Salvación Nacional, estableciendo contacto con Bandera Roja y son realmente los que impulsan el golpe del 4 de febrero de 1992. Este sector de militares activos estuvo trabajando por años sobre propuestas teóricas acerca de cómo organizar, dirigir y actuar una vez que llegasen al poder por el medio tradicional del siglo XX venezolano, el Golpe de Estado.

Entonces, esto lo presento como ejemplo, aunque no conozco oficiales que estén en eso, aun cuando no he leído ninguna de sus propuestas, la historia nos enseña que es altamente probable que existan.

Ahora, la opinión que les voy a dar es la de un civil y civilista, profesor e investigador universitario, sin otro interés que la pesquisa académica. Es mi debilidad y dialécticamente mi fortaleza. La primera idea ya está sugerida, depende en muy buena medida de los oficiales militares mismos, la frase efectista puede ser muy breve, sacar la política partidista de los cuarteles, es decir, que la mayoría de la oficialidad militar se imponga sobre la minoría de la oficialidad que son políticos y militares.

La segunda está directamente vinculada con la primera, que se consolide un alto profesionalismo militar en los términos del vocablo que Huntington propone desde el punto de vista teórico, Military Expertise, el dominio cierto de las ciencias y artes militares. El sentimiento corporativo sano, no exagerado y la responsabilidad social.

Hablar de responsabilidad social es asumir que la dirección política de la sociedad debe estar en manos de los civiles y no de los militares, porque si estos dirigen a la sociedad deja de existir la sociedad civil y estamos ante el militarismo que es cuando lo militar, por una suerte de metástasis, domina todos los tejidos sociales subordinándolos a sus intereses e históricamente el militarismo como lo expresaba Lasswell con su Estado Cuartel, el cual resulta más breve y catastrófico para la sociedad, que recurre a él más que a cualquier otra alternativa política. En otras palabras es tan nefasto como el fascismo italiano y el nacional socialismo alemán, así como el militarismo japonés.

La tercera propuesta está vinculada con el sector civil, reconocer el papel político de los militares como defensores de la nación, eso es básico, son los defensores de la sociedad, más no la definen. Cuando el sector militar avanza en procesos de definir la sociedad entramos en el pretorianismo y en casos extremos en ese desastre que es el estado cuartel o el militarismo.

Si hay una profesión que es exigente en el punto de vista de los estudios sistemáticos es la profesión militar, yo tengo una maestría en seguridad y defensa, he hecho una especialización en integración cívico-militar en el último año de la llamada Academia Militar de Venezuela, antes de que crearan la Universidad Militar Bolivariana. El nivel de exigencia es realmente intenso, ahora claro, está centrado en ir capacitando al oficial de manera gradual para hacerlo un experto en las ciencias y artes militares para que llegue a operaciones combinadas y conjuntas y para que sea un asesor de alto nivel en temas operativos de defensa. Y así como nosotros respetamos al civil porque somos civiles debemos respetar al militar su área de experiencia, su área profesional.

Es una profesión muy exigente, interesante y que bien desarrollada tiene un beneficio social indiscutible, el problema está cuando los militares abandonan los cuarteles e incursionan en la política, cuando comienzan a crear partidos políticos que dicen tener una matriz militar, cuando abandonan el uniforme y pretenden convertirse en líderes de la sociedad en general.

La cuarta es también predominantemente civil en lo cuantitativo, entender la necesaria existencia del sector militar en la sociedad, las consecuencias de ello son múltiples. Suponen, siendo breve, la necesaria atención a lo militar, en infraestructura, equipamiento, educación, entre otros aspectos. Pero también, la supervisión administrativa, contraloría y transparencia del gasto militar. Si hay un gasto que es oscuro en la administración venezolana es el militar.

¿Por qué si tenemos todos los datos de un Ministerio del Poder Popular para la Educación o el de Ciencia y Tecnología no puede la sociedad exigir igual transparencia en los gastos de Defensa? Ahora, el Poder Legislativo debe tener una comisión en el Ministerio del Poder Popular para la Defensa, así como este tiene un enlace en el Poder Legislativo, por obvias condiciones de reciprocidad.

El control civil en Venezuela es una tendencia histórica que se impondrá, quizás su implementación sea el resultado de hábiles negociaciones entre los dirigentes con esas responsabilidades, quizás sea el resultado de condiciones violentas, quizás sea el resultado de ambas, lo que me preocupa es la violencia política-física.

En términos históricos en Venezuela hemos tenido tres tipos de violencia política física: las guerras civiles del siglo XIX, los golpes de estado cuando llegan a ser realmente violentos como el de octubre de 1945, en el cual sectores enfrentados de la oficialidad militar dirimen sus diferencias enfrentados con las armas en la mano, tanto en Caracas como en Maracay; ese es el segundo nivel de violencia, intensa, centralizada y breve. Existe un tercer tipo de violencia que es la policial, de esa quedó un subproducto después de la derrota de las guerrillas rurales y urbanas porque se acompañaba la actividad policial violenta con medidas judiciales, respetando claro, el ordenamiento jurídico y recientemente hemos conocido un renacer de la violencia política con un nivel policial.

¿Cuál será la vía que tome la sociedad civil venezolana para avanzar en la dirección del control civil? Con rubor intelectual les digo que no lo sé, honestamente no lo sé, pero con seguridad afirmo que el control civil se impondrá en el siglo XXI, es un fenómeno que se va a dar en este siglo, usted lo podrá retrasar, pero se va a dar. Y es una tendencia histórica de la sociedad venezolana aún no materializada plenamente, por ello es que sé que se impondrá, superando frustraciones sociopolíticas pasadas y actuales.

(*) Domingo Irwin G. (1947-2014) fue Doctor en Historia egresado en la Universidad Andrés Bello, Magister en Seguridad y Defensa en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional "Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre" (IAEDEN), y Philosophie Magistrum en la University of Glasgow. Sus tesis han versado sobre las relaciones cívico-militares en la historia venezolana de los últimos dos siglos. Con una vasta trayectoria docente, se desempeñó como profesor del Instituto Pedagógico de Caracas - Universidad Pedagógica Experimental "Libertador", y Profesor de cursos de maestría y doctorado en la Universidad Católica Andrés Bello. El doctor Irwin realizó el Curso de Planeamiento para la Defensa en el Center for Hemispheric Defense Studies de la National Defense University (CHDS-NDU), Washington, D. C, EEUU.

14/08/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/41678-el-control-civil-de-los-militares-

Meditador que se extraña

DOMINGO IRWIN Y LA DIALÉCTICA DEL CONTROL CIVIL

José Alberto Olivar  

Cuando se trataba de poner orden a la bibliografía vinculada con el tema militar y la línea de investigación referida a las relaciones civiles y militares,

Domingo Irwin, era taxativo en advertir la importancia de saber distinguir entre los textos de muy variada laya de aquellos que en realidad importan para los efectos de comprender a fondo este delicado tema de análisis histórico y político.

Fruto de su formación como profesor de historia y ciencias sociales en el antiguo Instituto Universitario Pedagógico de Caracas, Irwin, valoró la importancia de explicar en términos didácticos el complejo mundo militar desde una perspectiva de formación ciudadana para la democracia. Entendiéndose esta como la necesidad de fomentar un debate público sobre las implicaciones del sector civil de la sociedad en el diseño de planes estratégicos en materia de seguridad y defensa. Y su correlato, la subordinación del sector militar a la gerencia política del Estado ejercida única y exclusivamente por las autoridades legítimamente constituidas.

A tal efecto, desde principios de la década de los ochenta del siglo pasado, Irwin se dedicó con paciencia de labriego a arar en el terreno de la formación de profesionales civiles, concretamente educadores, que comprendieran en primera instancia la naturaleza del sector militar, en segundo lugar, la institucionalización del control civil democrático sobre los militares y en tercer lugar, el fomento de una conciencia democrática en la sociedad civil para hacer valer sus derechos y cumplir sus obligaciones legales.

En ese sentido, el profesor Irwin procuró destacar que esta tarea en lo absoluto resultaba un ejercicio de exotismo teorizante, muy por el contrario, se afincaba en la tradición liberal que había anidado la fundación de la república. A medida que el poder militar se fortalecía a causa de la guerra independentista, hubo voces que desde el campo civil no dudaron en denunciar los abusos del fuero militar en ciernes y alentaban a la representación nacional a establecer límites para no desnaturalizar el funcionamiento de las nuevas instituciones republicanas.

Tal llamado hubo de convertirse en una constante a lo largo de aquel complejo siglo, en el que no pocas líneas fueron vertidas a la opinión pública para intentar poner las cosas en su lugar, ergo, deslastrar el poder civil del influjo militarista.

Uno de esos llamados de atención, fue recogido por Irwin en la sistematización que hizo sobre la literatura que atañe a las relaciones civiles y militares en la Venezuela del siglo XIX. Se trata del libro El presidente, escrito por Rafael Fernando Seijas (1848-1917), publicado en Madrid en 1891.

En opinión de Irwin, la obra en cuestión no es una crónica guerrera y guerrerista de las revoluciones hasta entonces libradas en suelo venezolano, sino un agudo análisis que trae consigo una certera crítica al accionar de lo que se entendía en aquella época como la organización militar de la república.

Irwin como historiador, invitaba a revisar este libro que hasta la fecha había pasado inadvertido, porque resaltaba la convicción liberal de su autor, cuando destacaba que los guardianes del orden no deben actuar como instrumento político, obrando contra la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

Para el autor decimonónico, no hay mayor atentado a la libertad que la existencia de leyes injustas y tiránicas, por cuando dan pretexto para perseguir arbitrariamente a los ciudadanos, aterrarlos, robarlos, ultrajarlos y condenarlos sin formula de juicio.

De tal modo que, frente a estos desmanes, era ingente propiciar la reforma de las costumbres individuales y sociales por medio de un buen sistema de educación, que instruya a civiles y militares, en el respeto de todos los derechos y todos los deberes ciudadanos.

Bajo esa premisa “sencillamente complicada” en palabras de Domingo Irwin, su empeño, lejos de resultar infructuoso, apostaba a una visión de largo plazo en el que prevaleciera una sociedad verdaderamente democrática, fundada en los sanos principios del control civil.

Diez años después de su desaparición física, su legado sigue más vigente que nunca.

14/08/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/41676-domingo-irwin-y-la-didactica-del-control-civil

DEL DISCURSO PARLAMENTARIO Y DOMINGO IRWIN   

Luis Barragán

Una tarde de 2005, entramos a la librería Macondo del Centro Comercial Chacaíto en la búsqueda de un título de vieja data que nos faltaba del autor más publicitado en década y tanta sobre la cuestión militar. Desde principios de siglo, nos había interesado la materia; sobre todo, a raíz del irrepetido y peculiar debate parlamentario del proyecto de Ley Orgánica de la Fuerza Armada que nos dejó inconformes.

El título de marras, no lo conseguimos. Sin embargo, atento, el librero, Pedro Pérez, proveniente de los mejores tiempos del pasillo de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, nos enseñó la obra de un autor que no conocíamos, comentándola con sobriedad. Y, con Domingo Irwin, el autor, descubrimos la otra perspectiva de un problemario exigente e innovador para la centuria que todavía sorprende a propios y extraños.

Por entonces, comenzamos a conocer la escuela de reflexión creada por un Irwin de acreditados y  talentosos discípulos.  Además, en un país de empobrecido mercado editorial, agotaban sus mejores esfuerzos por publicar sus más rigurosos trabajos de investigación.

Ocupando una curul de la Asamblea Nacional electa en 2010, tanto o más riesgosa, difícil y peligrosa para la oposición que la de 2015, reglamentariamente nos destinaron a la Comisión Permanente de Cultura, iniciando nuestras labores con la lidia de una propuesta legal del oficialismo que no obstó para ventilar los asuntos castrenses. En efecto, muy controlados los debates en la cámara por la mayoría gubernamental, impidiendo tocar los temas más sensibles para la opinión pública, se vio obligada a procesar las copiosas solicitudes de crédito adicional y a admitir a uno o dos oradores de la bancada contraria a los dos o tres de los miraflorinos que abrían y cerraban la discusión; acotemos, en ocasiones, no dejaban intervenir a la oposición, o, en otras,  ésta no lo hacía quizá hastiada de repetir los argumentos y el rechazo, posiblemente reservados los más destacados oradores de la primera hora para los mejores y estelares temas que nunca llegaron,  por lo que optamos por participar también con el tema militar en la rutina crediticia.

Un día de 2013, surgió Irwin en la Asamblea Nacional contribuyendo  con nuestros alegatos para esa otra perspectiva tan necesaria y, faltando poco,  contrastante con la que se hizo hábito por más de cincuenta, cien y más años de parlamento.  Vale decir, con toda la modestia el mundo lo afirmamos, comenzó a variar el discurso asambleario sobre lo civil y lo militar respecto a las posturas tradicionales, afianzándose un poco más después de 2016 y que no terminó de hacerse una estable doctrinaria parlamentaria, comprendida y compartida por otras individualidades y bancadas, por un motivo fundamental e ineludible: la supervivencia de la oposición democrática y de la propia institución parlamentaria impidió la más pausada revisión de las antiguas posturas conceptuales y esquemas de análisis, privilegiado el tratamiento de las circunstancias específicas e inmediatas derivadas del absurdo desacato que esgrimió el oficialismo; acotemos, el suscrito compartió el panel con dos académicos asociados al ideario irwiniano al comenzar el período constitucional en un foro abierto realizado en el llamado Museo Boliviano, bajo la responsabilidad de la Dirección de Investigaciones de la Asamblea, ejemplificando así el camino que ya tomaba la difusión de la tesis.

Presumimos que avanzaba 2014, cuando nos contactaron los doctores José Alberto Olivar y Luis Buttó y, aceptando la invitación, convinimos en una conversación que fue larga y grata en la Universidad Católica Andrés Bello. Por ellos, supimos de la entusiasta reacción que tuvo el doctor Irwin al saber que sus tesis las pincelábamos en el hemiciclo, expuestas en apenas cinco minutos reglamentariamente establecidos de oportunidades que teníamos que cazar para intervenir, por cierto, con un Orden del Día que se conocía sólo al iniciarse las sesiones.

Lamentablemente, no hubo ocasión para conocer y compartir ideas personalmente con Domingo, fallecido mes y tanto antes de la reunión de la Católica, pero – como un tributo espontáneo a su  memoria – establecimos una importante y fructífera relación de trabajo entre parlamento y universidad, a propósito del desarrollo de temas como el de las relaciones civiles y militares, el Esequibo, y la defensa del aula superior en Venezuela. E, incluso, el salón Francisco de Miranda del Palacio Federal Legislativo fue escenario para la presentación del libro sobre el Estado Cuartel que presentamos junto al diputado Edgar Zambrano, por entonces, presidente de la Comisión Permanente de Defensa, y ayudamos a abrir canales con los medios de comunicación para el valioso grupo académico.

Normalizada la vida institucional del país, podrá calibrarse mejor el aporte del viejo Domingo al discurso parlamentario que necesariamente ha de completar su renovación, por lo menos, respecto al ámbito castrense.  Convengamos, el liderazgo democrático ha de actualizarse con urgencia.

La reciente y merecida designación del doctor Olivar como individuo de número de la Academia Nacional de la Historia, es una demostración de la valía de un maestro como el doctor Irwin. A diez años de su fallecimiento, lo recordamos con respeto y admiración.

14/08/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/41677-del-discurso-parlamentario-y-domingo-irwin

Cfr. Entrevista televisiva a Domingo Irwin, fecha imprecisa:

 https://www.dailymotion.com/video/xrcnqe

jueves, 2 de junio de 2022

La quema de Judas

HOY, A 60 AÑOS DE EL PORTEÑAZO

Luis Barragán

De fácil esfumación, se dice de una alharaca digital del oficialismo con motivo del  nuevo aniversario de uno de los alzamientos más temerarios en la historia continental, suficientemente explicativo de un período de generalizada y desbocada violencia que se estrelló contra un espeso muro de contención: la sólida alianza democrática en defensa de las libertades, frente al intervencionismo tozudo  y estrepitoso de Fidel Castro.  La sublevación de la infantería naval rubricó la eficaz infiltración a la que le daba continuidad el Partido Comunista, sellando la otra alianza, la cívico-militar,  que de haber logrado inmediatamente la victoria hubiese tenido un futuro incierto, porque La Habana contaba con otra nómina para el ejercicio del poder; no pasaba precisamente por la sede de Cantaclaro y mucho menos por la de los díscolos urredistas de entonces, cuyo meridiano no era el de Greenwich.

Alrededor de 400 muertos y 700 heridos fue el saldo de tamaño evento, aunque rápidamente la maquinaria propagandística de la subversión en curso convirtió en un atroz y desalmado victimario a Rómulo Betancourt, eludiendo toda las responsabilidades del caso. No es difícil imaginar la respuesta que hubiera dado Chávez Frías y el mismo Maduro Moros ante las insurrecciones de grandes magnitudes como las que realmente afrontó el guatireño para darle continuación a una experiencia inédita en nuestro país, pues, al menor gesto de protesta, la orden del supremo y, faltando poco, eterno, los títulos oficiales, fue la de echar gas del bueno y, todo un detalle, sigue vigente la resolución nr. 008610 de 2015 del ministerio de la Defensa, autorizando la intervención con armas de fuego de toda manifestación pública.

Un historiador que creó escuela en nuestro país, Domingo Irwin, hizo importantes consideraciones en torno a la acción militar y política de Puerto Cabello, sobre la conducción tan confusa de las operaciones por los cuadros militares y partidistas intervinientes de “condición civil mas no civilista” que llevó después a crear las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), o las – por entonces -  limitaciones profesionales de la oficialidad subalterna, entre otros aspectos, para concluir: “El porteñazo poco tuvo que ver en la evolución histórico – política venezolana. El tradicional personalismo venezolano sí: la muy fuerte condición corporativa militar, sí; la ambición de poder de los tradicionales perdedores del juego político venezolano de la segunda mitad del siglo XX, sí”. Empero, al alegar la sola naturaleza pretoriana de la entidad, como el golpismo, discrepamos al restarle responsabilidad a la estrategia cubana de una “acción criolla, vernácula y sangrientamente muy venezolana”, preparada por largos meses (*).

Héctor Rondón Lovera fue el afortunado fotógrafo que alcanzó el Premio Pulitzer del año siguiente, al arriesgarse en La Alcantarilla para captar al capellán Luis María Padilla auxiliando al cabo Andrés Quero, en medio del tiroteo de liberación de 80 guerrilleros, comprobando el impacto que provocaron las noticias porteñas. Al iniciarse la era de las bonanzas petroleras, la de una alteración de valores que a la postre nos trajo a esta otra orilla de la historia, Román Chalbaud -  paradójicamente, beneficiario de la ayuda del Estado – rodó un éxito cinematográfico como “La quema de Judas” que recupera la versión tan victimizada de una izquierda que pareció tomarse en serio el debate relacionado con sus derrotas, algo que no fue así como lo demostró al finalizar la centuria.

Por muy nostálgicos de las viejas luchas que se digan, aunque obviamente no las protagonizaron, los eventos de un inicial, extraordinario y asombroso empuje que inauguraron aquélla década, no encuentra cupo en el imaginario social de los más fieles seguidores del madurato, como ciertamente ocurre con los actos  de un cuatro de febrero ampliados para toda celebración propagandística de esta centuria.

(*)  Domingo Irwin (2014) “El porteñazo. ¿Una divisoria de aguas para Venezuela durante la Guerra Fría?”, en: Alejandro Cardozo Uzcátegui (director) “Venezuela y la guerra fría”, Editorial Nuevos Aires, Caracas, 2014: 116, 123.

Imágenes: Captura de pantalla de una escena de Román Chalbaud; y versión de Héctor Rondón Lovera. 02/06/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/hoy-a-60-anos-de-el-portenazo/

https://www.lapatilla.com/2022/06/02/luis-barragan-hoy-a-60-anos-de-el-portenazo/

https://newstral.com/es/article/es/1221372924/luis-barragán-hoy-a-60-años-de-el-porteñazo

Referencia: “La quema de Judas”: https://www.youtube.com/watch?v=P8rc552clgU


Breve nota LB: La llamada Asamblea Nacional de 2020, trató tangencialmente el tema. Lo olvidó la mesa directiva y quedó para la próxima semana el proyecto de acuerdo. Más prosopopeya en la materia: https://www.youtube.com/watch?v=8ThkE5vdZN4

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY