DE LA HOMILÍA VENEZOLANA ACTUAL
Algunos años atrás, visitamos una localidad
interiorana que estaba de aniversario fundacional. Además de las actividades
proselitistas que nos condujeron también a un foro sobre el problema
universitario, tuvimos ocasión de asistir a la misa católica dominical en la
que el párroco desarrolló una estupenda homilía alusiva a la festividad.
Le comentamos al presbítero la importancia de difundir
sus homilías por las redes, incluyendo la letra impresa. Empero, se disculpó de
no hacerlo frecuentemente, porque las prefería espontáneas para la feligresía
asistente, por supuesto, bajo la inspiración del Espíritu Santo.
Por aquella época, acá, estuvimos empeñados en grabar
al sacerdote oficiante en la capilla de habitual concurrencia y, nos parece,
llegamos a publicar varias intervenciones en un canal de Youtube creado a tales
efectos para que no se confundiese con nuestras actividades parlamentarias y
políticas. Muy antes, tomamos nota disciplinadamente cada domingo, durante tres
años, en la Iglesia de San Francisco de Caracas, respecto a lo referido por los
distintos celebrantes que, por cierto, significó nuestro regreso definitivo a
la Eucaristía semanal a mediados de la primera década del siglo.
Gracias a Dios, hoy, las redes digitales también se
hacen litúrgicas y podemos sintonizar la misa por la previsión y el esfuerzo
voluntario de cada comunidad. Extraordinaria tarea, aunque aún lo creemos
insuficiente a objeto de transmitir la valiosa reflexión que puede hacer el
celebrante, cada vez más urgida la ciudadanía de una bocanada de inspirada sensatez
que contraste con la cultura dominante.
Inexperto en la materia, presumimos que la meditación
dominical de la palabra antes exigía una cuidadosa preparación como –
sospechamos – no se tiene ahora. Varias son las causas, dada las apremiantes
circunstancias sociales y económicas compartidas, sin que abundemos en el clima
prevaleciente de (auto)censura, pero lo cierto es que falta un poco más de
densidad.
Podemos conjeturar sobre la calidad de esa meditación,
como reflejo de una formación académica que se ha visto ahora resentida, pues,
a la escasez de seminaristas quizá la haya también de profesores y prelados que
tuvieron oportunidad de cursar estudios igualmente en el exterior que ya no
tienen los jóvenes. Y también suponer que la creciente desescolarización de la
población inexorablemente se refleja en una comunidad en la que no le parece
tan obvia una catequesis mínima, intensamente agobiada por el absurdo discurso
del poder establecido en todo el presente siglo.
Impresión personal la nuestra, la homilía urbana tiende
a parecerse o a versionar una cierta literatura de auto-ayuda y, raras veces,
alude a nuestras vicisitudes inmediatas y actuales. Digamos que se cuida de no
herir susceptibilidades, aunque extrañamos algún tratamiento teológico básico por
el temor de la incomprensión porque nuestro pensamiento se ha hecho cada vez
menos complejo, más esquemático, simplista y banal como obsceno y
(auto)degradante.
Sentimos que luce indispensable una masiva
recatequización de la feligresía y que, al elemento teológico, sumen una
adecuada interpretación de nuestra vida rutinaria en lo personal, familiar y
social, orientada al compromiso trascendente. Es fácil escribirlo en la
sociedad de una mera supervivencia que conjuga la pobreza material con la
espiritual, pero hay que empujar el barco con fuerza, determinación y esperanza
que, igualmente, esperan los no creyentes confiados en los valores y principios
occidentales.
Porque llevamos una sección regular del blog personal
sobre las homilías (apuntaje.blogspot.com),
constatamos un error demasiado recurrente en las misas venezolanas publicadas:
no colocan la fecha, no etiquetan las lecturas, no señalan al o los
celebrantes, no hay un registro técnico de las personas que colaboran y de la
locación. Los operadores digitales a lo mejor son muy jóvenes y creen que, por
muchos años, la gente tendrá la memoria intacta del evento: todo sabemos que no
será así, e, independientemente de la profundidad y alcance de la homilía,
siempre será útil registrarla al aspirar que trascienda por lustros y décadas; preocupante,
porque cuentas como la de la Arquidiócesis de Caracas, por lo menos, en
Youtube, falla al respecto y, a veces, apenas coloca la fecha.
Nos parece fundamental que la recuperación de la vida
y de la vivencia comunitaria tenga un ejemplo vivo en las comunidades
religiosas, como no la tiene ni tendrá en el comunalismo que la ha falsificado,
partidizándola hasta la saciedad. Y la palabra cotidiana y orientadora de la
Iglesia Católica puede realizar grandes aportes, seamos o no creyentes.
Fotografía: LB, procesión del Viernes Santo, Iglesia de la Coromoto (Caracas, 03/04/2026).
Ilustración: LB / ChatGPT.
06/04/2026:
https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44196-de-la-homilia-venezolana-actual


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