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domingo, 16 de marzo de 2025

En manos de Dios estamos todos

NO ACABAMOS DE DAR EL SALTO DEL DIOS DEL AT AL DIOS DE JESÚS

(San Lucas, 9: 28-36)

Fray Marcos [Rodríguez]

En la liturgia de este domingo se nos proponen dos teofanías, (manifestaciones de Dios) una a Abrahán y otra a los tres apóstoles. En realidad, toda la Biblia es el relato de la manifestación de Dios.

En el caso de Abrahán, estamos ante el hecho más significativo en la historia del pueblo judío, la Alianza sellada por Abrahán con el mismo Dios. Hay un detalle muy significativo. Dios no llegó a la cita hasta que vino la noche y Abrahán cayó en "un sueño profundo y un terror intenso y oscuro..." Fue una experiencia interior de Abrahán que para él era más cierta que la misma realidad, que podría ver con los ojos abiertos. Es significativo que muchas de las experiencias de Dios en el AT se relatan como sueños.

Tampoco la transfiguración debemos entenderla como una puesta en escena por parte de Jesús. Va en contra de toda su manera de ser y de actuar. No tiene ni pies ni cabeza que Jesús montara un espectáculo de luz y sonido ni para tres ni para tres mil.

El domingo pasado se proponía una espectacular puesta en escena (tírate de aquí abajo) como una tentación. No tiene mucho sentido que hoy se proponga como una "gracia" en beneficio de los tres apóstoles. Una cosa es la experiencia, y otra muy distinta cómo nos la cuentan.

Es clave para la comprensión del relato la advertencia final. "Por el momento no dijeron nada de lo que habían visto". En el relato de Mateo y Marcos, el mismo Jesús les prohíbe decir nada a nadie "hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".

Seguramente se trata de una experiencia pascual. Las experiencias pascuales se narran como si fueran acontecimientos de la vida normal, pero son vivencias internas que se intentan comunicar a los demás con el lenguaje que se utiliza para contar hechos que no se pueden constatar por los sentidos. Con el tiempo este relato se insertó en la vida de Jesús.

La versión litúrgica nos ha escamoteado el comienzo que dice "unos ocho días después..." se trata de indicar que estamos en el primer día de la nueva creación.

En este episodio, se emplean los mismos elementos que se habían utilizado en todo el AT para relatar las repetidas teofanías de Dios.

· El monte, lugar de la presencia de Dios.

· El resplandor signo de que Dios estaba allí.

· La nube en la que Dios se manifestó a Moisés y que después les acompañaba por el desierto.

· La voz que es el medio por el que Dios comunica su voluntad.

· El miedo que siente todo aquel descubre la presencia de Dios.

· Las chozas, alusión a la fiesta más importante en tiempo de Jesús para los judíos. Fiesta mesiánica en la que se conmemoraba el paso por el desierto, de la esclavitud a la tierra prometida.

· Moisés y Elías que son símbolos: La Ley y los Profetas, los dos pilares sobre los que se asentaba la religiosidad del pueblo judío.

Moisés y Elías conversan con Jesús, pero se retiran. Han cumplido su misión y en adelante será Jesús la referencia última. Pedro no está en es dinámica y pretende hacer tres chozas, para que Moisés y Elías puedan continuar.

Deja muy claro que se trata de una transfiguración. Lo que cambió fue la figura, no la sustancia. En lo esencial, Jesús siguió siendo el mismo. Fue la apariencia lo que los tres discípulos experimentaron como distinto. En Jesús, lo verdaderamente importante, es el ser divino que no puede ser percibido por los sentidos. Lo que normalmente ven en él, es lo accidental.

En los relatos pascuales, se quiere resaltar que ese Jesús que se les aparece, es el mismo que anduvo con ellos en Galilea. En la transfiguración, se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. Ese Jesús que vive con ellos es ya el Cristo glorificado. Quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, pero no fueron capaces de apreciarlo. Lo que hay de divino en Jesús, está siempre en su humanidad, no añadido a ella en un momento determinado.

La inmensa mayoría de las interpretaciones de este relato, apuntan a una manifestación de la "gloria" como preparación para el tiempo de prueba de la pasión. En mi opinión, esto sería una manifestación trampa. Cuando interpretamos la "gloria" como lo contrario al "sufrimiento", nos alejamos del verdadero mensaje del evangelio. El sufrimiento, la cruz no puede ser un medio para alcanzar la gloria. En el sufrimiento está ya Dios presente, exactamente igual que en lo que llamamos glorificación.

No descartes el meditar una hora (o doce veces cinco minutos cada vez) este punto. Lo que llamamos gloria de Dios no tiene absolutamente nada que ver con la gloria humana. En Dios, su "gloria" es simplemente su esencia, no algo añadido. Dios no puede estar ni ser glorificado, por la sencilla razón de que nunca puede estar ni ser sin gloria.

Con nuestra mente no podemos comprender esto. Cuando hablamos de la gloria divina de Jesús, aplicándole el concepto de gloria humana, tergiversamos lo que es Jesús y lo que es Dios. Si en Jesús habitaba la plenitud de la divinidad, como dice Pablo, quiere decir que Dios y su gloria nunca se separaron de él. Jesús, como ser humano, si podría recibir gloria humana: cetros, coronas, solios, poder, fama, honores, etc. etc. Pero todo eso que nosotros nos empeñamos en añadirle no es más que la gran tentación.

El evangelio nos dice que no tenemos nada que esperar para el futuro. La buena noticia no está en que Dios me va a dar algo más tarde aquí abajo o en un hipotético más allá, sino en descubrir que todo me lo ha dado ya.

"El reino de Dios está dentro de vosotros". En Jesús está ya la plenitud de la divinidad, pero está en su humanidad. Lo divino que hay en Jesús no se puede percibir por los sentidos. De fenómenos externos no puede venir nunca una certeza de la realidad trascendente, por muy espectaculares que parezcan.

Todo lo que Jesús nos pidió que superáramos, resulta que ahora lo volvemos a reivindicar con creces, sólo que un poco más tarde. Renunciar ahora para asegurarlo después, y para toda la eternidad... Es la mejor prueba del valor que seguimos dando a nuestro falso yo, y de que seguimos esperamos la salvación a nivel de nuestro ego.

Jesús acaba de decir a los discípulos, justo antes de este relato, que tiene que padecer mucho; que el que quiera seguirle tiene que renunciar a sí mismo; que el grano de trigo tiene que morir...

Jesús nos enseñó que debemos deshacernos de la escoria de nuestro falso yo, para descubrir el oro puro de nuestro verdadero ser. Nosotros seguimos esperando de Dios, que recubra de oropel o purpurina esa escoria para que parezca oro. Lo que tenemos que hacer es descubrir, más allá de la purpurina que nos envuelve, el oro de nuestro verdadero ser; ver el diamante que somos, escondido tras el lodo que nos envuelve.

Lo divino que ya está dentro de nosotros, no es lo contrario de las carencias que experimentamos. Es una realidad que ya somos y es compatible con las limitaciones de todo tipo (físicas, síquicas y morales), que son inherentes a nuestra condición de criaturas.

Después de Jesús, es absurda una esperanza de futuro. Dios nos ha dado ya todo lo que podría darnos. Se ha dado Él mismo y no tiene nada más que dar (Sta. Teresa).

Claro que esto da al traste con todas nuestras aspiraciones de "salvación". Pero precisamente ahí debe llegar nuestra reflexión: ¿Estamos dispuestos a aceptar la salvación que Jesús nos propone, o seguimos empeñados en exigir de Dios la salvación que nosotros desearíamos para nuestro falso yo? La única esperanza que cabe es la de que descubra la realidad que soy.

¡Escuchadle a él solo! Para nosotros, los cristianos del siglo XXI, no es nada fácil cumplir esa recomendación de la "voz". Seguimos, como Pedro, aferrados al Dios del AT y nos da miedo soltar amarras y fiarnos sólo de lo que dice Jesús.

Dos mil años de cristianismo han velado de tal forma el mensaje de Jesús, que es casi imposible distinguir lo que es mensaje evangélico y lo que es adherencia ideológica. Los prejuicios que tenemos sobre Jesús, nos impiden acercarnos a él con la mente abierta. Esa tarea de discernimiento es más urgente que nunca.

La creciente relación entre culturas y religiones hace que podamos comparar y descubrir lo mucho de relleno que se nos ha vendido como evangelio. Jesús buscaba odres nuevos que aguantaran el vino nuevo. Hoy lo que abunda son odres nuevos que esperan vino nuevo, porque no aguantan el vino viejo que se les ofrece.

El hecho de que Moisés y Elías se retiraran antes de que hablara la voz, es una advertencia para nosotros que no acabamos de dar el salto del Dios del AT, al Dios de Jesús.

Jesús ha dado un salto en la comprensión de Dios que debemos dar nosotros también. En realidad, en ese salto consiste todo el evangelio. El Dios de Jesús es un Dios que es siempre y para todos amor incondicional. El Dios de Jesús nos desconcierta, nos saca de nuestras casillas porque nos habla de entrega incondicional, de amor leal, de desapego del Yo.

El Dios del AT ha hecho una alianza al estilo humano y espera que el hombre cumpla la parte que le corresponde. Sólo entonces, premia al que la cumple y castiga al que no la cumple. Con este Dios sí nos identificamos, porque es lo que haríamos nosotros si estuviéramos en su lugar. Esa es la trampa; nos empeñamos en hacer un dios a nuestra medida.

Oración-contemplación

Hoy los apóstoles ven a Jesús como realmente es.

También tu verdadero ser es un diamante.

No te dejes engañar por las apariencias.

Ni tú ni los demás tenéis nada que cambiar en lo esencial.

..............................

No confundas la meta.

No tienes que arrancar nada de ti.

Todo lo que no es esencial, terminará por desprenderse.

Agudizar la vista para ver lo que eres,

más allá del oropel y del lodo que te cubre y oculta.

..................

Sólo la meditación podrá iluminarte para ver la realidad.

No es fácil, pero es el único camino.

Insiste. Enfoca toda tu atención hacia el centro de tu ser.

La iluminación llegará con la mayor naturalidad.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1977-no-acabamos-de-dar-el-salto-del-dios-del-at-al-dios-de-jes%C3%BAs.html

Fotografía: LB, Altar de la Iglesia de la Candelaria (CCS, 16/03/2025).

Padre S. Martín: ¿Preparación del Cónclave Con el Papa Vivo? | ¿El Papa Regresa al Vaticano? |Matanza en Siria / Aniversario del Papa: https://www.youtube.com/watch?v=rc6Sji0GFuM


Entrevista Francisco I, Cónclave que lo eligió: https://www.youtube.com/watch?v=q94HfK07DjI












sábado, 8 de febrero de 2025

Tarea en el mundo terrenal

LA VOCACIÓN BÁSICA DE TODO CRISTIANO

(San Lucas, 5:1 - 11)

José Enrique Galarreta

Seguimos haciendo una lectura semi-continua del evangelio de Lucas, aunque saltando algunos pasajes. El domingo pasado veíamos a Jesús al principio de su predicación, en Nazaret. Lucas lo lleva después a Cafarnaúm donde empieza su predicación y sus curaciones. Su fama se extiende, de manera que todo el mundo acude a escucharle.

El tema de fondo es la vocación de los primeros discípulos, dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan. La vocación de los discípulos se refiere en los cuatro evangelios:

§ Juan 1:35-51,

§ Mateo 1:16-22,

§ Marcos 1:16-20.

Mateo y Marcos dan una versión semejante: Jesús pasa por la orilla del mar y llama, sin más, a las dos parejas de hermanos. Ellos dejan las redes y le siguen. Lucas lo presenta más dramático, como consecuencia del asombro por la pesca milagrosa. Juan no hace referencia alguna ni al mar ni a la pesca: habla solamente de llamamientos personales, directos; el orden del llamamiento es distinto, y el número de los llamados es mayor.

Esto nos indica por una parte la diversidad de fuentes utilizadas por los evangelistas, aparentemente tres. Por otra parte, el escaso interés de los evangelistas por el género estrictamente histórico. Importa, mucho más que los sucesos exactos, el significado de esos sucesos. Incluso lo que sucedió puede ser modificado si esto es conveniente para dejar más claro el significado, el mensaje.

En este evangelio, por ejemplo, la abundancia de la pesca es sobre todo simbólica, y se repite en varios pasajes: indica la abundancia del Reino, contrapuesta a la pobreza de la vida sin Dios.

Lucas nos muestra el reclutamiento de los primeros discípulos en el contexto de la admiración del pecador ante el poder de Dios. Es por tanto una línea paralela a la de la vocación de Isaías. Atraídos por la santidad de Dios, a pesar del pecado, enviados por Dios. Pero esta vez no se trata de clamar anunciando los castigos futuros. Esa imagen de Dios intolerante con el pecado es ampliamente superada por Jesús. Se trata de "pescar", es decir, salvar de las aguas del pecado. No son elegidos sólo para profetas sino para salvadores, libertadores como Jesús, que es Dios-con-nosotros-Salvador.

Es claro que los tres textos por tanto dan tres "versiones" diferentes del mismo tema, la vocación del apóstol, insistiendo en los mismos aspectos: la desproporción de la misión con la pequeñez del elegido; la posibilidad de realizarlo por la fuerza de Dios.

Es claro también que los elegidos no lo son por sus méritos. Ni siquiera por sus aptitudes, por sus cualidades. Es un tema habitual en toda la Escritura. Moisés es elegido a pesar de que no sabe hablar correctamente. David es elegido siendo el pequeño, el menos importante de sus hermanos... y muchos otros casos más. El ejemplo mayor sin embargo es el mismo pueblo de Israel, el más insignificante de los pueblos, y, además, pueblo rebelde ante Dios. Todo esto se interpreta siempre así: para que veáis que no son vuestras fuerzas sino el poder de Dios que está con vosotros.

Esto podría interpretarse en el Antiguo testamento como un alarde de Yahvé. Las victorias sobre los enemigos son victorias de Dios; Israel es sólo un instrumento, patéticamente desproporcionado. Esta es sin duda una lectura adecuada del famoso Paso del Mar, en el Libro del Éxodo.

Pero esta línea llega a su madurez en el Nuevo testamento. Los discípulos no son elegidos para hacer proezas militares luchando contra otros hombres u otros pueblos. Su único enemigo es el pecado y lo es porque es el enemigo del ser humano: esa es la única batalla de Dios. Los pecadores no son enemigos, sino enfermos, víctimas del pecado.

La imagen de "pescar" tiene mucho más significado que el que nosotros percibimos desde nuestra cultura. El mar es para nosotros un elemento de la naturaleza, más bien bello aunque inmenso. Para Israel el mar y todas las aguas caudalosas siempre son imagen del caos, de la oposición a Dios, del pecado.

· Poner las aguas en su sitio es lo primero que hace Dios al crear, inmediatamente después de hacer la luz.

· Noé el justo es salvado por Dios de las aguas del diluvio, provocadas por el pecado.

· Moisés y el Pueblo son salvados de las aguas, del Nilo y del Mar.

· La última oposición a la entrada en La Tierra es el difícil (¿?) paso del Jordán, milagrosamente resuelto por el poder de Dios.

Aunque en el contexto del desierto el agua es la vida, esto se reduce a los pozos y a los manantiales. Las grandes masas de agua son el caos, el poder de lo incontrolable, el pecado del que triunfa sólo el poder de Dios.

Dios se presenta como "El que salva del Caos", en el Génesis de modo muy genérico; en el Éxodo como salvador político del pueblo y más tarde, por medio de La Ley, en la Teofanía del Sinaí. El pecado es el Caos: la palabra de Dios, los Diez Preceptos, vienen a poner orden en ese caos. Es una simbología paralela a la de la luz. El pecado es caos y oscuridad: Dios trae el orden y la luz.

En esta misma línea, cuando los evangelistas presentan a Jesús caminando sobre las aguas, calmando la tempestad, salvando a Pedro de las aguas, provocando pescas milagrosas, enlazan con toda la línea del Antiguo Testamento que acabamos de exponer y nos muestran, de manera gráfica, con imágenes más que con palabras, que ahí está el Espíritu del Señor, el mismo que puso orden en el caos primigenio, el mismo que salvó a Noé y a Moisés y al Pueblo.

Por tanto, y una vez más, lo que Jesús está anunciando es cómo es Dios; y el Dios de Jesús es otra cosa completamente distinta de lo que se había entendido. No es Dios el que castiga y condena; es el pecado el que nos castiga y nos condena. Dios no amenaza; es el pecado el que amenaza. Dios salva, Dios es el Creador, el que hace existir y vivir; el pecado es el que hace morir.

La dramática imagen de la condenación es una constatación existencial del ser humano: el ser humano puede echarse a perder, destruirse. Es el precio de la libertad. Pero Dios no es el árbitro indiferente, el notario final que certifica que se ha destruido, ni mucho menos el que condena. Dios es el que ayuda a que no pase nada de eso, el que engendra y trabaja por sacar adelante a su hijo. Ése es el Dios de Jesús.

La imagen de la pesca es negativa: salvar del caos, salvar de la destrucción, salvar de la muerte. Es la misma imagen que nos da Jesús curando enfermedades: salvar del mal. Pero el mismo Jesús ha dado muchas veces la imagen positiva de la misma realidad: Dios pan, Dios agua, Dios vino, Dios luz y, por supuesto, Dios madre.

La primera oferta de Jesús es cambiar de Dios. Y la segunda es semejante a la primera: cambiar el modo de ser humano. Dejar de ser juez condenador, dejar de ser indiferente al otro: enrolarse en crear humanidad, en salvar todo lo humano de los humanos, trabajar con el Padre en sacar la familia adelante. Y esto, sin ninguna pretensión de mérito propio o de santidad personal para poder decir a otros "sed como yo, imitadme". Las raíces de nuestra conversión a lo de Jesús está en saber que somos tan pecadores como todos y que conociéndonos como somos, Dios cuenta con nosotros.

Pablo es una imagen viva de esto. Por los detalles que sabemos de él, no es, ni mucho menos, un "perfecto". Está lleno de pasiones, en el sentido positivo y negativo de la palabra: pasiones, fuerzas difíciles de controlar, que se pueden poner al servicio de Dios... o estropear su obra. Pablo se esfuerza en poner todo lo que es al servicio del evangelio. Sabe que ha sido elegido por pura gracia, como instrumento para que otros conozcan también a Jesús, y quema la vida en eso.

Y hemos dado con la palabra exacta: quemar. Conectamos con otro símbolo utilizado en el texto de Isaías, que recibe en sus labios una brasa encendida en la Presencia de Dios. Probablemente el mejor símbolo de nuestra vida de cristianos es el cirio. El cirio no da luz. Es cera y mecha sin más. Pocas cosas hay tan inútiles en sí. Pocas cosas tan feas cuando están viejas y arrinconadas: pero pueden ser portadoras de luz, de luz que no producen ellos, que reciben.

Nosotros somos materia opaca, vida inútil: encendida en Cristo, esta vida puede quemarse para dar calor y luz a los demás. No damos nuestra luz, damos la misma luz que hemos recibido. La luz nos consume. Si no estamos encendidos, duramos inútilmente. Si estamos encendidos, nos consumimos y somos útiles. Es un símbolo perfecto, el más hermoso de los símbolos de esa ceremonia preciosa que es la Vigilia de la Resurrección.

Finalmente, existe entre muchos cristianos la idea de que los llamados al apostolado son "los apóstoles", los sacerdotes, los religiosos... Es un grave error. Todos los que siguen a Jesús son llamados por Él para que sean creadores de humanidad como él. Esta no es una vocación especial de algunos, sino la vocación básica de todo cristiano: encendidos en la luz de Jesús para que en el mundo brille la luz de Jesús.

Esto es una invitación a ver nuestra vida cristiana de una manera "cotidiana", no "extraordinaria". No se trata de hacer cosas diferentes para ser "apóstol", ni de dedicar horas extras al apostolado, ni de pertenecer a asociaciones, meterse en actividades.... que puede ser muy bueno e incluso necesario, pero sólo además. Además de la vida cotidiana, que es nuestro servicio, nuestro trabajo querido por Dios, lo que tiene valor profético. La misión de todos los cristianos es hacer visible el reino, vivir como hijos de Dios: así se anuncia la Buena Noticia.

Hay en la iglesia vocaciones de consagración exclusiva. Como los profetas, o los Apóstoles. Los sacerdotes, los religiosos... que tienen un carisma propio, una función específica en la Iglesia. Sirven para la Iglesia, para alimentar a la Iglesia, al Pueblo de Dios. Pero no son ellos "los" apóstoles, "los" profetas. La vocación de anunciar el Evangelio es de la Iglesia entera. Lo que anuncia el Evangelio es la vida cotidiana de los cristianos. Así hemos de entender la oración, los sacramentos, la Eucaristía... como medios que nos ayudan a vivir para que nuestra vida sea apostólica, profética.

Ser padre, madre, esposo, esposa, médico, albañil, maestro, estudiante... ese es nuestro trabajo querido por Dios, y eso es nuestro apostolado. Para que lo sea, necesitamos de la Palabra de Dios, de la Oración, de la Eucaristía... Pero estarán vacías si no sirven para que la vida cotidiana anuncie el Reino.

Aquí podemos hacer una seria consideración sobre el sentido de ser cristiano, tan común. "Ser cristiano es conocer la ley de Dios y obedecerla, y poder recibir el perdón cuando se falla, y así poder salvarse" Es empequeñecer el mensaje. Ser cristiano es comprometerse con Dios en la Creación y en la Salvación del ser humano.

Y otra reflexión sobre la frase tan usada: "Sacerdos, alter Christus", el sacerdote, otro Cristo. Debería decir: "El cristiano, otro Cristo". Anunciar el Reino, ser Palabra de Dios en el mundo no es trabajo de los sacerdotes, sino de los cristianos.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1995-la-vocaci%C3%B3n-b%C3%A1sica-de-todo-cristiano.html 

Ilustración: Edie Harper.

Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=VX3zXVEDDj4

Francisco I: https://www.youtube.com/watch?v=NFI8K8pSo4Y

Monseñor R. Biord: https://www.youtube.com/watch?v=IWPe8_6DzxE


Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=7R_qRtDVjKk




domingo, 2 de febrero de 2025

Cardenalidades

CÓNCLAVE, CONCLAVEOS Y CONCLAVISTAS, O LA POLÍTICA IRREEMPLAZABLE 

 Luis Barragán

Teniendo la fortuna de acceder al libro, leímos “Cónclave” de Robert Harris (Barcelona, 2016) antes de ver la película homónima de  Edward Berger (2024), una mejor y más lograda versión artística, cuyo protagonista - Ralph Fiennes – luce como un fuerte candidato al Oscar.  De trama, por cierto, revelada por diferentes medios, incluyendo la Wikipedia, el espóiler (término ya acogido por la Real Academia), es la mejor arma defensiva de quienes – por ejemplo – nunca leyeron “Cien años de soledad”, ya saben aquello del rabo de cerdo, importándoles un bledo la maravillosa construcción de sus tramas, el tejido de sus vicisitudes y el buen humor que pavimenta la novela.

Lejos de pretender un ejercicio crítico de la obra, deseamos señalar la más importante característica de la interpretación de un novelista que ha tenido grandes éxitos en el género de la política-ficción, y un cineasta que muy bien la simplifica con escasas diferencias en relación a pieza que la inspira. Y es que la política que fundamentalmente nos impone del irreprimible conflicto y la búsqueda perpetua de soluciones, quizá por aquello de que un error suele resolver otros errores, es el fenómeno ineludible: un esfuerzo metódico, con la mayor pureza posible, demandando el auxilio del Espíritu Santo, para que los cardenales elijan al nuevo sucesor de Pedro, es la tarea..

El cónclave cuenta con una remota tradición de procedimientos para que sus miembros, individual, secreta y solemnemente elijan al Papa, prohibiéndoles el inicial intercambio de opiniones. Sin embargo, a medida que las distintas votaciones fracasan, además, extremadamente formales por la gravedad de la materia que las ocupan, progresivamente exigen del intercambio de información y pareceres, la evacuación de las denuncias que el narrador sugiere (siendo y demasiado tarde para la octava y definitiva consulta), la lógica aparición de aspiraciones (añadida la tentación narcisista, como cualquier otra), y la conformación de las tendencias que suelen cambiar en el curso de los sufragios.

Los cónclaveos – permítanme la expresión – tienen el más transparente y firme propósito de una limpia selección de compararlo con las miles que se hacen en la vida familiar y ciudadana, respecto a las personas, el mundo y las cosas. Entonces, valga el mensaje para los antipolíticos del patio, mal que bien la Iglesia Católica, con sus errores y aciertos, ha ideado e implementado, en no pocos siglos, una fórmula cónclava que, lejos de satanizar, reivindica el camino de una democrática composición de las diferencias; e, importa anotarlo, anima a los conclavistas, los pretendidos especialistas que urden en la opinión pública hasta las más absurdas conjeturas, como si la institución eclesiástica fuese el territorio exclusivo de todas las maldades frente a la bondad del resto de la humanidad que la juzga desde una moralina despiadada.  

El libro juega con un desenlace sorprendente de muy escasas páginas, a tono con los temas de una moda que se prolonga, previendo la sustitución de Francisco I que ojalá tarde y mucho, compaginando con una prolija literatura de ficción y no ficción de un pasado próximo, como “Vaticano 2035” de Pietro de Paoli, (Grijalbo, 2006), o más reciente, como los libros de Vicens Loza (“Intrigas y poder en el Vaticano”, 2021; y “Vaticangate. El complot ultra contra el Papa Francisco y la manipulación del próximo cónclave”, 2023), publicados por Roca Editorial de Libros, Barcelona.  En todo caso, el asunto en cuestión constituye una oportunidad para ejercitarse en la lidia de la política irreemplazable, esta vez, en Ciudad del Vaticano.

02/02/2025:

https://www.lapatilla.com/2025/02/02/luis-barragan-conclavos-conclaveos-y-conclavistas-o-la-politica-irreemplazable/

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS Héctor Faúndez Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a...