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domingo, 12 de abril de 2026

Particularidades de una noticia

UNA APARICIÓN MUY PECULIAR

(San Juan, 20: 19-31)

José Luis Sicre

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé) y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Dichosos los que crean a pesar de lo que ven

En este pasaje del evangelio se da un importante cambio en los destinatarios. En la primera parte, Jesús se dirige a los once: a ellos les saluda con la paz, a ellos los envía en misión. En la segunda se dirige a Tomás, invitándolo a no ser incrédulo. En la tercera se dirige a todos nosotros: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

Podríamos añadir: “Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Digo esto a propósito de lo ocurrido hace pocos días en el accidente de Tarragona, donde perdieron la vida siete muchachas italianas, estudiantes de Erasmus. El padre de una de ellas comentó, hablando de él y de su esposa: “Antes creíamos en Dios; ahora no podemos creer. No podemos creer que en un Dios que hace una cosa así”.

Las muertes ocurridas al día siguiente en Bruselas pueden haber provocado la misma reacción en otras personas. A menudo creemos en un Dios cuya misión principal es resolver nuestros problemas. Olvidamos el mensaje de la Semana Santa: creemos en un Dios que nos entrega a su propio hijo, y en un hijo dispuesto a morir por nosotros. Como Tomás, debemos meter nuestros dedos en las llagas, en las huellas del sufrimiento humano, para terminar confesando: “Señor mío y Dios mío”.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/7475-una-aparicion-muy-peculiar.html

Ilustración: https://www.godwhospeaks.uk/the-resurrection-in-art/

Padre S. Martín: Sacerdocio exclusivo para varones:

https://www.youtube.com/watch?v=cUKWLkoV8lc

Padre S. Martín: La generación que descubre a Dios: 

https://www.youtube.com/watch?v=DUg-Cze1oz4

Papa León: Regina Caeli: 

https://www.youtube.com/watch?v=NJsercejSIk


Cardenal Porras:

sábado, 4 de abril de 2026

¿Identidad transmental, dijo?

CONECTADOS A LA VIDA

(San Juan 20, 1-9)

Enrique Martínez Lozano

Debido a sus propios límites, la mente solo puede darnos respuestas reductoras. Para ella, nuestra identidad es el yo, y la vida es algo que tenemos. Mientras permanezcamos identificados con ella y queramos entender la realidad únicamente desde la razón, no podremos superar el engaño.

Todo se modifica, sin embargo, en cuanto salimos del modelo mental de conocer: la realidad deja de aparecer como una suma de objetos separados –la separación, en realidad, es un ilusión producida por la mente-, para mostrarse como el despliegue de la Vida en infinidad de formas.

Todo es Vida, que puede expresarse como vibración, conciencia, información, energía, materia... Lo cual no es sino una "extensión" de la célebre fórmula de Einstein: E = mc2 ("m" es masa, y "c" es la velocidad de la luz). Masa y energía no son sino la misma y única realidad, aunque en "condiciones" diferentes. ¡Con razón decía Max Planck, el padre de la física cuántica y premio Nobel de física en 1918, que "la materia como tal no existe"!

La vida no es algo que tenemos, sino lo que somos. Lo que tenemos, lo podemos perder; lo que somos, permanece.

Del mismo modo, mi identidad real no es el yo, tal como la mente creía, sino –otro nombre de la Vida- la Consciencia que me percibe. No soy nada de lo que puedo observar, sino Eso que observa. Para quien realmente soy –la Consciencia-, el yo –la estructura psicosomática, el organismo cuerpo-mente- no es nada más que un objeto, en el que, de una forma transitoria, se expresa la Consciencia que soy.

En otro marco de referencia, dentro de otras categorías culturales y religiosas, la fe cristiana en la resurrección viene a afirmar, de fondo, lo mismo. La resurrección de Jesús es la proclamación irrefrenable de que la muerte no es sino un "paso" en el que, paradójicamente, despertamos a la Vida que somos. Ni el aparente fracaso, ni la tortura, ni la muerte, ni la angustia de la cruz tienen la última palabra. La Vida que somos no muere jamás.

No es necesario, por tanto, esperar a la muerte física para morir, ni tampoco para resucitar. Si queremos vivir como resucitados –tal como vivió Jesús, que llegó a afirmar: "Yo soy la resurrección y la vida"-, necesitamos comprender la verdad de quienes somos. En la medida en que lo comprendemos, dejamos de vivir para el yo –vamos muriendo a él- y nos anclamos en nuestra verdadera identidad: la Consciencia ilimitada y compartida.

De ese modo, nos experimentamos conectados a la Fuente de todo lo que es y a la Vida que somos. En esto consiste la sabiduría y la liberación: en la conexión consciente al Misterio de la Vida, a Dios, sin ningún tipo de separación ni distancia; sin costuras.

Y desde aquí podemos volver al relato del evangelio de Juan. Se trata de un texto profundamente elaborado y cargado de simbolismo. En realidad, los llamados "relatos de apariciones" son, fundamentalmente, catequesis en torno a Jesús vencedor de la muerte y a la resurrección.

María Magdalena es símbolo de aquella comunidad que se movía entre la luz y la oscuridad. Todavía vive en torno al sepulcro (muerte); por eso, "aún estaba oscuro". Pero, al mismo tiempo, empezaba a clarear ("al amanecer") y "la losa estaba quitada" (la losa de la duda y la resignación fatalista). Todo parece anunciar algo definitivamente nuevo: es "el primer día de la semana"; se trata, nada menos, que de una nueva creación.

En la tradición cristiana, se ha presentado la resurrección como una "nueva creación" llevada a cabo por el poder de Dios, que actúa en la muerte como había actuado, según el relato del Génesis, en la creación del mundo. Desde un nivel de conciencia en el que la identidad se reduce al yo y en una concepción lineal de la historia, no podían expresarlo de otro modo: la vida es algo que nos espera más allá, en el futuro, después de la muerte, gracias a una nueva intervención de Dios.

Desde un nivel de conciencia transpersonal y desde un modelo no-dual de cognición, se nos hace evidente esta afirmación: Todo es Ahora. Ahora es la Vida, Ahora es la "resurrección"..., aunque todavía no lo hayamos descubierto. Pero basta acallar la mente para, al menos, atisbar que Todo es.

La mente se queda en las "formas", y hace una lectura en la que se espera un futuro mejor. Pero ya somos conscientes también de que el único que desea el futuro es el ego, por una doble razón: porque en el presente desaparece y porque, vacío como es, sueña con un futuro imaginado en el que poder saciar finalmente su inherente insatisfacción.

El ego corre, como los discípulos, pensando que en el futuro se sentirá mejor. Con frecuencia, corre tan deprisa que no repara en ninguna otra cosa que no sea su propia expectativa (o su propia creencia). En ocasiones, parece recibir la gracia de poder ver "las vendas" y de ver a través de ellas.

En realidad, para quien está atento, todo son "vendas", signos, señales, aberturas, resquicios, ranuras, grietas por donde se cuela la Vida. Todo puede ser oportunidad para ir despertando a quienes realmente somos y reconocernos conectados a la Vida.

Pero, por lo general, para poder ver el significado que las "vendas" contienen, se requiere atención. Una atención que nos hace estar en el momento presente y acalla el parloteo mental. En ese Silencio, podrá desvelarse ante nuestros ojos la Presencia y reconocernos como la

Consciencia que somos y que se despliega momentáneamente a través de lo que llamamos "nuestras historias personales".

Sea cual la sea la historia o el "papel" que se nos haya asignado, la clave radica en abrirnos a nuestra verdadera identidad transmental y permanecer conectados conscientemente a ella y a la Vida. Eso es vivir resucitados.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/61-conectados-a-la-vida.html 

Ilustración: Roman Sleptsuk.

Fotografía: LB, Jesús resucitado, Iglesia de la Coromoto, El Paraíso (Caracas, 05/04/2026).

Papa León: 

Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=ndBwY3qDyFA

Cfr.

https://www.youtube.com/watch?v=lmnAf6yyf7E/

https://www.youtube.com/watch?v=57JAMrzSF3w

Cardenal Porras: 

https://www.youtube.com/watch?v=lBL_UMBONd0


Padre S. Martín: 


Monseñor Munilla: 

domingo, 22 de marzo de 2026

Resucitación y resurrección

Padre S. Martín:


Papa León: 


Cardenal Porras: 


Padre J. Martín: 




Nota adicional LB: Hay fallas de señal y del propio sistema de BlogSpot. Después de diseñar la nota de hoy, colocar las gráficas y los videos penosa y pacientemente, solamente aparece la vista previa pero no registra los cambios. No quedó más remedio que hacer la captura de pantalla en lugar de repetir el procedimiento con el riesgo del fracaso.

domingo, 1 de febrero de 2026

Otros nos llevan la delantera

NADIE SE HACE SANTO A GOLPE DE VIRTUDES

(San Mateo, 5: 1-12)

Fray Marcos [Rodríguez]

Esta fiesta puede tener para nosotros un profundo sentido religioso, si la entendemos como invitación a la unidad de todos los seres en Dios. No recordamos a cada uno de los seres humanos como individuos. Al decir todos, celebramos la Santidad (Dios), que se da en cada uno de nosotros. No se trata de distinguir mejores y peores, sino de tomar conciencia de lo que hay de Dios en todos y dar gracias por ello. El hombre perfecto no solo no existe, sino que no puede existir. Decir ‘ser humano’ lleva en sí la limitación y por tanto la imperfección en todos los órdenes. Dios no necesita eliminar la imperfección en nosotros.

Vamos a examinar primero algunas frases del evangelio que nos ayuden: Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto. De acuerdo, ¿pero como es perfecto Dios? Cuando Dios dice: “sed santos porque yo vuestro dios soy santo”, no hace alusión alguna a la condición moral. La perfección de Dios no se debe a sus cualidades. Dios es todo esencia, no hay nada que pueda tener o no tener. Cada uno de nosotros es perfecto en nuestro verdadero ser, en lo que hay de Dios en nosotros. No estamos hablando de nuestras cualidades sino de lo que Dios es en nosotros. Se trata del tesoro que llevamos en vasijas de barro, como decía Pablo.

Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. Es un error garrafal el creer que podemos alcanzar la perfección con el esfuerzo personal. También aquí nos hemos alejado del evangelio. Hemos propuesto como ideal cristiano, el ideal de perfección griego. El que se somete a este ideal, no podrá escapar a una de estas trampas: en la medida que lo consiga, se creerá superior a los demás y los despreciarán olímpicamente (no hay nada más contrario al evangelio). El que no lo consiga, tratará por todos los medios, de aparentar que lo ha conseguido, con lo cual caerá en la simulación y el fariseísmo (nada criticó Jesús con más firmeza).

Las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios. Jesús decía eso precisamente a los ‘perfectos’, a los que cumplían la Ley hasta la última tilde. Esta frase de Jesús es un aldabonazo contra la idea de perfección que existía en su tiempo y seguimos manejando nosotros. Dios no valora el cumplimiento de una programación sino un corazón sincero, humilde y agradecido. Todo lo que somos lo hemos recibido de Dios. No hay ni un resquicio para presumir de buenos. Que yo sea capaz de manifestar la bondad, es la consecuencia de una toma de conciencia de lo que hay de Dios en mí.

Después de estas sencillas explicaciones, ¿qué sentido tiene hablar de “comunión de los santos”? si pensamos que se trata de unas gracias que ellos han ‘merecido’ y que nos ceden a nosotros que andamos escasos o carentes de ellas, estamos ridiculizando a Dios y a cada ser humano. Los dones de Dios ni se pueden cuantificar ni se almacenan. Todo lo que nos viene de Dios es siempre gratuito y por lo tanto, nunca se puede merecer. Ahora bien, si tomamos conciencia de que en Dios todos somos uno, comprenderemos que lo que cada uno puede vivir de Dios, de alguna manera, lo viven todos y beneficia a todos.

Por la misma razón tenemos que tener mucho cuidado con la expresión “intercesores”, aplicada a los santos. Si lo entendemos pensando en un Dios que solo atiende las peticiones de sus amigos o de aquellos que son “recomendados”, una vez más, estamos ridiculizando a Dios. En (Jn 16,26-27) dice Jesús: “no será necesario que yo interceda ante el Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama”. Lo hemos dicho hasta la saciedad, Dios no nos ama porque somos buenos, sino porque Él es el amor y está en cada uno de nosotros.

Claro que se puede entender la intercesión de una manera aceptable. Si descubrimos que esas personas que han tomando conciencia de su verdadero ser, son capaces de hacer presente a Dios en todo lo que hacen, pueden facilitarnos ese mismo descubrimiento, y por lo tanto, el acercamiento a Dios. Descubrir que ellos confiaron en Dios a pesar de sus defectos, nos tiene que animar a confiar más nosotros mismos. Y no sólo valdría para los que convivieron con ellos, sino para todos los que después de haber muerto, tuvieran noticia de su “vida y milagros”. Allanarían el camino para que creciera el número de los conscientes.

La parábola de los talentos (Mt 24, 14-30) podría parecer que dice lo contrario de lo que acabamos de apuntar, pero en el fondo es otro el problema que allí se afronta. No se trata de poner a producir las cualidades que cada uno pueda tener, sino de descubrir lo esencial que cada uno tiene. Se trata de descubrir el tesoro escondido que uno no ha ganado, pero que tiene que descubrir dentro de sí mismo. Una vez descubierto, surgirá espontáneamente el agradecimiento más sincero. Pero la única manera de agradecer tan gran don, será el aprovecharse de él desplegando todas sus virtualidades.

No os dejéis llamar maestro. No llaméis a nadie padre. ¿Qué hubiera dicho Jesús si en su tiempo se hubiera encontrado con el concepto de “santo” que hoy manejamos? Él mismo dijo al joven rico: ¿por qué me llamas bueno? ¿Cómo habría respondido si le hubiera llamado santo? Pues nosotros no sólo santo, sino que nos atrevemos a llamar a un ser humano, santísimo. ¡Cuándo tomaremos en serio el evangelio!No somos santos cuando somos perfectos, sino cuando vivimos lo más valioso que hay en nosotros como don absoluto. La perfección moral es consecuencia de la santidad, no su causa.

Si entendiéramos bien las bienaventuranzas no caeríamos en estas distorsiones que nos alejan del evangelio. Las bienaventuranzas quieren decir que es preferible ser pobre, que ser rico opresor; es preferible llorar que hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros mueran de hambre porque les hemos negado el sustento. Dichosos, no por ser pobres, sino por no ser egoístas. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no oprimir. La clave sería: Las riquezas no son el valor supremo. El valor supremo es el hombre. Hay que elegir el reino del poder o el Reino de Dios. Si elegimos el ámbito del dinero, habrá injusticia e inhumanidad. Si estamos en el ámbito de lo divino, habrá amor y humanidad.

Si la pobreza es buena, por qué la evitamos. Si es mala, cómo podemos aconsejarla. Ahí tenemos la contradicción, al intentar explicar las bienaventuranzas. Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. El enemigo numero uno del Reino de Dios es la ambición, el afán de poder, la necesidad de oprimir al otro. Recordad las palabras de Jesús: “no podéis servir a Dios y al dinero”. La praxis de Jesús es su vida diaria, es el único camino para entender las bienaventuranzas. El Reino de Dios es el ámbito del amor, pero para llegar a ese nivel, hay que ir más allá de la justicia. Mientras no haya justicia, el amor es falso. Ya decía Plotino: “Hablar de Dios sin una verdadera virtud es pura palabrería”

Para mí, tiene un profundo significado teológico que la fiesta de los difuntos esté ligada a la de todos los santos. Litúrgicamente ‘los difuntos’ se celebra el día 2, pero para el pueblo sencillo, el día de todos los santos es el día de los difuntos, sin más. Con lo que hemos dicho tenemos datos para una interpretación en profundidad de esta fiesta. Si todo ser humano tiene un fondo impoluto (Dios), Dios tiene que amarnos precisamente por eso que ve en nosotros de sí mismo. No puede haber miedo a equivocarse. Todos son santos en su esencia, y eso es lo que se integra en Dios porque nunca ha estado separado de él.

Recordar a los difuntos entraña dar gracias a Dios por todos aquellos seres humanos que han hecho posible que nosotros seamos lo que somos hoy. Este es el sentimiento religioso que se identifica con el sentimiento más humano que podamos imaginar.

Meditación-contemplación

“Dioses sois, hijos del Altísimo todos”.

Esta cita, que Jn pone en boca de Jesús, es rotunda.

No pudieron soportarla los fariseos,

ni terminamos de aceptarla nosotros.

………………

Cuando Jesús dice: “yo y el Padre somos uno”,

está manifestando su vivencia más profunda.

Consciente de que su centro está en Dios,

irradia esa realidad de Dios en todas direcciones.

………………

Yo no tengo que escalar ninguna cima inexpugnable,

ni conseguir ninguna meta inalcanzable.

Solo tengo que abandonar la dispersión en la que vivo

y centrarme en lo que ya soy en lo hondo de mi ser.

………

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/6955-nadie-se-hace-santo-a-golpe-de-virtudes.html

Ilustración: https://stock.adobe.com/search?k=beatitudes

Padre S. Martín: Camino sinodal. Chantaje de los alemanes al papa. 

https://www.youtube.com/watch?v=pxGi3-mhRsk

León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=AIp6rSPX9H8

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=0SWec6yoFVs

Monseñor Santana: https://www.youtube.com/watch?v=RXwex7NVRIo


Padre S. Martín: No está dando lecciones de auto-ayuda.



sábado, 17 de enero de 2026

"...Encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas"

CULTIVAR NUESTRA 
CAPACIDAD DE VER

(San Juan, 1: 29-34)

Enrique Martínez Lozano

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un "cristiano", que "ha visto" y "da testimonio" de que Jesús es "el Hijo de Dios".

Sabemos que "ver" y "dar testimonio" constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que "ha visto" y, por ello mismo, puede "dar testimonio".

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: "Nosotros hemos visto y damos testimonio" (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que "ha visto" Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la "paloma".

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, "Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre".

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona "transparente" –no "perfecta", sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, "ver" el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia "capacidad de ver", es decir un "saber mirar", que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos "divino". Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una "fotocopia" de lo real, sino únicamente su "interpretación", completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del "ojo de la carne", el "ojo de la razón" y el "ojo del espíritu" ("ojo de la contemplación" o "tercer ojo"). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al "ojo de la carne" –en una especie de positivismo cientificista- y también al "ojo de la razón". Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, "es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo".

Necesitamos recuperar el "tercer ojo". O dicho de otro modo: además de la "inteligencia operativa", es urgente cultivar el desarrollo de la "inteligencia espiritual". Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta "¿quién soy yo?".

Solo la "inteligencia espiritual" –el "tercer ojo" de los clásicos- nos capacita para "ver" la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos "dar testimonio".

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos "ver" de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4538-cultivar-nuestra-capacidad-de-ver.html

Ilustración: David Zelenka.

Padre S. Martín: León, más de Benedicto que de Francisco. María M. Machado Venezuela:

https://www.youtube.com/watch?v=e6hwRrNBdzc


León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=cQXlhRj7z14










sábado, 10 de enero de 2026

La universalidad de Jesús

PADRE / HIJO: LAS DOS CARAS DE LO REAL

(San Mateo, 3: 11-17)

Enrique Martínez Lozano

Los relatos evangélicos asocian el inicio de la actividad pública de Jesús al hecho de ser bautizado por Juan. Como si ese acontecimiento marcara un punto de inflexión significativo en la vida del maestro de Nazaret. Al mismo tiempo, tienen que encontrar una explicación frente a los discípulos del Bautista que, apoyados en este hecho, afirmaban la superioridad de su propio maestro con respecto a Jesús.

Mateo se remite a algún designio divino, no sin antes poner en boca del propio Juan su sumisión: "Soy yo el que necesita que tú me bautices". Con esta aclaración, inducida por la polémica entre los discípulos de uno y otro, el relato se centra en la proclamación por la que Jesús es presentado como el enviado, el "hijo amado".

La proclamación va acompañada de rasgos característicos de una teofanía: el abrirse el cielo, la imagen de la paloma y la voz de lo alto. Todo ello para indicar que es Dios mismo quien irrumpe en la persona de Jesús, a quien presenta como hijo amado, habitado por el Espíritu.

Si todo ello lo leemos desde el nivel mental, no hay nada más que añadir: el Hijo de Dios viene a salvar nuestras almas.

Pero la evolución de la consciencia nos ha hecho percatarnos de nuevos datos que ya resulta imposible ignorar. Entre ellos, por lo que se refiere a esta cuestión, dos:

1. El yo es únicamente una ficción mental; nuestra confusión y sufrimiento se derivan del hecho de habernos reducido a él; por tanto, no hay que "salvar al yo", sino aprender a "liberarnos de él" (en el sentido de no considerarlo como nuestra identidad).

2. Existe un modo de conocer previo al mental y más rico que él: el modelo no-dual. Pues, como afirma el psicólogo Giorgio Nardone –autor del libro "Pienso, luego sufro"-, "es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo". Leído el texto desde el modelo no-dual, el horizonte señalado en el texto se amplía radicalmente: cada uno, cada una de nosotros somos, en realidad, el "hijo amado" del que se habla ahí.

"Hijo/a amado/a": he ahí uno de los nombres de nuestra identidad, aquella que compartimos con todos los seres. Pero el término "hijo" no hace referencia a una realidad supuestamente separada de otra a la que llamaríamos "padre" –ese es el lenguaje mental-, sino que se trata de una Realidad única, en su doble cara: de hecho, "padre" e "hijo" únicamente pueden darse en una misma relación; cada uno de ellos "hace posible" al otro.

Dicho de un modo más simple, la palabra "Padre" quiere designar al Fondo invisible y único de todo lo que es; la de "Hijo" alude a lo visible y manifiesto.

Por decirlo con palabras poéticas de Javier Melloni, se trata de "la Profundidad originaria (Padre-Madre) de las aguas dándose en el Hijo, el Hijo-Cuenco recibiéndose desde el Fondo que lo engendra continuamente para retornar a él por flujo incesante del Viento-Espíritu. No estamos sino en este único y mismo Fondo. Participamos de él como oleaje experienciándose en nosotros. A través de nuestra existencia retornamos a la Fuente que se vierte en el Mar de donde proviene" (J. MELLONI, Sed de Ser, Herder, Barcelona 2013, p.20).

Y continúa el mismo Javier de una manera hermosa: "En cada acto verdadero damos a luz a Aquel que nos ha dado a luz para que lo manifestemos. El Mar se expresa en sus olas. Las olas hacen visible el Mar. Al dejar salir lo más genuino de nosotros, dejamos al mar ser ola en nosotros" (Ibid. p.84).

En nuestras "formas" concretas, históricas y temporales, somos manifestación y expresión de aquel Fondo que, simultáneamente, constituye nuestra identidad más profunda. Con razón se habla de "intimidad divina": no cabe ninguna separación ni distancia; somos, a la vez, la ola y el Océano. Y así nos percibimos en nosotros mismos: como "ola" cuando nos pensamos; como "Océano" cuando, sencillamente, aquietamos la mente y atendemos en el no-pensamiento.

Nos pensamos como "hijos/as amados/as", permanente y amorosamente sostenidos en el regazo de Aquel que nos vive –y al que podemos llamar "Padre/Madre" o "Tú"- y que se vive a través nuestro.

Y nos re-conocemos –ya sin apego egoico- como aquel mismo Fondo que identifica a todo lo que es. En esta experiencia, saltan todas las barreras y separaciones y, con ellas, todo miedo y toda soledad.

Para experimentarlo, solo se requiere acallar la mente. Sin esto, veremos únicamente sombras, y seguiremos sumidos en la ignorancia básica y, por tanto, en el sufrimiento.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4514-padre---hijo-las-dos-caras-de-lo-real.html

Ilustraciones: David Cycleback, "Big Ideas": https://davidcycleback.substack.com/p/racial-depictions-of-jesus y Johnny Myers, "The Black Art Depot": https://www.blackartdepot.com/products/in-the-name-of-the-father-johnny-myers?srsltid=AfmBOoo02aAITZSD44lVTDqZj-H6LMsYCiXnqMx2r0e2mtQRAR0u2NvV

Papa León: El Concilio Vaticano II a través de sus documentos:

https://www.youtube.com/watch?v=9yo4jZNxQ9w




Padre S. Martín: El espíritu del Concilio, muerto o al menos herido grave | Actualidad Comentada :










sábado, 6 de diciembre de 2025

De la continuidad y diferencia

EL CAMBIO ES HIJO DE LA COMPRENSIÓN         

(San Mateo, 3: 1-12)

Enrique Martínez Lozano

En la predicación que Mateo pone en boca de Juan destaca un doble elemento: por un lado, la continuidad; por otro la diferencia.

El Bautista parece un predicador cristiano, que se adelanta a proclamar el mismo mensaje que anunciará Jesús:

· "convertíos porque está cerca el reino de los cielos" (Mateo, como buen judío, no usará el nombre de "Dios", que sustituirá por "los cielos") es la proclamación con la que el Maestro de Nazaret iniciará su misión (4,17);

· la durísima recriminación "raza de víboras", dirigida a la autoridad religiosa y a los teólogos oficiales, aparecerá también en labios de Jesús, en 12,34 y en 23,33.

(Digamos, entre paréntesis, que es probable que esta expresión no fuera usada por Jesús, sino que surgiera en la aguda controversia de los fariseos y las primeras comunidades cristianas, después del año 70).

Sin embargo, por más que es notorio el interés del evangelista por acentuar la continuidad, no es menos evidente la diferencia entre ambos mensajes. La imagen del hacha puesta a la base de los árboles no encuentra parecido en el mensaje de Jesús. Y ciertamente la imagen de Dios que se desprende en uno y otro caso es bien diferenteCon Juan, nos parece estar escuchando aún el mensaje del Antiguo Testamento, cuando pone el acento en la venganza de Dios contra el pueblo infiel; Jesús, por el contrario, mostrará el rostro de Dios como fuente de confianza incondicional.

Si todos los evangelistas recurren constantemente a textos del Antiguo Testamento para hacer ver que se "cumplen" en Jesús, este interés es todavía mucho más acusado en Mateo, manifiestamente empeñado en mostrar que en Jesús todo el camino de Israel ha llegado a su plenitud. De hecho, para él, la comunidad de los seguidores de Jesús constituirá el verdadero Israel.

Para este evangelio, Jesús será el "nuevo Moisés" que, en el "nuevo monte", proclamará la "nueva ley" (el Sermón de la montaña). Pues bien, todo eso va a empezar, como antiguamente, en el desierto, donde Juan se presenta, vestido como el gran Elías (Libro 2º de los Reyes 1,8) y alimentándose como un nómada, para preparar el camino al Señor que viene.

En las palabras del Bautista, por lo demás, parecen destacarse tres aspectos peculiares de Mateo:

§ el bautismo no es un rito mágico para "escapar de la ira inminente";

§ lo fundamental es "dar fruto" –será una insistencia a lo largo de todo su evangelio-, que consiste en hacer la voluntad de Dios, lo que él espera de los humanos, la "justicia mayor que la de los escribas y fariseos" (5,20);

§ en cualquier caso, el bautismo de Juan –se advierte, entre líneas, la polémica que mantenían las comunidades cristianas con los círculos bautistas- no obtiene el perdón; sólo Jesús bautizará "con Espíritu Santo y fuego", es decir, comunicando la misma vida y fuerza divina.

Desde nuestra perspectiva, podemos valorar la radicalidad del mensaje de Juan, e incluso su lucidez, para denunciar la falsa religiosidad de quienes ponían su seguridad y su motivo de superioridad en el hecho de ser "hijos de Abraham".

Sin embargo, en su conjunto, nos rechina, por el tono moralizante y amenazador. Aparte de que nos hemos hecho desconfiados ante las "verdades" de pretendidos mesías y valoramos más la búsqueda de la verdad en el diálogo compartido, hemos crecido especialmente en sensibilidad ante las "formas" en que se nos presenta cualquier mensaje.

Más aún. A pesar de que nuestros comportamientos y actitudes se hallen demasiadas veces marcados por la inconsciencia o la superficialidad, estamos aprendiendo que las transformaciones eficaces no van a venir de la mano del moralismo o del voluntarismo. Las personas no cambiamos porque nos lo impongan desde fuera ni porque hagamos buenos propósitos. El cambio es hijo de la comprensión.

Si todo el mal que existe en el mundo es consecuencia de la ignorancia, en el sentido más profundo del término –"sólo existe un perpetrador de maldad en el planeta: la inconsciencia humana" (Tolle)-el bien siempre viene de la mano de la comprensión.

Permanecemos en la ignorancia mientras nos percibimos como egos aislados y separados, que giran forzosamente de una manera egocentrada. Tomar al yo como si fuera nuestra verdadera identidad es la causa de todo el sufrimiento que nos infligimos a nosotros mismos y a los demás.

La comprensión aparece cuando logramos tomar distancia del yo. Pero eso requiere algo a lo que no estamos acostumbrados: acallar la mente y venir al presente.

Ego es igual a pensamiento no observado y a pasado/futuro. Por eso, mientras no silenciemos la mente, no podremos salir de él ni podremos dejar de vivir de un modo egocéntrico.

Sin embargo, en los momentos en que venimos al presente –si realmente estamos completamente "volcados" en el aquí y ahora-, notaremos hasta qué punto se modifica nuestro modo habitual de percibir.

Se habrá modificado, incluso, la percepción de nuestra propia identidad. Cuando estás en el presente sin pensamientos, tú no puedes encontrarte a ti mismo como "yo"; te percibes en lo que eres, la Conciencia que está detrás de los pensamientos, la Presencia que, sencillamente, es.

Justamente entonces –porque has comprendido- se producirá la transformación. Dejarás de vivir para el ego, girando en torno a él, y permitirás que la Vida fluya a través de ti, confiando en su propia Sabiduría.

Este parece ser nuestro aprendizaje. Porque cualquiera de nosotros es capaz de acallar los pensamientos y estar en presente en una fracción de segundo. Nos cuesta mucho más, sin embargo, permanecer en la presencia continuada, de la que no nos saquen ni nuestros recuerdos incontrolados ni nuestras proyecciones imaginarias.

Aprender a vivir en presente – silenciar la mente – tomar distancia del ego (o yo) – comprender quienes somos... es un arte, al alcance de todo ser humano, pero que requiere motivación y práctica. No porque sea difícil, sino porque estamos tan identificados con el otro modo de funcionar, que nos incapacita justamente para lo más simple: sólo estar, sólo ser.

Ese "estar" o "ser" es también la comprensión que nos plenifica y nos transforma. Porque no es un "estar" como nuestra mente podría imaginarlo, sino que se trata nada menos que una plenitud de Presencia, en la que no falta nada. Al "hacernos amigos" del momento presente, se nos regala la paz y se nos desvela nuestra identidad más profunda.

Y esa identidad es Paz y Gozo. Desde la No-dualidad, percibimos que lo Real es un Darse permanente en infinidad de formas, Dios mismo viviéndose en cada una de ellas, en cada uno de nosotros/as.

Por eso, quiero terminar este comentario con un texto precioso de Javier Melloni, que me hace llegar una amiga:

"Nuestra existencia es el éxtasis de Dios, la joya infinita de Dios. ¿Qué me priva de gozar de lo mismo que Dios goza y es para él joya?".

Os deseo de corazón la experiencia inefable de ese Gozo permanente.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1507-el-cambio-es-hijo-de-la-comprensi%C3%B3n.html

Ilustración: El Greco.

Gráfica: Segundo domingo de Adviento, altar de la Iglesia de Nuestra Señora de la Coromoto (CCs, 07/12/2025). 

El Vaticano Rechaza el Diaconado Femenino: Golpe a la Agenda Reformista | P. Santiago Martín FM:

https://www.youtube.com/watch?v=zHmtWxhcKug


Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=rSPrlCnRWjg&list=RDrSPrlCnRWjg&start_radio=1





Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY