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martes, 30 de junio de 2026

El poder despótico es el único que no está de emergencia

GOBIERNO SIN ESTADO

Ramón Escovar León

Los terremotos del pasado 24 de junio no solo destruyeron edificios. También revelaron una realidad que Venezuela lleva años arrastrando: el progresivo debilitamiento del Estado. Frente a la fuerza de la naturaleza desaparecen las consignas, la propaganda y las explicaciones ideológicas. Solo permanece una pregunta decisiva: ¿está el Estado en condiciones de proteger eficazmente a sus ciudadanos?

No sorprende, entonces, que The Economist, en su edición del 25 de junio de 2026, titulara su análisis “Venezuela sufre el peor terremoto de un siglo”. En ese mismo artículo resumió la principal lección institucional con una frase elocuente: “La debilidad del Estado se hace dolorosamente visible”. Las catástrofes naturales revelan en pocos segundos aquello que los discursos oficiales pueden ocultar durante años: la calidad de las instituciones, la eficacia de los servicios públicos y la eficiencia del Estado frente a las emergencias.

Los terremotos no distinguen entre oficialistas y opositores, entre simpatizantes del gobierno y sus críticos. Todos experimentan el mismo temor y todos esperan que las instituciones funcionen. Por eso la propaganda, las consignas y los lugares comunes pierden toda utilidad. Lo que importa es que los hospitales permanezcan operativos, que existan equipos de rescate preparados, que las comunicaciones funcionen, que la población reciba información oportuna y confiable y que la libertad no se convierta en una víctima más de la tragedia.

Existe, sin embargo, una diferencia importante con la tragedia de Vargas de 1999. En aquella ocasión el gobierno rechazó buena parte de la ayuda internacional ofrecida por los Estados Unidos. Ahora, afortunadamente, decidió aceptarla, junto con la de otros países que han expresado su solidaridad con Venezuela. Ningún Estado moderno debería considerar la cooperación internacional como un signo de debilidad cuando la protección de la vida exige sumar experiencia y conocimientos.

Pero aceptar ayuda no basta. La verdadera fortaleza de un Estado reside en disponer de instituciones capaces de prevenir, coordinar y responder eficazmente antes de que la ayuda exterior resulte indispensable.

Durante años se privilegió la expansión de los aparatos de control político, la concentración del poder y el fortalecimiento de las estructuras militares y policiales, mientras se debilitaban los hospitales, las universidades, la infraestructura, la investigación científica y los organismos de protección civil. Los terremotos pusieron dolorosamente de manifiesto el resultado de esas prioridades. La fortaleza de un Estado no se mide por el poder que concentra para reprimir, sino por la protección que ofrece a sus ciudadanos. Un gobierno puede conservar el poder; solo un Estado puede proteger a la sociedad.

La experiencia de estos días deja otra enseñanza. La legitimidad de un Estado no depende únicamente de su capacidad para ejercer autoridad, sino, sobre todo, de su eficacia para proteger a la población cuando más lo necesita. Cuando las instituciones conservan su independencia y fortaleza, los conflictos políticos encuentran cauces institucionales. Si las instituciones venezolanas hubiesen mantenido esas condiciones, probablemente muchos de los episodios más críticos de nuestra historia reciente —entre ellos los acontecimientos del 28 de julio de 2024— habrían tenido un desenlace distinto.

Esa reflexión conduce inevitablemente a una evaluación del modelo político de las últimas décadas. Más allá de las diferencias ideológicas, los hechos invitan a una conclusión difícil de eludir: la revolución bolivariana no fue capaz de construir un Estado con instituciones independientes, servicios públicos eficientes y mecanismos eficaces para proteger a los ciudadanos. El terremoto no creó esa realidad; simplemente la hizo visible.

La historia venezolana demuestra, además, que existe otra manera de actuar. Tras el terremoto de Caracas de 1967, el presidente Raúl Leoni —con la autoridad que le daba su prestigio— encomendó la coordinación de las operaciones de rescate a un civil, el ingeniero Leopoldo Sucre Figarella, ministro de Obras Públicas, cargo que desempeñaba desde el gobierno de Rómulo Betancourt. La respuesta fue rápida y eficiente. Como recordó recientemente un editorial de El Nacional, aquella decisión expresó una concepción republicana del Estado: en las grandes emergencias, el interés general exige convocar a los mejores, estén o no en el gobierno.

Esa lección conserva hoy plena vigencia. Venezuela dispone todavía de un extraordinario capital humano. Las academias nacionales, las universidades, los colegios profesionales, las organizaciones humanitarias y numerosas asociaciones científicas reúnen a ingenieros, médicos, geólogos, arquitectos, urbanistas y especialistas en gestión de riesgos cuya única preocupación consiste en proteger a la población. Sobre ese capital humano debe apoyarse la cooperación internacional, para que el esfuerzo conjunto responda a criterios técnicos y al interés general.

Esa tarea exige también un clima de libertad. En una catástrofe, la información constituye uno de los principales instrumentos de protección civil. Una sociedad bien informada identifica mejor los riesgos, facilita las labores de rescate, combate la desinformación y permite que la ayuda llegue con mayor rapidez a quienes la necesitan.

De ahí que el gobierno deba levantar la censura que pesa sobre los medios de comunicación nacionales e internacionales y facilitar el trabajo de periodistas, organizaciones humanitarias y especialistas. En una emergencia, la censura deja de ser únicamente un problema de libertad de expresión. También se convierte en un problema de protección civil.

Sin embargo, la reconstrucción de Venezuela exige también un nuevo pacto republicano. No un acuerdo para distribuir cuotas de poder ni un entendimiento circunstancial entre dirigentes políticos. El país necesita un consenso sobre las funciones esenciales del Estado y sobre aquellas instituciones que ninguna mayoría política debería volver a debilitar.

Nuestra historia ofrece referencias valiosas. El Programa de Febrero de 1936 comprendió que la modernización del país exigía fortalecer la salud pública, la educación, la infraestructura y la administración civil. El Pacto de Punto Fijo de 1958 hizo posible la convivencia democrática mediante reglas compartidas para la alternancia en el poder. Hoy el desafío es distinto, pero igualmente trascendental: reconstruir un Estado profesional, capaz de proteger a todos los venezolanos, cualquiera que sea su posición política.

Ese nuevo pacto debería colocar en el centro la independencia de la justicia, la educación, la salud, la investigación científica, la protección civil, la libertad de información, la profesionalización de la administración pública, la recuperación de la infraestructura y la subordinación de la Fuerza Armada al poder civil.

Pero también debería asumir una convicción más profunda: el Estado existe para servir a la sociedad, no para someterla.

Ilustración: Alfred Kubin.

30/06/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/gobierno-sin-estado/

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44582-gobierno-sin-estado

martes, 23 de junio de 2026

Memorandum

LA FUERZA ARMADA AL SERVICIO DE LA REPÚBLICA

Ramón Escovar León

“Calma y cordura” es la expresión acuñada por el general Eleazar López Contreras que evoca la serenidad y la prudencia en momentos cruciales de nuestra historia política. El general de Tres Soles enseñó que la principal contribución de la Fuerza Armada a la vida nacional consiste en favorecer una transición ordenada hacia la institucionalidad.

Conviene recordarlo hoy, a propósito de las palabras pronunciadas por el Ministro de la Defensa durante la condecoración de más de 240 oficiales con tres décadas de servicio, al sostener que los militares son “los custodios de la doctrina y del legado del comandante fallecido Hugo Chávez”. Esta afirmación trasciende el protocolo militar y obliga a abrir una reflexión serena sobre la naturaleza republicana de la institución armada.

Conviene promover un debate amplio y respetuoso sobre la misión de la Fuerza Armada en una república. ¿Debe custodiar la doctrina y el legado de un líder político o los valores constitucionales que pertenecen a toda la nación? ¿Debe identificarse con una corriente ideológica determinada o situarse por encima de las diferencias partidistas para preservar su carácter institucional?

Toda nación necesita que su Fuerza Armada sea fuerte, profesional y respetada. Pero el respeto no se impone mediante la adhesión a una doctrina política determinada, se conquista cuando la institución militar es percibida por todos los ciudadanos como garante de la soberanía, la integridad territorial y el orden constitucional.

La historia de Venezuela ofrece una lección clara. Desde los primeros años de la República, el desequilibrio entre lo civil y lo militar ha sido una de las causas recurrentes de nuestras crisis políticas. Por ello, los constituyentes de 1811 establecieron un principio que conserva plena vigencia: el poder militar debe permanecer subordinado a la autoridad civil.

Ese principio histórico encuentra hoy una formulación inequívoca en el artículo 328 de la Constitución. La norma define a la Fuerza Armada Nacional como una institución “esencialmente profesional, sin militancia política”, organizada para garantizar la independencia y la soberanía de la Nación, y establece que está “al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”.

No se trata de una cláusula meramente declarativa. La prohibición de realizar actividades políticas no disminuye la importancia de la Fuerza Armada; por el contrario, preserva su unidad interna, fortalece su legitimidad y garantiza que pueda ser reconocida por todos los ciudadanos como una institución común, por encima de las diferencias ideológicas.

El sector castrense no existe para custodiar la doctrina de un gobierno, de un partido o de un líder. Su misión es más alta y más exigente: custodiar el legado republicano que dio origen a Venezuela.

Ese legado no pertenece a una parcialidad política. Está integrado por los valores de la independencia, la soberanía popular, la separación de poderes, la alternancia democrática y el respeto a la Constitución. Es el legado de Juan Germán Roscio, Francisco Javier Yanes, Miguel José Sanz y de tantos civiles y militares que comprendieron que la República solo puede existir cuando la fuerza se somete al derecho.

La experiencia comparada demuestra que las democracias sólidas son aquellas en las que los militares renuncian expresamente a toda función arbitral en la vida política. Su prestigio nace, precisamente, de esa renuncia.

La experiencia reciente de Colombia ofrece una lección valiosa. En vísperas de la segunda vuelta presidencial de 2026, el comandante de las Fuerzas Militares, general Hugo López Barreto, recordó que la misión de la institución está definida exclusivamente por la Constitución y la ley. Frente a las controversias surgidas en torno al proceso electoral, afirmó que cualquier actuación de las Fuerzas Militares debía orientarse a garantizar la soberanía nacional, la integridad territorial, la independencia del Estado y la preservación del orden constitucional. La validación de los resultados —subrayó— corresponde a las autoridades electorales y no a la institución militar.

Sus declaraciones constituyen un recordatorio oportuno: la mayor contribución de las Fuerzas Armadas a la democracia no consiste en intervenir en el debate político, sino en garantizar que ese debate pueda desarrollarse en libertad y dentro del marco constitucional.

La propia historia contemporánea de Venezuela ofrece un ejemplo elocuente. Durante las décadas de los sesenta y setenta, la Fuerza Armada Nacional desempeñó un papel decisivo en la defensa de la democracia frente a las amenazas insurreccionales y a las incursiones promovidas desde el exterior, como la invasión de Machurucuto. Lo hizo bajo la conducción del poder civil y en cumplimiento de su deber constitucional. Esa actuación le granjeó el respeto de amplios sectores de la sociedad venezolana y demostró que el prestigio militar alcanza su mayor expresión cuando las armas de la República se ponen al servicio de la libertad y del orden constitucional, y no de una parcialidad política.

Los acontecimientos recientes vividos por Venezuela obligan, además, a una reflexión autocrítica. Cuando una nación atraviesa episodios traumáticos que comprometen su soberanía y su estabilidad, la primera obligación de sus instituciones no es reafirmar certezas ideológicas, sino examinar con honestidad qué errores permitieron llegar a esa situación.

La politización de las instituciones debilita la capacidad del Estado para proteger eficazmente la soberanía nacional. La grandeza de una institución no reside en su capacidad para negar sus fallas, sino en su disposición para aprender de ellas.

Venezuela necesita una Fuerza Armada unida, profesional y respetada por todos los ciudadanos. Una institución que sea motivo de encuentro y no de división, que recupere el prestigio ganado durante las décadas en que defendió la democracia frente a las amenazas externas y la violencia insurreccional, una Fuerza Armada cuyos integrantes sean reconocidos por todos los venezolanos, sin distinción política, como servidores de la República.

Las democracias necesitan militares comprometidos con la República; los regímenes personalistas necesitan militares comprometidos con un líder. La diferencia entre una y otra lealtad define, en gran medida, el destino de las naciones.

La historia demuestra que la Fuerza Armada venezolana ha sabido estar a la altura de los grandes desafíos nacionales cuando han actuado como instituciones de todos y no de una parcialidad.

Cabe esperar que, una vez más, el sector castrense sepa honrar esa tradición republicana.

Fotografía: 

https://spanish.xinhuanet.com/20260320/da067c59f8234a20a7ff05451d54255c/c.html

23/06/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/la-fuerza-armada-al-servicio-de-la-republica/

lunes, 24 de noviembre de 2025

Dos perspectivas

EL GOLPE DE ESTADO CONTRA EL PRESIDENTE RÓMULO GALLEGOS

Gehard Cartay Ramírez

El presidente Rómulo Gallegos fue derrocado el 24 de noviembre de 1948, hace ya 77 años, sin que se disparara un sólo tiro y sin que se quebrara un vidrio, casi.

Aunque parezca una exageración, esta afirmación se desprende de los testimonios de algunos actores del suceso, entre ellos, Domingo Alberto Rangel, entonces dirigente de Acción Democrática: “No hubiera sido más difícil una parada militar”, escribió en su libro "La Revolución de las fantasías", Caracas, 1988, p. 9).

De igual manera, el derrocamiento del ilustre escritor no sorprendió absolutamente a nadie. Se sabía que el golpe militar sobrevendría en cualquier momento, luego de varios meses de intensas negociaciones entre la dirigencia adeca y los jerarcas castrenses, sin que se pudiera llegar a acuerdo alguno. Sencillamente, el 24 de noviembre “se había trancado el serrucho”.

Lo irónico de todo este proceso es que aquel golpe de Estado sepultó, sin resistencia alguna, a un gobierno elegido popularmente apenas once meses antes con un impresionante 74.3 por ciento de los sufragios. Sin embargo, cuando derrocan a Gallegos, nadie salió a la calle a defender su gobierno. Aquella gestión no tuvo dolientes de ningún tipo y la cobardía de quienes debieron serlos, facilitó el desarrollo de los acontecimientos.

Un golpe de Estado institucional

¿Qué había pasado realmente? ¿Cómo se pudo llegar a este desenlace si los militares ya habían planteado reiteradas veces sus puntos de vista, tal vez tratando de evitar el golpe?

Porque una cosa resulta cierta a estas alturas del tiempo: los militares negociaron hasta donde les fue posible para impedir la asonada, al igual que ante el derrocamiento anterior del presidente Isaías Medina Angarita. Puede pensarse, desde luego, que dado el carácter no deliberante de las Fuerzas Armadas les estaba vedado cualquier intento de discusión con el poder civil. Sin embargo, el hecho de formar -hasta ese momento- una alianza política con AD, nacida el 18 de octubre de 1945, legitimaba, por así decirlo, cualquier discusión abierta y franca con sus socios civiles.

Todas las fuentes documentales consultadas comprueban que desde tiempo atrás, incluso antes de ganar Gallegos las elecciones del 14 de diciembre de 1947, ya se había iniciado una permanente discusión entre el liderazgo adeco y los altos oficiales militares, incluyendo la inconveniencia de la candidatura presidencial del novelista, planteada abiertamente por el ministro Carlos Delgado Chalbaud al propio Rómulo Betancourt, Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno.

En su libro De Carabobo a Puntofijo, (Editorial Libros Marcados, Caracas, 2013, p. 102) el ex presidente Rafael Caldera escribió:

“Rómulo Betancourt me contó que una vez Delgado Chalbaud le había manifestado el deseo de hablar con él (esto, antes de las elecciones presidenciales). Concertada la entrevista, le expresó que la candidatura de Gallegos era un error, porque Gallegos, eminente intelectual y ciudadano de excelencia, no tenía las condiciones políticas para manejar el Estado, y su Presidencia podía terminar en un golpe, del cual ‘todos vamos a ser responsables´. Le propuso Delgado derogar el decreto que prohibía a los miembros de la Junta Revolucionaria de Gobierno ser candidatos a la Presidencia de la República en las próximas elecciones. Le dijo: ‘Haga un viaje al Exterior y deje encargado a Mario Vargas, a quien le tiene más confianza que a mí. Nosotros derogaremos el decreto y Usted se puede lanzar como candidato a la Presidencia de la República’. Betancourt le respondió: ‘Tu tienes razón en cuanto que Gallegos no es en realidad un político; pero esa decisión es irrevocable’”.

En realidad, y probablemente antes del golpe de 1945, los jóvenes oficiales estaban dispuestos a actuar como movimiento político y a influir, por tanto, sobre los acontecimientos. En un primer momento permitieron que Betancourt y la cúpula de AD tomaran la iniciativa, entregándoles, de entrada, la presidencia y la mayoría de la Junta Revolucionaria de Gobierno. Pero a medida que avanzaba el tiempo su estrategia era necesariamente la de ocupar cada vez mayores espacios. La equivocación de sus socios civiles fue pretender que los mantendrían dentro de los cuarteles mientras afuera estos desarrollaban una gestión de gobierno con claras tendencias hegemónicas y caracterizada, a su vez, por el sectarismo y la exclusión de los demás sectores.

No hay que olvidar, sin embargo, que las Fuerzas Armadas se sentían ya con derecho a intervenir como institución, aún cuando en su seno se movían dos tendencias, una institucionalista, intelectualmente superior, liderada por Delgado Chalbaud, y otra exclusivamente militarista, encabezada por Pérez Jiménez, quien estaba fuertemente influenciado por las experiencias de los generales Odría de Perú, y Perón de Argentina. Esta priorizaba la conformación de una especie de logia militar que se preparaba pacientemente desde años atrás para tomar el gobierno, mientras que aquélla creía necesario aún el mantenimiento del pacto con los civiles representados por AD. Pero ambas estaban de acuerdo en presionar al Presidente Gallegos, aunque tal vez con propósitos diferentes.

Delgado Chalbaud resistió durante algún tiempo las pretensiones del ala militarista. Confiaba en que Gallegos finalmente flexibilizaría sus rígidas posiciones frente a los planteamientos de las Fuerzas Armadas y facilitaría la continuación del pacto que dió lugar al golpe de Estado de 1945. Nada de esto fue posible y la estrategia del entonces Ministro de la Defensa se estrelló contra la intransigencia del Presidente de la República en la defensa de sus atribuciones constitucionales.

En cierto modo estos hechos contribuyeron a unificar a las dos corrientes existentes entre los jóvenes oficiales, al frente de las cuales se coloca Delgado Chalbaud -con el apoyo de Pérez Jiménez-, sin descartar todavía un último intento de negociaciones con Gallegos. Fue cuando se le presentó al presidente el famoso ultimátum de cuatro puntos (salida del país de Rómulo Betancourt; prohibición del regreso del comandante Mario R. Vargas; remoción del comandante de la Guarnición de Maracay y desvinculación con AD), rechazado firmemente por este. Inmediatamente se produce el golpe del 24 de noviembre de 1948.

Una última acotación sobre la cuestión militar de estos años: hay quienes sostienen que el golpe contra Gallegos fue un golpe institucional, es decir, producido por el aparato militar unificado frente a la crisis política de 1948. Este concepto también explica porque no fue la típica asonada de un comando ni tampoco la obra exclusiva de un caudillo militar, en este caso -según lo han sostenido algunos-, el teniente coronel Pérez Jiménez.

Esta tesis es válida y explica la actuación del ministro de la Defensa frente a los hechos. Por eso mismo, su condición de oficial de mayor jerarquía y, desde luego, su influencia sobre la institución castrense lo llevan a encabezar el golpe militar, no obstante sus citados esfuerzos por impedir la solución de fuerza que al final se impuso, bajo su dirección como Ministro del ramo.

El fugaz gobierno de Gallegos

Apenas nueve meses duró la presidencia de Rómulo Gallegos, tiempo insuficiente para haber realizado siquiera una obra de gobierno de modestas proporciones. Todo lo contrario: la administración pública entró en un proceso de inmovilización y paralización preocupantes.

La verdad es que aquella gestión heredaba graves problemas: un ambiente político convulsionado, entre otras razones por el violento sectarismo del partido de gobierno frente a sus adversarios, los cuales, a su vez, respondieron también con una agresiva línea de acción opositora; protestas estudiantiles en la UCV que ocasionaron su clausura por varios meses y la destitución de las autoridades; una recurrente estrategia golpista por parte de sectores vinculados al lopecismo y el medinismo; y, por si fuera poco, una conspiración soterrada por parte del alto mando militar de las mismas Fuerzas Armadas.

Agréguense las consecuencias de algunas medidas de la Junta Revolucionaria de Gobierno presidida por Betancourt, las cuales lesionaron diversos intereses políticos y económicos; los famosos juicios de responsabilidad civil y administrativa contra altos funcionarios de gobiernos anteriores, entre quienes figuraban los ex presidentes Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita; y los enfrentamientos con la Iglesia Católica por algunas decisiones contra sus colegios e instituciones educativas en función del llamado Estado Docente propugnado por el ministro Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Si bien era cierto que Gallegos había ganado de manera abrumadora, AD había vista reducida en 200.000 sufragios su votación anterior cuando se eligió la Asamblea Constituyente de 1946. Sin embargo, aquel partido no registraba con espíritu autocrítico su pronunciado desgaste electoral en tan corto tiempo, ni tampoco parecía dispuesto a enmendar sus errores. Además, por aquellos días se hablaba de una supuesta frialdad en las relaciones entre Gallegos y Betancourt.

En medio de una crisis política y militar acuciante, el presidente Gallegos inicia una visita de tres semanas a Estados Unidos, invitado por el presidente Harry S. Truman. Deja como encargado de la Presidencia al Ministro de la Defensa, el comandante Carlos Delgado Chalbaud, una prueba de fuego, sin duda. A su regreso, el 15 de julio, destaca este hecho ante los pesimistas y lo colma de elogios, así como a la institución armada, durante una concentración organizada para darle la bienvenida.

En los meses siguientes continúa la violencia política y la actuación represiva de cuerpos de seguridad y de algunas policías regionales contra sectores opositores, especialmente el partido Copei. El 18 de octubre siguiente, durante un mitin de AD celebrado en Caracas, Betancourt celebra un nuevo aniversario de la Revolución de Octubre y elogia la leal actitud de Delgado Chalbaud y Mario Vargas al frente de las Fuerzas Armadas y en apoyo a aquélla.

A menos de un mes de aquella concentración, el 24 de noviembre de 1948, los militares encabezados por Delgado Chalbaud, derrocaron al presidente Gallegos.

¿Héroes o villanos?

Rómulo Betancourt, en su obra capital Venezuela, política y petróleo (Editorial Senderos, Bogotá, 1969, páginas 548 y siguientes), señaló tres causas del golpe contra Gallegos: 1) El andinismo aún presente en el ejército, a su juicio estimulado por el ex presidente tachirense López Contreras en cartas a Delgado Chalbaud, hijo de andino y caraqueña; 2) El resuelto apoyo de las dictaduras americanas a la conspiración de “la reacción venezolana”; y 3) La cadena de intentonas golpistas contra el gobierno entre 1946 y 1948.

Ese análisis, sin embargo, res correcto, pero incompleto al no mencionar también otras causas que produjeron el golpe contra el presidente Gallegos. Habría que señalar, como ya lo hemos anotado antes, la intolerancia, el sectarismo y el afán excluyente demostrado por AD, tanto durante la gestión de Betancourt como en la del propio Gallegos. Ambos lo reconocerán posteriormente, luego de la caída de la dictadura pérezjimenista.

En verdad, hubo un manejo muy torpe que trajo luego como consecuencia el aislamiento de AD frente al país, particularmente con respecto a los demás partidos, en especial con Copei, y concretamente -craso error- con las Fuerzas Armadas. Ambos habían sido inicialmente aliados al producirse el golpe del 18 de octubre, pero luego fueron alejados por el sectarismo puesto en práctica por AD y su gobierno.

Independientemente de los indiscutibles logros políticos y administrativos de la llamada Revolución de Octubre, la mayoría de los historiadores han señalado como uno de sus errores fundamentales la tentación hegemónica que animó a sus conductores. Esa tal vez sea la principal causa de su fracaso.

24/11/2025:

https://lagranaldea.com/2025/11/24/el-golpe-de-estado-contra-el-presidente-romulo-gallegos/


APRENDER DEL 24 DE NOVIEMBRE DE 1948

Ramón Escovar León

«La falla de Gallegos radicó, en nuestro parecer, en lo que se denomina el timing en política, que quiere decir saber escoger los momentos adecuados para tomar ciertas medidas», afirma Luis Daniel Perrone en su lúcida ponencia presentada en las XV Jornadas Aníbal Dominici, realizadas en octubre pasado.

Y a partir de esa premisa sostiene Perrone que la caída del novelista-presidente no fue un relámpago en cielo sereno, sino el desenlace de un orden constitucional ya agrietado por la fricción constante entre Acción Democrática y el Alto Mando Militar. Gallegos, atrapado entre las dos fuerzas que habían hecho posible la experiencia del 18 de octubre de 1945 —el sector militar y su propio partido—, reaccionó con un rigor moral irreprochable, pero con una eficacia política menguada frente a unas presiones que exigían cálculo, flexibilidad y oportunidad.

El fulminante derrocamiento del 24 de noviembre reveló que la alianza “cívico-militar” del 18 de octubre de 1945 no había sido el pacto fundacional que la historiografía pretendió ver, sino un matrimonio de conveniencia en el que cada parte perseguía su propio acceso al poder.

El clima de la Guerra fría, el cuestionado “sectarismo” del trienio adeco y el deterioro de la relación entre Gallegos y Betancourt ampliaron el campo minado sobre el que el presidente intentaba gobernar. A ello se sumaron las intrigas que le susurraban que era una “marioneta” de Betancourt, y las exigencias cada vez más desafiantes del estamento militar, que llegó a reclamar la salida de AD del gobierno y la expulsión del propio Betancourt. Gallegos rechazó tales imposiciones, pero su negativa, combinada con una inocente confianza en Carlos Delgado Chalbaud, allanó el camino al golpe comandado por Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez.

La escena política tampoco jugaba a su favor. A su alrededor se alineó una oposición tan amplia como heterogénea —Iglesia Católica, Copei, URD, lopecistas, medinistas, empresarios y profesionales— que veía en los líderes de la Revolución de Octubre una amenaza a sus intereses y que no movió un dedo para detener el alzamiento. De esa inercia surgió el gobierno militar de 1948, que se proclamó legítimo amparado en el Comunicado n.º 6 de las Fuerzas Armadas y en las alocuciones de Delgado Chalbaud, que atribuían la intervención al desorden civil y pretendían transformar la ruptura en acto restaurador.

El peso adquirido entonces por las Fuerzas Armadas quedó en evidencia una década después. Tras la caída de Pérez Jiménez en 1958, se mantuvo vigente la Constitución de 1953 —y no la de 1947— hasta la promulgación del texto de 1961. Como explica Jesús María Casal en Apuntaciones para una historia Constitucional de Venezuela, los militares rehusaron revivir la carta magna del 47 porque la asociaban con una etapa de conflictividad política que repudiaban; y hacerlo equivaldría a admitir la ilegitimidad de todas sus actuaciones desde 1952.

Fue a la luz de esas lecciones que la dirigencia civil comprendió, al fin, que la relación con los militares debía asentarse en otra lógica: el militar respeta al poder civil cuando percibe liderazgo moral, solvencia intelectual, unidad política y respaldo internacional. A esto se suma el conocimiento preciso de los asuntos castrenses, como lo demostró sin vacilar Rómulo Betancourt a partir de 1958.

En definitiva, este recorrido demuestra que una democracia de gran calado perdura únicamente cuando el sector militar y el civil convergen en un mismo compromiso institucional compartido. Así ocurrió a partir de 1958, cuando el respeto recíproco y la amplitud de acuerdos —como el Pacto de Puntofijo—blindaron el proceso político y dieron estabilidad al país.

Los venezolanos estamos convocados —hoy más que nunca— a asumir las lecciones de nuestros aciertos y a no repetir nuestros errores.

24/11/2025:

https://www.elnacional.com/2025/11/aprender-del-24-de-noviembre-de-1948/

Fotografías: lbarragan.blogspot.com

sábado, 30 de agosto de 2025

Acto cultural

BOB DYLAN EN CARACAS: ARTE Y COMPROMISO

(Nota Editorial)

El pasado miércoles 27 de agosto, el profesor Eugenio Hernández-Bretón ofreció en el Centro Venezolano Americano la conferencia Bob Dylan en Caracas, con la moderación del escritor Karl Krispin. El acto fue reflejo de la vitalidad cultural del CVA y de la permanente conexión de los venezolanos con la vida intelectual estadounidense, donde Dylan ocupa un lugar significativo. Y aunque Bob Dylan nunca pisó Venezuela, su presencia estuvo allí —al menos en sentido metafórico— en ese encuentro.

Cuando en 2016 la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura "por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense", reconoció lo que ya era evidente: Dylan llevó la poesía al territorio de la música, convirtió el verso en canción y dio voz a una generación. Temas como "Like a Rolling Stone", "Blowin’ in the Wind" o "Hurricane" se transformaron en himnos donde confluyen crítica social, fuerza poética y un lenguaje que marcó época.

La irrupción de Dylan en los años sesenta coincidió con un periodo trepidante en Estados Unidos: la lucha por los derechos civiles, la polarización en torno a la guerra de Vietnam y los asesinatos de John F. Kennedy, Martin Luther King y Robert Kennedy. En ese contexto, Dylan emergió como la voz de quienes buscaban expresar el descontento y la esperanza. Sin ser político ni activista formal, sus canciones captaron el espíritu de su tiempo con versos simples y memorables, convirtiéndolo en referente cultural y material para la reflexión política.

Un ejemplo decisivo es "Hurricane" (1975), inspirada en el caso de Rubin Carter, boxeador afroamericano condenado injustamente por un triple asesinato. Con un tono periodístico, Dylan denunció un proceso judicial marcado por racismo, intolerancia, corrupción y manipulación. La canción atrajo la atención pública, generó conciertos benéficos y contribuyó a la revisión del caso: tras dos décadas preso, Carter fue liberado. "Hurricane" mostró el poder del arte para visibilizar injusticias concretas, lección particularmente cercana a la realidad venezolana, donde abundan denuncias de procesos judiciales utilizados para la persecución política.

Hernández-Bretón subrayó que la huella de Dylan trasciende su generación. Su influencia se percibe en artistas tan diversos como Guns N’ Roses o Adele. La versión de "Make You Feel My Love", grabada por la británica en 2008, demostró cómo la sensibilidad de Dylan puede adaptarse a nuevos estilos y conquistar audiencias distintas.

La conferencia genera una pregunta clave: ¿por qué es importante acercarse hoy a la poesía musical de Dylan en Venezuela? La respuesta apunta a la función social del arte en contextos de crisis política y de autoritarismos. En un país marcado por la polarización política, precariedad económica, persecución, intolerancia y vulneración de derechos, la música de protesta no solo conmueve, también despierta conciencia y refuerza la dignidad individual y colectiva.

Más de medio siglo después de su debut, Dylan continúa activo, publicando discos y ofreciendo conciertos. Su permanencia demuestra que su obra no fue una moda, sino un proyecto cultural de largo aliento. En Venezuela, donde la crisis amenaza con debilitar las expresiones artísticas, estudiarlo es recordar que la música puede ser herramienta de reflexión, de resistencia y de cambio político.

La voz de Dylan, que en su tiempo denunció guerras injustas, la discriminación y los procesos judiciales viciados, es una referencia para un país donde centenares de hombres y mujeres permanecen encarcelados por razones políticas. Su legado demuestra que el arte no solo acompaña el dolor colectivo, sino que también mantiene viva la esperanza, porque cada canción puede erigirse en denuncia contra la intolerancia, los fanatismos ideológicos y la persecución.

Y recuerda, sobre todo, que la dignidad humana es un valor irrenunciable que la cultura y la inteligencia pueden y deben defender.

Fuente:

https://www.elnacional.com/2025/08/bob-dylan-en-caracas-arte-y-compromiso/ 

Ilustración: https://bigwalldecor.com/shop/bob-dylan-graffiti-wall-art/?srsltid=AfmBOor8TDEvlbBerPx0U0f8y2AGCiAAL-W-8X5g2ReegDsG0hp_bUsc

Conferencia y captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=eLYK80EuW6Q


Breve nota LB: Nos ha parecido interesante y excepcional la actividad y, por supuesto, la grata exposición experta de un reconocido jurista como Eugenio Hernández-Bretón, absolutamente espontáneo. Nos pareció obvio que la nota editorial de El Nacional de hoy, fuese hecha por Ramón Escovar León, quien no desmintió su autoría al escribirle esta mañana el mensaje correspondiente por WhatsApp.

domingo, 13 de julio de 2025

Noticiero retrospectivo



- Isabel Montejano. "¿Para qué sirven los ojos de los muertos?". Bohemia, Caracas, N° 260 del 24/03/1968.

- Donatella Ortalda. "Dopo il dibattito di Torino: Riposte non date da Roger Garaudy". Il Popolo, 17/02/79.

- Oliver Urbina Ávila. "Política de la cultura o cultura de la política". El Nacional, Caracas, 07/12/81.

- Ramón Escovar Salom. "Por un país más modesto". El Nacional, 25/04/83.

- Eduardo Fernández. "Perspectiva: El discurso presidencial". El Universal, Caracas, 12/09/74.

Reproducción: "Aquiles Nazoa en el acto de clausurar la Semana del Libro Venezolano en el Centro de Telegrafistas y Radiotelegrafistas de Maracay". El Nacional, Caracas, 11/08/1953.

lunes, 30 de junio de 2025

Noticiero retrospectivo


- Monseñor Luis E. Henríquez. "Concilio Vaticano II". El Nacional, Caracas, 22/11/63.

- Edgardo Mondolfi. "Mamíferos de Venezuela: El chigüire". El Farol, Caracas, año XCIII, N° 168 de enero-febrero/57.

- Ida Gramcko. Felipe Massiani, profesor de literatura. El Nacional, 02/07/44.

- Juan Manuel González. "Son Pedro Sotillo a la Academia". Élite, Caracas, N°2076 del10/07/65.

- Julio Barroeta Lara. Foro: Ramón Escovar Salom. El Nacional, 17/04/67.

- Gustavo Morales. "Severo Sardy: Estoy harto de ser un autor difícil". El Nacional,26/09/84.Papel Literario.

Reproducción: Efraín Subero.  Élite, Caracas, N° 2026 del 25/07/1964.

jueves, 4 de mayo de 2023

Predecible

LA LEY ORGÁNICA DE EXTINCIÓN DE DOMINIO

Ramón Escovar León 

La aplicación de la reciente Ley de Extinción de Dominio requiere de un Poder Judicial independiente y confiable, por su independencia política y por su probidad. Este instrumento nació bajo la modalidad exprés: fue sancionada por la Asamblea Nacional el 27 de abril y al día siguiente, el 28 de abril, fue sentenciada la constitucionalidad de su carácter orgánico. Y ese mismo día se publica en la Gaceta Oficial N° 6.745 (Extraordinario) ¿Cuál fue el tiempo para la reflexión y para la discusión con los distintos sectores nacionales?

Todo este apresurado recorrido es propio del gobierno autoritario, sin controles democráticos y sin la necesaria consulta a las universidades, gremios, academias y a los expertos en la materia. La improvisación se advierte desde distintos costados, como se verá en este artículo.  Y ello contrasta con la manera apropiada cómo se ha aplicado este instrumento legal en América Latina. Es lo que explican con claridad Emilio Urbina y Rafael Simón Jiménez Tapia en un oportuno y valioso libro titulado El comiso autónomo y la extinción de dominio en la lucha contra la corrupción (Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 2020).

La manera como fue sentenciado el carácter orgánico de la ley demuestra, una vez más, que la “precipitación es mala consejera”. El Tribunal Supremo de Justicia no ejerce con serenidad sus funciones constitucionales. Los boquetes de esta sentencia fueron demostrados por el mismo Emilio Urbina en un trabajo que circuló durante el fin de semana en las redes sociales que se titula “La justicia constitucional y la extinción de dominio en América Latina: Una alta lección para su configuración en Venezuela, a propósito de la sentencia 315 del 28.04.2023 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia”.

La sentencia número 315 desnaturalizó el sentido de la extinción de dominio. Esto salta a la vista cuando la Sala Constitucional afirma “que el instrumento normativo aquí analizado además viene a desarrollar la severidad de las penas que debe imponerse por la comisión de ilícitos económicos de conformidad con lo dispuesto en el artículo 114 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela” (subrayado mío). La extinción de dominio no establece penas, porque es un asunto de derecho patrimonial y derecho de daños. No es materia del derecho penal, como lo ha entendido la sentencia en el párrafo copiado. Con esta declaración nuestra justicia constitucional, en su primera decisión sobre esta delicada materia, vació de contenido el espíritu de la extinción de dominio; ahora y los jueces, atendiendo el carácter vinculante de las sentencias constitucionales, se sentirán acicateados para establecer penas.

También se refiere la sentencia número 315 de la Sala Constitución al principio de la transparencia, como uno de los que inspiran la Ley de Extinción de Dominio. Pero este principio no lo puede garantizar un Poder Judicial sometido políticamente. Esta ley, de la manera como ha sido entendida por quienes la aprobaron, significa que la misma se puede aplicar, tarde o temprano, para rescatar bienes en manos de los chavistas o de sus herederos. Por eso, el chavismo se dio un tiro en el pie.

La justicia constitucional latinoamericana ha moldeado y afinado la extinción de dominio, como ha ocurrido en Colombia y en Bolivia, por ejemplo. La venezolana, al contrario, necesitó su primera decisión para la noción internacional de la extinción de dominio. La ley −que sigue el modelo de las Naciones Unidas− es mucho mejor que la interpretación que se ha realizado para definir su carácter orgánico.

La improvisación es el signo distintivo de la elaboración de la ley que se comenta. La preparación de los jueces y fiscales de la jurisdicción de extinción de dominio requiere de tiempo. Podrían ser dos o tres años. Una buena referencia sobre este asunto fue la aprobación de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, cuya aplicación fue precedida de un acertado y sereno periodo de adiestramiento de jueces y funcionarios de la jurisdicción laboral. Como ejemplo en sentido contrario, se puede mencionar lo ocurrido con el Código Orgánico Procesal Penal. Su inspiración garantista fue dejada de lado para privilegiar en la práctica una adaptación indirecta del derogado sistema inquisitivo. Es el juez y no el legislador quien en definitiva decide el rumbo de los textos legales.

En el caso de la jurisdicción de extinción de dominio, por su parte, se requiere de una preparación apropiada en materia de derecho civil, lo cual toma tiempo. Sin embargo, la ley aprobada establece un período de sesenta días para esta labor (Disposiciones transitorias) ¿Qué opinarán sobre esto los expertos de las Naciones Unidas que vigilan este proceso revolucionario de producción legislativa?

La Ley Orgánica de Extinción de Dominio se promulga en momentos en que Venezuela ocupa el último lugar en los niveles de medición del Estado de derecho, debido a la falta de independencia y credibilidad en la justicia. Es en ese contexto en el que se debe discutir internacionalmente este asunto. Jueces provisorios −sin estabilidad en un sistema en el que la magistratura está controlada políticamente− es caldo de cultivo para la persecución. La falta de concursos y la injerencia política en la judicatura son la verdadera amenaza en la aplicación de la ley. Y este otro aspecto también debe ser ponderado por los expertos de las Naciones Unidas.

Nada se logrará en materia de extinción de dominio si no se desarrolla una política judicial previa dirigida a garantizar la independencia e idoneidad de los jueces. Esta política debe contemplar, además de la despolitización, otros objetivos fundamentales: mejoras de las condiciones salariales y de seguridad social de los jueces y demás funcionarios judiciales, la construcción de la infraestructura física necesaria para los nuevos tiempos, la dotación de servidores y equipos de computadoras a todos los tribunales del país, la elaboración de sistemas de inteligencia artificial que sirva de apoyo en aspectos puntuales al trabajo judicial. Estas son, entre otras, las reformas necesarias y previas para que tenga sentido una ley de extinción de dominio. Caso contrario, la misma está destinada a fracasar.

Que sea esta la oportunidad para plantear a nivel internacional la necesidad de la reforma de nuestro Poder Judicial. Caso contrario, la Ley Orgánica de Extinción de Dominio será factor propicio para la manipulación política.

02/05/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/la-ley-organica-de-extincion-de-dominio/

domingo, 9 de abril de 2023

Noticiero retrospectivo



- Primer mensaje al país del presidente Ramón J. Velásquez. Últimas NOticias, Caracas,  06/06/1993.

- Luis Beltrán Prieto F. "Pido la palabra: ¿Hay una justicia militar?". El Nacional, Caracas, 06/12/88.

- Ramón Hernández. "El país como oficio: Alfredo Boulton". El Nacional, 23/09/84.

- Ramón Escovar Salom. "La ventana de papel: Pensar lo imposible". El Nacional, 19/08/85. 

- Fernando Key Sánchez. Seguridad y defensa ... Yanquis en nuestros países". Cantaclaro, Caracas, nr. 25 de 10/86.

Fotografía: Tito Martínez del Box, junto a comediantes de Radio Rochela. Tomada de la cuenta facebookeana de Milagros Socorro. 

domingo, 19 de febrero de 2023

Noticiero retrospectivo




- Carlos Enrique Farias. "Libertad para Richard Izarra". Reventón, Caracas, 18/06/71.

- Iris Castellanos entrevista a Edmundo Chirinos. "El 23 de enero fue el gran engaño". El Nacional, Caracas, 27/11/88.

- Ramón Escovar Salom. "Ventana de papel: La exclusión de la izquierda" (El Salvador, Nicaragua, América Latina). El Nacional, 06/04/81.

- Alberto Arteaga Sánchez. "(Juan) Liscano, la legislación y la constituyente". Economía Hoy, Caracas,  05/10/98.

- Mario Torrealba Lossi. "Vicios e inelegancias del periodismo". El Globo, Caracas, 28/05/93. 

Reproducción: Isabel Palacios. El Diario de Caracas, 09/03/1986.

domingo, 5 de febrero de 2023

Noticiero retrospectivo

- Juan Liscano. "Jorge Gaitán Durán". El Nacional, Caracas, 29/03/62.

- Ramón Escovar Salom opina a Euro Fuenmayor sobre el golpe de Estado en Perú: "Este acontecimiento coloca el nivel político de América Latina a la altura del Congo". El Nacional, 06/10/68.

- Nelson Rodríguez entrevista al Cardenal José Alí Lebrún. El Nacional,  31/12/88.

- Sergio Dahbar. "Los Tres Chiflados: El delicado arte de la cachetada". Economía Hoy, Caracas, 02/05/)3. Domingo Hoy.

- Solís Martínez. "Enemigos actuales" (de la Fuerza Armada Nacional). El Universal, 03/01/2000). 

Reproducción: Gustavo Vollmer y su hija, según Villa, en la segunda corrida de la Feria Universitaria, en el Nuevo Circo. La nota correspondiente se queja de los altos precios del espectáculo taurino, con entradas desde Bs. 35,oo hasta Bs. 180,00. Precios de "los más caros del mundo". Momento, Caracas, nr. 188 del 19/02/1960.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Noticiero retrospectivo

- Juan Nuño. "Garcia Bacca: de la muerte y otras inmortalidades". El Nacional, Cararacas, 09/10/1983. Papel Literaro.

- Julio Febres Cordero. "El voto militar". El Nacional,  10/01/82.

- Kalinina Ortega. Decisión de la Corte Suprema de Justicia revitalizó el artícul 69. Desde 1937, periodistas eran juzgados por los tribunales militares por interpretar informaciones referidasa las Fuerzas Armadas. El Nacional,,  24/12/81.

- Gloria Stolk. "Hundiéndonos en el excremento del dialo".  Resumen, Caracas,  nr. 139 del 04/07/76.

- Ramón Escovar Salom. "El mito agrario". El Nacional, 12/03/90.

Reproducción: Últimas Noticias, Caracas, 07/09/1953.

domingo, 3 de julio de 2022

Comentarios

DE UNA NECESARIA POSDATA

Luis Barragán

La semana pasada versamos un poco sobre el desempeño político y la especialidad que tienta y hasta se cultiva, aunque la responsabilidad pública va más allá de un determinado ámbito del pensar y el quehacer social. O quizá sea una añoranza inadvertida en torno a los tiempos del político ilustrado o moderno que contrasta con el actual, tan posmodernamente caracterizado por el culto hacia sí mismo.

            Nuestra modesta nota suscitó algunos comentarios que mucho agradecemos, siendo uno de ellos, el del apreciado José Rafael Herrera, quien apunta hacia la perspectiva gramsciana del intelectual orgánico.  En alguna ocasión intentaremos el abordaje, aunque no encontramos todavía una cierta novedad que ensayar al respecto, evitando la repetición escolar, excepto pretendamos un desarrollo sobre el intelectual inorgánico que sirve de mera pieza propagandística,  devenido burócrata o fetiche para el régimen que solo se sirve de su nombre de pila.

            Incorporado el texto a Instagram, nuestra querida Iruña Urruticoechea llamó la atención sobre Manuel Fraga Iribarne, la personalidad española que nos sirvió de ejemplo: abofeteó a Sofía Ímber en el curso de una entrevista televisiva realizada en Caracas, y, aunque no hemos dudado de su testimonio, porque ella misma lo vio, lo creyó propio del franquista que fue, y – nos aventuramos - alguna explicación y reparación tendría un hecho tan grave. Hay todavía evidencia en las redes de un incidente verbal que provocó cierta consecuencia política en España, a propósito de la bandera vasca (“Ikurriña”), negada o  zaherida por el entrevistado en el programa de Sofía y Carlos Rangel  de mayo de 1976 (http://cic1.ucab.edu.ve/cic/php/buscar_1reg.php?Opcion=leerregistro&Formato=w&base=imber&cipar=imber.par&Mfn=1155&Expresion=_(!BFraga_Iribarne,_Manuel).

            Siempre tan acucioso, el estimado Ramón Escovar León nos remitió una fotografía de juventud e hizo varios comentarios alrededor de Fraga Iribarne, incluyendo una anécdota: obsequiado con numerosos libros, el autor tuvo que hacer alguna gestión en la línea aérea, porque al venezolano no le alcanzaba para pagar el sobrepeso del equipaje con destino a Maiquetía.  Y convalidando nuestra hipótesis sobre el oficio político y la especialidad,  Escovar León considera que Fraga es un constitucionalista que está a la altura de Manuel García Pelayo.

            Nos satisfizo tocar el tema, además, por otros comentarios recibidos a favor y en contra del líder gallegos, añadida – se nos dijo -  la gran amistad que tuvo con Fidel Castro, pero . finalmente -  apuntemos, por una parte, que la entrevista citada es todavía una formidable muestra del nivel de formación, información y lenguaje del entrevistado y de los entrevistadores para la emisión rutinaria de una televisora de señal abierta que las nuevas generaciones ni siquiera imaginan; y, por otra, destacamos la referencia democrática que fue Venezuela, digna de imitar, y la negación de Fraga Iribarne sobre el enriquecimiento indebido del franquismo. Dato éste importante, porque suscribimos el texto luego de culminar la lectura de Joaquim Bosch en torno a la corrupción ibérica (“La patria en la cartera” (Ariel, Barcelona, 2022), y apenas comenzada la novela de Fernando Aramburu sobre ETA  (“Patria”,  Tusquets, Barcelona, 2016). 

04707/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/37530-posdata

sábado, 14 de mayo de 2022

Trazos

BETANCOURT, ¡PRESENTE!

Freddy Marcano  

Imposible que los que han detentado en Venezuela el poder absoluto en lo que va de este siglo XXI puedan exhibir el testimonio y las credenciales políticas y morales de Rómulo Betancourt, o que surjan voces como la de  Carlos Canache Mata capaces de interpretarlo con profundidad y rigor extremo. Ni siquiera por encargo han logrado equiparar la producción escrita sobre el líder guatireño, pues los propagandistas del régimen carecen del calibre, la solvencia intelectual y el estilo del anzoatiguense Canache Mata. Los liderazgos no se decretan y, por mucha que sea la fuerza y la ferocidad empleadas para sojuzgar y humillar, la esperanza se mantiene viva y firme para desplegarse e inspirar un vasto movimiento de reivindicación de las libertades públicas.

Ya está en circulación el libro titulado Rómulo Betancourt, líder y estadista, escrito por Carlos Canache Mata (Caracas, 2022), de reciente publicación y una estupenda presentación en los espacios de la Universidad Central de Venezuela, con el aporte decisivo de la Friedrich-Ebert-Stiftung, copatrocinado por el Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro. Es una producción muy bien fundamentada donde el autor traza el largo itinerario del líder guatireño que, inmediatamente, ha de llamar la atención a los más jóvenes que se atrevan a leerlo, pues en él se destaca el radical contraste con los actores políticos del presente: gobierno y oposición. Las dos veces que Rómulo Betancourt ejerció el poder en Venezuela declaró bajo juramento sus bienes y activos, difundiendo sin rubor el documento y sólo le aceptó a sus probados y mejores amigos que reunieran los recursos necesarios para tener una casa cuando regresó del exilio voluntario; dentro y fuera de Venezuela, fue objeto de sendos atentados reales y probados, siendo enemigo declarado de dictaduras tan feroces como las lideradas por Chapita Trujillo en la República Dominicana y Fidel Castro en Cuba. Llevó una vida de ejemplar austeridad, sin que sus herederos, deudos y relacionados, tuviesen cuentas en paraísos fiscales y escandalizaran a europeos y norteamericanos por sus despilfarros y extravagancias. Sin embargo, entre las diversas facetas de este importante lider venezolano, hay tres que deseamos resaltar.

En efecto, por una parte, creyó realmente en la soberanía popular. Canache Mata indica que la Revolución de Octubre fue la hazaña necesaria para recuperarla (pág. 175 ss.). Hoy es demasiado evidente la pérdida de esta soberanía en el contexto del Estado Comunal y la eterna reelección inmediata. Rómulo fue un hombre de vocación de poder; sin embargo, fue más importante la vocación histórica y, pudiendo ser el candidato presidencial en 1972 renunció a esa posibilidad (pág. 555 s.), honrando las palabras pronunciadas años antes. En segundo lugar, se encuentra el interés de estudiar a profundidad las realidades venezolanas que, paradójicamente, recobran toda su vigencia en relación con la salubridad, las relaciones agrarias, o los servicios públicos, pero es el petróleo el asunto fundamental; la inquietud, el estudio y el interés por la materia viene desde los tiempos de la clandestinidad, cuando el autodidacta escribía bajo anonimato una diaria columna y, por mucho entusiasmo que generara la nacionalización de Lázaro Cárdenas en México, siempre tuvo los pies sobre la tierra para delinear una política realista que pusiera en nuestras manos la industria (pág. 82 ss.), como, efectivamente, ocurrió ― aunque todo se ha perdido bajo el actual régimen. Por último, su visión de amistad, un rasgo importante y característico que anotar: cultivaba la amistad sincera de muchísimas personas, tuvo insignes colaboradores que lo apreciaban, pero a su lado no tuvo ni aceptó a los adulantes fáciles, gratuitos e interesados que detectaba a tiempo y los distanciaba (susurradores). Fue muy duro con sus adversarios y comprensivo con los llamados adversarios leales, pero lo peor fue el sentimiento de desprecio ante quienes, amigos o enemigos, aparentaban virtudes que no tenían, simulaban capacidades que no se les veía, o escondían su cobardía detrás de las grandes citas de autores que poco conocían.

El doctor Canache Mata realiza un magnífico aporte a la bibliografía betancuriana, al demostrar una riqueza de léxico, un poder de investigación y un crecimiento político y personal que deja muy atrás los antiguos panfletos de radical desprecio o de encendida alabanza que suscitó el polémico líder guatireño; e, incluso, a pesar de la intensa propaganda chavista, nos refieren que ha aumentado el interés académico sobre Betancourt, a través de las numerosas tesis de grado y trabajos de ascensos que no llegan a difundirse por la pobreza editorial que nos caracteriza, y la debacle de nuestras universidades. Se ha hecho un esfuerzo por actualizar los estudios bibliotecológicos de la presente centuria a partir del balance que hizo, hace más de una década, Rafael Ramón Castellanos en torno a Hugo Chávez y la denominada revolución bolivariana, pero ninguna muestra llega a la calidad, el rigor, la profundidad y la novedad suscitada por Rómulo Betancourt. Es larga la lista de consabidos y acreditados historiadores, así como viejos adversarios, que han demostrado un extraordinario coraje intelectual, como Manuel Caballero y Germán Carrera Damas, quienes han contribuido con sendos títulos en torno a Rómulo y la contemporaneidad; o, sin que pueda acusársele de filo-betancourista, Arturo Sosa Abascal quien ha estudiado con mucha solvencia y seriedad los textos políticos y económicos de un estadista que sigue siendo objeto de una grotesca descalificación por autores como Simón Sáez Mérida o José Sant Roz, únicamente editados por este régimen para zaherir y desmoralizar a sus partidarios.

Para los nuevos políticos o los nuevos liderazgos, o los que en un futuro pretendan serlo, para los que hemos insistido, resistido y persistido es importante buscar como referencias a los personajes que realmente dejaron una huella positiva en el transcurrir de su vida en áreas como la política, la economía y en aspectos más sublimes como lo moral y lo social. El presente es un reflejo del pasado y el futuro está cocinándose en nuestro presente. Es necesario revisar los aspectos positivos de ese pasado que es parte de lo que nos ha traído hasta este hoy. El aprendizaje se construye sobre lo bueno o lo malo del pasado, y que mejor que copiar el modelo Betancourt, para retomar el camino democrático de bienestar y progreso y adaptarlo a estos tiempos.

09/05/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/betancourt-presente/

RÓMULO BETANCOURT VISTO POR CARLOS CANACHE MATA

Ramón Escovar León  

Rómulo Betancourt, líder y estadista es el título de la biografía política del líder fundador de Acción Democrática que acaba de publicar Carlos Canache Mata. La obra fue presentada ante una nutrida concurrencia, el pasado 27 de abril en la Plaza Cubierta del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela. Este espacio de libertad, bajo el manto de su belleza arquitectónica, ofreció un ambiente propicio para recordar hechos históricos asociados con el nacimiento de la democracia.

El acto fue patrocinado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung, cuya directora, Katharina Wegner, abrió la  presentación de la obra y fue seguida por Marialbert Barrios, miembro de la Fundación Fermín Toro; por Virginia Betancourt Valverde, por quien suscribe este artículo y por Carlos Canache Mata. El evento fue moderado por el profesor y exparlamentario Pedro Pablo Alcántara. En este artículo voy a recordar algunas de las reflexiones que expuse ese día.

Son varias y de calidad las biografías y ensayos sobre Rómulo Betancourt. Los libros de Germán Carrera Damas, Manuel Caballero, Robert J Alexander y Arturo Sosa Abascal sobre el estadista adeco, ahora encuentran compañía con esta valiosa obra de Carlos Canache Mata. Esta lista la amplían los estudios y ensayos sobre el pensamiento de Betancourt, recogidos en el libro Rómulo Betancourt: Historia y contemporaneidad publicado por la Fundación Rómulo Betancourt. A esta ristra hay que agregar La Doctrina Betancourt, una alternativa para Venezuela de Luis José Oropeza.

Betancourt comienza su actividad política e intelectual a partir de la generación del 28, denominada por José Rafael Pocaterra como la “generación predestinada”. A lo largo del libro, el autor señala los hechos y también expone su análisis y puntos de vista sobre la vida política e intelectual de Betancourt, desde su combate contra el gomecismo hasta la consolidación de la democracia. Uno de los méritos, entre otros, de esta obra, es que el autor fue testigo de muchos de los hechos narrados. De ahí que el libro contiene una biografía y, en cierta medida, unas memorias.

Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras, Marcos Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt ocupan un lugar relevante en el siglo XX venezolano, cada uno con su puesto y con su significación. Gómez y Pérez Jiménez representan la dictadura; López Contreras es el hombre equilibrado e inteligente que abre las puertas a la transición y a la libertad; Betancourt es el estadista de la democracia y de la construcción del más importante partido político de nuestra historia contemporánea.

Rómulo Betancourt ofreció gobernar su período completo: ni un día más ni un día menos. Así lo hizo, pese a los alzamientos y atentados que sufrió su gobierno. De ahí que algunos creyeron que sería un gobierno corto, pero su inteligencia política le permitió sobreponer los obstáculos hasta que le entregó el gobierno a Raúl Leoni. Después del 24 de noviembre de 1948, el líder adeco había desarrollado un fino olfato para oler conspiraciones. Y esto le permitía advertirlas con anticipación.

Bueno es recordar que después del 23 de enero surgió la necesidad alimentar la unidad para darle base de sustentación a la democracia. Por eso, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba firmaron en la quinta Puntofijo, residencia del segundo de los nombrados, el acuerdo de gobernabilidad que giró en torno a tres ideas: “Defensa de la constitucionalidad conforme al resultado electoral”; “b) Gobierno de Unidad Nacional” y “c) “Programa mínimo común”. Estos tres objetivos se respetaron sin vacilar. De esta manera se logró una alianza que dio soporte a la naciente democracia. El respeto a los resultados electorales fue determinante en el acuerdo celebrado. Los partidos políticos entendieron la importancia de la unidad para poder defender al sistema político de las amenazas militaristas. También comprendieron la significación del principio de alternancia en el poder.

Betancourt estaba asediado por los intentos de golpes de Estado. El primero fue el de Castro León, el 20 de abril de 1960 en San Cristóbal; luego los golpes de Carúpano (4.5.1962) y Puerto Cabello (2.6.1962) organizados por el Partido Comunista. A esto se suma el atentado lanzado por Trujillo desde República Dominicana, en junio de 1960, poco después del alzamiento de derecha de Castro León. Sin embargo, el vigoroso líder de la democracia resultó vencedor. Poco tiempo después, el 26 de junio de 1961, se produce el intento conocido como “Barcelonazo”, liderado por militares de estirpe perezjimenista. En este alzamiento Carlos Canache Mata era el secretario general de gobierno (véase Capítulo 50, pp. 431-439), y el gobernador era Rafael Solórzano Bruce. Ambos, gobernador y secretario de gobierno, arriesgaron sus vidas en defensa de la constitucionalidad.

En ese contexto reaparece Fidel Castro, luego de su visita a Venezuela en enero de 1959. La intuición política de Betancourt le permitió ver lo que significaba el revolucionario caribeño, al negarse a celebrar elecciones en la isla. La Revolución cubana había llegado para quedarse, y en sus planes no estaba hacer votaciones, salvo que pudieran maquillarlas una vez consolidado Castro en el poder. La agresividad de Castro fue desbordada. La injerencia fue permanente, al punto de llevar a cabo dos invasiones. La de Macama, en 1963, playa falconiana, donde fueron depositadas armas y pertrechos para sabotear la elección de Raúl Leoni. Luego ocurrió la invasión de Machurucuto (Miranda) en mayo de 1967. Como dato curioso, hay que recordar que aquí fue detenido el general Arnaldo Ochoa, héroe de la guerra de Angola y luego fusilado por Castro. Sin embargo, los presidentes adecos, Betancourt y Leoni derrotaron a Fidel Castro con el apoyo incondicional de las Fuerzas Armadas, que demostraron su repudio a las invasiones castristas y su compromiso con la democracia.

Todos los escollos fueron superados bajo el liderazgo de Rómulo Betancourt y de la responsabilidad de la clase política que impulsó un acuerdo unitario, como lo fue el antes mencionado Pacto de Puntofijo. Sin unidad y visión de largo alcance no hay posibilidades de desarrollar la democracia.

Luego de derrotar a la guerrilla urbana Betancourt, afirmó en su lenguaje característico: “Hemos derrotado a los sicofantes del hamponato”. (Estas expresiones y frases del líder adeco, son tal vez producto de sus lecturas de las obras de Miguel de Cervantes y de José Rafael Pocaterra). Así pudo Betancourt cumplir su promesa de que no gobernaría ni un día más ni uno menos del señalado por la Constitución. De esa manera, le entregó el gobierno a Raul Leoni, otro estadista adeco, en una imagen que proyecta la consolidación de un sistema político,  gracias a la visión y responsabilidad de sus líderes.

Entre los ejemplos de Betancourt hay que destacar su probidad. El ejercicio de la política y del gobierno bajo el respeto incondicional a las reglas éticas. Esto es, además, un rasgo que ha caracterizado la vida política de Carlos Canache Mata. Y esta virtud -la probidad- la destaqué en el acto de la UCV para señalar semejanzas entre el fundador de AD y del autor de esta nueva biografía, quien es uno de sus dirigentes históricos más destacados del Partido del Pueblo. En este sentido, Carlos Canache Mata afirmó: “Yo soy un hombre de posiciones muy claras y definidas. Tengo una posición militante contra la corrupción. No tengo techo de vidrio ni rabo de paja, tal como lo reconoce todo el país, incluyendo a mis adversarios. Puedo hablar sin temores de ninguna especie porque no existe la posibilidad de que me lleguen a chantajear en ningún momento” (El Nacional: Foro con Alfredo Peña, 8.10.1989).

Luego, el 17 de julio de 2019, en el acto en su honor organizado por la Asociación de Parlamentarios Jubilados, proclamó: “Mi pobreza es mi mayor riqueza”. Esta frase dice lo que es Canache Mata: un político que ha hecho de la probidad una norma de vida. Esto es inherente a un selecto grupo de políticos de la era civil, que no se aprovechó de los cargos que ocupaban ni del poder que detentaban para enriquecerse o favorecer a amigos y familiares.

Para que la acción política arroje resultados se requiere de políticos caracterizados por la probidad, la decencia, el aporte intelectual, la discusión doctrinaria y comprometidos con Venezuela.

En la comprensión de la historia política de un país, las biografías y memorias de sus grandes actores constituyen aportes relevantes. Es lo que ocurre con Rómulo Betancourt, líder y estadista, de Carlos Canache Mata.

Fotografías: LB (2022).

10/05/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/romulo-betancourt-visto-por-carlos-canache-mata/

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...