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martes, 21 de julio de 2026

El presupuesto de 2027 como acto inicial de la transición

LA ESTATIZACIÓN DEL ESTADO

Luis Barragán

Expresión nada redundante, la ironía expresa mejor la naturaleza que el problema ha adquirido entre nosotros. Frecuentemente apelamos a la consabida fórmula de la reconstrucción institucional del Estado, como si éste hubiese permanecido sustancialmente intacto con olvido del ya consumado proceso histórico de una degradación de la que también puede dar cuenta la Gaceta Oficial y sus eufemismos.

El gigantismo burocrático propinó una extraordinaria lesión al Estado de funciones y capacidades dramáticamente reducidas por la voracidad del poder político que terminó haciéndose despótico al confiscarlo un sector del gobierno de escasa rotación que todavía brega por su supervivencia frente al país, al partido oficialista y aquellos beneficiarios de dados siempre cargados. La desestatización del Estado, caricatura de la vieja profecía marxiana sobre su desaparición, comenzó con la duplicación de instancias, competencias y facultades de espalda a los controles ordinarios con la deliberada y ventajosa opacidad de las cifras demográficas, electorales, económicas, criminales, sanitarias y de cualquier otra índole.

El interesado y lesivo paralelismo se hizo  estado comunal y, contrariando los resultados del referéndum constitucional, se convirtió en un artificio legal del poder despótico, centralista y antimunicipalista, con el triple objetivo de transferir los problemas fundamentales del país a las localidades, controlar la complejidad de sus inmensos contingentes clientelares y perfeccionar los mecanismos de inteligencia y represión.  Otro ejemplo es la milicianización de la corporación castrense que, simultánea a la militarización de la sociedad, quedó afianzada por la doctrina de la guerra popular prolongada orientada contra el enemigo interno, disidente y opositor, desarmado y pacífico; acotemos, ninguna eficacia, prestancia ni profundidad demostró la doctrina el 3-E a pesar del compromiso contraído por las más altas jerarquías del patio y la estridencia de sus anteriores consignas.

Por consiguiente, una transición indispensable debe encaminarse a la plena y efectiva reconquista de las capacidades del Estado en Venezuela más allá de la simple reversión de medidas, procurando el equilibrio de los poderes político e infraestructural. Importa y mucho, recuperar fundamentalmente los planos de la casa común, vale decir, la Constitución de la República, en lugar de improvisar con fórmulas inmediatistas como la constituyente de todas las constituyentes, asociadas a lo que se ha dado en llamar la “ideología del nuevo comienzo”.

La reestatización del Estado obliga a la consistente edificación de un consenso programático tan capaz de soportar cualquier sismo, como lo demostró el Pacto de Puntofijo, que permita una superior e inédita capacidad para la penetración y el control territorial, una convincente administración de justicia,  la aplicación efectiva de las decisiones administrativas, una limpia recaudación de impuestos, la indispensable actualización de la infraestructura urbana y rural, la coordinación de la vida social, garantizando la seguridad, la educación y la salud. A nuestro juicio, a fin de reencontrar la senda definitiva del Estado constitucional, la mayor urgencia está en la reaparición de la unidad del tesoro, la legalidad y publicidad del gasto, el control realmente representativo del parlamento, la planificación y la responsabilidad fiscal, entre otros caros principios.

Por ello, como una poderosa señal de la transición que aún no ha iniciado con el vigor esperado, importa la conformación de sendas mesas de negociación que no sólo generen las condiciones necesarias para la celebración de los libérrimos comicios, sino también que permitan volver al régimen constitucional y legal del presupuesto público nacional. Significa sincerar y concertar políticamente, bajo la más amplia consulta, un proyecto de presupuesto para el ejercicio fiscal de 2027 y con toda la franqueza que reclama la inocultable y duradera crisis que soporta el país, concibiendo y reordenando las políticas públicas que necesitamos.

La idea requiere de liderazgo, vocación de servicio y  de porvenir, más allá de las redes digitales. Definitivamente, se trata de una responsabilidad histórica.

Ilustración: LB/IA.

Fotografía: LB CCS, 26&05&2026).

21/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/la-estatizacion-del-estado/

martes, 18 de abril de 2023

Subsidio desolador

LA RUINDAD COMO CONTRATO SOCIAL

Luis Barragán

Expresando la más íntima naturaleza del régimen, la depredación hecha Estado no siempre incurre en la obscenidad de una alcabala autorizada para que los funcionarios extorsionen al más común de los ciudadanos, so pretexto del almuerzo faltante, tratándose de una lejana carretera interiorana, o la deteriorada taquilla de un cercano despacho oficial.  Al subsidio ocasional, volandero y trapichero, equivalente a un vil asalto a mano armada, debemos sumar el más sistemático, riguroso y solemne de todos respecto al régimen, apartado el deterioro constante del salario y la campante desalarización: nos referimos al presupuesto público, un hecho lícito, aunque ilegítimo.

Desde hace década y tanto, en tiempos en los que alguna publicidad y discusión tuvieron los proyectos presupuestarios, supimos no sólo de la deliberada subestimación de los ingresos petroleros anuales, sino de su inmediata remisión a sendos fondos de una muy exclusiva y confidencial  incumbencia del ejecutivo nacional, por lo que el más elevado porcentaje del gasto público ha corrido por cuenta de nuestros resignados tributos.  Voces atrevidas celebran de vez en cuando el asunto como si constituyese una superación del sempiterno rentismo que nos aqueja, en lugar del masivo hurto o apropiación indebida de los recursos que le quedan a toda una nación que paga, sostiene y entretiene al partido que se ha confundido con el Estado, acaso, pretendiendo sustituirlo.

En un país de desempleados,  se dice de las personas de salario mínimo que resultan pechadas por un asombroso y eventual enriquecimiento, quizá por la solicitud pública que termina en un exitoso financiamiento de la urgida pasantía por el quirófano, dejando huella en el historial bancario personal; quizá por la reiterada remesa de divisas diluida entre los estantes de la farmacia y el mercado municipal, escasos los bolívares y dólares simultáneamente. Nadie, absolutamente nadie está exento de pagar el IVA, esto es, el diario alquiler por habitar todavía el territorio que una remota vez dijimos nuestio derramando sudor y sangre por independizarlo.

Por supuestísimo, no hay más contraprestación que la lógica y generalizada ruindad material, unida a una creciente desmoralización que viene con el hambre.  Empero, el martirizante subsidio al poder establecido, puede llevarnos y nos lleva a una triste capitulación perdiendo la noción misma de la política como una proeza de la comprensión y de la articulación con arraigo social en defensa de las libertades ausentes: la política que concierne a los inevitables partidos y a las organizaciones de una sociedad civil que suelen excusarse, se ha convertido en una experiencia del abatimiento y enfermiza reiteración de consignas.

La pandemia, el hambre y el vicio imposible de sufragar, barrieron con buena parte de las personas que hicieron vida de calle, menesterosos también expuestos al delito menor, como víctimas y victimarios.  Los sobrevivientes de ahora, deben rivalizar con las mafias que expropian los espacios públicos, con las presuntamente informales hamburgueserías, desplazándose a las plazas públicas más modestas para convertirlas en hogar: donde hay un feroz testimonio de miseria, alguien querrá evocar el calabozo de La Carraca que el pintor eligió como escenario para Miranda, en un rincón de la caraqueña avenida bajo el busto de Solano López.

Cual contrato social de las ruindades al que da fiel cumplimiento, el régimen niega la más elemental prestación de los servicios públicos, aspirando a la galopante multiplicación de una indigencia dócil y agradecida por los mendrugos que reciben. Valga la complementación del proyecto de convenio colectivo entre las minorías privilegiadas del poder, a propósito de un instrumento llamado algo así como de extinción de dominio que aparente y sólo aparentemente, no le compete al resto de los mortales. Vale decir, manifestaciones de un mismo fenómeno mejor expresado con una suerte de trabalenguas: el socialismo lumpemproletarizador y del lumpenmilitariat, por cierto, en el curso del particular e irremediable capitalismo de Estado.

De modo que no hay noticias aisladas, coyunturas fortuitas, y caracterizaciones pasajeras para el vasto subsidio a un régimen que, faltando poco, cuenta con una herramienta frankensteiniana de la era digital, como el denominado sistema Patria.  Esquilmar a las grandes mayorías, relegándolas a las plazas públicas mientras las haya despejadas, cuenta con el sentido y los alcances que sólo los paraísos fiscales pueden incentivar y motorizar a la espera de su distinguida clientela.

 Fotografías: LB (Caracas, abril ´23).

18/04/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/la-ruindad-como-contrato-social/

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...