LA ESTATIZACIÓN DEL ESTADO
Expresión
nada redundante, la ironía expresa mejor la naturaleza que el problema ha
adquirido entre nosotros. Frecuentemente apelamos a la consabida fórmula de la
reconstrucción institucional del Estado, como si éste hubiese permanecido
sustancialmente intacto con olvido del ya consumado proceso histórico de una
degradación de la que también puede dar cuenta la Gaceta Oficial y sus
eufemismos.
El
gigantismo burocrático propinó una extraordinaria lesión al Estado de funciones
y capacidades dramáticamente reducidas por la voracidad del poder político que
terminó haciéndose despótico al confiscarlo un sector del gobierno de escasa
rotación que todavía brega por su supervivencia frente al país, al partido
oficialista y aquellos beneficiarios de dados siempre cargados. La
desestatización del Estado, caricatura de la vieja profecía marxiana sobre su
desaparición, comenzó con la duplicación de instancias, competencias y
facultades de espalda a los controles ordinarios con la deliberada y ventajosa
opacidad de las cifras demográficas, electorales, económicas, criminales,
sanitarias y de cualquier otra índole.
El
interesado y lesivo paralelismo se hizo
estado comunal y, contrariando los resultados del referéndum
constitucional, se convirtió en un artificio legal del poder despótico,
centralista y antimunicipalista, con el triple objetivo de transferir los problemas
fundamentales del país a las localidades, controlar la complejidad de sus
inmensos contingentes clientelares y perfeccionar los mecanismos de
inteligencia y represión. Otro ejemplo
es la milicianización de la corporación castrense que, simultánea a la
militarización de la sociedad, quedó afianzada por la doctrina de la guerra
popular prolongada orientada contra el enemigo interno, disidente y opositor,
desarmado y pacífico; acotemos, ninguna eficacia, prestancia ni profundidad
demostró la doctrina el 3-E a pesar del compromiso contraído por las más altas
jerarquías del patio y la estridencia de sus anteriores consignas.
Por
consiguiente, una transición indispensable debe encaminarse a la plena y
efectiva reconquista de las capacidades del Estado en Venezuela más allá de la
simple reversión de medidas, procurando el equilibrio de los poderes político e
infraestructural. Importa y mucho, recuperar fundamentalmente los planos de la
casa común, vale decir, la Constitución de la República, en lugar de improvisar
con fórmulas inmediatistas como la constituyente de todas las constituyentes,
asociadas a lo que se ha dado en llamar la “ideología del nuevo comienzo”.
La
reestatización del Estado obliga a la consistente edificación de un consenso
programático tan capaz de soportar cualquier sismo, como lo demostró el Pacto
de Puntofijo, que permita una superior e inédita capacidad para la penetración
y el control territorial, una convincente administración de justicia, la aplicación efectiva de las decisiones
administrativas, una limpia recaudación de impuestos, la indispensable
actualización de la infraestructura urbana y rural, la coordinación de la vida
social, garantizando la seguridad, la educación y la salud. A nuestro juicio, a
fin de reencontrar la senda definitiva del Estado constitucional, la mayor
urgencia está en la reaparición de la unidad del tesoro, la legalidad y
publicidad del gasto, el control realmente representativo del parlamento, la
planificación y la responsabilidad fiscal, entre otros caros principios.
Por
ello, como una poderosa señal de la transición que aún no ha iniciado con el
vigor esperado, importa la conformación de sendas mesas de negociación que no
sólo generen las condiciones necesarias para la celebración de los libérrimos
comicios, sino también que permitan volver al régimen constitucional y legal
del presupuesto público nacional. Significa sincerar y concertar políticamente,
bajo la más amplia consulta, un proyecto de presupuesto para el ejercicio fiscal
de 2027 y con toda la franqueza que reclama la inocultable y duradera crisis
que soporta el país, concibiendo y reordenando las políticas públicas que
necesitamos.
La
idea requiere de liderazgo, vocación de servicio y de porvenir, más allá de las redes digitales.
Definitivamente, se trata de una responsabilidad histórica.
Ilustración: LB/IA.
Fotografía: LB CCS, 26&05&2026).
21/07/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/la-estatizacion-del-estado/


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