Algunos años atrás, visitamos una localidad
interiorana que estaba de aniversario fundacional. Además de las actividades
proselitistas que nos condujeron también a un foro sobre el problema
universitario, tuvimos ocasión de asistir a la misa católica dominical en la
que el párroco desarrolló una estupenda homilía alusiva a la festividad.
Le comentamos al presbítero la importancia de difundir
sus homilías por las redes, incluyendo la letra impresa. Empero, se disculpó de
no hacerlo frecuentemente, porque las prefería espontáneas para la feligresía
asistente, por supuesto, bajo la inspiración del Espíritu Santo.
Por aquella época, acá, estuvimos empeñados en grabar
al sacerdote oficiante en la capilla de habitual concurrencia y, nos parece,
llegamos a publicar varias intervenciones en un canal de Youtube creado a tales
efectos para que no se confundiese con nuestras actividades parlamentarias y
políticas. Muy antes, tomamos nota disciplinadamente cada domingo, durante tres
años, en la Iglesia de San Francisco de Caracas, respecto a lo referido por los
distintos celebrantes que, por cierto, significó nuestro regreso definitivo a
la Eucaristía semanal a mediados de la primera década del siglo.
Gracias a Dios, hoy, las redes digitales también se
hacen litúrgicas y podemos sintonizar la misa por la previsión y el esfuerzo
voluntario de cada comunidad. Extraordinaria tarea, aunque aún lo creemos
insuficiente a objeto de transmitir la valiosa reflexión que puede hacer el
celebrante, cada vez más urgida la ciudadanía de una bocanada de inspirada sensatez
que contraste con la cultura dominante.
Inexperto en la materia, presumimos que la meditación
dominical de la palabra antes exigía una cuidadosa preparación como –
sospechamos – no se tiene ahora. Varias son las causas, dada las apremiantes
circunstancias sociales y económicas compartidas, sin que abundemos en el clima
prevaleciente de (auto)censura, pero lo cierto es que falta un poco más de
densidad.
Podemos conjeturar sobre la calidad de esa meditación,
como reflejo de una formación académica que se ha visto ahora resentida, pues,
a la escasez de seminaristas quizá la haya también de profesores y prelados que
tuvieron oportunidad de cursar estudios igualmente en el exterior que ya no
tienen los jóvenes. Y también suponer que la creciente desescolarización de la
población inexorablemente se refleja en una comunidad en la que no le parece
tan obvia una catequesis mínima, intensamente agobiada por el absurdo discurso
del poder establecido en todo el presente siglo.
Impresión personal la nuestra, la homilía urbana tiende
a parecerse o a versionar una cierta literatura de auto-ayuda y, raras veces,
alude a nuestras vicisitudes inmediatas y actuales. Digamos que se cuida de no
herir susceptibilidades, aunque extrañamos algún tratamiento teológico básico por
el temor de la incomprensión porque nuestro pensamiento se ha hecho cada vez
menos complejo, más esquemático, simplista y banal como obsceno y
(auto)degradante.
Sentimos que luce indispensable una masiva
recatequización de la feligresía y que, al elemento teológico, sumen una
adecuada interpretación de nuestra vida rutinaria en lo personal, familiar y
social, orientada al compromiso trascendente. Es fácil escribirlo en la
sociedad de una mera supervivencia que conjuga la pobreza material con la
espiritual, pero hay que empujar el barco con fuerza, determinación y esperanza
que, igualmente, esperan los no creyentes confiados en los valores y principios
occidentales.
Porque llevamos una sección regular del blog personal
sobre las homilías (apuntaje.blogspot.com),
constatamos un error demasiado recurrente en las misas venezolanas publicadas:
no colocan la fecha, no etiquetan las lecturas, no señalan al o los
celebrantes, no hay un registro técnico de las personas que colaboran y de la
locación. Los operadores digitales a lo mejor son muy jóvenes y creen que, por
muchos años, la gente tendrá la memoria intacta del evento: todo sabemos que no
será así, e, independientemente de la profundidad y alcance de la homilía,
siempre será útil registrarla al aspirar que trascienda por lustros y décadas; preocupante,
porque cuentas como la de la Arquidiócesis de Caracas, por lo menos, en
Youtube, falla al respecto y, a veces, apenas coloca la fecha.
Por último, permítannos observar que la anomia social
llegó también a la Iglesia y es importante una campaña pedagógica sobre la correcta
conducta de las personas en la misa. Esperamos un mínimo de urbanidad y también
de consciencia católica, pues, hasta los hay quienes se colean camino al
confesionario.
Nos parece fundamental que la recuperación de la vida
y de la vivencia comunitaria tenga un ejemplo vivo en las comunidades
religiosas, como no la tiene ni tendrá en el comunalismo que la ha falsificado,
partidizándola hasta la saciedad. Y la palabra cotidiana y orientadora de la
Iglesia Católica puede realizar grandes aportes, seamos o no creyentes.
Fotografía: LB, procesión del Viernes Santo, Iglesia de la Coromoto (Caracas, 03/04/2026).
Por muy espontáneas que sean, las homilías dominicales
hacen de la Iglesia Católica un referente extraordinario de limpia intención y
sensatez en contraste con cultura dominante del absurdo maniqueísmo, la
simplicidad y la puerilidad contaminada por la (auto)degradante obscenidad. No
obstante, la lectura e interpretación de la Palabra que exceda de los quizá
diez minutos, suele aburrir al feligrés promedio que se muestra más entusiasta
con los cantos y la Eucaristía.
Desconocida en mucho la estructura de la misa, citar y
meditar presencialmente la Biblia no cuadra en una sociedad superdigitalizada,
pero – siendo así – esa misma sociedad ha de extrañar las voces de la razón y
del genuino compromiso con una fe que multiplica las más firmes esperanzas. Por
ello, aunque falte o sobre la densidad del mensaje, importa descubrir una
riqueza de testimonios y perspectivas que ofrece el sacerdote que no le hace
concesiones al púlpito que bastantes desean ligero, expedito, automático.
En la propia red de redes, aumentan las cuentas
relacionadas con las comunidades católicas, las misas y, por supuesto, las
homilías que pueden suscitar igualmente serios y provechosos comentarios
necesitados de estímulo y procesamiento. Claro está, comporta un extraordinario
trabajo para el cual se requiere también de tiempo y de recursos económicos,
pero – ya numerosas - las exitosas
iniciativas conocidas entre los venezolanos recurrentemente fallan por un
detalle: no están fechadas, no tienen la etiqueta correspondiente a las
lecturas, ni está fichados otros datos como el nombre mismo del celebrante o
celebrantes, el personal técnico o artístico, el lugar en el que se hizo la
grabación.
Se dirá que lo importante es que se transmita la misa
para aquellos que no pueden participarla presencialmente, o no siempre resulta
interesante la homilía por la fatiga que provoca escuchar físicamente al otro y
a los otros. Somos partidarios de hacer memoria histórica y, particularmente,
dejar constancia del móvil teológico y sociológico de cada época, del aporte
creador de inspirados oficiantes, de la reflexión organizada, firme y creadora
como alternativa ante el disparate entronizado por el discurso oficial en el
presente siglo.
En una que otra cuenta, hemos dejado nuestra modesta
observación: la Iglesia también es institución y, quizá porque el webmaster es
muy joven y tiene aún viva su ilusión de inmortalidad terrenal, presume que todos
recordaremos con exactitud esas circunstancias de modo, tiempo y lugar que cobran
una insospechada importancia e interés con el tiempo. En todo caso, consignada
la preocupación, deseamos valernos de la ocasión para desear al paciente y
amable lector unas felices Pascuas de Resurrección junto a la familia, incluso,
para el no creyente que tiene consciencia de los principios y valores occidentales.
Fotografías: LB, cercanía de El Nazareno de San Pablo, Basílica de Santa Teresa (Caracas, 01/04/2026); Jesús resucitado, Iglesia de la Coromoto (Caracas, 05/04/26).
Uno de los más bellos y
famosos textos del evangelio de Juan. Es estupenda la escenificación, el
progreso del diálogo, los muchos detalles que ambientan perfectamente el
relato... Pero nos importa mucho más el significado. Jesús es el Agua Viva. El
cuarto evangelio lleva al límite el género "Evangelio", en el que los
sucesos se narran por su significado.
Parecen historias, narran
muy probablemente sucesos que ocurrieron, pero son sobre todo tratados de
teología.
El suceso es perfectamente
verosímil, bien ambientado en todos sus detalles. El paso de Jesús por Samaria
hacia Jerusalén no está atestiguado en ningún otro evangelio, pero no es
imposible: el pozo puede ser el "de Jacob", aunque la localización de
Sicar ha suscitado discusiones. El texto refleja también perfectamente la
posición religiosa de los samaritanos respecto a los judíos.
Sobre este relato, Juan
construye "la Teología del Agua viva". Parecería una invitación a
hablar del bautismo; el texto sin embargo tiene una connotación bautismal mucho
más amplia. Se toma el agua en el sentido más bíblico, como aparece en el Libro
del Éxodo, tal como lo vemos en la Primera Lectura de hoy. No se trata de
sumergirse, lavarse, sino de "beber". En este sentido, el texto
ilumina al bautismo, porque allí empezamos a beber del agua de Jesús.
En estos tres domingos de
Cuaresma (3º, 4º y 5º), vamos a leer tres narraciones del cuarto evangelio:
- Hoy, el de la Samaritana,
cuyo tema es "el agua viva".
- El domingo 4º, el ciego de
nacimiento, cuyo tema es "la luz".
- El domingo 5º, la
resurrección de Lázaro, cuyo tema es "la vida".
Los tres son símbolos
perfectos de Jesús y, a través de él, de Dios.
Jesús y la samaritana: un
mundo lleno de novedades. Jesús está cansado y sediento, y no puede sacar agua
porque el pozo es profundo. Nuestra fe no se basa en un Jesús mágico, exento de
cansancio o de debilidades. Nunca insistiremos demasiado en que creemos en ese
hombre.
Jesús habla con una mujer, y
una mujer samaritana, herética y extranjera, y además de mala fama. Hasta sus
discípulos se extrañan. Pero es que es el médico, viene a curar, a salvar,
tiene que estar con los enfermos.
Preciosa imagen de Dios. A
Jesús le interesa poco el Templo, el culto exterior, incluso "los
justos"; le interesa que la mujer arregle su vida. Jesús sueña con salvar
el mundo entero: pero necesita ayuda.
Esto define nuestra misión:
¿quieres ayudar a Dios a que sus hijos vivan como hijos?
Sí, lo de Jesús es
diferente.
El agua viva
Lo que es el agua para la
vida normal, eso es Jesús para la vida humana. Jesús es el Agua, Jesús es La
Palabra, Jesús es el que da el Espíritu. Jesús no es un pozo a donde se va a
beber de vez en cuando, es una fuente de espíritu: el que bebe de Jesús es
fuente. Él mismo siente brotar de dentro de sí el Agua que brota hasta la Vida
eterna, y no tiene más sed de otras aguas, porque Jesús quita la sed de todas
las otras cosas.
Es importante que adquiramos
la manera de hablar de la Biblia. Nosotros funcionamos siempre por conceptos, y
queremos abarcar con ellos la realidad precisa y clara. Pero estamos hablando
de Dios, y toda la Biblia, y los evangelios, nos hablan de Él con imágenes. Y
¡qué estupendas imágenes! La mayor parte de nuestro organismo es agua. Sin agua
no podemos vivir. El mayor tormento es la sed. Encontrar agua en el desierto es
un milagro increíble. Eso es Dios para nuestra vida, eso es el evangelio. Sería
magnífico que pudiéramos decir sin extrañeza, "vamos a beber en el
evangelio de Marcos".
Todos estos símbolos
expresan muy bien la condición de la vida humana, necesitada de alimento, luz,
agua... para caminar. Es una vez más la confirmación de la imagen de Dios que
Jesús nos da. Nosotros solemos preferir otros términos: Eterno, Creador, Señor,
Juez... Pero Jesús usa mucho más estos términos inmediatos: agua, luz, vida,
pan, pastor, puerta, médico, padre. Todos ellos subrayan una misma línea: Jesús
presenta a Dios como aliado, en la línea más antigua de la Revelación.
El hombre tiene que andar un
camino. Dios es su ayuda mejor en el camino. La Palabra de Jesús es la mejor
luz, el agua, el pan del camino, Dios es el pastor y el médico. Estamos
acostumbrados a dirigirnos a Dios diciendo "Dios mío". Llegamos hasta
a decirle "Padre mío". Sería magnífico que no nos disonara invocarle
diciendo "Agua mía".
Cuando la Samaritana
entiende que Jesús le ofrece más que el agua del pozo, pasa inmediatamente a
planteamientos religiosos habituales, que a Jesús no le interesan: el Mesías,
el templo en Jerusalén o en el Garizim.... Pero todo eso no es el agua de
Jesús. El agua de Jesús es que los verdaderos adoradores den culto en espíritu
y en verdad. Y esto no se limita a decir que hay que hacer en el templo un culto
verdadero, con entrega del espíritu a Dios, sino que hay que dar un verdadero
culto, que rebasa el templo y convierte toda la vida en culto.
Esta "novedad de
Jesús" estaba ya sembrada en el Antiguo Testamento, y el mismo Jesús cita
la frase del profeta Oseas "Misericordia quiero y no sacrificios".
Pero es en Jesús donde aparece con toda su fuerza y en su sentido más radical.
Dios no está en el Templo, como un Señor que reside en un palacio. Está en
todas partes y sobre todo en todos sus hijos los seres humanos; allí hay que
servir a Dios. Los templos y los lugares sagrados han sido para las religiones
lugares para encerrar a los dioses, para que no estén fuera de ellos.
Por eso, para los conceptos
religiosos tradicionales hay diferencia entre lo sagrado y lo profano. Con
Jesús, esto desaparece, porque no hay nada profano. Es más, si la vida no es
sagrada, el templo es profano, porque es inútil.
Una última consideración,
uniendo los dos temas que hemos enunciado. El mundo necesita agua, está
sediento. Está sediento de agua física, de pan físico, de vivienda física, y
está sediento de Agua Viva, de conocer a Dios, de saber quién es y cuál es su
Casa. Éste es el espacio sagrado de los que siguen a Jesús, éste es su culto,
ésta es La Palabra de que son portadores.
Demasiadas veces hemos
pensado que llevar a los pueblos La Palabra es predicarles la religión. Esto es
sólo una caricatura, y un empequeñecimiento de La Palabra. La Palabra no son
nuestras palabras: La Palabra es Jesús, un modo diferente de vivir, una manera
de situarse ante los demás, una nueva relación con Dios. Todo esto se explica
con palabras, pero solo se transmite con obras.
Por esta razón, el agua
vuelve a aparecer en la última "parábola", la del Juicio final. En
ella se diferencia lo válido de lo inválido, no por la predicación, ni por la
pertenencia jurídica a la Iglesia, sino por la mejor de todas las frases que
puede entender cualquiera:
"Porque tuve sed y me
disteis de beber"
Y es que Jesús lo cambia
todo: nuestra relación con Dios, el Agua Viva: nuestra relación con los demás,
con los que hemos de compartir nuestra Agua, el concepto mismo de religión, que
es el agua que hace fecunda la vida de los humanos.
"¿Está o no está el
Señor en medio de nosotros?"
Esta duda del pueblo de
Israel es quizá también la nuestra. ¿Dónde está tu Dios?. En un mundo lleno de
tanta miseria y tanta maldad ¿dónde está Dios? Hace falta un fe muy fuerte para
seguir hablando del Dios Padre de todos, para seguir afirmando que existe, que
se entera, que nos quiere ... ¿por qué sigue permitiendo tanto mal para sus
hijos?.
Jesús no nos ha explicado
este por qué. Jesús nos ha dicho lo que quiere hacer el Padre, y que nos
necesita para hacerlo. Jesús no ha hablado del Creador, ni nos ha explicado por
qué el Padre da permiso para que caiga cada uno de nuestros cabellos, y lo da
también para tanto mal. Jesús sí
nos ha dicho que en este
desierto, el Agua, la luz, la sal, el pan... es la Palabra de Dios.
Esta es nuestra fe. Y no es
fácil comunicarla. Pero es misión que se nos ha encomendado. Ofrecer agua en el
desierto. Ser agua en el desierto. Esto nos llevaría otra vez a "vosotros
sois la sal..."
De todo esto, Jesús es la
prueba. Nuestra fe en la divinidad de Jesús va a ser puesta a prueba al ver su
humanidad. Verle sufrir y morir es un escándalo. ¿Puede pasarle esto a al
"hijo predilecto"? "Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".
Y nos sucede lo mismo al ver
la cruz de tantos crucificados de la tierra. Es el desafío más fuerte para
nuestra fe. Si, después de la cruz, seguimos creyendo en Dios, es porque
sabemos que, precisamente por eso no bajó de la cruz.
Nuestra fe es en Jesús
crucificado, es decir: creemos en el Amor de Dios, a pesar del mal del mundo, a
pesar del desierto, porque hemos visto a Jesús dar la toda la vida, hasta la
misma muerte, por nosotros, los hijos pecadores, simplemente porque nosotros
necesitamos creer en el amor, a pesar de que vemos el mal, el odio.
Quizá por eso no ponemos
como señal del cristiano a Cristo Resucitado, sino a Jesús crucificado.
Recordemos la frase perfecta de Juan 3,16 : "Tanto amó Dios al mundo que
le entregó a su Hijo único", corroborada por Pablo en Romanos 8, 32
"el que no escatimó ni a su propio hijo sino que lo entregó por todos
nosotros".
Sé de quién me he fiado
Preguntaban los israelitas
en el desierto: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?". Es
la pregunta básica de la fe: ¿me puedo fiar?, ¿será verdad todo esto?. Leemos
el relato de la samaritana, y brota de nuestro interior la fuente de la fe en
Jesús. De éste sí me puedo fiar. No hay Maestro como éste, no hay Palabra como
ésta, no hay Religión como ésta. Si Dios es esto, esto es el Agua para mi vida,
de esto sí me puedo fiar ( de ÉSTE sí me puedo fiar).
En el curso de
la Semana Mayor, luce pertinente el recentísimo libro de un título
comercialmente impactante que, además, bajo el sello de Random House, le ha
facilitado al autor una febril promoción. Los entendidos lo refieren como una
novela de no ficción cual rompecabezas del viaje papal a Mongolia, quien –
quizá sin saberlo – cumplió un itinerario adicional trazado por Javier Cercas
hacia sí mismo y una enigmática profesión de fe que consiste en no tenerla;
valga del detalle, “una confesión obligatoria: soy escritor porque perdí la fe”
(pág. 27).
Se dirá que dos locos anduvieron por el extremo
asiático entre septiembre y agosto de 2023, y, uno de ellos, que reivindicó de
nuevo su oficio con el testimonio susceptible de una maliciosa interpretación
lacaniana antes que balance noticioso de una difícil tarea pastoral: “De modo que aquí estoy yo, ateo y anticlerical,
laicista militante, racionalista contumaz e impío riguroso, volando en
dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, esperando
que termine de saludar a los vaticanistas y que llegue mi turno para poder
interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna, para que me
diga si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, para escuchar su respuesta
y llevársela a mi madre. He aquí un loco sin Dios persiguiendo al loco de Dios
hasta el fin del mundo” (221).
Tratamos de
una singular perspectiva que adquiere la fe, por razones enteramente
culturales, ya que procedemos simultáneamente de Atenas y Jerusalén, manifestándose por una suerte de catolicismo no cristiano, o sin Cristo,
aunque parezca un disparate. Nada casual, la España natal de Cercas encabeza el
índice europeo de secularización, reseñado días atrás por el conocido padre
Santiago Martín, exponiendo un escenario más de lidia con los principios y
valores occidentales de una presunta decadencia.
Faltan mayores
respuestas eclesiales a la sostenida interpelación de quienes, en el fondo,
desean fervientemente creer, pero las urgencias de la vida cotidiana las
impiden fluidas y consistentes. Sentimos que, en Venezuela, por ejemplo, hemos
vuelto a las devociones que flaquearon entre finales del siglo anterior y un
buen trecho del presente, dado el sincretismo interesado del discurso del
poder. No obstante, en medio de la denominada crisis humanitaria compleja, la Iglesia
se ha hecho más misionera y cercana, competida – a veces, deslealmente – por otras
creencias organizadas y sectas, aunque ha mermado su aporte respecto a la importantísima
inquietud y reflexión teológica, cada vez más encarecida la formación académica
dentro y fuera del país.
Si se quiere, Javier
responde a una particular tradición religiosa
resueltamente franquista que lo hace hipotéticamente más anticlerical que
antifranquista. Por ello, en un sentido, podemos hacerle una observación
semejante al reparo que le hizo a Bertrand Russell impedido de apreciar la
época de la “insurrección conceptual de Cristo” en cuanto al respeto y
afecto que merecen todos los seres humanos (41), pues, el mayor de los peligros es que la Iglesia naufrague en la confusión generalizada de las sociedades crecientemente despersonalizadas; y, en otro, al asumir que Francisco
I actúa como un cura y misionero en lugar de la altísima prelatura que
representa, como si fuesen términos incompatibles.
En este lado
del mundo, precisamente, echamos de menos al conductor universal, porque siendo
tan enfático en su crítica respecto a los países bajo la democracia liberal, ha
guardado un ya imprudente silencio en relación a las consabidas experiencias de
Nicaragua, Cuba y Venezuela, como la matanza de cristianos en África por no
hablar de lo que ocurre en los países de un radical islamismo. Y, por este exceso
de moderación, compartiendo la idea del burdo esquematismo izquierda-derecha,
o de que su peronismo fue ambiental y contrastante con los inconvenientes que tuvo
con losKirchner (50 s., 481), hay un
malestar inocultable con posturas que tienen una inevitable proyección política, no otras que las de de
Jorge Mario Bergoglio.
Celebramos
que, junto a los setenta periodistas que hicieron el viaje papal,
haya sido invitado el escritor que entrega ahora una pieza de magistral combinación
de la crónica y el ensayo, de lo biográfico y lo autobiográfico; el país desconocido, asimismo se ve reflejado en la ilustración de portada
realizada por José David Morales. Y es que, Javier Cercas, bien lo ha
expresado: “…Antes de emprender el viaje a Mongolia yo no era consciente de su
significado geopolítico, y que fue el propio papa quien terminó de persuadirme
de la importancia de éste con su cabriola final en la misa del Steppe Arena”
(428)“.
BREVE TENTATIVA DE UNA TEOLOGÍA DE LA PERSEVERANCIA
Luis Barragán
Presumido
título el nuestro, para un texto referido a la maternidad de María. Sin
embargo, es en ella que resalta la tenacidad de una fe que esperanza, como no
suele ocurrir con el mero acatamiento de un dogma que criminaliza, atemorizando
a todos por apenas una pulgada de humano incumplimiento.
Empobrecidos
espiritualmente, tupidos del pensamiento mágico-religioso propagado por un
Estado prendado a la insensatez y la arbitrariedad en el curso de la presente
centuria, miramos – creyentes y aún descreídos – hacia la madre de quien
cumplirá años en las próximas horas, actualizando nuestros corazones. Nueve
meses de paciencia, en medio de la miseria y también la represión, trajo la luz
al mundo en un establo, contextualizado por el infanticidio decidido por el otrora
poder establecido.
Tuvo sobrado
empeño al parirlo, criarlo y concederle al Padre el inmenso dolor de perderlo
para la común salvación que nos hizo ganar. Lejos estuvo de traicionar, delatar
y desertar, por la absoluta pureza y también el coraje de los sentimientos que
aportó a una pedagogía de las transformaciones necesarias, compartiéndolos.
Ocurrió,
porque Dios mismo es el que ha insistido en nuestra salvación dándole la gracia
a quien también la pide infinitamente tocando a sus puertas. Muy bien se sabe
de aquél que la perdió, entregándolo por unas monedas, por lo demás, partícipe
de las incansables faenas de predicación y milagros: no bastaba la simple
acumulación de experiencias, sino la limpia lealtad que, incluidos, en el caso
de los no creyentes, remite a principios y valores que le dieron, dan y darán
certeza y firme soporte a nuestras aspiraciones de liberación y libertad; vale
decir, una comprensión de la gracia por la consecuencia y terquedad que jamás
debe negarse al retroceso para recobrar las fuerzas necesaria, pivoteándonos
inmediatamente – por siempre – adelante.
Porque Jesús
mismo ha sido probado a través del sufrimiento, sabiendo y padeciendo lo que
es, y puede venir en auxilio de los que ahora pasan por las más duras pruebas
(Hebreos, 3:18), para que no seamos como aquellos que se retiran y (se) pierden
(Ibidem, 11:39). Y es que la creencia genuina en una causa de fe, añadida la
más terrenalmente liberadora y libertadora frente a la opresión, sobretodo,
requiere de jóvenes responsables, íntegramente responsables, siguiendo el
nítido ejemplo que puedan darle los más adultos (Tito, 3: 6-8).
Desde la
concepción misma, es Jesús de madre tesonera que comienza a trillar un camino
que muy adelante empecinará a san Pablo, eximio conductor de la fe naciente que
bien sabe que lo plebeyo del mundo, lo que no es nada, Dios lo eligió para
anular lo que es (1° Corintios, 1: 27-31). Cuan distante estuvo de la
megalomanía, lo efímero, la autosuficiencia, lo caprichoso, la
improvisación, que zanja una diferencia
extraordinaria entre la noble constancia y la maleada obstinación.
Santa María
tendrá un hijo a primera hora del día 25, portador eximio de fe y de esperanza,
sin seguro HCM, bajo el socialismo del siglo XXI.Estupenda noticia para los más jóvenes entre
los jóvenes, creyentes o no, capaces de crear toda una escuela de la
persistencia.
Fotografías: LB, Iglesia de la Coromoto (CCS, 22/12/24).
"En este sentido, la nueva evangelización a
la que toda laIglesia está convocada requiere de
cada uno el empeño porsuperar la separación entre fe y
vida. Desde esta unidad devida personal, cada cristiano se convierte en sal de la tierra yluz del mundo capaz de
vivificar la humanidad herida y darsavia nueva a la cultura, la ciencia,
las leyes, la diversión, lamoda, etc."
Pablo Martí del Moral
("Teología espiritual. Manual de Iniciación", RIALP, Madrid, 2006: 193)
Abrimos el
presente año con el peso de una noticia triste: el fallecimiento de Benedicto
XVI, recordamos, otrora cardenal que gozó de mala prensa décadas muy
atrás.Consciente de sus limitaciones
físicas, ya había renunciado al solio papal sucediéndole Francisco I.
A partir de 1981, Juan Pablo II le
confíó la prefectura de la Congregación para la Doctrina de la Fe que tuvo como
antecedente histórico – marcándola
mediáticamente - la Sagrada Congregación de la Romana y Universal
Inquisición.Vale decir, la consabida
Santa Inquisición de dudosa o pésima fama, emblematizada por sus torturas harto
despiadadas, aunque especialistas también la señalan como precursora de la
disciplina penal en tiempos de un peor desconocimiento de lo que hoy concebimos
como los más elementales derechos humanos fuera del ámbito eclesiástico.
El cardenal Joseph Ratzinger
encabezó una instancia colegiada, ahora, oficialmente denominada dicasterio,
asumiendo igualmente la responsabilidad de cuestionar a teólogos y sacerdotes
estelarizados por los medios como referentes progresistas e innovadores de la
catolicidad. Y, con mucho coraje, el cardenal asumió su tarea ante autores como
Hans Küng, o los teólogos de la liberación en América Latina, todos de un
extraordinario éxito editorial y de titulares en primera plana que buen
entusiasmo suscitaron en nuestra juventud.
Varias veces, nos preguntamos cómo
Karol Wojtyła toleraba a un reaccionario como el prefecto de la Congregación,
pero después, poco a poco, comprendimos cuán profundo debía serlo no sólo para
actualizar el catecismo de la Iglesia Católica, sino para preservarla de
influencias o desviaciones protestantes y marxistas, entre otras expresiones de
la época.La entusiasta discusión y
difusión del Documentode Puebla, por
citar un caso, paulatinamente la entendimos
en un contexto cada vez más crítico respecto a tesis ajenas a la fe, o que en
nombre de ella procuraba las más indecibles manipulaciones.
Muy lejos de pretendernos teólogos, sociólogos, o algo parecido,descubrimos posturas de mucha sobriedad,
profundidad y solidez, en tiempos más recientes, al examinar el pensamiento de
Ratzinger en torno a la universidad, por ejemplo, apreciando la tesis doctoral
de Fernando Viñado Oteo para la Complutense de Madrid y de libre consulta en
las redes, abonando a nuestras posturas parlamentarias en defensa de la
institución;o adentrándonos en un par
de textos de divulgación que lo esboza como el pensador de una hondura
necesaria en una época en la que estamos hartos de clichés y groseras
simplificaciones. Acotemos, reivindicando la elaboración y complejidad a la que
tan alérgicos somos, frente a la aparente pureza de la espontaneidad y
sencillez, caricaturizados Ratzinger y Jorge Mario Bergoglio en un par de
escenas del film “Los dos papas” de Fernando
Meirelles (2019).
Luce necesario el reconocimiento de
la riqueza teológica, específicamente católica, en los días que cursan de una
babélica confusión que le da alcance a los propios prelados de la Iglesia y,
por supuesto, auna feligresía expuesta
a una cultura ambiental que la tienta a la deserción expresa o tácita.
Posiblemente, no advertimos nuestra distracción al respecto, anclados en la
catequesis convencional y, además, alejados de todo cuestionamiento
existencial, filosófico y teológico, a favor del ritual, la ligereza y el
vacío.
Sentiremos desplegar toda la
trascendencia de la obra de Ratzinger, añadido el ejercicio papal que
probablemente requirió de un mayor alivio de toda la natural carga de las
responsabilidades administrativas y políticas del Vaticano. Por ello, a
Benedicto XVI no lo podemos despachar con la facilidad de la que suponen
muchos, desconociéndolo.
"La confrontación con la cristología trascendental de Rahner ha mostrado que no basta con una fundamentación e interpretación meramente especulativa de la profesión de fe en el Hijo de Dios. Las reflexiones antropológicas nos remiten a la búsqueda histórica de Jesús. Debemos, por tanto, preguntarnos: ¿quién fue este Jesús?, ¿qué dijo de sí mismo?, ¿en qué sentido se entendió como el Hijo de Dios? Eso obliga hoy a la cristología a la confrontación con la nueva búsqueda del Jesús histórico, iniciada en la teología protestante (Ernst Käsemann, Ernst Fuchs, Hans Conzelmann, Günther Bornkamm, Willi Marxsen, James McConkey Robinson, Gerhard Ebeling, Eberhard Jüngel, etc.) y asumida luego muy rápidamente por la teología católica (Josef Rupert Geiselmann, Anton Vögtle, Franz Mssner, Heinz Schürmann, Josef Blank, Rudolf Pesch, Hans Küng, etc.)[13]. Esta búsqueda inicialmente histórica tiene una importante relevancia teológica"
Walter Kasper
("Jesucristo, la salvación del mundo. Escritos de Cristología", Sal Terrae, 2019: "Obras completas de Walter Kasper", Vol. 9, 204)