Mostrando las entradas con la etiqueta Ucrania. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ucrania. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de junio de 2025

¿Puro humo?

DETRÁS DEL PLEITO DE PAULINA RUBIO CON COLATE

Luis Barragán

La confrontación de Israel e Irán, como la de Rusia y Ucrania, obliga a una seria reflexión sobre la transición del sistema internacional por irresueltos que aún sean tales conflictos. Angustia la matanza de seres humanos por aquellas latitudes al igual que ocurre en África, aunque éste - tan vasto continente – escapa del decisivo circuito geopolítico del norte planetario y, por consiguiente, por desgracia, no ocupa a los grandes medios de comunicación.

Por supuesto, no es indispensable gozar de una consumada experticia en la materia para emitir alguna opinión personal, pero sí la de contar con las observaciones y el criterio fundado de los especialistas para generar una postura adecuada, lo más justa posible, coherente, orientada a la sana crítica en la que el sentido común constituye un elemento necesario. De acuerdo a los principios y valores que nos inspiran, nadie puede ser indiferente a los acontecimientos que hacen el día a día en este, el único planeta disponible, por lejanísimos que geográficamente sean, pues, la radiación nuclear le dará alcance por completo este hemisferio al igual que el Covid-19 que los muy escépticos inicialmente despreciaron por la enorme distancia del foco generador. . Sin embargo, la mayor prevención ha de ser contra los irresponsables todólogos que juran haber predicho el final de la Roland Garros entre Alcaraz y Sinner, y, al mismo tiempo, les consta la “obliteración” de las instalaciones nucleares de Irán, por orden del presidente Trump.

Que haya sido una suerte de coreografía de la confrontación lo acaecido en el Medio Oriente, a juzgar por una acción estadounidense en Irán que no cumplió su cometido, fracasando igualmente la respuesta iraní contra Israel, como presumen los muy competentes estudiosos del problema, cumpliendo sólo con una simulación que la creyeron necesaria, o cualesquiera otras causas, lo importante es que haya un debate abierto en la opinión pública en demanda de la más acertada orientación. Hemos preferido sintonizar por las redes sociales aquellos programas de entrevistas a los que concurren voces muy autorizadas, antes de improvisar gracias a otros improvisados opinadores de ocasión que les apasiona también el enfrentamiento de Paulina Rubio con Colate, el padre de su hijo mayor, como la vida personal de los pilotos de los bombarderos furtivos B-2 Spirit que actuaron en la operación “Martillo de la Medianoche”.

Nos parece que no le quedó más remedio a Israel que defenderse y de la forma en que lo ha hecho, injustamente caricaturizado como un vulgar expansionista y, por más que se diga de sus excesos en Gaza o de las desviaciones autoritarias de Netanyahu que anteriormente provocó recias protestas, lo cierto es que, en los países enemigos, absolutamente nadie puede discutir siquiera sobre la pesada losa de un terrorismo que pone en jaque a sus propios habitantes, martirizándolos, ni dudar un milímetro de la idoneidad política y militar de sus nada democráticamente electos gobernantes. Sospecho que los vecinos prefiere entenderse ahora o más adelante, con una Israel responsable ates de apostar por los promotores de sendas guerras santas.

No sabemos nada del pleito de Rubio, la Paulina, y Colate, porque detrás está el mayor y trágico drama de los desentedimientos de Medio Oriente, por ejemplo. Y no me venga a quejarse un homosexual, cursante de alguna cara universidad estadounidense, por la agresión de su país mientras que él ni podría abrir la boca en Irán y, desde hace muchísimo tiempo, estaría colgado en medio del desierto.

29/06/2026:

https://lapatilla.com/2025/06/29/luis-baragan-detras-del-pleito-de-paulina-rubio-con-colate/

sábado, 15 de junio de 2024

Cuero seco y autismo político

EUROPA: AVISADA ESTÁS ...

Hermann_Alvino  

1- La memoria selectiva de EEUU y la de sus aliados durante la Segunda Guerra Mundial ha delatado su malévola distorsión de la Historia al no invitar a los rusos a los actos conmemorativos del 80 aniversario del desembarco aliado en Normandía, aunque sea por el pequeño detalle de que la URSS de entonces sacrificó 27 millones de personas luchando contra los nazis, una misión por lo demás en sintonía con EEUU de quien recibió una inmensa ayuda militar. La Historia, la de verdad, enseña que también los soviéticos fueron determinantes para liberar a Europa del nazismo, logro al que no hay que restarle mérito aunque esos comunistas terminaran tragándose durante medio siglo a los países que ocuparon en esa lucha.

2- Invitar a Rusia por todo lo alto a esa conmemoración tal vez habría sido un gesto que podría haber ayudado a despejar el camino para la inevitable negociación que habrá que realizar con Putin con relación a Ucrania occidental –a menos, claro está, que no se opte por un conflicto frontal, y eventualmente nuclear-; y por si ese olvido malévolo era insuficiente, al insulto hacia Rusia se le agregó la herida al darle al actual presidente ucraniano una tribuna relevante, algo de obvia inconveniencia para esa eventual negociación, pero que por otra banda fue mucho peor al “olvidar” que fueron los ucranianos de entonces, ciertamente sometidos y hambreados por la URSS estalinista, quienes recibieron a los nazis como una suerte de libertadores, al punto de colaborar con ellos en el exterminio sobre la marcha, o la deportación misma, de muchos judíos ucranianos –Stefan Bandera fue aquel “héroe” ucraniano de turno, todavía homenajeado por muchos allá-.

3- Y tanto al insulto a la Historia como a todo el pueblo ruso, a la mencionada herida se le añadió un poquito de sal al invitar al actor Hanks y el productor Spielberg a cuenta de su famoso film sobre un soldado llamado Ryan, aunque por supuesto que ellos no tienen la culpa de la estulticia de esos anfitriones  occidentales; pero  ninguno de los dos, objetivamente, tenía cabida alguna en un acto de esa naturaleza, lo que nos muestra hasta que punto hemos llegado en materia de frivolidad, por encima de tantos millones de muertos por aquella guerra.

4- Con gobernantes así, que borran a conveniencia páginas de la Historia y cuya frivolidad es patética, tanto para que el texto que ellos decidan sea el oficial como para que se lo puedan tragar dos generaciones de analfabetas sobre su propia historia patria –no digamos la del resto del mundo-, no es de extrañar que la mitad de los ciudadanos de EEUU apoye sin restricciones a un delincuente para que sea su presidente, y la otra mitad –o tal vez un poquito más- de los europeos haya votado por quienes no solamente los enviarán a una guerra contra Rusia -catalizada por esos políticos cuyos hijos no estarían en ese lote-, sino que lo han hecho por quienes les pondrán más dificultades para llegar a finales de mes, privatizándoles la salud, la educación, haciendo más ricas a las corporaciones al aligerarle la carga fiscal que en justicia ciudadana le correspondería e imponiendo amnistías fiscales a los defraudadores del Estado –todo esto basado en un librito ideológico que habla de una mano invisible que al final ha resultado ser un fantasma cuyos beneficios anunciados se han quedado muy cortos en la realidad-, y consolidando ese odio hacia el migrante que han ido difundiendo desde hace décadas.

5- Son esos mismos gobernantes los que aplauden a rabiar a un presidente ucraniano que no cumplió ninguna de sus promesas, ni en materia de corrupción, ni en reforma del sistema judicial, ni en lo relativo al abordaje sensato, y por tanto político y no represivo, del problema de los territorios orientales limítrofes con Rusia. Este insensato, pues, ha sido quien Occidente le ha dado un tratamiento especial a sabiendas que él no ha avanzado en nada para homologar las instituciones ucranianas para optar a integrar la Unión Europea, una laxitud de dicha Unión que casualmente se le ha negado durante décadas al autócrata turco, quien al menos ha hecho un poco más –aunque mucho le falta todavía a dicho país- para cumplir con ciertos criterios “europeos”, lo que hace legítima la sospecha de que se es laxo con uno por ser cristiano –aunque en realidad Zelenski es judío, pero no importa, porque después de todo es “occidental”-, pero no con el otro, por ser musulmán.

6- Los resultados electorales europeos muestran que el continente es lo que se llama un “cuero seco” que se alisa por un lado y se levanta por el otro, porque cuando por un lado en un país se impone el centroizquierda cual sucesor del centroderecha,  en otro país sucede al revés, con la variante de que ahora este último debe compartir escaños con la derecha radical, no europeísta o sea nacionalista, y xenófoba o sea racista.

7- Claramente que esa decisión ciudadana regada por toda la Unión no solamente ha sido una reacción a gobiernos que no se ocupan de los problemas reales de la gente, sino que en una buena parte responde al mencionado analfabetismo histórico, más el político, o sea el cívico. Esos mismos ciudadanos que en su momento no se explicaban por qué muchos rusos siguen añorando a Stalin y ven en Putin una suerte de redentor del anterior poder soviético –aunque sea más en términos de autoestima que con relación al poder comercial real de la actual Rusia-, ahora no tienen excusa para justificar una votación que en el fondo conlleva una nostalgia de tiempos donde privaba el “orden” a manos de autócratas estilo Hitler o Mussolini, o Franco y Salazar, con quienes, al menos durante los inicios de sus ciclos de poder, había comida en los platos de las familias. Tiempos cuando no había ni negros ni musulmanes, pero tiempos en que los nativos recogían las cosechas de fresas o tomates y hacían trabajos que ya no quieren realizar, pero que cuando los migrantes lo hacen por ellos entonces los acusan de robarles empleos, o de chupar de los servicios sociales.

8- Claramente que los gobiernos europeos han gestionado pésimamente la realidad migratoria, la cual con relación a Latinoamérica tiene la característica de tratarse de cristianos –católicos y evangélicos-, mientras que la euroasiática y africana es en su mayoría musulmana introduciendo una dinámica social que los europeos creían haber resuelto con los Reyes Católicos o con Carlos Martel, o la derrota de Boabdil o Solimán, y ahora se percatan que la Historia siempre gira en redondo.

Por otra parte, muchos europeos sienten que las eventuales soluciones a los problemas reales de la región se asfixian en un parlamento numeroso y disparatado, del cual salen regulaciones como la del tamaño y forma de los pepinos almerienses, pero no sobre el salario mínimo o el ingreso mínimo vital; en este sentido las dos formaciones pilares de la UE, el centroderecha del PPE y el centro izquierda de la socialdemocracia se comportan de manera muy similar, con el agravante que la socialdemocracia asume con mucho más entusiasmo la visión liberal de la gobernanza que el PPE la necesidad de invertir en lo social, en darle al Estado su papel de proveedor de servicios de calidad –en este sentido bien se puede decir que el español Pedro Sánchez es un mutante, y tal vez por eso el PSOE resistió el embate-.

9-Han sido entonces esos mismos gobernantes quienes han configurado gobiernos y Unión Europea como para que la mitad de sus ciudadanos ya no les vote, como tampoco a sus adversarios históricos, percibiendo por un lado que las democracias así diseñadas les han dado la espalda, y por otro que las candidaturas a los escaños europeos son indignas o lideradas por incompetentes… porque a nadie se le ocurre emocionarse e ir a votar cuando en las listas del Podemos español está una incompetente o en las listas de la derecha italiana está un ladrón de obras de arte junto a condenados en firme por corrupción –solo dos ejemplos, por no hablar de los griegos o húngaros, búlgaros o rumanos-. Por tanto, si centroderecha y centroizquierda son iguales, y si la izquierda en todas sus variantes ha creado la percepción de darle rueda libre a los migrantes, o si ambos han impuesto un sistema judicial lento y burocratizado y han legislado penas ridículamente exiguas frente a delitos de calado, pues solo queda votar a quien promete ese “orden”, se sepa que ello conllevará un latrocinio monumental.

10- visto así, estas votaciones europeas no han sido un proceso racional basado en propuestas sobre temas importantes, sino en clave interna. En España el Partido Popular habló de plebiscito sobre “el Sanchismo” –que dado lo parejo de los resultados ha sido un fracaso de Núñez Feijoo-, mientras que en Italia la primer ministro Meloni hablaba de referendo sobre su propuesta de ampliar el poder de dicho cargo al tiempo que sus opositores se medían para dirimir quien sería el “federador” alrededor del cual se agruparía la oposición. Pero ideas para Europa, ninguna.

Una campaña, entonces, sin propuestas políticas europeas, comenzando por el problema ruso-ucraniano, sobre la paz, sobre la guerra, sobre las negociaciones, sobre la interacción geopolítica con China, sobre un sistema de defensa propio de la Unión Europea, sobre el desacoplar la grosera dependencia de EEUU –especialmente en lo militar-, sobre las relaciones de la UE con la misma Rusia, en lo político, militar y energético, sobre Palestina, sobre Latinoamérica –otro cuero seco donde se turnan gobiernos de derecha, casi todos protagonizados por empresarios ignorantones y narcisistas, y políticos de izquierda, algo más cultos pero demasiado ideologizados-.

11- Un desierto de sin propuestas que se viene arrastrando desde hace años, y que al final produce políticas como la mencionada sobre los pepinos de Almería -como si los pepinos díscolos fueran venenosos- o sobre que la tapa del recipiente de la leche debe estar atada al mismo con un hilo plástico. Una pobreza programática donde campea la mayoría de la derecha ganadora de esta elección, carente de visión climática –o sea, negadora del cambio que se nos viene encima a todos- cuando no de las vacunas del Covid, laxa en materia de pesticidas que están aniquilando el campo del cual comen todos los europeos, guardianes del mercado para que miles de litros de leche o toneladas de tomates se desperdicien en un mundo con tanta hambre. Una derecha, eso sí, que cuando puede siempre le dará a la Iglesia Católica un cachito financiero adicional, por aquello de la “raíces cristianas” de Europa mientras mira para otra parte cuando torsos y brazos de mujeres y niños palestinos vuelan por los aires.

12- Empieza por tanto un nuevo ciclo que, si bien todavía tiene una mayoría “europeísta”, está más que claro que de no cambiar la forma de concebir la gobernanza europea la tendencia al extremismo de derecha al final conllevará un salto de calidad democrática… para peor; porque acá no se trata de aquello que indica que los ciclos políticos están atados a la ley de gravedad, esto es, que lo que sube siempre terminará bajando, sino del hecho que de un ciclo de gobernanza de la ultraderecha -o de la ultraizquierda si fuere el caso- es complicadísimo salir por el enjambre jurídico que deja como legado, una realidad que el recientemente electo jefe de gobierno polaco –el socialdemócrata Tusk- está comprobando, con el riesgo obvio de que ello ralentizará su programa de gobierno, lo que a su vez causará descontento ciudadano, y que con la desmemoria que emerge siempre luego de unos años, le concederá de nuevo el poder a esa ultraderecha. Una realidad que muy pronto vivirán los laboristas británicos, quienes le darán una paliza al actual gobierno conservador, pero se toparán con ese enjambre neoliberal que tendrán que desenredar sin salirse de la Ley.

13- En síntesis, la inestabilidad europea indica que la política seria en función del bien común no puede estar en manos de cómicos, ni de artistas, ni de cantantes, mucho menos de empresarios al estilo Berlusconi, o banqueros de formación como Macron, puesto que todos ellos tienen el defecto de ser autistas políticos, ya que es luego de muchos años practicando la articulación de intereses sociales, a sabiendas que en una democracia es imposible separar del todo lo negro de lo blanco, que se aprende a gobernar una sociedad compleja. De allí lo nefastos que son esos salvadores de turno, profesionales muy capaces en su campo de acción, pero ineptos a la hora de manejar una sociedad, una realidad que hasta el Partido Comunista Chino conoce, al imponer filtros de nivel profesional y experiencia de gobierno en sus niveles de alta dirigencia, mientras que en “Occidente” –léase EEUU, Unión Europea o la Latinoamérica democrática- las puertas para los arribistas siempre están abiertas para que sigan embruteciendo más aún a sus votantes y perpetuarse en el poder.

La política, pues, debe ser un oficio dentro de ciertas reglas que aprovechen la experiencia pero no permitan anclarse de por vida al poder, y en esta contradicción es que hay que desarrollar las relaciones de la sociedad con el poder. Y naturalmente que casi siempre lo hemos gestionado de manera equivocada.

14- De manera que Europa está más que avisada: si no se acerca a la gente, si no se trabaja en función del bien común y no el de la burocracia enquistada en sus sedes de gobierno, inevitablemente la ultraderecha dominará para caer en la tentación del autoritarismo generalizado en toda la región.

Fotografía: Benedetta Torre, soprano italiana, como Adalgisa. Ensayo de la ópera "Norma" de Vincenzo Bellini.  La Vanguardia, 11/06/2024.

10/06/2024:

https://vivalapolitica.wordpress.com/2024/06/10/europa-avisada-estas/

domingo, 6 de noviembre de 2022

La naturaleza como arma

AGUA Y GUERRA NO CONVENCIONAL

Luis Barragán

Cursan más de quince conflictos bélicos en el mundo, francos y abiertos. En algunos casos,    inmediatamente se proyectan en todo el mundo, trastocando los principales centros de poder, mientras que, en otros, desgraciadamente, no pisan las agencias noticiosas.

            Los derechos humanos y los servicios básicos,  resultan completamente desconocidos por quienes se ensañan descaradamente contra la indefensa población civil, impidiendo la asistencia sanitaria y alimentaria, negado el agua potable. Ni siquiera, los principios, normas e instituciones del derecho internacional humanitario se procesan en las mesas de redacción.

Por supuesto, hay sed en una población sometida al inclemente bombardeo ruso. Acontecimientos, como los vividos por Ucrania,  no supone el normal funcionamiento de los servicios públicos, como el agua dispensada en los hogares espectadores de la tragedia, como podría imaginar el más ingenuo y geográficamente distanciado espectador; e, incluso, Dan Sabbagh refiere al ataque de las centrales hidroeléctricas para aumentar considerablemente el sufrimiento de la población civil con la llegada del invierno   [*].

Peor ocurre con las guerras no convencionales, jamás declaradas, pero con un saldo extraordinario de víctimas que muy aparentemente no tienen un culpable. Esta vez, no se exhiben grandes piezas de artillería, ni hacen piruetas los aviones de combate para vomitar sus misiles, sino que se deja literalmente a la intemperie a la población, padeciendo los embates de la naturaleza.

El incumplimiento por el Estado de sus responsabilidades fundamentales, ha dejado a la población a la merced de las lluvias por muy previsibles que sean, gracias la opinión del más modesto meteorólogo. Por cierto, siendo tan vistos y rentables en otras latitudes, elevando a la fama a sus presentadores, curiosamente, aún antes de la llegada del siglo XXI, en Venezuela desparecieron de los noticieros aquellos espacios dedicados al tiempo, como genéricamente se llamó el reporte de la sequía, de las lluvias y temperaturas para las próximas horas.

El desbordamiento fatal de ríos y quebradas, como los deslizamientos de tierras, huérfanos de un sistema convincente de protección civil, si no retratan exactamente un acontecimiento bélico, se parece en demasía. Constituye una manera de derrotar y humillar a la población afectada para la cual no hay planes e inversiones de contingencia, encumbrada la improvisación como el arma secreta del régimen que dice relevarlos de toda responsabilidad, dizque por distraídos.

Lo irónico es que no hay agua sana para ingerir ni para el aseo personal, sino el lodazal que queda de las tormentas con un deterioro inaudito del hábitat. La gráfica de Petrasyuk, es propia de una guerra convencional, cuya escena jamás lucirá más dramática que la de los venezolanos que intentan salvarse de un palo de agua, o atravesar la selva del Darién, fruto de un conflicto urdido con total perversión.

 [*]          Dan Sabbagh (2022) "Cynical decision to target hydro power stations will cause civilian suffering as winter freeze arrives", The Guardian, London, 01/11. La fotografía es de Oleg Petrasyuk (EPA), tomada de la misma edición.

06/11/2022:

https://guayoyoenletras.net/2022/11/06/agua-y-guerra-no-convencional/

Cfr. LB (2021) "Instituciones fundamentales del Estado Comunal", en: https://www.elnacional.com/opinion/instituciones-fundamentales-del-estado-comunal/

domingo, 7 de agosto de 2022

Caza de citas

"Ningún oficial parecía tener la intención de detenerlos. También él, al principio, al entrar en la ciudad, había hundido el gladio en todo lo que se movía. Pero luego había empezado a distinguir a los guerreros de los inofensivos civiles, y había dejado que mujeres, viejos y niños escaparan, sin esforzarse por perseguirlos. A menudo, sin embargo, los había dejado marcharse solo para ver cómo acababan contra las puntas de los gladios de sus camaradas, que no habían vacilado en despedazarlos"

Andrea Frediani

("La sombra de Julio César. Dictador I", Sea of Letters, 2022: 189)

Fotografía: Reuters/Alexander Ermochenko, explosiones en la planta de Azovstal (https://www.elconfidencial.com/mundo/2022-05-09/guerra-ucrania-rusia-dia-de-la-victoria-ultimas-noticias_3421213/).

miércoles, 27 de abril de 2022

Memorándum

UNA NOTA FACEBOOKEANA

Jonathan Benavides

Me resulta extremadamente hilarante la capacidad que tenemos los venezolanos de convertirnos en “expertos” de todo; muchos son los que presumen de saber lo que en realidad no saben, y emiten opiniones sin el mayor pudor. Recuerdo claramente cuando en los tiempos del proceso constituyente de 1999, veía desfilar por los medios de comunicación a gran cantidad de abogados convertidos por obra y gracia de la camarilla mediática en “expertos constitucionalistas”, claro está, sin demostrar ninguno sus estudios y especialización en la materia; de igual manera ocurrió con los “expertos en desastres” cuando la tragedia de Vargas, y ni mencionemos a los afamados “analistas políticos” que jamás en su vida han pisado una escuela de Ciencias Políticas.

Por este motivo he decidido escribir estas breves líneas, ya que en los meses recientes he visto cómo de manera tan temeraria tanta gente se atreve a comentar sobre la crisis ucraniana, pretendiendo compararla con nuestra propia crisis política. De allí el título de la presente, que no pretende ingresar una nueva palabra al diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero sí identificar el fenómeno (para catalogarlo de algún modo) que venimos observando al respecto.

Querido amigo, apreciado lector, por favor no repita más la falacia de la comparación de ambas crisis, porque el problema de Ucrania es en extremo más complejo que la protesta por un mal gobierno y un anacrónico modelo político y económico. La cuestión ucraniana es algo que para muchos es difícil de comprender, porque se tiende a banalizar todo y, leer y comprender solamente lo que se quiere ver; pero jamás nos detenemos a revisar los profundos problemas culturales que subyacen detrás de los meses de tensión y terror que se viven en aquel país de la Europa oriental.

Como politólogo he aprendido que los sucesos y fenómenos políticos no pueden analizarse solamente en blanco y negro, nada está determinado por el “deber ser” ya que la realidad sobrepasa esta noción con su multiplicidad de matices; dicho esto, debemos aclarar que todo análisis de estos fenómenos necesita estar acompañado de un estudio multidisciplinario que nos permita identificar las causas de los mismos y proyectar las posibles o probables consecuencias.

No dejo de reconocer los intereses económicos y políticos que están en juego en la crisis ucraniana por parte de Rusia, la Unión Europea y los Estados Unidos, pero un estudio detallado de la realidad nos muestra el plus ultra de los hechos. Podemos iniciar el análisis partiendo de la aplicación de las tesis de Gastón Bouthoul y así identificar los factores polemógenos que han influido en el conflicto de Ucrania; con el solo hecho de tomar este punto de partida y, apreciando esos fenómenos económicos, culturales, psicológicos y en particular demográficos lograremos ver claramente las enormes diferencias con nuestra crisis política. Ucrania es una unidad político territorial que económicamente depende en alto grado de la Federación de Rusia, a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos tres lustros por tratar de diversificar los ingresos fiscales acercándose a la Unión Europea, los siglos de dependencia rusa no pueden ser borrados de la noche a la mañana; así mismo, la cultura ucraniana tiene un punto de partida desde los antiguos “Rus” fundados por los colonizadores Varegos en los dos últimos siglos del primer milenio de nuestro calendario, lo cual incluso hasta influyó en la raíz del propio idioma que es compartida también con los rusos y bielorusos, así como también la religión cristiana ortodoxa, pero éste será un tema que desarrollaremos más adelante; psicológicamente una gran parte de la población se siente identificada con los movimientos prorusos tras siglos de pertenencia a ese país, lo que ha generado una identidad común con los rusos; finalmente el factor demográfico resulta el mayor elemento determinante de la crisis, ya que si observamos un mapa de Ucrania y señalamos en él las zonas en conflicto, apreciaremos que todo el oriente y sur del mismo, territorios en los cuales los movimientos que buscan adherirse a la Federación de Rusia, un porcentaje que supera hasta el 90% de la población tiene al ruso como su lengua materna, y a pesar de contar ya con más de dos décadas de vida independiente desde la desintegración de la Unión Soviética, no utilizan, o sencillamente no dominan el idioma ucraniano.

Ahora bien, pasemos a revisar otro nivel de análisis que resulta tan o más complejo como el anterior, el detallado estudio histórico de esa civilización europea oriental. Para conocer los orígenes resulta imprescindible remitirse a la “Crónica de Néstor”, historia del primer gran principado eslavo oriental que fue escrita en Kiev cerca del siglo XII; esta historia de la cual su autoría se atribuye a un monje ortodoxo de nombre Néstor, establece la tesis “normanista” de la población de esas tierras de la Europa oriental por tribus escandinavas llamados Varegos, y la misma es sustentada por otras fuentes anteriores y posteriores, ya que dicha tesis es reconocida a priori en el tratado “De Administrando Imperio” promulgado por el emperador bizantino Constantino VII y donde menciona a los habitantes varegos del Dniéper como los Rhos, y a dichas tierras como Rhosia. Otra fuente previa a la “Crónica de Néstor” que identifica a los Varegos como pobladores de las praderas orientales es la crónica carolingia “Annales Bertiniani”, escrita en el siglo IX y que ubica a esos pueblos del norte comerciando en la corte de Bizancio. Posteriormente, durante el siglo XVIII, en los tiempos de la ilustración, el historiador y naturalista westfaliano Gerhard Friedrich Müller, convertido en el historiador oficial en la corte de la zarina Isabel, validaría la “Crónica de Néstor” como fuente principal de los orígenes del Imperio Ruso, contando posteriormente con el aval de los historiadores rusos Nikolai Karamzín y Mijaíl Pogodin, siendo su único crítico el mítico Mijaíl Vasilievich Lomonósov, pero básicamente más por una cuestión de celos académicos que por rigurosidad en la investigación. Incluso, hasta la ideologizada y censurada historiografía de la era soviética que aplicaba las teorías marxistas del materialismo histórico y dialéctico, mantienen (en trabajos como los de los historiadores Mijaíl Pokrovski y Mijaíl Artamónov) una rigurosidad académica magistral en cuanto al período medieval, desvirtuándose solamente en las páginas y capítulos que corresponden a los siglos XIX y XX al incluir la “versión” del Partido Comunista de la URSS del movimiento marxista que llevaría a la constitución del “primer Estado proletario” de la historia en 1918.

Vemos en estas historias cómo a partir del siglo VIII dichas migraciones de los Varegos fueron fundando una serie de principados como el de Novgórod, Minsk, Kiev y Moscú, los cuales eran llamados “Rus”, una especie de “ciudades Estados” a través de esas estepas orientales. Fue precisamente un príncipe de Novgórod, Oleg de la dinastía Rurik, quien en el año 882 conquistaría la ciudad de Kiev y trasladaría hasta allí la capital fundando el Rus de Kiev, una unidad político territorial que abarcaría a la mayoría de los diversos principados y que iría expandiendo su territorio hacia el sur y el oriente desplazando a través de los siglos a los Jázaros, pueblo tártaro que poseía un imperio extendido hasta las costas del Mar Negro. Así mismo sería el príncipe Vladimir I el Grande quien en el año 988 se convertiría al cristianismo, fundando la Iglesia Ortodoxa Rusa que hasta nuestros días hace vida desde el Patriarcado de Moscú y que determinó la cultura y la forma de pensar, el destino manifiesto impuesto por Dios a los eslavos, de los hoy rusos, ucranianos, bielorusos, moldavos, armenios y georgianos. Cabe destacar que el rápido florecimiento de esta civilización lo permitió el hecho cierto de ser una magnífica ruta comercial hasta Asia, ya que todo el norte de África, la Península Arábiga y lo que hoy conocemos como el Medio Oriente estaban dominados por Califatos musulmanes, cerrando el paso de Europa al comercio, sin embargo, con el inicio de las Cruzadas se retomarían las rutas comerciales de Siria y Palestina lo que ocasionaría el inicio de la decadencia del Rus de Kiev hasta su disgregación final en el 1359, cuando ya debilitado caería frente a las invasiones mongolas.

Es en este contexto en el cual emergería el Principado de Moscú, el cual gracias a la cooperación que el príncipe Iván Kalitá obsequiara a los mongoles, lograría una gran ascendencia regional sobre los otros principados, al punto de lograr trasladar al metropolita Pedro de la Iglesia Ortodoxa desde Kiev a la nueva capital Moscú. De esta manera los príncipes moscovitas, de gran ambición y visión de poder, irían expandiendo las fronteras hasta que en el siglo XVI Iván IV, apodado “El Terrible” derrotara a los tártaros conquistando los kanatos de Kazan y Astracán, así como Siberia y así constituyendo el Zarato de Rusia al asumir el título de “Zar de Todas las Rusias”; aquí todos podemos comprender el por qué de dicho término “…de Todas las Rusias”, porque el Zar pasó a ser el rey de todos los principados denominados “Rus”. Este también es el período tormentoso de continuos enfrentamientos con el Reino de Polonia, el Gran Ducado de Lituania (que casi nada tiene que ver con la actual República de Lituania y sí mucho con la Bielorusia contemporánea), con la confederación constituida por estas dos y que se llamó República de las Dos Naciones y el Imperio Otomano, en particular desde que éste último conquistara Constantinopla y diera fin al viejo Imperio Bizantino. Aquí el actual territorio de Ucrania se encontraba dividido, todo el oriente y gran parte del centro y el sur bajo soberanía del Zarato Ruso, el occidente controlado por la católica Polonia, y Crimea que aún sobrevivía como un Kanato tártaro sometido al vasallaje otomano.

Ya entre los siglos XVII y XVIII y bajo los reinados de Pedro el Grande, Isabel I y Catalina la Grande, Rusia se convertiría en un Imperio, logrando una mayor extensión territorial tras las guerras contra los otomanos, polacos, suecos y las idas y venidas en sus relaciones con Austria; así se conquistó Crimea, con lo cual se obtuvo el tan ansiado acceso al Mar Negro, el control del Báltico con la fundación de San Petersburgo y el posicionamiento definitivo como potencia continental europea. A partir de aquí el control sobre Ucrania no variaría por siglos, lo cual quedaría demostrado en dos ocasiones durante el siglo XX, cuando durante la Guerra Civil que estallara luego de la Revolución Bolchevique de 1918, se presentara el intento de separación de un sector de la población ucraniana apoyando al ejército blanco, sin embargo las milicias organizadas por Trostky como el Ejército Rojo lograron el triunfo y la definitiva instauración del Estado soviético; luego, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana conocida como Operación Barbaroja, algunos ucranianos, en particular naturales del occidente de Ucrania, recibieron con los brazos abiertos a las tropas de la Wehrmacht germana, pero gran resistencia en la zona central y el oriente.

Finalmente, a mediados de la década de 1950, el premier soviético Nikita Kruschev le otorgaría la administración de la península de Crimea al gobierno de la República Socialista Federativa de Ucrania (una de las 15 que constituían el mega Estado soviético), medida que mantuvo su sucesor Leonid Brezhnev, quien era nativo de Ucrania, hasta la desintegración de la URSS en diciembre de 1991. Una vez iniciada la nueva etapa independiente, la Constitución ucraniana promulgada en la década de 1990 garantizó que el ruso continuaría siendo un idioma de uso común en el territorio, y que Crimea tendría un estatus de República Autónoma.

Como hemos podido apreciar, la historia y la cultura de Ucrania se entremezcla con la de Rusia por más de mil años; los elementos que así lo confirman están a la vista de todos. Comparten idioma, religión, tradiciones, nombres, incluso hasta la configuración de las ciudades, todas ellas con su Kremlin en el centro histórico en el cual se encuentran protegidas las típicas iglesias ortodoxas de cúpulas bulbosas. Todo esto nos lleva a plantearnos que el futuro de Ucrania, de continuar las tensiones como hasta ahora, será su propia “balcanización” y terminar como la vieja Yugoslavia, dividida en micro Estados en un sector, y el Oriente y Sur incorporado a Rusia.

14/04/2014:

https://www.facebook.com/notes/10158086816994527/

sábado, 16 de abril de 2022

De una eficaz trinchera

EL LENGUAJE DE LA GUERRA

En respuesta a la ocupación de Putin, muchos ucranianos rusoparlantes decidieron solidarizarse con sus vecinos de habla ucraniana. ¿Qué sucede con la literatura y el lenguaje en medio de un conflicto? ¿Qué pasa cuando el tema de la lengua se usa para justificar una invasión?

Ilya Kaminsky

Mi familia, arremolinada junto al umbral a las cuatro de la mañana, debatía si abrir o no la puerta a un desconocido que solo llevaba el pantalón del pijama y había pasado al menos cinco minutos llamando, despertando a todo el bloque de apartamentos. Al ver que se encendía la luz, empezó a chillar.

–¿Os acordáis de mí? Os ayudé a llevar el frigorífico desde Pridnestrovie. ¿Os acordáis? Hablamos de Pasternak en el camino. ¡Dos horas! Esta noche han bombardeado el hospital. Mi hermana trabaja de enfermera allí. He robado un camión y he pasado la frontera. No conozco a nadie más. ¿Puedo llamar por teléfono?

Así la guerra entró descalza en mi niñez hace dos décadas, en la forma de un hombre semidesnudo que hablaba por teléfono, víctima de una temprana campaña de “ayuda humanitaria” postsoviética.

2.

En una visita reciente a Ucrania, mi amigo el poeta Borís Khersonsky y yo acordamos reunirnos en un café del barrio por la mañana para hablar de Pasternak (como si fuera de lo único que se habla en nuestra parte del mundo). Pero cuando llegué a las nueve, las mesas de la acera estaban volcadas y había escombros en la calle procedentes de los lugares donde el edificio había sido bombardeado.

Una multitud, incluidos los medios de comunicación locales, se reunió en torno a Borís mientras hablaba contra los bombardeos, contra otra falsa campaña de ayuda humanitaria de Putin. Algunos aplaudían; otros movían la cabeza en señal de desaprobación. Unos meses más tarde, las puertas, los suelos y las ventanas del apartamento de Borís volaron por los aires.

Hay muchas historias así. A menudo se comparten en frases cortas y apresuradas, y después se cambia abruptamente de tema.

“Los libros verídicos sobre la guerra”, escribió Orwell, “nunca resultan aceptables para los no combatientes”.

Cuando los estadounidenses hablan de los acontecimientos recientes en Ucrania, pienso en estos versos del poema de Borís:

la gente lleva explosivos por la ciudad

en bolsas de la compra y maletas pequeñas

3.

A lo largo de los últimos veinte años, Ucrania ha sido gobernada tanto por el este rusohablante como por el oeste de habla ucraniana. El gobierno utiliza periódicamente “el asunto del lenguaje” para incitar el conflicto y la violencia, una distracción efectiva de los verdaderos problemas. El enfrentamiento más reciente surgió en respuesta a las políticas inadecuadas del presidente Yanukóvich, que más tarde escapó a Rusia. Yanukóvich era universalmente reconocido como el presidente más corrupto que había tenido el país (le habían acusado de violación y un delito de lesiones, entre otras cosas, que se remontaban a la época soviética). Sin embargo, en la actualidad, el nuevo gobierno ucraniano sigue incluyendo a oligarcas y políticos profesionales con pedigríes astutos y motivaciones cuestionables.

Cuando empezaron las tensiones entre el gobierno de Yanukóvich y las masas de manifestantes en 2013, y el presidente acosado dejó el país poco después, Putin envió a sus tropas a Crimea, un territorio ucraniano, bajo el pretexto de proteger apasionadamente a la población rusohablante. El territorio no tardó en ser anexionado. En unos meses, bajo el argumento de la ayuda humanitaria, más fuerzas militares ucranianas fueron enviadas a otro territorio ucraniano, el Donbás, donde ha empezado una guerra de poder.

Durante todo ese tiempo la protección del lenguaje ruso se ha citado continuamente como la única razón para la anexión y las hostilidades.

¿Necesita esa protección la lengua rusa en Ucrania? En respuesta a la ocupación de Putin, muchos ucranianos rusoparlantes decidieron quedarse con sus vecinos de habla ucraniana, en vez de ponerse en contra de ellos. Cuando el conflicto empezó a escalar, recibí este correo electrónico:

Yo, Boris Khersonsky, trabajo en la Universidad Nacional de Odesa, donde dirijo el departamento de psicología clínica desde 1996. Todo este tiempo he dado clase en ruso, y nadie me ha reprochado nunca “ignorar” la lengua ucraniana oficial del Estado. Más o menos domino el idioma ucraniano, pero la mayoría de mis alumnos prefieren las clases en ruso, así que doy clase en esa lengua.

Escribo poesía en ruso; mis libros se han publicado sobre todo en Moscú y San Petersburgo. Mi trabajo académico también se ha publicado allí.

Nunca (¿me oyes?: NUNCA) me ha perseguido nadie por ser un poeta ruso ni por dar clase en ruso en Ucrania. Por todas partes leo mis poemas en ruso y jamás he encontrado ninguna complicación.

Sin embargo, mañana leeré mis poemas en la lengua del Estado: el ucraniano. No será solo una lectura: será una acción de protesta en solidaridad con el Estado ucraniano. Pido a mis colegas que se unan a mí en esta acción.

Un poeta en lengua rusa se niega a leer en ruso como acto de solidaridad con la Ucrania ocupada. A medida que pasaba el tiempo, empezaron a llegar otros mensajes similares de poetas y amigos. Mi primo Peter escribió desde Odesa:

Nuestras almas están preocupadas y estamos asustados, pero la ciudad está segura. De vez en cuando algunos idiotas se levantan y dicen que son pro-Rusia. Pero en Odesa nosotros nunca le dijimos a nadie que estábamos contra Rusia. Que los rusos hagan lo que quieran y que Odesa les guste todo lo que quieran. ¡Pero no con este circo de soldados y tanques!

Otra amiga, la poeta de habla rusa Anastasia Afanasieva, escribió desde la ciudad ucraniana de Járkov sobre la campaña de “ayuda humanitaria” de Putin para proteger su lengua:

En los últimos cinco años, he visitado seis veces Ucrania occidental, de habla ucraniana. Nunca me he sentido discriminada por hablar ruso. Son mitos. En todas las ciudades de Ucrania occidental que he visitado he hablado en ruso con todo el mundo: en tiendas, en trenes, en cafeterías. He hecho nuevos amigos. Lejos de sentirse agredido, todo el mundo me trataba con respeto. Os ruego que no escuchéis la propaganda. Su propósito es separarnos. Ya somos muy diferentes, no nos convirtamos en adversarios, no creemos una guerra en un territorio donde todos vivimos juntos. La invasión militar que se está produciendo es una catástrofe para todos. No perdamos la cabeza, no temamos las amenazas que no existen, cuando hay una amenaza real: la de la invasión del ejército ruso.

Mientras leía una carta tras otra no podía dejar de pensar en el rechazo de Borís a hablar su propia lengua como acto de protesta contra la invasión militar. ¿Qué significa que un poeta se niegue a hablar su propia lengua?

¿La lengua es un lugar que puedes abandonar? ¿La lengua es un muro que puedes atravesar? ¿Qué hay al otro lado?

4.

Todos los poetas rechazan el ataque contra el lenguaje. Este rechazo se manifiesta en el silencio iluminado por los significados del léxico poético: los significados no de lo que dice la palabra, sino de lo que retiene. Como escribió Maurice Blanchot, “escribir es desconfiar absolutamente de la escritura, mientras te confías a ella por entero”.

La Ucrania de hoy es un lugar donde frases como estas se someten a examen. Otro escritor, John Berger, dice lo siguiente sobre la relación de una persona con su lengua: “Se puede decir que el lenguaje es potencialmente el único hogar humano.” Insistía en que era “la única morada que no puede ser hostil para el hombre… Se le puede decir cualquier cosa al lenguaje. Por eso nos escucha, más cerca que ningún silencio o ningún dios”. Pero ¿qué ocurre cuando un poeta rechaza su lengua como forma de protesta?

O, por decirlo en términos más amplios: ¿qué pasa con el lenguaje en tiempos de guerra? Las abstracciones adquieren muy rápidamente atributos físicos. Así es como la poeta ucraniana Liudmila Khersonska ve su propio cuerpo, mirando la guerra a su alrededor: “Enterrada en un cuello humano, una bala parece un ojo, cosido.” La guerra de la poeta Kateryna Kalytko también es un cuerpo físico: “A menudo la guerra viene y yace dentro de ti como niño / que teme que le dejen solo.”

La lengua de la poesía puede o no cambiarnos, pero muestra los cambios en nuestro interior: la poeta Anastasia Afanasieva escribe utilizando la primera persona del plural, nosotros, mostrando cómo la ocupación de un país afecta a todos sus ciudadanos, al margen de la lengua en la que hablen:

cuando un vehículo con un mortero

pasó por la calle

no preguntamos quién eres

de qué lado estás

caímos al suelo y nos quedamos ahí

5.

En otra visita a Ucrania, vi a un antiguo vecino, ahora lisiado por la guerra, que pedía limosna en la calle. No llevaba zapatos. Mientras caminaba deprisa, esperando que no me reconociera, me paró de repente su mano vacía. Como si me estuviera entregando su guerra.

Mientras me alejaba, tuve una incómoda sensación de reconocimiento. Qué similares eran su voz y las voces de los poetas ucranianos con los que hemos hablado a las voces de la gente de Afganistán e Irak, cuyas casas ha destruido el dinero de mis impuestos.

6.

A finales del siglo XX, el poeta judío Paul Celan se convirtió en el santo patrón de la escritura en tiempos de crisis. Componiendo en la lengua alemana, rompió el discurso para reflejar la experiencia de un mundo nuevo y violado. Este efecto está ocurriendo de nuevo –esta vez en Ucrania– ante nuestros ojos.

Este es el caso de la poeta Lyuba Yakimchuk, cuya familia son refugiados de Pervomaisk, una ciudad que es uno de los objetivos principales del esfuerzo de Putin de “ayuda humanitaria”. Lyuba respondió así a mis preguntas sobre sus orígenes:

Nací y me crie en la región de Luhansk, devastada por la guerra, y ahora mi ciudad natal, Pervomaisk, está ocupada. En mayo de 2014 vi el comienzo de la guerra […] En febrero de 2015 mis padres y mi abuela, que habían sobrevivido a enfrentamientos bélicos terribles, emprendieron un viaje para dejar el territorio ocupado. Se marcharon bajo las bombas, con enormes bolsas de ropa. Un amigo mío, un soldado [ucraniano], casi mata a mi abuela cuando huían.

Acerca de la literatura en tiempos de guerra, Yakimchuk escribe: “La literatura rivaliza con la guerra, quizás incluso pierde con la guerra en creatividad, de ahí que la literatura cambie por la guerra.” En sus poemas se ve cómo la guerra divide las palabras: “no me hables de Luhansk”, escribe, “hace mucho que se convirtió en hansk / Lu había sido hecha pedazos / en las aceras carmesíes”. La ciudad bombardeada de Pervomaisk “se ha roto entre pervo y maisk” y los misiles de Debaltsevo son ahora su “deb, alts, evo”. A través del prisma de este lenguaje fragmentado, la poeta se ve a sí misma:

Miro el horizonte

… Me he hecho tan vieja

ya no Lyuba

solo una -ba

Del mismo modo que el poeta rusófono Khersonsky se niega a hablar su lengua cuando Rusia ocupa Ucrania, Yakimchuk, una poeta que escribe en ucraniano, se niega a hablar una lengua no fragmentada mientras su país se fragmenta delante de sus ojos. Mientras cambia las palabras, y las divide y contrapone los sonidos dentro de ellas, los sonidos atestiguan un conocimiento que no poseen. Ya no son léxicos, pero todavía nos resultan legibles, el mundo destruido se enfrenta mudo al lector, tanto dentro del lenguaje como más allá de él. Al leer este poema de testigos, uno recuerda que la poesía no es solo una descripción de un acontecimiento; es un acontecimiento.

7.

¿Qué es exactamente el testigo de la poesía? El lenguaje de la poesía puede cambiarnos o no, pero muestra los cambios que suceden en nuestro interior. Como un sismógrafo, registra sucesos violentos. Miłosz tituló su texto seminal El testigo de la poesía “no porque seamos testigos, sino porque ella es testigo de nosotros”. Viviendo al otro lado del telón de acero, Zbigniew Herbert nos dijo algo similar: un poeta es como un barómetro para la psique de una nación. No puede cambiar el viento. Pero nos muestra qué tiempo hace.

8.

¿Examinar el caso de un poeta lírico puede mostrar de verdad algo que comparten muchos? ¿La música de una nación? ¿La música de un tiempo?

¿Cómo es que la columna vertebral de un poeta tiembla como la aguja de un barómetro? Quizás es porque el poeta lírico es una persona muy privada: en su intimidad el individuo crea un lenguaje –bastante evocativo, bastante raro– que le permite hablar, íntimamente, a mucha gente al mismo tiempo.

9.

Vivo a cientos de kilómetros de Ucrania, lejos de esta guerra, en mi cómodo patio estadounidense: ¿qué derecho tengo a escribir sobre esta guerra? Y sin embargo no puedo dejar de escribir sobre ella: no puedo dejar de meditar sobre las palabras de poetas de mi país en inglés, el lenguaje que no hablan. ¿Por qué esta obsesión? Entre las frases está el silencio que no controlo. Aunque sea una lengua diferente, el silencio entre frases sigue siendo el mismo: es el espacio en el que veo a mi familia todavía arremolinada junto al umbral a las cuatro de la mañana, discutiendo sobre si abrir o no la puerta a un desconocido que solo lleva el pantalón del pijama, que grita al otro. ~

Traducción del inglés de Daniel Gascón.

Fragmento de Words for war: New poems from Ukraine, editado por Oksana Maksymchuk y Max Rosochinsky y publicado por Academic Studies Press.

Fotografía:  https://la-lista.com/the-guardian/2022/03/12/libros-contra-bombas-como-los-ucranianos-utilizan-la-literatura-para-defenderse

01/04/2022:

https://letraslibres.com/revista/el-lenguaje-de-la-guerra/

El alivio de no ser filmado

Bucha (Reuters)
LIBERACIÓN SIN VICTORIA: LA IMPERDIBLE ENTREVISTA DE ANNE APPLEBAUM A VOLODIMIR ZELENSKY

La autora del libro “El Ocaso de la Democracia” entrevistó -junto al editor de The Atlantic- al presidente de Ucrania. El futuro del pueblo ucraniano frente a la salvaje embestida de Vladimir Putin y su respuesta más visceral ante una pregunta clave.

La prestigiosa escritora y Premio Pulitzer Anne Applebaum junto al periodista Jeffrey Goldberg -editor en jefe de The Atlantic- entrevistaron al presidente ucraniano Volodimir Zelensky quien se refirió a la segunda fase de la invasión rusa a su país y habló sobre las posibilidades de una victoria aún en la derrota militar. En su lugar de trabajo en Kiev, la capital, el líder europeo explicó al renombrado medio lo que Ucrania necesita para sobrevivir. Pero también se refirió al precio que su pueblo ya ha pagado desde el 24 de febrero hasta la actualidad, cuando se cumplen 51 días de intrusión.

A continuación los párrafos más destacables de The Atlantic:

“Kiev es ahora medio normal. Los tanques rusos quemados han sido retirados de las carreteras de acceso a la ciudad, los semáforos funcionan, el metro funciona y se pueden comprar naranjas. Una alegre orquesta de balalaika actuaba para los refugiados que regresaban a la estación de tren principal a principios de esta semana, el día que llegamos para conocer a Volodimir Zelensky, el presidente de Ucrania”, señalan los autores.

“La normalidad es engañosa. Aunque los rusos fracasaron en su campaña de apertura, siguen bombardeando la capital y ahora se están reuniendo en el este para un nuevo ataque a Ucrania. Zelensky tiene que preparar a su país, y al mundo, para unas batallas que podrían ser más mortíferas que todo lo visto hasta ahora. El general a cargo de la defensa de Kiev, Alexander Gruzevich, nos dijo durante un recorrido por los devastados suburbios del noroeste que espera que los rusos intenten volver a la capital utilizando una táctica intensificada de ‘tierra arrasada’ en el camino: destrucción total mediante artillería terrestre y ataques aéreos, seguida de la llegada de tropas”, prosiguieron.

Applebaum y Goldberg continúan: Cuando nos reunimos con Zelensky en Kiev el martes por la noche, nos dijo lo mismo: el optimismo que expresan actualmente muchos estadounidenses y europeos -e incluso algunos ucranianos- es injustificado. Si los rusos no son expulsados de las provincias orientales de Ucrania, dijo Zelensky, “pueden volver al centro de Ucrania e incluso a Kiev. Es posible. Ahora no es el momento de la victoria”. Ucrania puede ganar -y con “ganar” se refiere a seguir existiendo como Estado soberano, aunque permanentemente asediado- sólo si sus aliados en Washington y en toda Europa se mueven con presteza para armar suficientemente al país. “Tenemos una oportunidad muy pequeña”, dijo.

“Era tarde cuando nos reunimos con Zelensky en su recinto. Las calles circundantes estaban atrincheradas y vacías, y el propio edificio estaba casi totalmente a oscuras. Unos soldados con linternas nos condujeron a través de un laberinto de pasillos con sacos de arena hasta una sala sin ventanas y muy iluminada, adornada únicamente con banderas ucranianas. No hubo un protocolo formal, ni una larga espera, ni nos dijeron que nos sentáramos en el extremo de una mesa alargada. Zelensky, el cómico que se ha convertido en un icono mundial de la libertad y la valentía, entró en la sala sin hacer ruido”, señalaron los autores.

La autora de El Telón de Acero y el editor de The Atlantic subrayaron la particular entrada de Zelensky al lugar en el que lo entrevistaron: “¡Hola!”, dijo, alegremente, y luego procedió a quejarse de su espalda. (“Tengo espalda, y por eso tengo algunos problemas, ¡pero está bien!”). Nos agradeció que no filmáramos la entrevista: Aunque ha sido un actor profesional de televisión durante toda su vida adulta, es un alivio no ser filmado de vez en cuando.

“Tanto dentro como fuera de la cámara, Zelensky se comporta con una deliberada falta de pretensiones. En una parte del mundo en la que el liderazgo suele implicar una postura rígida y unos modales pomposos -y en la que la señalización de la autoridad militar requiere, como mínimo, unas charreteras muy visibles-, él, en cambio, evoca simpatía y sentimientos de confianza precisamente porque suena, en palabras de un conocido ucraniano, ‘como uno de nosotros’. Es una especie de anti-Putin: En lugar de telegrafiar una superioridad asesina de ojos fríos, quiere que la gente lo entienda como un hombre común, un padre de mediana edad con problemas de espalda”, enfatizaron.

“Comenzamos la entrevista recordando a Zelensky, presidente judío de un país mayoritariamente cristiano ortodoxo y católico, que sus palabras iban a aparecer el Viernes Santo del calendario occidental y justo antes del primer seder de la Pascua judía, una fiesta que marca la liberación de una nación esclavizada de un malvado dictador”.

“‘Tenemos faraones en los países vecinos’, dijo Zelensky, sonriendo. (El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, es, en la mente de muchos ucranianos, una especie de faraón adjunto a Putin). Pero aunque los ucranianos se enfrentan a un enemigo formidable, no anhelan un éxodo: ‘No nos vamos a ninguna parte’. Tampoco planea Zelensky pasar 40 años vagando por el desierto. ‘Ya tenemos 30 años de nuestra independencia. No me gustaría que lucháramos por nuestra independencia durante otros 10 años’”, escribieron Applebaum y Goldberg.

“La invasión rusa le ha hecho dudar de si todavía es posible asociar la religión con la moral. ‘No entiendo cuando los representantes religiosos de Rusia’ -aquí se refería al patriarca pro-Putin de la Iglesia Ortodoxa Rusa- ‘dicen que dan poder a los soldados para que maten a los ucranianos’. Y lo que es peor, ‘no puedo entender cómo un país cristiano, la Federación Rusa, con la mayor comunidad ortodoxa del mundo, esté matando gente en estos mismos días’. Durante la temporada de Pascua, los rusos están planeando ‘una gran batalla en Donbas’, la región ocupada por Rusia en el extremo oriental de Ucrania. ‘Este no es un comportamiento cristiano en absoluto, según tengo entendido. En Pascua matarán, y los matarán’”.

Applebaum y Godberg continuaron: Como resultado, muchos ucranianos van a pasar la temporada santa bajo asedio, escondidos en sótanos. Otros no vivirán para ver la fiesta en absoluto. Hace apenas unas horas, a primera hora de la mañana del viernes, las bombas rusas volvieron a golpear Kiev. “Definitivamente, Ucrania no está de humor para celebrar”, dijo Zelensky. “La gente suele rezar por el futuro de sus familias y sus hijos. Creo que hoy rezarán por el presente, para salvar a todos”.

“Zelensky pasa gran parte de su tiempo al teléfono, en Zoom, en Skype, respondiendo a las preguntas de presidentes y primeros ministros, a menudo las mismas preguntas, repetidas hasta la saciedad. ‘Me gustan las preguntas nuevas’, dice. ‘No es interesante responder a las preguntas que ya has oído’. Se siente frustrado, por ejemplo, por las repetidas peticiones de su lista de deseos de sistemas de armas. ‘Cuando algunos dirigentes me preguntan qué armas necesito, necesito un momento para calmarme, porque ya se lo dije la semana anterior. Es el día de la marmota. Me siento como Bill Murray’”.

“Dice que no tiene más remedio que seguir intentándolo. ‘Vengo y digo que necesito esta arma en particular. Ustedes la tienen y aquí está; sabemos dónde está guardada. ¿Puede dárnosla? Podemos incluso volar con nuestros propios aviones de carga y recogerla; podemos incluso enviar tres aviones al día. Necesitamos vehículos blindados, por ejemplo. Y no uno por día. Necesitamos de 200 a 300 por día. No son taxis personales, sólo para mí; nuestros soldados necesitan transporte. Hay vuelos disponibles, se puede organizar todo, podemos hacer toda la logística’”.

Esa lista incluye, según cuentan los autores de la nota: sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple; vehículos blindados (transporte de personal, de infantería, entre tantos otros); tanques T-72 o tanques similares de Estados Unidos o Alemania; sistemas de defensa aérea S-300, “BUK” o equivalentes occidentales; aviones militares, los que Ucrania considera esenciales. Piezas de artillería.

Zelensky: ‘No están en contra de nosotros. Simplemente viven en una situación diferente. Mientras no hayan perdido a sus padres e hijos, no sienten lo mismo que nosotros’. Hace la comparación con las conversaciones que mantiene con los extraordinarios defensores de Mariupol, la ciudad portuaria asediada del Mar Negro en la que pueden haber muerto hasta ahora 21.000 civiles. ‘Por ejemplo, dicen: ‘Necesitamos ayuda; tenemos cuatro horas’. Y ni siquiera en Kiev entendemos qué son cuatro horas. En Washington seguro que no lo entienden. Sin embargo, estamos agradecidos a Estados Unidos, porque los aviones con armas siguen llegando’”.

“El jefe de gabinete de Zelensky, Andriy Yermak, habló con nosotros más tarde esa noche, y también expresó su confusión sobre el ritmo al que se mueve la administración Biden. Washington está proporcionando nuevas armas cada día, y el presidente Joe Biden acaba de comprometerse con 800 millones de dólares adicionales para la defensa de Ucrania. Yermak nos dijo que él y Zelensky tienen relaciones sólidas con muchos actores estadounidenses clave, una ruptura con la administración anterior, que retiró a su embajador justo antes de la ‘llamada telefónica perfecta’ de Donald Trump con Zelensky (la llamada que desencadenó la primera destitución) y nunca la reemplazó. Biden, dijo Yermak, es ‘un hombre en el que se puede confiar, no sólo un político’. Tuvo elogios para los secretarios de Estado y de Defensa, y para los líderes del Congreso. Y elogió al asesor de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan: ‘No hay un solo minuto en el que no hayamos hablado específicamente o en sustancia’, dijo”.

“¿Así que todo el mundo es genial, pero las armas no llegan lo suficientemente rápido? ‘Por favor, dígame con quién más debo hablar’, dijo Yermak”.

Applebaum y Goldberg continuaron: Zelensky entiende que su tarea no consiste simplemente en hacer peticiones de armas y expresar urgencia, sino también en superar los viejos estereotipos de Ucrania como país corrupto e incompetente, así como la propaganda rusa que niega a Ucrania el derecho a ser un Estado. Quiere presentar una imagen de Ucrania como un Estado moderno y liberal, unificado por un nacionalismo cívico y no puramente étnico.

“Estados Unidos, Gran Bretaña, la UE y los países europeos siempre han sido escépticos respecto a nuestro desarrollo, a nuestra “europeidad””, dijo Zelensky. Pero ahora “muchos de ellos han cambiado su visión de Ucrania y nos ven como iguales”. No tiene tiempo para las instituciones internacionales. Cuando se le pregunta por el papel de las Naciones Unidas en la defensa de Ucrania, uno de sus Estados miembros, frente a Rusia, miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, pone los ojos en blanco y hace una mueca tragicómica. “Menos mal que no tenemos un vídeo”, dice. “Sólo hay que describir con palabras lo que se ve en mi cara”. Tanto Zelensky como Yermak han estado pensando y hablando sobre cómo podrían ser las instituciones internacionales alternativas. Tal vez debería haber una lista de violaciones de los derechos humanos o de crímenes de guerra que desencadenen respuestas automáticas, nos sugirió Yermak. Ahora mismo, el proceso de emitir declaraciones, anunciar sanciones, dar respuestas de cualquier tipo es demasiado complejo, demasiado burocrático y, sobre todo, demasiado lento.

“Pero si los líderes occidentales pueden frustrar a Zelensky, los rusos lo envían a la desesperación. De vez en cuando, desde que comenzó la guerra, ha hablado en ruso y se ha dirigido al público ruso, algo que está acostumbrado a hacer: Es lo que antes hacía para ganarse la vida. Su productora de cine y televisión era una de las mayores de la región, con una oficina en Moscú y espectadores en toda la antigua Unión Soviética”.

“Su fructífera relación con Rusia y los rusos llegó a su fin en 2014, cuando la gente que conocía desde hacía años dejó de hablarle: ‘Simplemente no me esperaba que la gente, muchos compañeros, conocidos -pensaba que eran amigos, pero no lo eran- dejaran de coger el teléfono’. Desde entonces, mucha gente que conoce ha cambiado, ‘se ha vuelto más brutal’. A medida que Rusia ha ido cerrando alternativas a los medios de comunicación estatales -cerrando periódicos, canales de televisión y emisoras de radio independientes-, Zelensky se ha dado cuenta de que sus antiguos conocidos se han retirado aún más. ‘Incluso esa pequeña parte de gente inteligente, que estaba allí, empezó a vivir en esta burbuja informativa’, y le resulta muy difícil abrirse paso. ‘Es el virus de Corea del Norte. La gente recibe mensajes integrados absolutamente verticales. La gente no tiene otro camino; vive en él’. Tiene claro el autor de los mensajes: ‘Putin ha invitado a la gente a este búnker de información, por así decirlo, sin que lo sepan, y viven en él. Es, como cantaban los Beatles, un submarino amarillo’”.

El texto prosigue: Ahora, cuando la propaganda rusa se vuelve más barroca, a veces le cuesta saber cómo procesarla. Tal vez por eso recurre a menudo a analogías culturales: “La forma en que dicen que nos comemos a la gente aquí, que tenemos palomas asesinas, armas biológicas especiales... Hacen vídeos, crean contenidos y muestran pájaros ucranianos que supuestamente atacan sus aviones. Putin y Lukashenko hacen que parezca una especie de Monty Python político”.

“Para que Ucrania tenga un futuro seguro, dice, habrá que romper la barrera informativa rusa. Los rusos no sólo necesitan tener acceso a los hechos; necesitan ayuda para entender su propia historia, lo que han hecho a sus vecinos. Por el momento, dice Zelensky, ‘tienen miedo de admitir su culpa’. Los compara con ‘los alcohólicos [que] no admiten que son alcohólicos’. Si quieren recuperarse, ‘tienen que aprender a aceptar la verdad’. Los rusos necesitan líderes que elijan, líderes en los que confíen, ‘líderes que puedan llegar y decir: ‘Sí, lo hicimos’. Así es como funcionó en Alemania’”.

“A lo largo de la conversación, Zelensky hizo gala de sus dotes de espontaneidad, ironía y sarcasmo. No contó chistes, exactamente, pero dijo que no puede desprenderse del humor por completo. ‘Creo que cualquier persona normal no puede sobrevivir sin él. Sin sentido del humor, como dicen los cirujanos, no serían capaces de realizar cirugías, de salvar vidas y también de perder gente. Sencillamente, perderían la cabeza sin humor’”.

Applebaum y Goldberg continúan con la entrevista: Lo mismo ocurre ahora con los ucranianos: “Podemos ver la tragedia que tenemos, y es difícil vivir con ella. Pero hay que vivir con ello... No puedes tomarte en serio lo que dicen cada día los políticos rusos y Lukashenko. Si te lo tomas en serio, más vale que te cuelgues”.

¿Tiene Putin miedo al humor?, le preguntan los autores del artículo de The Atlantic.

“‘Mucho’”, dijo Zelensky. El humor, explicó, revela verdades más profundas. La famosa serie de televisión que protagonizaba Zelensky, Siervo del Pueblo, se burlaba de la pomposidad de los políticos ucranianos, atacaba la corrupción y presentaba al pequeño como un héroe; muchos de sus sketches eran ingeniosas sátiras de los líderes políticos y sus actitudes. ‘A los bufones se les permitía decir la verdad en los reinos antiguos’, dijo, pero Rusia ‘teme la verdad’. La comedia sigue siendo ‘un arma poderosa’ porque es accesible. ‘Los mecanismos complejos y las formulaciones políticas son difíciles de entender para los humanos. Pero a través del humor, es fácil; es un atajo’”.

En otro tramo de la entrevista con el presidente ucraniano, los autores plantean los costos que debió padecer el pueblo que lidera para enfrentar a los invasores de Putin. “El humor en Ucrania es ahora principalmente del tipo más oscuro. En algunos momentos, Zelensky parecía aturdido por la crueldad de todo ello. Intentó explicar por qué no puede sentir -porque la mayoría de los ucranianos no pueden sentir- mucha satisfacción por sus victorias en el campo de batalla. Sí, expulsaron al poderoso ejército ruso de la parte norte del país. Sí, mataron, según sus cálculos, a más de 19.000 soldados rusos. Sí, afirman haber capturado, destruido o dañado más de 600 tanques. Sí, dicen haber hundido el buque insignia de la flota rusa del Mar Negro. Sí, han cambiado la imagen de su país, y su comprensión de sí mismos. Pero el precio ha sido colosal”.

“Demasiados ucranianos, nos dijo Zelensky, no murieron en la batalla, sino ‘en el acto de la tortura’. Los niños se congelaron escondidos en los sótanos; las mujeres fueron violadas; los ancianos murieron de hambre; los peatones fueron abatidos en la calle. ‘¿Cómo podrá esta gente disfrutar de la victoria?’, preguntó. ‘No podrán hacer a los soldados rusos lo que [los rusos] hicieron a sus hijos o hijas... así que no sienten esta victoria’. La verdadera victoria, dijo, sólo llegará cuando los autores sean juzgados, condenados y sentenciados”.

“¿Cuánto tiempo tenemos que esperar?”, interroga.

“De repente, lo convirtió en algo personal. Tiene dos hijos, nos recordó. ‘Mi hija tiene casi 18 años. No quiero imaginarme, pero si le hubiera pasado algo a mi hija, no me habría conformado con que el ataque hubiera sido repelido y los soldados hubieran huido’, dijo. ‘Habría buscado a esas personas y las habría encontrado. Y entonces sentiría la victoria’”, señalan los periodistas.

- ¿Qué habría hecho al encontrarlos?

- No lo sé. Todo.

“Luego, como si recordara el papel que le ha dado la historia, como avatar de la civilización democrática que se enfrenta a la crueldad de un régimen sin ley, se puso reflexivo. ‘Te das cuenta de que si quieres ser miembro de una sociedad civilizada, tienes que calmarte, porque la ley lo decide todo’”.

15/04/2022:

https://www.infobae.com/america/mundo/2022/04/15/liberacion-sin-victoria-la-imperdible-entrevista-de-anne-applebaum-a-volodimir-zelensky/

LIBERATION WITHOUT VICTORY

In a wide-ranging conversation at his compound in Kyiv, Ukrainian President Volodymyr Zelensky tells The Atlantic what Ukraine needs to survive—and describes the price it has paid.

By Anne Applebaum and Jeffrey Goldberg

Kyiv is halfway normal now. Burnt-out Russian tanks have been removed from the roads leading into the city, traffic lights work, the subway runs, oranges are available for purchase. A cheerful balalaika orchestra was performing for returning refugees at the main rail station earlier this week, on the day we arrived to meet Volodymyr Zelensky, the president of Ukraine.

The normality is deceiving. Although the Russians botched their opening campaign, they continue to bombard the capital and are now gathering in the east for a renewed attack on Ukraine. Zelensky has to prepare his country, and the world, for battles that could be deadlier than anything seen so far. The general in charge of the defense of Kyiv, Alexander Gruzevich, told us during a tour of the ravaged northwestern suburbs that he expects the Russians to try to return to the capital using intensified “scorched earth” tactics along the way: total destruction by ground artillery and air strikes, followed by the arrival of troops.

When we met Zelensky in Kyiv on Tuesday night, he told us the same thing: The optimism that many Americans and Europeans—and even some Ukrainians—are currently expressing is unjustified. If the Russians are not expelled from Ukraine’s eastern provinces, Zelensky said, “they can return to the center of Ukraine and even to Kyiv. It is possible. Now is not yet the time of victory.” Ukraine can win—and by “win,” he means continue to exist as a sovereign, if permanently besieged, state—only if its allies in Washington and across Europe move with alacrity to sufficiently arm the country. “We have a very small window of opportunity,” he said.

It was late in the evening when we met Zelensky at his compound. The surrounding streets were barricaded and empty, the building itself almost entirely blacked out. Soldiers with flashlights led us through a maze of sandbagged corridors to a harshly lit, windowless room adorned only with Ukrainian flags. There was no formal protocol, no long wait, and we were not told to sit at the far end of an elongated table. Zelensky, the comedian who has become a global icon of freedom and bravery, entered the room without fanfare.

“Hi!” he said, brightly, and then proceeded to complain about his back. (“I have a back, and that’s why I have some problems, but it’s okay!”) He thanked us for not filming the interview: Even though he’s been a professional television performer for all of his adult life, it’s a relief to occasionally go unfilmed.

On or off camera, Zelensky conducts himself with a deliberate lack of pretense. In a part of the world where leadership usually implies stiff posture and a pompous manner—and where signaling military authority requires, at a minimum, highly visible epaulets—he instead evokes sympathy and feelings of trust precisely because he sounds, in the words of a Ukrainian acquaintance, “like one of us.” He is a kind of anti-Putin: Rather than telegraphing a cold-eyed, murderous superiority, he wants people to understand him as an Everyman, a middle-aged dad with a bad back.

We started the interview by reminding Zelensky, the Jewish president of a mostly Orthodox Christian and Catholic country, that his words were going to appear on Good Friday on the Western calendar and just before the first seder of Passover, a holiday that marks the liberation of an enslaved nation from an evil dictator.

“We have pharaohs in neighboring countries,” Zelensky said, smiling. (The Belarusian president, Alexander Lukashenko, is, in the minds of many Ukrainians, a sort of deputy pharaoh to Putin.) But although Ukrainians face a formidable enemy, they are not longing for an exodus: “We’re not going anywhere.” Nor does Zelensky plan to spend 40 years wandering in the desert. “We already have 30 years of our independence. I would not want us to fight for our independence for another 10 years.”

Russia’s invasion has caused him to doubt whether it is still possible to associate religion with morality. “I do not understand when religious representatives of Russia”—here he meant the pro-Putin patriarch of the Russian Orthodox Church—“say they are faithfully empowering soldiers to kill Ukrainians.” Worse, “I cannot understand how a Christian country, the Russian Federation, with the largest Orthodox community in the world, will be killing people on these very days.” During the Easter season, the Russians are planning “a great battle in Donbas,” the Russian-occupied region in Ukraine’s far east. “This is not Christian behavior at all, as I understand it. On Easter they will kill, and they will be killed.”

As a result, many Ukrainians are going to spend the holy season under siege, hiding in basements. Others will not live to see the holiday at all. Just a few hours ago, early Friday morning, Russian bombs struck Kyiv again. “Ukraine is definitely not in the mood for celebration,” Zelensky said. “People usually pray for the future of their families and their children. I think that today they will pray for the present, just to save everyone.”

Much of Zelensky’s time is spent on the telephone, on Zoom, on Skype, answering the questions of presidents and prime ministers—often the same questions, repeated to a maddening degree. “I like new questions,” he said. “It’s not interesting to answer the questions you already heard.” He is frustrated, for instance, by repeated requests for his wish list of weapons systems. “When some leaders ask me what weapons I need, I need a moment to calm myself, because I already told them the week before. It’s Groundhog Day. I feel like Bill Murray.”

He says he has no choice but to keep trying. “I come and say that I need this particular weapon. You have it and here it is; we know where it is stored. Can you give it to us? We can even fly our own cargo planes and pick it up; we can even send three planes per day. We need armored vehicles, for example. And not one per day. We need 200 to 300 per day. These aren’t personal taxis, just for me; our soldiers need transport. Flights are available, the whole thing can be organized, we can do all the logistics.”

Later that night, one of Zelensky’s advisers texted us with a list of what, exactly, Ukraine needs to repel the invasion from the east:

Artillery, 155 millimeters

Artillery shells, 152 millimeters as many as possible

Multiple Launch Rocket Systems (“Grad”, “Smerch”, “Tornado” or M142 HIMARS)

Armored vehicles (armored personnel carriers, infantry fighting vehicles, others)

Tanks (T-72 tanks or similar tanks from the USA or Germany)

Air defense systems (S-300, “BUK” or western equivalents)

Military aircraft—MUST HAVE—to deblock our cities and save millions of Ukrainians as well as millions of Europeans)

It’s not that the various presidents and prime ministers who profess sympathy for the Ukrainian cause don’t want to help, Zelensky said: “They are not against us. They just live in a different situation. As long as they have not lost their parents and children, they do not feel the way we feel.” He makes the comparison to the conversations he has with the extraordinary defenders of Mariupol, the besieged port city where 21,000 civilians may have been killed so far. “For example, they say, ‘We need help; we have four hours.’ And even in Kyiv we don’t understand what four hours are. In Washington for sure they can’t understand. However, we are grateful to the U.S., because the planes with weapons are still coming.”

Zelensky’s chief of staff, Andriy Yermak, spoke with us later that evening, and also expressed his confusion about the pace at which the Biden administration moves. Washington is providing new weapons every day, and President Joe Biden just made an additional $800 million commitment to the defense of Ukraine. Yermak told us that he and Zelensky have strong relationships with many key American players—a break from the previous administration, which withdrew its ambassador just before Donald Trump’s “perfect phone call” with Zelensky (the call that triggered the first impeachment) and never replaced her. Biden, Yermak said, is “a man who can be trusted, not just a politician.” He had compliments for the secretaries of state and defense, and for leaders of Congress. And he praised Biden’s national security adviser, Jake Sullivan: “There is not a single minute when we did not speak specifically or in substance,” he said.

So everybody is great, but the weapons don’t come fast enough?

“Please tell me with whom else I should speak,” Yermak said.

Zelensky understands that his task is not merely to issue weapons requests and express urgency, but also to overcome old stereotypes of Ukraine as corrupt and incompetent, as well as the Russian propaganda that denies Ukraine the right to statehood. He wants to present an image of Ukraine as a modern and liberal state, one unified by a civic, as opposed to a purely ethnic, nationalism.

“The U.S., Britain, the EU, and European countries have always been skeptical of our development, of our ‘Europeanness,’” he said. But now “many of them have changed their view of Ukraine and see us as equals.” He has no time at all for international institutions. When he is asked about the role of the United Nations in defending Ukraine, one of its member states, from Russia, a member of the UN Security Council, he rolls his eyes and grimaces tragicomically. “Good thing we don’t have a video,” he says. “Just describe with words what you see on my face.” Both Zelensky and Yermak have been thinking and talking about what alternative international institutions might look like. Perhaps there should be a list of human-rights violations or war crimes that trigger automatic responses, Yermak suggested to us. Right now, the process of issuing statements, announcing sanctions, providing responses of any kind is too complex, too bureaucratic, and above all too slow.

But if Western leaders can frustrate Zelensky, Russians send him careering toward despair. He has, from time to time since the war began, spoken in Russian and addressed Russian audiences, something he is accustomed to doing: It’s what he once did for a living. His film and television production company was one of the biggest in the region, with an office in Moscow and viewers across the former Soviet Union.

His productive relationship with Russia and Russians came to an end in 2014, when people he had known for years stopped talking to him: “I just did not expect that people, a lot of partners, acquaintances—I thought they were friends, but they were not—just stopped picking up the phone.” Since then, many people he knows have changed, “become more brutal.” As Russia has shut down alternatives to state media—closing independent newspapers, television channels, and radio stations—Zelensky has found that his old acquaintances retreated further. “Even that small share of intelligent people, which was there, began to live in this informational bubble,” and he finds it very difficult to break through. “It’s the North Korean virus. People are getting absolutely vertical integrated messages. People don’t have any other way; they live in it.” He is clear about the author of the messages: “Putin has invited people into this information bunker, so to speak, without their knowledge, and they live there. It is, as the Beatles sang, a yellow submarine.”

Now, as Russian propaganda grows more baroque, he sometimes has trouble knowing how to process it. Perhaps that’s why he often leans on pop-cultural analogies: “The way they say that we’re eating people here, that we have killer pigeons, special biological weapons … They make videos, create content, and show Ukrainian birds supposedly attacking their planes. Putin and Lukashenko—they make it sound like some kind of political Monty Python.”

If Ukraine is to have a secure future, he says, the Russian information barrier will have to be broken. Russians don’t just need access to facts; they need help understanding their own history, what they have done to their neighbors. At the moment, Zelensky says, “they are afraid to admit guilt.” He compares them to “alcoholics [who] don’t admit that they are alcoholic.” If they want to recover, “they have to learn to accept the truth.” Russians need leaders they choose, leaders they trust, “leaders who can then come in and say, ‘Yes, we did that.’ That’s how it worked in Germany.”

Throughout the conversation, Zelensky displayed his gifts for spontaneity, irony, and sarcasm. He didn’t tell jokes, exactly, but he said that he cannot part with humor altogether. “I think that any normal person cannot survive without it. Without a sense of humor, as surgeons say, they would not be able to perform surgeries—to save lives and to lose people as well. They would simply lose their minds without humor.”

The same is true now for Ukrainians: “We can see what a tragedy we have, and it’s hard to live with it. But you have to live with it … You can’t be serious about what Russian politicians and Lukashenko say every day. If you take it seriously, you might as well go and hang yourself.”

Is Putin afraid of humor?

“Very much so,” Zelensky said. Humor, he explained, reveals deeper truths. The famous television series in which Zelensky starred, Servant of the People, mocked the pomposity of Ukrainian politicians, attacked corruption, and presented the little guy as a hero; many of his sketches were clever satires of political leaders and their attitudes. “Jesters were allowed to tell the truth in ancient kingdoms,” he said, but Russia “fears the truth.” Comedy remains “a powerful weapon” because it is accessible. “Complex mechanisms and political formulations are difficult for humans to grasp. But through humor, it’s easy; it’s a shortcut.”

Humor in Ukraine is now mainly of the darkest kind. At certain moments, Zelensky appeared stunned by the cruelty of it all. He tried to explain why he cannot feel—why most Ukrainians cannot feel—much sense of satisfaction in their underdog battlefield victories. Yes, they expelled the mighty Russian army from the northern part of the country. Yes, they killed, by their count, more than 19,000 Russian soldiers. Yes, they claim to have captured, destroyed, or damaged more than 600 tanks. Yes, they say they’ve sunk the flagship of the Russian Black Sea Fleet. Yes, they changed the image of their country, and their understanding of themselves. But the price has been colossal.

Too many Ukrainians, Zelensky told us, died not in battle, but “in the act of torture.” Children got frostbite hiding in cellars; women were raped; elderly people died of starvation; pedestrians were shot down in the street. “How will these people be able to enjoy the victory?” he asked. “They will not be able to do to the Russian soldiers what [the Russians] did to their children or daughters … so they do not feel this victory.” Real victory, he said, will come only when the perpetrators are tried, convicted, and sentenced.

But when will that be? “How long do we have to wait? It’s a long process, these courts, tribunals, international courts.”

Abruptly, he made it personal. He has two children, he reminded us. “My daughter is almost 18. I don’t want to imagine, but if something had happened to my daughter, I would not have been satisfied if the attack had been repelled and the soldiers had run away,” he said. “I would have looked for these people and I would have found them. And then I would feel victory.”

What would he have done when he found them?

“I don’t know. Everything.”

Volodymyr Zelensky sits down for an interview with Jeffrey Goldberg and Anne Applebaum. Kyiv, Ukraine. Tuesday, April 12, 2022. (Christopher Occhicone for The Atlantic)

But he feels, viscerally, what so many Ukrainians feel. “There will be no complete victory for people who lost their children, relatives, husbands, wives, parents. That’s what I mean,” he said. “They will not feel the victory, even when our territories are liberated.”Then, as if remembering the role history has given him, as an avatar of democratic civilization confronting the cruelty of a lawless regime, he became reflective. “You realize that you want to be a member of a civilized society, you have to calm down, because the law decides everything.”

Peter Pomerantsev contributed additional reporting.

Anne Applebaum is a staff writer at The Atlantic, a fellow at the SNF Agora Institute at Johns Hopkins University, and the author of Twilight of Democracy: The Seductive Lure of Authoritarianism.

Jeffrey Goldberg is the editor in chief of The Atlantic and a recipient of the National Magazine Award for Reporting. He is the author of Prisoners: A Story of Friendship and Terror.

APRIL 15, 2022, 8 AM ET: 

https://www.theatlantic.com/international/archive/2022/04/zelensky-kyiv-russia-war-ukrainian-survival-interview/629570/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY