A PROPÓSITO DE LA SIMÓN BOLÍVAR DEL LITORAL CENTRAL
Afortunadamente se trata de una minoría, pues existen
individualidades de muy trastocados valores, erigidos en implacables jueces morales,
que incurren en los más vulgares y asombrosos dislates. Y, por curiosidad, nos
acercamos a la sede del litoral de la Universidad Simón Bolívar para comprobar
si, como algunos insinuaban, la destrucción obedecía más a los refugiados que al
doble terremoto.
Nos hemos enterado que miembros de la comunidad de Sartenejas
e igualmente de Vargas se oponen a la ocupación del núcleo litoralense por las
familias sísmicamente afectadas, tratándolo de “invasores”, e importándoles
poco que hayan perdido sus casas y enseres domésticos. Ocurrió que la
edificación más grande y confiable del lugar pertenece a la citada casa de
estudios y, ahí, disciplinadamente, han conseguido protección transitoria niños
de todas las edades, personas muy adultas, como el resto de las víctimas del
desastre natural, con atención médica, seguridad y alimentación. De hecho,
bajamos a ayudar a una persona amiga que hizo entrega de una donación significativa
de comestibles y productos de higiene personal, cerciorándonos de las condiciones
en las que se encuentra el sitio.
Lo curioso es que la gente que no se pone en los
zapatos de los más vulnerables, también se dicen de “oposición”, pero jamás les
he leído o escuchado la más modesta denuncia contra el gobierno nacional o, en
su defecto, el gobierno universitario. Ni pío dicen frente a las autoridades
interventoras desde hace añales en la Universidad Simón Bolívar: estos “opositores”
que aseguran que los refugiados les van a destruir el inmueble, tampoco dieron
cuenta pública y expresa de la ruina de la tan emblemática escultura
cromovegetal, del desastre de la piscina olímpica con caimán y todo, o de los
niveles de contaminación del galpón de biología, por no mencionar del déficit
de profesores de matemáticas en la universidad.
Indudable, hay una concepción de la vida, del mundo y
de las cosas en aquellos que se creen de la élite académica que nunca se
compadecerá con los cambios más urgidos del aula superior en Venezuela, cuyo
nivel de retroceso todavía está por saberse a falta de confiables estadísticas
oficiales. Porque la reconstrucción material del país exige, antes, una
reconstrucción moral e institucional que empiece por reconocer al otro como ciudadano
y no como un intruso.
La historia de los terremotos es también la historia
del Estado que atiende o desatiende sus consecuencias, pero igualmente la de
una sociedad que, en la desgracia ajena, pone al descubierto lo mejor y lo peor
de sí misma. Atentos con esto que no es poca cosa, por cierto.
Fotografía: LB, reflejo de la ventana. Universidad Simón Bolívar sede del litoral (18/03/2018). LB, Universidad Simón Bolívar sede del litoral (23/07/26).
26/07/2026:


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