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domingo, 28 de diciembre de 2025

La Sagrada Familia

LA FAMILIA, EL MEJOR MARCO PARA LA HUMANIZACIÓN

(San Mateo,2: 13-23)

Fray Marcos [Rodríguez]

La verdad es que el tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, es muy probable que no haya existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto social como económicamente.

Cuando el evangelio nos dice que José recibió a María en su casa, no quiere decir que formaran una nueva familia, sino que María dejó de pertenecer a la gran familia de su padre y pasó a integrarse en la familia a la que pertenecía José. El relato de la pérdida del Niño es impensable en una familia de tres.

El valor supremo de la familia patriarcal, era el honor. En la honorabilidad estaban basadas todas las relaciones sociales, desde las económicas hasta las religiosas. Si una persona no pertenecía a un clan respetado, no era nadie. En consecuencia, el primer deber de todo miembro de la familia, era el mantener y aumentar su honorabilidad.

Esto explica las escenas evangélicas donde se dice que su madre y sus hermanos vinieron a llevarse a Jesús, porque decían que no estaba en sus cabales. Querían evitar a toda costa el peligro del deshonor de toda la familia. Lo que pasó después confirmó sus temores.

Las instituciones son entes de razón, son medios que el hombre utiliza para regular sus relaciones sociales. Son imprescindibles para su desarrollo como persona humana.

Como todo instrumento, ni son buenas ni son malas en sí mismas. La bondad o malicia depende de su utilidad para conseguir el fin. Todas las instituciones pueden ser mal utilizadas, con lo cual, en vez de ayudar al ser humano a perfeccionarse, le impiden progresar en humanidad. La familia debe estar al servicio de cada persona que la integran y no al revés.

La familia también puede ser utilizada para oprimir y someter a otros seres humanos.

En los evangelios no encontramos ningún modelo especial de familia. Se dio siempre por bueno el ya existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal, era muy avanzado. No sólo se adoptó sino que se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima critica a los defectos que conllevaba. Voy a señalar sólo tres:

No contaba para nada el amor. El contrato era firmado por la familia según sus conveniencias materiales o sociales. Una vez firmado por las partes, no había más remedio que cumplirlo, sin tener en cuenta para nada a las personas.

La mujer quedaba anulada como sujeto de derechos y deberes jurídicos. De un plumazo se reducían a la mitad los posibles conflictos legales. Esto ha tenido vigencia prácticamente hasta hoy. Hasta hace unos años, la mujer no podía abrir una cuenta corriente sin permiso del marido.

El fin del matrimonio era tener hijos. Al imperio romano lo único que le importaba es que nacieran muchos hijos para nutrir las legiones romanas que eran diezmadas en las fronteras. Hoy se sigue defendiendo esta ideología en nombre del evangelio. El número de hijos no tiene por qué afectar a la calidad de una paternidad; siempre que la ausencia de hijos no sea el fruto del egoísmo.

Aunque esos fallos no están superados del todo, hoy son otros los problemas que plantea la familia. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble, aunque la estadística nos diga que el 50 % de ellos se separan.

Dos razones de esta mayor exigencia son:

a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos.

b) La mayor duración de esa relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta o setenta años juntos. En un tiempo tan prolongado, es más fácil que en algún momento surjan diferencias insuperables.

Como cristianos, tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política.

Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que potencie y favorezca esta actitud humana, es válido y cristiano.

Es verdad que la familia está en crisis, pero las crisis no tienen por qué ser negativas. Todos los cambios profundos en la evolución de la humanidad vienen precedidos de una crisis. La familia no está en peligro, porque es algo completamente natural e instintivo.

Como cristianos tenemos la obligación de colaborar con todos lo hombres en la búsqueda de soluciones que ayuden a todos a conseguir mayores cotas de humanidad. Tenemos que demostrar, no solo de palabra, sino con hechos, que el evangelio es el mejor instrumento para conseguir una humanidad más justa, más solidaria, más humana.

Si tenemos en cuenta que todo progreso verdaderamente humano es consecuencia de las relaciones con los demás, descubriremos el verdadero valor de la familia. En efecto, la familia es el marco en que se pueden desarrollar las más profundas relaciones humanas. No hay ningún otro ámbito o institución que permita una mayor proximidad entre las personas. En ninguna otra institución podemos encontrar mayor estabilidad, que es una de las condiciones indispensables para que una relación se profundice.

Podemos estar seguros que las primeras lecciones de humanidad las recibió Jesús en el entorno familiar. Este entorno no se redujo a José y a María; comprendía también a sus hermanos (si los tuvo), a sus primos, tíos y abuelos (sobre todo paternos).

En una familia auténticamente israelita, la base de todo conocimiento y de todo obrar era la Biblia. Sin este trasfondo sería impensable el despliegue de la figura del hombre Jesús. Jesús fue mucho más allá que el AT en el conocimiento de Dios y del hombre, pero allí encontró las orientaciones que le permitieron descubrir al verdadero Dios.

Debemos olvidarnos de espectacularidades externas y descubrir su infancia como la cosa más normal del mundo. Fue una familia completamente normal. Nada de privilegios ni protecciones especiales, ni ellos ni sus vecinos pudieron enterarse de lo que ese niño iba a ser, porque también él fue completamente normal. Es en esa absoluta normalidad donde tenemos que ver lo extraordinario, su vida interior y su cercanía a Dios que era lo que les mantenía unidos y entregados unos a otros, como soporte de la convivencia.

Jesús fue un ser humano, aunque en esa humanidad se estaba manifestando la plenitud de la divinidad. Es Dios el que se hace hombre, no Jesús el que se hace Dios. Si a Jesús le hacemos Dios, nosotros quedamos al margen de ese acontecimiento. Si descubrimos que Dios se hace hombre, podré experimentar que se está haciendo en mí. Este es el verdadero mensaje del evangelio. Esta es la buena noticia que nos aportó Jesús.

Meditación-contemplación

Por encima de todo, el amor que es el ceñidor de la unidad.

La familia es el marco más íntimo de relaciones humanas.

Es, por tanto, el marco privilegiado de humanización.

Ahí debe manifestarse y potenciarse nuestra plenitud humana.

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El amor que nos pide el evangelio es un amor efectivo.

Las teorías y las ensoñaciones no llevan a ninguna parte.

Mi relación con los 'próximos' manifiesta el grado de mi amor.

Examinar esas relaciones en la clave de todo progreso espiritual.

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Dentro de mí, en lo hondo de mi ser, debo descubrir esa necesidad de amar.

Los lazos familiares me ayudan a salir de mí e ir al otro.

La familia es el mejor campo de entrenamiento para hacerme más humano.

Si desaprovecho esa oportunidad, no llegaré nunca a amar.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4468-la-familia-el-mejor-marco-para-la-humanizacion.html

Ilustración: Jacqui Miller. 

Fotografías: LB, Iglesia de Nuestra Señora e la Coromoto (CCS, 28/12/2025).

Padre S. Martín: Un Papa religioso, gracias a Dios | Actualidad Comentada:

https://www.youtube.com/watch?v=hFesWtB3vKQ


Papa León:  https://www.youtube.com/watch?v=iioR8XknkMU


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=_eYoxWOr7FU


Monseñor Márquez:

https://www.youtube.com/watch?v=vpWPGBy8Unc&list=RDvpWPGBy8Unc&start_radio=1


Padre  S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=imLrFGaNYH8


Padre Velasco:https://www.youtube.com/watch?v=8_G90ZfqmMg


Monseñor Munilla:https://www.youtube.com/watch?v=sNLnFNfbCEg

sábado, 20 de diciembre de 2025

Dios-con-nosotros

EL SENTIDO TEOLÓGICO DEL RELATO

(San Mateo, 1: 18-24)

Enrique Martínez Lozano

Hoy se acepta con normalidad que los evangelios no son crónicas históricas, en el sentido moderno del término, sino catequesis elaboradas por creyentes, que buscan comunicar, compartir y alentar la fe de las primeras comunidades. No se niega su base histórica, pero ésta –de acuerdo también con los usos de la época- ha sido "elaborada" en función del mensaje que se quería transmitir.

Si ese principio es válido para el conjunto de los relatos evangélicos –y los estudiosos se hallan empeñados en la ardua tarea de discriminar la "historicidad" de cada perícopa-, mucho más para los así llamados "relatos de la infancia".

En estos relatos, particularmente, que encontramos sólo en los evangelios de Mateo y de Lucas, no hay que ir a buscar historia, sino teología, es decir, contenidos de fe.

En Lucas, es María quien recibe directamente el anuncio del ángel –la anunciación-; en Mateo, por el contrario, el destinatario del mensaje angélico es José. En ambos casos, lo que se busca transmitir es exactamente lo mismo: Jesús nace todo de Dios.

Si nos ceñimos al relato de Mateo, que estamos comentando, la exégesis actual parece inclinarse a pensar que el evangelista está utilizando unos temas que ha recibido de la tradición; si bien otros insisten en que, atendiendo al vocabulario empleado, él mismo los habría reelaborado de un modo muy personal.

Empecemos reconociendo una obviedad. El tema del nacimiento sin intervención de un padre se encuentra a menudo en relatos egipcios y helenísticos, que hablan de la generación divina de reyes, héroes, sabios...: desde Horus, hasta Attis de Frigia, pasando por Dionisos y Mitra, y llegando incluso a Platón –de quien su sobrino Espeusipo, en el discurso pronunciado al año de la muerte del filósofo, afirmó que éste había sido engendrado directamente por Apolo- y, por supuesto, a los emperadores romanos... También en contextos mas alejados, como la India, se dice de Krishna, que nació de la virgen Devaki.

En una cultura en la que se pensaba que la mujer jugaba únicamente el papel de "receptor" y "nido" de la nueva vida, que se creía provenía en exclusividad de la figura paterna –el semen contenía la totalidad de la vida que iba a nacer-, parece claro que, al eliminar la intervención masculina, se estaba diciendo que el niño que nacía era hijo de Dios en su totalidad. La madre no era sino el receptáculo que lo acogía.

La idea, sin embargo, era desconocida en el judaísmo de Palestina. El texto de Isaías que cita Mateo –"la virgen concebirá..."-, aparte de referirse a un hecho concreto de la historia del pueblo, no parece que hable originalmente de "virgen", sino sencillamente de "doncella" o "joven": así es como, según los expertos, habría que traducir el término hebreo "almâh".

El que fuera una idea inexistente en Palestina, podría ser un indicio de que pudo haberse fraguado en alguna comunidad judeo-helenística-cristiana, donde hubiera encontrado fácil receptividad.

Probablemente, el relato forme parte del intento de ciertas comunidades de mostrar a Jesús como "Hijo de Dios según el Espíritu", tal como se expresaba Pablo en la carta a los Romanos (1,4). El relato del nacimiento virginal sería entonces una forma de dar cauce a aquella convicción.

Eso significa que, antes que una afirmación que se refiera a la biología, es un relato teológico. No se está hablando de la virginidad biológica de María, sino del carácter divino de Jesús: el recurso para hacerlo –en línea con la costumbre egipcia y helenística- era mostrarlo como nacido sin intervención de varón.

En cualquier caso, en el relato bíblico, el Espíritu Santo no reemplaza al elemento masculino que hace posible el engendramiento. Se trata, más bien, del poder creador de Dios, siempre actuante, y no de un intervencionismo mítico, que rivalizara con lo humano.

Si miramos el evangelio de Mateo en su conjunto, quizás hayamos de concluir que lo que más le interesa al autor es el nombre "Emmanuel", con el que entiende la persona y la obra de Jesús: para este evangelista, Jesús es, antes que nada, "Dios-con-nosotros".

Tanto es así que va a hacer con ese nombre una gran inclusión, que abraza a todo su escrito. La primera parte de la misma corresponde al relato que estamos comentando, en el capítulo primero; la segunda aparecerá en el último, puesta entonces en boca del propio Jesús, como cierre de todo el evangelio: "Yo-soy-con-vosotros todos los días hasta el final del mundo" (28,20). Al principio y al final, el mismo nombre, que define la persona y la misión de Jesús entre los suyos: Emmanuel.

Esto es lo decisivo para Mateo, la certeza sobre la que apoya su fe: han descubierto en Jesús la cercanía completa de Dios. Para insistir en que es todo de Dios, recurre al relato, común en su entorno, de un "nacimiento virginal".

¿Cómo hablar entonces de la "virginidad de María"? Soy consciente de que este tema –donde se entrelazan lo religioso, lo cultural y lo psicológico, en una mezcla en la que intervienen poderosos elementos inconscientes e incluso arcaicos o ancestrales, relativos a la sexualidad y a la figura de la mujer- toca fibras muy sensibles en la piedad católica.

Una anécdota puede ilustrar, mejor que otra cosa, lo que quiero decir. No hace muchos años, en una romería a un santuario mariano, un hombre me comentaba: "Yo no sé si creo en Dios; pero que a nadie se le ocurra tocarme a la Virgen..."

Con todo el respeto al modo que cada cual tenga de expresar e incluso vivir sus creencias, me parece que podríamos empezar por ponernos de acuerdo en algo elemental: más importante que la virginidad biológica es la virginidad espiritual.

Esta última podría entenderse como "disponibilidad", la actitud abierta y dócil de quien se deja hacer por Dios, sin límite ni medida. Una persona virgen es aquélla cuyo corazón no está "ocupado" por ninguna otra cosa que la voluntad de Dios.

Si queremos expresarlo de un modo aún más radical, podemos decir que virgen es la persona que se ha desindentificado o desapropiado de su yo y, por tanto, ya no vive para él. Es "virgen" –apertura, disponibilidad, donación...- quien no está identificado con su ego ni vive para él, sino que ha descubierto-experimentado la Identidad-sin-límites (transegoica o transpersonal, no-dual) que todo lo abraza. Una identidad, por lo demás, que únicamente puede percibirse en el presente.

En ausencia de identificación con el yo, la persona es cauce o canal a través del cual Dios puede fluir con entera libertad. Por eso, puede cantar como María: "El Poderoso ha hecho en mí obras grandes". No hay sentido alguno de apropiación; hay únicamente un "dejarse vivir", asintiendo a la Vida que se expresa en la forma del momento presente.

La virginidad, por tanto, así entendida, puede considerarse como el horizonte hacia el que caminamos..., porque en realidad ya lo somos. Al comprender la Unidad que somos y trascender la conciencia egoica –en la desapropiación del yo- nuestro corazón se "desocupa" y nos descubrimos conteniendo en nosotros al universo entero.

En ese camino nos hallamos. En María, acogemos y celebramos a una mujer que lo ha vivido; por eso, también en ella nos reconocemos.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1480-el-sentido-teol%C3%B3gico-del-relato.html

Ilustración: Tana Anand para un texto de Lauren Michele Jackson (“The Case That Being Poor and Black Is Bad for Your Health”), publicado por The New Yorker (https://www.newyorker.com/books/page-turner/the-case-that-being-poor-and-black-is-bad-for-your-health). 

Fotografías: LB, Iglesia de Lourdes, av. San Martín (Caracas, 21/12/25).

Cfr. Giancarlo Pani:

https://www.laciviltacattolica.es/2025/12/19/el-anuncio-a-jose/

Padre S. Martín. Actualidad católica. Sinodalidad: la gran batalla de León XIV en el consistorio extraordinario:

https://www.youtube.com/watch?v=dfoEKf8CXtE

Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=xnovsU4tXh0


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=y12GgjeE_14


Padre Velasco: https://www.youtube.com/watch?v=7FjdvJcpMls

Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=n0IzsV5EUDE

Monseñor Munilla: https://www.youtube.com/watch?v=qyWABOGZzaU

¿Empezó el juego?

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