LA TRANSICIÓN QUE TODAVIA NO ES
De una sólida fundamentación académica, el libro de
Luis Manuel Marcano Salazar constituye esencialmente un aporte a la literatura
política que ciertamente extrañamos en el país, a pesar de la larga crisis
existencial que padecemos. Recientemente puesto en circulación, “Venezuela 2026: La transición que necesitamos” (Editorial Torres del Paine,
Santiago de Chile), aboga por el reconocimiento de una realidad irrenunciable
de la que conocemos poco en un contexto caracterizado por cifras económicas,
delincuenciales y hasta epidemiológicas precariamente difundidas e
interpretadas.
La sobriedad conceptual de la exposición le devuelve la dignidad que alguna vez ostentó la controversia pública, ahora afectada por una degradación semántica, pues asume decididamente la transición como un problema a resolver porque aún continúa intacto el aparato represivo; no hay una reconstrucción jurídica, como lo confirma la novel Ley de Amnistía, ni fractura alguna del poder establecido en trance de reacomodo. El autor, forzado a un injusto exilio, opta por el enfoque institucional-estructuralista combinado con el del autoritarismo resiliente, a juzgar por los autores expresamente trabajados, en clara defensa de la transición como un hecho estructurador verificable en lugar de las infladas expectativas que tienden a imponerse dada la escasa calidad de una polémica asociada a las consignas de ocasión, la improvisación y la anécdota.
Hacer la transición – ante todo – verificable,
pacífica, libre, democrática y, añadimos, independiente, significa el
cumplimiento de los hitos, mecanismos y procesos inspirados en los principios y
valores constitucionales que sean los que cuenten con una arquitectura institucional
como condición previa y no como consecuencia del cambio semejante a otras
transformaciones materiales, jurídicas y coercitivas, que son las que autorizan
una nueva fase histórica. Dado que la crisis política es, por elemental
definición, la de su lenguaje, observamos la interesada desinstitucionalización
de la palabra compartida a favor de las más pueriles consignas, la pérdida
creciente de precisión y significado que Luis Manuel remite a un sostenido daño
antropológico y a una hábil polarización de toda inquietud, evento,
planteamiento, noticia y quejumbre.
Luce sensata la necesidad de una etapa de
estabilización institucional y de recuperación económica, porque no sabemos
cuán profunda es la crisis, y cuán traumático es el drama, si estamos dispuestos
a definir y consensuar una transición sustentable de la que se conjetura con
sorprendente facilidad. Por lo visto, se trata de desactivar a corto plazo una
poderosa bomba política de cableaje extendido y confuso, semejante a la
desactivación a mediano plazo de una bomba social ejemplificada por la conducta excesiva y prepotente de los motorizados como
activos agentes de la anomia dominante.
Ilustración: Angel Boligan.
24/02/2025:
https://www.elnacional.com/2026/02/de-la-transicion-que-todavia-no-es/



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