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domingo, 30 de agosto de 2026

Amplitud

EGO Y VIDA

(San Mateo, 16: 21-27)

Enrique Martínez Lozano

El ego tiene una mirada miope e interesada y se rige por la ley del apego (a lo que le gusta) y de la aversión (hacia lo que no le gusta). Como resultado de ello, nos encierra en una jaula estrecha que, antes o después, se manifiesta como un laberinto de sufrimiento, del que –por más trabajo psicológico que realicemos- resulta imposible salir mientras permanezca la identificación con él.

Las crisis –los contratiempos de todo tipo-, que frustran al ego, suelen ser mensajeros, a través de los cuales, la Vida busca enseñarnos la sabiduría que nos permita salir de aquella jaula.

Al sentirse frustrado, el ego puede “rebotar” y acomodarse de nuevo, alimentándose de compensaciones y expectativas. Pero no será raro que llegue a un punto en que se encuentre sin salida. Es precisamente entonces –la mente piensa que se derrumba todo- cuando puede producirse la oportunidad de un cuestionamiento mayor, que haga ver la inconsistencia del ego, así como sus modos de funcionamiento.

Si eso ocurre, empieza a cesar la identificación con el ego, se hace posible salir de su jaula y aquella mirada miope e interesada empieza a ampliarse: el centro de interés se ha desplazado hacia la Vida, como aquella identidad que todos compartimos. Y es precisamente ahí donde es posible la libertad y la liberación del sufrimiento. La crisis ha cumplido su papel y no nos quedará sino gratitud por todo lo vivido.

Esta lectura, realizada desde la psicología transpersonal y el modelo no-dual, es totalmente coherente con las sabias palabras de Jesús que leemos en el texto que da pie a este comentario.

Tras la bienintencionada, aunque totalmente equivocada reacción de Pedro –es la reacción característica del ego: rechazar siempre lo que él considera “malo”-, Jesús responde con firmeza: ese modo de pensar no es de Dios, es decir, no se corresponde con nuestra verdadera identidad. Al contrario, tal reacción, por más que a nuestra mente le parezca la mejor, se convierte para nosotros en “Satanás” (= adversario), en un tropiezo que nos impide avanzar en la dirección adecuada.

Esto no significa que Jesús haya tomado un camino dolorista, en el que se valora el dolor por sí mismo. En absoluto. Jesús vive en la sabiduría de donde brota la fidelidad. No vive para el ego que busca siempre su interés y comodidad, sino que está anclado en aquella identidad profunda, en la que se permite que la Vida fluya a través de nosotros, en una actitud de aceptación o de rendición sabia. Y así es como lo explica en las palabras que añade a continuación.

El que quiere salvar su ego, pierde la Vida. Porque se encierra en aquella estrecha jaula de que hablaba más arriba y se introduce en un laberinto de inevitable sufrimiento y, en último término, de vacío y sinsentido. Una existencia egocentrada, aunque aparentemente satisfactoria para el ego (incluso hasta “ganar el mundo entero”), no puede evitar una sensación de profunda insatisfacción.

Por el contrario, al descubrir la trampa de ese encierro reductor, al dejar de identificarnos con el ego, lo primero que experimentamos es una sensación de Amplitud, donde sentimos que nuestro corazón se ensancha y descubrimos que el horizonte es en realidad infinito.

En personas que inician un camino espiritual, me es dado ser testigo de esa sensación de amplitud que descubren y disfrutan, como germen de transformación.

Si quieres hacer “operativa” la palabra de Jesús, puedes probar algo así: no te reduzcas a tu personalidad –la “persona” es solo la máscara- o yo psicológico. Tienes un psiquismo –igual que tienes un cuerpo- al que cuidar, pero tu identidad no es esa. Eres Vida, la Vida única, que en ti ha tomado transitoriamente esta forma. Deja caer todos los pensamientos, para que puedas ver el engaño que supone identificarnos con la mente. Nota la pura y desnuda consciencia de ser, hasta reconocerte en ella. Al haber “perdido” el ego (la identificación con la mente), has encontrado la Vida.

Ilustración: S/a: https://www.etsy.com/fr/market/j%C3%A9sus_disciples_art

28/08/2014:

https://www.feadulta.com/ego-y-vida/

Padre S. Martín. Nadie hace caso al Papa:

https://www.youtube.com/watch?v=Ug-zRSwGQMU

Padre Guzmán Karadima: 

https://www.youtube.com/watch?v=AZBtB6v4Fs4

Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=mPy90tc5XRc

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=7DidO7k2fWQ

Monseñor Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=gd4lSrk3vuQ&t=42s

José León:

https://www.youtube.com/watch?v=LWnDhNeaJV8

Monseñor Munilla: 

https://www.youtube.com/watch?v=ICx_oKNfNHE&t=49s

domingo, 23 de agosto de 2026

Modelo no dual de conocer

TODOS SOMOS JESÚS

(San Mateo, 16: 13-20)

Enrique Martínez Lozano

En los evangelios sinópticos, esta pregunta acerca de la identidad de Jesús ocupa un lugar destacado. Nos ofrecen las respuestas de la gente –que consideran a Jesús un maestro, en la línea de los grandes profetas de su pueblo- y de la comunidad de discípulos, personalizados en Pedro, para quienes Jesús es el “Mesías” (Cristo) esperado del judaísmo y el “Hijo de Dios”.

En realidad, la pregunta por la identidad es la más importante de todas las que podemos hacernos: ¿Quién soy yo? Hasta el punto de que, de la respuesta adecuada, depende que vivamos en la luz y libres de sufrimiento. Por el contrario, siempre que permanecemos en cualquier tipo de sufrimiento es señal de que estamos respondiendo de un modo equivocado –aunque sea inconsciente- a aquella cuestión.

La pregunta “¿quién soy yo?” puede ser respondida desde un doble plano: en el plano relativo, la respuesta es reductora, porque parte del supuesto erróneo de que somos individuos separados; en el plano absoluto, por el contrario, solo existe una respuesta idéntica para todos los seres, ya que –no puede ser de otro modo- todos compartimos el mismo y único Fondo o núcleo que constituye todo lo que es.

Si lo aplicamos a Jesús, las dos respuestas que aparecen en el texto se mantienen en el nivel relativo: para su pueblo, es un profeta; para Pedro, el Mesías e Hijo de Dios.

Parece claro que la respuesta de Pedro refleja la fe de la primera comunidad de Mateo. Y, en cualquier caso, para un judío, la expresión “Hijo de Dios” no tenía el significado que habría de adquirir posteriormente, a partir del Concilio de Nicea, en el siglo IV. Con esa expresión, los judíos se referían a alguien que, según ellos, gozaba de una particular intimidad con Dios.

Decía que ambas respuestas, por más que parezcan acertadas, se mueven en el plano relativo, en el que impera la mente y, en consecuencia, el modelo mental. Sabemos que la mente es esencial e inevitablemente separadora; tiende a creer que las cosas son tal como ella las percibe, sin advertir que su misma percepción constituye ya una interpretación. Por lo que bien puede decirse que –si nos situamos en el plano absoluto- la mente nos engaña.

¿Qué ocurre en este otro plano? Que la separación sobre la que se basa todo el discurso mental es solo aparente. Lo Real es una unidad sin costuras, en la que todo se halla inextricablemente interrelacionado. Y no podemos hablar de algo, sin que estemos hablando del “todo”. De la misma manera que, cuando fijas tu atención en el nudo de una red, estás viendo la red; y cuando observas una ola que sobresale del océano, estás viendo agua.

Vengamos a la cuestión de la identidad de Jesús. ¿Quién soy yo? Más allá de la forma concreta, que se percibe en el plano relativo, la respuesta solo puede ser una: el mismo y único Ser que a todos nos constituye.

En este plano profundo, únicamente opera el modelo no-dual de conocer, que requiere silenciar la mente para percibir, más allá de las formas que no se niegan, la Unidad mayor en la que todas son abrazadas. (A quien le interese profundizar en estos dos modos de conocer, que se corresponden con los dos planos de que hablaba, puedo sugerirle la lectura de “Otro modo de ver, otro modo de vivir. Invitación a la no-dualidad”, editado por Desclée De Brouwer).

La mente ve a Jesús como alguien separado y, según la confesión cristiana, divinizado. Desde el modelo no-dual, lo descubrimos como una forma exquisita que toma el Misterio o Ser único, que se manifiesta en todos los seres. Los cristianos lo reconocemos como un “espejo” nítido que refleja la verdadera identidad humana. Pero en ningún caso es un ser separado, ya que la separación es solo una creencia de nuestra mente. Por eso, en una expresión breve, puede afirmarse con verdad que todos  

21/08/2014:

https://www.feadulta.com/todos-somos-jesus/

Reproducción:

https://alecoutedesevangiles.art/2022/03/

Padre S. Martín: El Papa desactivador de las minas:

https://www.youtube.com/watch?v=XA4oDHHPyvY

Padre Guzmán:

Papa León:

Cardenal Porras:

Padre S. Martín:

Padre Javier:

Monseñor Munilla:

domingo, 7 de junio de 2026

Comunión

PAN PARA CELEBRAR LA FIESTA

(San Juan, 6: 51-58)

José Enrique Galarreta

Dando por comentado en anteriores homilías el tema central de este capítulo 6º de Juan, atendemos a aspectos complementarios.

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?, es una pregunta demasiado lógica. No nos cabe en la cabeza que nadie haya pensado nunca en masticar la carne física de Jesús, ni en chupar físicamente su sangre, ni que sus interlocutores lo pensaran. Sin duda, el evangelista está haciendo una pregunta retórica, para tener ocasión de insistir en el mensaje.

Es significativa la repetición de la expresión "comer mi carne y beber mi sangre" (cuatro veces en tres versículos, más otras expresiones semejantes en el contexto inmediato).

Se está iniciando el final del episodio: el rechazo de los interlocutores y la insistencia de Jesús en que él es el alimento y la bebida enviados por el Padre. Éste será el tema del próximo domingo.

El que se alimenta de este pan tiene vida eterna

"No como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron". Alimentos para la vida, alimentos para la muerte. Cebar la carne para que se pudra más materia, alimentar el espíritu para que todo sea eterno.

Es un acto de fe en el ser humano lo que se nos pide al creer en Jesús. Es un acto de fe en que el ser humano es mucho más que carne, que posesión, que placer, que venganza, que poder ...

Desde el capítulo 2 del libro del Génesis se proclama que el ser humano es barro, pero con espíritu de Dios, que tiene el mismo aliento con que Dios respira.

Jesús viene a alimentar el Espíritu. Jesús viene a que vivamos con Espíritu, alentados, elevados por el Viento de Dios muy por encima de las permanentes insatisfacciones de nuestro barro.

Se alimenta de Jesús "el espíritu", no "la carne". El espíritu es lo que tira para arriba, la carne lo que tira para abajo. "Arriba y abajo" tienen el mismo significado que en la fiesta de la Ascensión; en definitiva, hacia la plenitud en Dios o hacia el fracaso vital.

Espíritu significa siempre viento, volar, ascender, navegar, alentar, animar.... Carne significa siempre corrupción, provisionalidad, pesadez, conformismo, gravedad, peso.

La carne de Jesús

El cuarto evangelio, que a tantos (incluso de los mejores teólogos de la iglesia) ha inducido – por leer mal – a un docetismo alarmante, haciendo concebir a Jesús como un ser divino con apariencia humana, es sumamente explícito y cuidadoso en afirmar su humanidad verdadera, real, indispensable. La carne y la sangre son la humanidad, la carne y la sangre hacen evidente la realidad humana, carnal, sólida, tocable, mortal.

La carne y la sangre son la fiabilidad de nuestra fe en Jesús. Si no fuera carne y sangre sería mentira. Si no fuera carne y sangre sería mito. La carne vaciada de sangre que exhibe Jesús muerto, tan cruelmente reseñada por el mismo cuarto evangelio, y tantas veces comentada desde delirios místicos, es ante todo la proclamación clamorosa de la fe en la humanidad. Es esta fe en la humanidad el punto de partida de toda fe. Si no tragamos enteramente la humanidad jamás nos alimentaremos de la divinidad.

Muchos han vuelto a Calcedonia para volver a insistir en divinidad. Muchos hoy creen alimentarse de Cristo olvidando la carne y la sangre. Muchos han vuelto a descubrir la carne y la sangre, la humanidad de Jesús, como alimento de su fe, como sustento de lo divino de Jesús. Pero solo tiene vida eterna el que se traga la carne y la sangre, la humanidad real de Jesús.

Comer su carne, beber su sangre

¿Habrá alguien todavía tan tonto como para hacer la misma pregunta que el evangelio atribuye a los judíos? ¿Habrá alguien todavía que se imagine que le pasa algo a su espíritu dando un mordisco a Jesús o bebiéndole la sangre? ¿Habrá alguien todavía tan influido por la magia ancestral y el residuo de los mitos primitivos?

Comulgar es todavía para bastantes personas tragarse algo que parece pan pero es Dios. Y desde el estómago o desde cualquier rincón físico de su cuerpo, ese Dios que parece pan actúa, como una tableta de medicina efervescente que en el tubo parece inerte, pero puesta en agua empieza a soltar un sorprendente flujo de burbujas curativas.

Para muchas personas esto es ya simple magia superada, pero para algunas (¿muchas?) otras, todavía es la creencia habitual. Si las líneas anteriores nos han sobresaltado o escandalizado, quizá sea porque necesitamos revisar nuestro concepto de comunión.

Ya hemos tratado en los domingos anteriores sobre lo esencial del tema. Expondremos aquí un aspecto complementario, inducido por la primera lectura y muy central en los evangelios: el banquete, el Reino como banquete, Jesús como banquete. No simplemente como comida, alimento, sino como fiesta y abundancia.

Es un tema que recorre horizontalmente todos los demás de la Buena Noticia, y que olvidamos con demasiada frecuencia. Una nueva Ley, más exigente aún que la anterior no es una noticia demasiado buena. Una renuncia a todo lo que nos atrae para merecer el premio eterno (más aún si es para evitar el eterno castigo) tampoco lo es.

Pero Jesús centra su predicación en dos expresiones similares: la Buena Noticia / el Reino. Y lo expresa en acciones festivas: los discípulos no ayunan "porque están con el novio"; el ministerio de Jesús se inicia en el cuarto evangelio con una boda en que Jesús ofrece el vino en abundancia, significativas parábolas tienen al banquete como clímax... no repetiremos todos los pasajes en que aparece esta idea. Sí insistiremos en el profundo paralelismo de estas expresiones con la parábola del Tesoro, tan medular en el mensaje de la Buena Noticia, y en lo significativo de la primera palabra de cada "bienaventuranza": dichosos.

Lo de Jesús es una fiesta; es de gente bien alimentada, que dispone de agua abundante y vino a discreción, a plena luz, en medio de amigos, disfrutando de la invitación y la presencia del Padre. Esto es una imagen del mundo definitivo, y Jesús alude a ese Banquete definitivo en varias ocasiones, pero es también una imagen de la situación interior de los que siguen a Jesús.

Tener la vida llena de sentido, sentirse liberado de tantas necesidades que no hacen más que encadenarnos, sentirse estimulado por el amor, no por el miedo, saberse querido, útil, necesario, atender a valores válidos para la humanidad entera, vivir comprometido, compartiendo, humanizando y humanizándose, fundar la esperanza de vida eterna en el amor de un Padre...

Y, por encima de todo, conocer a Dios, y liberarse así de todo miedo, al juicio, al pecado, a la muerte, a la propia debilidad.... Vivir así es un regalo indescriptible, estupendamente calificado por Jesús como Tesoro, como Fiesta, como boda con abundancia del mejor vino, como Banquete, como Reino.

A veces, nuestra pequeñez mental pide de Dios simplemente parches para los dolores pasajeros o, peor aún, que nos ayude a conseguir bienes de tierra, de los que esclavizan el corazón y nunca producen felicidad. Si desnudamos nuestras oraciones de petición, probablemente encontraremos en el fondo de todas ellas el deseo de disfrutar de este mundo, de no comprometernos con nadie, de vivir bien aquí sin dolor ni muerte...

Somos desgraciados deseando todo esto y más aún porque Dios no nos lo da. Cambiemos a Jesús. Vivimos para construir el reino, como ciudadanos de la Ciudad Definitiva. Nuestros valores no son de tierra ni para la tierra, aceptamos la misión: y entonces –y solamente entonces– experimentaremos que lo de Jesús es una Estupenda Noticia, un modo de vivir fascinante, satisfactorio, aquí y para siempre.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1440-pan-para-celebrar-la-fiesta.html

Ilustración: Juan de Juanes: 

https://www.ncregister.com/blog/corpus-christi-scriptures-and-art

Breve nota LB: Curioso que Vatican News señale otra lectura, como san Marcos 12, 28b-34.

Padre S. Martín: León CIV en España:

https://www.youtube.com/watch?v=Dbs-TSZPDMI

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=Lw3XSyWhyUs

domingo, 12 de abril de 2026

Particularidades de una noticia

UNA APARICIÓN MUY PECULIAR

(San Juan, 20: 19-31)

José Luis Sicre

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé) y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Dichosos los que crean a pesar de lo que ven

En este pasaje del evangelio se da un importante cambio en los destinatarios. En la primera parte, Jesús se dirige a los once: a ellos les saluda con la paz, a ellos los envía en misión. En la segunda se dirige a Tomás, invitándolo a no ser incrédulo. En la tercera se dirige a todos nosotros: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

Podríamos añadir: “Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Digo esto a propósito de lo ocurrido hace pocos días en el accidente de Tarragona, donde perdieron la vida siete muchachas italianas, estudiantes de Erasmus. El padre de una de ellas comentó, hablando de él y de su esposa: “Antes creíamos en Dios; ahora no podemos creer. No podemos creer que en un Dios que hace una cosa así”.

Las muertes ocurridas al día siguiente en Bruselas pueden haber provocado la misma reacción en otras personas. A menudo creemos en un Dios cuya misión principal es resolver nuestros problemas. Olvidamos el mensaje de la Semana Santa: creemos en un Dios que nos entrega a su propio hijo, y en un hijo dispuesto a morir por nosotros. Como Tomás, debemos meter nuestros dedos en las llagas, en las huellas del sufrimiento humano, para terminar confesando: “Señor mío y Dios mío”.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/7475-una-aparicion-muy-peculiar.html

Ilustración: https://www.godwhospeaks.uk/the-resurrection-in-art/

Padre S. Martín: Sacerdocio exclusivo para varones:

https://www.youtube.com/watch?v=cUKWLkoV8lc

Padre S. Martín: La generación que descubre a Dios: 

https://www.youtube.com/watch?v=DUg-Cze1oz4

Papa León: Regina Caeli: 

https://www.youtube.com/watch?v=NJsercejSIk


Cardenal Porras:

sábado, 4 de abril de 2026

¿Identidad transmental, dijo?

CONECTADOS A LA VIDA

(San Juan 20, 1-9)

Enrique Martínez Lozano

Debido a sus propios límites, la mente solo puede darnos respuestas reductoras. Para ella, nuestra identidad es el yo, y la vida es algo que tenemos. Mientras permanezcamos identificados con ella y queramos entender la realidad únicamente desde la razón, no podremos superar el engaño.

Todo se modifica, sin embargo, en cuanto salimos del modelo mental de conocer: la realidad deja de aparecer como una suma de objetos separados –la separación, en realidad, es un ilusión producida por la mente-, para mostrarse como el despliegue de la Vida en infinidad de formas.

Todo es Vida, que puede expresarse como vibración, conciencia, información, energía, materia... Lo cual no es sino una "extensión" de la célebre fórmula de Einstein: E = mc2 ("m" es masa, y "c" es la velocidad de la luz). Masa y energía no son sino la misma y única realidad, aunque en "condiciones" diferentes. ¡Con razón decía Max Planck, el padre de la física cuántica y premio Nobel de física en 1918, que "la materia como tal no existe"!

La vida no es algo que tenemos, sino lo que somos. Lo que tenemos, lo podemos perder; lo que somos, permanece.

Del mismo modo, mi identidad real no es el yo, tal como la mente creía, sino –otro nombre de la Vida- la Consciencia que me percibe. No soy nada de lo que puedo observar, sino Eso que observa. Para quien realmente soy –la Consciencia-, el yo –la estructura psicosomática, el organismo cuerpo-mente- no es nada más que un objeto, en el que, de una forma transitoria, se expresa la Consciencia que soy.

En otro marco de referencia, dentro de otras categorías culturales y religiosas, la fe cristiana en la resurrección viene a afirmar, de fondo, lo mismo. La resurrección de Jesús es la proclamación irrefrenable de que la muerte no es sino un "paso" en el que, paradójicamente, despertamos a la Vida que somos. Ni el aparente fracaso, ni la tortura, ni la muerte, ni la angustia de la cruz tienen la última palabra. La Vida que somos no muere jamás.

No es necesario, por tanto, esperar a la muerte física para morir, ni tampoco para resucitar. Si queremos vivir como resucitados –tal como vivió Jesús, que llegó a afirmar: "Yo soy la resurrección y la vida"-, necesitamos comprender la verdad de quienes somos. En la medida en que lo comprendemos, dejamos de vivir para el yo –vamos muriendo a él- y nos anclamos en nuestra verdadera identidad: la Consciencia ilimitada y compartida.

De ese modo, nos experimentamos conectados a la Fuente de todo lo que es y a la Vida que somos. En esto consiste la sabiduría y la liberación: en la conexión consciente al Misterio de la Vida, a Dios, sin ningún tipo de separación ni distancia; sin costuras.

Y desde aquí podemos volver al relato del evangelio de Juan. Se trata de un texto profundamente elaborado y cargado de simbolismo. En realidad, los llamados "relatos de apariciones" son, fundamentalmente, catequesis en torno a Jesús vencedor de la muerte y a la resurrección.

María Magdalena es símbolo de aquella comunidad que se movía entre la luz y la oscuridad. Todavía vive en torno al sepulcro (muerte); por eso, "aún estaba oscuro". Pero, al mismo tiempo, empezaba a clarear ("al amanecer") y "la losa estaba quitada" (la losa de la duda y la resignación fatalista). Todo parece anunciar algo definitivamente nuevo: es "el primer día de la semana"; se trata, nada menos, que de una nueva creación.

En la tradición cristiana, se ha presentado la resurrección como una "nueva creación" llevada a cabo por el poder de Dios, que actúa en la muerte como había actuado, según el relato del Génesis, en la creación del mundo. Desde un nivel de conciencia en el que la identidad se reduce al yo y en una concepción lineal de la historia, no podían expresarlo de otro modo: la vida es algo que nos espera más allá, en el futuro, después de la muerte, gracias a una nueva intervención de Dios.

Desde un nivel de conciencia transpersonal y desde un modelo no-dual de cognición, se nos hace evidente esta afirmación: Todo es Ahora. Ahora es la Vida, Ahora es la "resurrección"..., aunque todavía no lo hayamos descubierto. Pero basta acallar la mente para, al menos, atisbar que Todo es.

La mente se queda en las "formas", y hace una lectura en la que se espera un futuro mejor. Pero ya somos conscientes también de que el único que desea el futuro es el ego, por una doble razón: porque en el presente desaparece y porque, vacío como es, sueña con un futuro imaginado en el que poder saciar finalmente su inherente insatisfacción.

El ego corre, como los discípulos, pensando que en el futuro se sentirá mejor. Con frecuencia, corre tan deprisa que no repara en ninguna otra cosa que no sea su propia expectativa (o su propia creencia). En ocasiones, parece recibir la gracia de poder ver "las vendas" y de ver a través de ellas.

En realidad, para quien está atento, todo son "vendas", signos, señales, aberturas, resquicios, ranuras, grietas por donde se cuela la Vida. Todo puede ser oportunidad para ir despertando a quienes realmente somos y reconocernos conectados a la Vida.

Pero, por lo general, para poder ver el significado que las "vendas" contienen, se requiere atención. Una atención que nos hace estar en el momento presente y acalla el parloteo mental. En ese Silencio, podrá desvelarse ante nuestros ojos la Presencia y reconocernos como la

Consciencia que somos y que se despliega momentáneamente a través de lo que llamamos "nuestras historias personales".

Sea cual la sea la historia o el "papel" que se nos haya asignado, la clave radica en abrirnos a nuestra verdadera identidad transmental y permanecer conectados conscientemente a ella y a la Vida. Eso es vivir resucitados.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/61-conectados-a-la-vida.html 

Ilustración: Roman Sleptsuk.

Fotografía: LB, Jesús resucitado, Iglesia de la Coromoto, El Paraíso (Caracas, 05/04/2026).

Papa León: 

Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=ndBwY3qDyFA

Cfr.

https://www.youtube.com/watch?v=lmnAf6yyf7E/

https://www.youtube.com/watch?v=57JAMrzSF3w

Cardenal Porras: 

https://www.youtube.com/watch?v=lBL_UMBONd0


Padre S. Martín: 


Monseñor Munilla: 

domingo, 22 de marzo de 2026

Resucitación y resurrección

Padre S. Martín:


Papa León: 


Cardenal Porras: 


Padre J. Martín: 




Nota adicional LB: Hay fallas de señal y del propio sistema de BlogSpot. Después de diseñar la nota de hoy, colocar las gráficas y los videos penosa y pacientemente, solamente aparece la vista previa pero no registra los cambios. No quedó más remedio que hacer la captura de pantalla en lugar de repetir el procedimiento con el riesgo del fracaso.

domingo, 1 de febrero de 2026

Otros nos llevan la delantera

NADIE SE HACE SANTO A GOLPE DE VIRTUDES

(San Mateo, 5: 1-12)

Fray Marcos [Rodríguez]

Esta fiesta puede tener para nosotros un profundo sentido religioso, si la entendemos como invitación a la unidad de todos los seres en Dios. No recordamos a cada uno de los seres humanos como individuos. Al decir todos, celebramos la Santidad (Dios), que se da en cada uno de nosotros. No se trata de distinguir mejores y peores, sino de tomar conciencia de lo que hay de Dios en todos y dar gracias por ello. El hombre perfecto no solo no existe, sino que no puede existir. Decir ‘ser humano’ lleva en sí la limitación y por tanto la imperfección en todos los órdenes. Dios no necesita eliminar la imperfección en nosotros.

Vamos a examinar primero algunas frases del evangelio que nos ayuden: Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto. De acuerdo, ¿pero como es perfecto Dios? Cuando Dios dice: “sed santos porque yo vuestro dios soy santo”, no hace alusión alguna a la condición moral. La perfección de Dios no se debe a sus cualidades. Dios es todo esencia, no hay nada que pueda tener o no tener. Cada uno de nosotros es perfecto en nuestro verdadero ser, en lo que hay de Dios en nosotros. No estamos hablando de nuestras cualidades sino de lo que Dios es en nosotros. Se trata del tesoro que llevamos en vasijas de barro, como decía Pablo.

Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. Es un error garrafal el creer que podemos alcanzar la perfección con el esfuerzo personal. También aquí nos hemos alejado del evangelio. Hemos propuesto como ideal cristiano, el ideal de perfección griego. El que se somete a este ideal, no podrá escapar a una de estas trampas: en la medida que lo consiga, se creerá superior a los demás y los despreciarán olímpicamente (no hay nada más contrario al evangelio). El que no lo consiga, tratará por todos los medios, de aparentar que lo ha conseguido, con lo cual caerá en la simulación y el fariseísmo (nada criticó Jesús con más firmeza).

Las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios. Jesús decía eso precisamente a los ‘perfectos’, a los que cumplían la Ley hasta la última tilde. Esta frase de Jesús es un aldabonazo contra la idea de perfección que existía en su tiempo y seguimos manejando nosotros. Dios no valora el cumplimiento de una programación sino un corazón sincero, humilde y agradecido. Todo lo que somos lo hemos recibido de Dios. No hay ni un resquicio para presumir de buenos. Que yo sea capaz de manifestar la bondad, es la consecuencia de una toma de conciencia de lo que hay de Dios en mí.

Después de estas sencillas explicaciones, ¿qué sentido tiene hablar de “comunión de los santos”? si pensamos que se trata de unas gracias que ellos han ‘merecido’ y que nos ceden a nosotros que andamos escasos o carentes de ellas, estamos ridiculizando a Dios y a cada ser humano. Los dones de Dios ni se pueden cuantificar ni se almacenan. Todo lo que nos viene de Dios es siempre gratuito y por lo tanto, nunca se puede merecer. Ahora bien, si tomamos conciencia de que en Dios todos somos uno, comprenderemos que lo que cada uno puede vivir de Dios, de alguna manera, lo viven todos y beneficia a todos.

Por la misma razón tenemos que tener mucho cuidado con la expresión “intercesores”, aplicada a los santos. Si lo entendemos pensando en un Dios que solo atiende las peticiones de sus amigos o de aquellos que son “recomendados”, una vez más, estamos ridiculizando a Dios. En (Jn 16,26-27) dice Jesús: “no será necesario que yo interceda ante el Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama”. Lo hemos dicho hasta la saciedad, Dios no nos ama porque somos buenos, sino porque Él es el amor y está en cada uno de nosotros.

Claro que se puede entender la intercesión de una manera aceptable. Si descubrimos que esas personas que han tomando conciencia de su verdadero ser, son capaces de hacer presente a Dios en todo lo que hacen, pueden facilitarnos ese mismo descubrimiento, y por lo tanto, el acercamiento a Dios. Descubrir que ellos confiaron en Dios a pesar de sus defectos, nos tiene que animar a confiar más nosotros mismos. Y no sólo valdría para los que convivieron con ellos, sino para todos los que después de haber muerto, tuvieran noticia de su “vida y milagros”. Allanarían el camino para que creciera el número de los conscientes.

La parábola de los talentos (Mt 24, 14-30) podría parecer que dice lo contrario de lo que acabamos de apuntar, pero en el fondo es otro el problema que allí se afronta. No se trata de poner a producir las cualidades que cada uno pueda tener, sino de descubrir lo esencial que cada uno tiene. Se trata de descubrir el tesoro escondido que uno no ha ganado, pero que tiene que descubrir dentro de sí mismo. Una vez descubierto, surgirá espontáneamente el agradecimiento más sincero. Pero la única manera de agradecer tan gran don, será el aprovecharse de él desplegando todas sus virtualidades.

No os dejéis llamar maestro. No llaméis a nadie padre. ¿Qué hubiera dicho Jesús si en su tiempo se hubiera encontrado con el concepto de “santo” que hoy manejamos? Él mismo dijo al joven rico: ¿por qué me llamas bueno? ¿Cómo habría respondido si le hubiera llamado santo? Pues nosotros no sólo santo, sino que nos atrevemos a llamar a un ser humano, santísimo. ¡Cuándo tomaremos en serio el evangelio!No somos santos cuando somos perfectos, sino cuando vivimos lo más valioso que hay en nosotros como don absoluto. La perfección moral es consecuencia de la santidad, no su causa.

Si entendiéramos bien las bienaventuranzas no caeríamos en estas distorsiones que nos alejan del evangelio. Las bienaventuranzas quieren decir que es preferible ser pobre, que ser rico opresor; es preferible llorar que hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros mueran de hambre porque les hemos negado el sustento. Dichosos, no por ser pobres, sino por no ser egoístas. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no oprimir. La clave sería: Las riquezas no son el valor supremo. El valor supremo es el hombre. Hay que elegir el reino del poder o el Reino de Dios. Si elegimos el ámbito del dinero, habrá injusticia e inhumanidad. Si estamos en el ámbito de lo divino, habrá amor y humanidad.

Si la pobreza es buena, por qué la evitamos. Si es mala, cómo podemos aconsejarla. Ahí tenemos la contradicción, al intentar explicar las bienaventuranzas. Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. El enemigo numero uno del Reino de Dios es la ambición, el afán de poder, la necesidad de oprimir al otro. Recordad las palabras de Jesús: “no podéis servir a Dios y al dinero”. La praxis de Jesús es su vida diaria, es el único camino para entender las bienaventuranzas. El Reino de Dios es el ámbito del amor, pero para llegar a ese nivel, hay que ir más allá de la justicia. Mientras no haya justicia, el amor es falso. Ya decía Plotino: “Hablar de Dios sin una verdadera virtud es pura palabrería”

Para mí, tiene un profundo significado teológico que la fiesta de los difuntos esté ligada a la de todos los santos. Litúrgicamente ‘los difuntos’ se celebra el día 2, pero para el pueblo sencillo, el día de todos los santos es el día de los difuntos, sin más. Con lo que hemos dicho tenemos datos para una interpretación en profundidad de esta fiesta. Si todo ser humano tiene un fondo impoluto (Dios), Dios tiene que amarnos precisamente por eso que ve en nosotros de sí mismo. No puede haber miedo a equivocarse. Todos son santos en su esencia, y eso es lo que se integra en Dios porque nunca ha estado separado de él.

Recordar a los difuntos entraña dar gracias a Dios por todos aquellos seres humanos que han hecho posible que nosotros seamos lo que somos hoy. Este es el sentimiento religioso que se identifica con el sentimiento más humano que podamos imaginar.

Meditación-contemplación

“Dioses sois, hijos del Altísimo todos”.

Esta cita, que Jn pone en boca de Jesús, es rotunda.

No pudieron soportarla los fariseos,

ni terminamos de aceptarla nosotros.

………………

Cuando Jesús dice: “yo y el Padre somos uno”,

está manifestando su vivencia más profunda.

Consciente de que su centro está en Dios,

irradia esa realidad de Dios en todas direcciones.

………………

Yo no tengo que escalar ninguna cima inexpugnable,

ni conseguir ninguna meta inalcanzable.

Solo tengo que abandonar la dispersión en la que vivo

y centrarme en lo que ya soy en lo hondo de mi ser.

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Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/6955-nadie-se-hace-santo-a-golpe-de-virtudes.html

Ilustración: https://stock.adobe.com/search?k=beatitudes

Padre S. Martín: Camino sinodal. Chantaje de los alemanes al papa. 

https://www.youtube.com/watch?v=pxGi3-mhRsk

León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=AIp6rSPX9H8

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=0SWec6yoFVs

Monseñor Santana: https://www.youtube.com/watch?v=RXwex7NVRIo


Padre S. Martín: No está dando lecciones de auto-ayuda.



Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...