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sábado, 16 de julio de 2022

Brevísima inspección ocular: le falta al alcalde kazajo probar acá


Hoy, Federico Alves publica un Tweed harto interesante, como sugestivo: "En Kazajstán, los activistas sociales pusieron en sillas de ruedas al alcalde y a un contratista de carreteras, después de lo cual fueron a comprobar el entorno accesible de la calle.  @ChanesteSA". Enseguida, recordamos estos breves videos tomados recientemente, en una de las calles aledañas a la Iglesia de la Coromoto de El Paraíso (Caracas). 

domingo, 27 de marzo de 2022

Basurales

ZAMURAJE

Luis Barragán

Desde muy antes, por ejemplo, el zamuro se hizo de un cupo en Caracas.  Al igual que ocurría con las antiguas antenas parabólicas que encopetaban los edificios, todavía emblemáticamente se posa en la cámara (alta) de la fachada sur del Capitolio Federal, orondo y desafiante de posar para cualquier otra cámara (baja) del curioso transeúnte.

        Crecientemente domina los cielos de la metrópoli del deterioro, hastiado de las opciones gasatronómicas de Filas de Mariches. Ícono indeseado, es notable la distancia que guarda con la guacamaya tan festejada en las redes digitales con olvido de la paloma aniquilada por todos estos años, como jamás lo hubiese imaginado Pérez Bonalde.

        Por cierto, el término se ha convertido en un venezolanismo ya de varias acepciones, destacando la de la rapacidad.  Y, si bien es cierto y plausible el papel jugado por el zamuro en el ecosistema natural, no menos cierto y condenable lo es en cuanto al cada vez más imperfecto ecosistema político.

       La notoria presencia del zamuro se debe al basural de diaria siembra en el municipio Libertador y, aunque el espectáculo es menor en los sectores de la capital que se extiende a los de Chacao y Baruta, las exageradas tarifas del servicio de recolección, por muy subsidiadas que se encuentren por las respectivas alcaldías, forman parte de la rapiña contemporánea. Ésta vez, el Estado es el que adquiere otras connotaciones que conciernen más al criminólogo que al teórico en materia constitucional. 

         De modo que, al denominar como ciudad zamuro la escandalosa y miserable involución que hemos experimentado,  no pretendemos exterminar la especie, siendo otro el problema: el zamuraje devenido régimen.  El descenso a los infiernos de nuestra calidad de vida es parte del deliberado esfuerzo por relegarnos a nuestros hogares, más de las veces, precarios, desurbanizados los entornos inmediatos.

27/03/22:

https://www.lapatilla.com/2022/03/27/luis-barragan-zamuraje/

lunes, 21 de marzo de 2022

Hábitat militarizado

ZAMURO CIUDAD, ZAMURO

Luis Barragán

Desterrados los arquitectos y urbanistas de la crónica frecuente, sufrimos la ciudad que tenemos por tal, con ausencia de una crítica cotidiana,  abierta y fundada que la explique –  metrópoli generalizada del deterioro –  en franca y descarada involución, apenas maquillada. Aventajada frente a otras que no gozan del flujo continuo de electricidad, por ejemplo, Caracas es el prototipo de la localidad preventivamente sitiada, silenciosamente bombardeada, plagada de inútiles trincheras, en contraste con los reducidos y amurallados espacios del poder establecido que sueña con una ciudadela como la del Kremlin, dispensándola de tanto acordonamiento de guardaespaldas.

            La urbe parece ideal para una remodelación masiva, una reparación audaz que se atreva en lo posible al detalle quirúrgico, imposibilitada toda restauración  que pueda devolverle la memoria de sus ya remotos esplendores.  Sin embargo, supone una gigantesca inversión de lo que no se tiene, pese a la apuesta con lo disponible al recordar el importante precedente de lo que se dio en llamar Ciudad Saigón: la Plaza Diego Ibarra, emporio de la discografía y filmografía pirata, bucanera y corsaria, por varios años, que convirtió prontamente su improvisada estantería en una colmena de locales muy cotizados por las mafias que sostuvieron el negocio; después, saqueada hasta la tubería de cobre del otrora referente que complementó a las torres del Centro Simón Bolívar, el régimen la reconstruyó ideando una extensa playa de concreto para sus eventuales movilizaciones de masas.

           La clave reside precisamente en el abandono, la negligencia y malquerencia para castigar a sus habitantes,  desmoralizándolos, por lo que  la basura acumulada, la que anida en cada resquicio citadino,  queda para el descuartizamiento de hombres y mujeres que le dan alcance a las bolsas, ahora, en competencia con los zamuros. Éstos prevalecen cada vez más para emblematizarnos frente a las guacamayas, relegadas las palomas a un trance de vieja cursilería poética: comparten el cadáver de un gato al que arrastran en una feria de la descomposición del basural, atascado en las pequeñas cuestas del pavimento irregular y cuarteado, con lagunas de aguas putrefactas, sin más vegetación que la maleza.

           La ciudad zamuro paulatinamente ha inutilizado las calles y avenidas de creciente riesgo, propicias a cualquier asalto o accidente vial, apenas iluminadas exclusivamente desde las casas y edificios tan depreciados. Sólo de tránsito muy indispensable, se apartan del sistema vial que tampoco cuenta con la debida señalización o un elemental semáforo, inducida la ciudadanía a acantonarse en sus hogares.

            La urbe de los peligros, exhibe libremente un dispositivo de gas doméstico o un cableado que pierde sus protectores, cuales minas prometedoras de desgracias que los bomberos quizá no puedan atender, sumergidos también en el deterioro. Se nos antoja un hábitat militarizado, por los riesgos y peligros que comporta en consonancia con un régimen comunalizador de la barbarie.

Fotografías: LB (Caracas, 28/01,  11 y 20/03/2022).

22/03/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/zamuro-ciudad-zamuro/

                                                 https://www.youtube.com/watch?v=3NO7y24-BBI

domingo, 20 de marzo de 2022

Hábitat zamurano

DE LA TAGUARIZACIÓN DEL HÁBITAT

Luis Barragán

Los especialistas podrán corregirnos, pero luce anacrónica la distinción entre los medios rural y urbano de acuerdo a la experiencia de otros países. Antes, el uno hacía referencia al campo, desprovisto de los más elementales servicios, mientras que, el otro, gozaba de todos ellos como sinónimo de una mayor calidad de vida.

            Además, así lo trabajó la novelística clásica venezolana, la ruralidad era ajena a la civilización, por lo que el positivismo demandó e intentó la inmediata transformación del medio físico  como una de las condiciones indispensables para el progreso. Hacerlo, entre nosotros, también dio ocasión para los grandes negocios y la destrucción de la memoria histórica, como ocurrió con Pérez Jiménez que, si bien prosiguió el esfuerzo de sustituir el rancho por un apartamento seguro y confortable, igualmente levantó sus obras faraónicas en una Caracas desalcantarillada, llevándose por el medio sendos referentes arquitectónicos.

            El caso está en que mientras haya la infraestructura necesaria y los servicios que incluyen las telecomunicaciones, el campo luce más atractivo que la ciudad. Y ésta, en la Venezuela actual, según la vieja connotación, está experimentando una imparable ruralización que no es otra cosa que la destrucción misma de toda convivencia, donde unos son zamuros del otro, en el curso de la violencia expresa y tácita de un profundo daño psicológico.

            El problema reside en el hábitat convertido en un atril perenne de la propaganda política e ideológica oficialista, por cualesquiera herramientas a la mano, trátese del recurso radiotelevisivo, de las aplicaciones telefónicas o de las paredes tan indignamente pintoreteadas, como la cartilla que fotografiamos de una casa ubicada en la vieja carretera de Los Teques a Caracas. Y es que toda aldea, caserío, pueblo o ciudad, tiene por única vocación la de tributar en más de un sentido al poder central, al Estado Criminal y, en definitiva, a la comunalidad que constituye el arma por excelencia para la extorsión: una bombona de gas, una bolsa de comida de pésima calidad o cualquier otra dádiva, a cambio de resignación y silencio.

Extrañamos a los arquitectos que no temían a la crónica especializada y, a la vez, tan didáctica en la prensa venezolana, dando cuenta de las viejas transformaciones citadinas, ejerciendo más de las veces una cruda y valiente crítica. Sobre todo, en estos tiempos de la metropolitanización del deterioro, en la que desaparece la noción misma de la ciudad igualada con el campo por la barbarie de un poder que sólo la tiene como atril para su propaganda: taguarizados, ya ni siquiera la casa es lugar seguro y vivible.

Fotografía: Carretera vieja de Los Teques - Caracas (15/02/2022).

21/03/20220:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/36888-habitat

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY