domingo, 26 de julio de 2026

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A PROPÓSITO DE LA SIMÓN BOLÍVAR DEL LITORAL CENTRAL

Luis Barragán

Afortunadamente se trata de una minoría, pues existen individualidades de muy trastocados valores, erigidos en implacables jueces morales, que incurren en los más vulgares y asombrosos dislates. Y, por curiosidad, nos acercamos a la sede del litoral de la Universidad Simón Bolívar para comprobar si, como algunos insinuaban, la destrucción obedecía más a los refugiados que al doble terremoto.

Nos hemos enterado que miembros de la comunidad de Sartenejas e igualmente de Vargas se oponen a la ocupación del núcleo litoralense por las familias sísmicamente afectadas, tratándolo de “invasores”, e importándoles poco que hayan perdido sus casas y enseres domésticos. Ocurrió que la edificación más grande y confiable del lugar pertenece a la citada casa de estudios y, ahí, disciplinadamente, han conseguido protección transitoria niños de todas las edades, personas muy adultas, como el resto de las víctimas del desastre natural, con atención médica, seguridad y alimentación. De hecho, bajamos a ayudar a una persona amiga que hizo entrega de una donación significativa de comestibles y productos de higiene personal, cerciorándonos de las condiciones en las que se encuentra el sitio.

Lo curioso es que la gente que no se pone en los zapatos de los más vulnerables, también se dicen de “oposición”, pero jamás les he leído o escuchado la más modesta denuncia contra el gobierno nacional o, en su defecto, el gobierno universitario. Ni pío dicen frente a las autoridades interventoras desde hace añales en la Universidad Simón Bolívar: estos “opositores” que aseguran que los refugiados les van a destruir el inmueble, tampoco dieron cuenta pública y expresa de la ruina de la tan emblemática escultura cromovegetal, del desastre de la piscina olímpica con caimán y todo, o de los niveles de contaminación del galpón de biología, por no mencionar del déficit de profesores de matemáticas en la universidad.

Indudable, hay una concepción de la vida, del mundo y de las cosas en aquellos que se creen de la élite académica que nunca se compadecerá con los cambios más urgidos del aula superior en Venezuela, cuyo nivel de retroceso todavía está por saberse a falta de confiables estadísticas oficiales. Porque la reconstrucción material del país exige, antes, una reconstrucción moral e institucional que empiece por reconocer al otro como ciudadano y no como un intruso.

La historia de los terremotos es también la historia del Estado que atiende o desatiende sus consecuencias, pero igualmente la de una sociedad que, en la desgracia ajena, pone al descubierto lo mejor y lo peor de sí misma. Atentos con esto que no es poca cosa, por cierto.

Fotografía: LB, reflejo de la ventana. Universidad Simón Bolívar sede del litoral (18/03/2018). LB,  Universidad Simón Bolívar sede del litoral (23/07/26).

26/07/2026:


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