lunes, 23 de febrero de 2026

Desenredar la situación

LA TRANSICIÓN QUE TODAVIA NO ES

Luis Barragán

De una sólida fundamentación académica, el libro de Luis Manuel Marcano Salazar constituye esencialmente un aporte a la literatura política que ciertamente extrañamos en el país, a pesar de la larga crisis existencial que padecemos. Recientemente puesto en circulación, “Venezuela 2026: La transición que necesitamos” (Editorial Torres del Paine, Santiago de Chile), aboga por el reconocimiento de una realidad irrenunciable de la que conocemos poco en un contexto caracterizado por cifras económicas, delincuenciales y hasta epidemiológicas precariamente difundidas e interpretadas.

La sobriedad conceptual de la exposición le devuelve la dignidad que alguna vez ostentó la controversia pública, ahora afectada por una degradación semántica, pues asume decididamente la transición como un problema a resolver porque aún continúa intacto el aparato represivo; no hay una reconstrucción jurídica, como lo confirma la novel Ley de Amnistía, ni fractura alguna del poder establecido en trance de reacomodo. El autor, forzado a un injusto exilio, opta por el enfoque institucional-estructuralista combinado con el del autoritarismo resiliente, a juzgar por los autores expresamente trabajados, en clara defensa de la transición como un hecho estructurador verificable en lugar de las infladas expectativas que tienden a imponerse dada la escasa calidad de una polémica asociada a las consignas de ocasión, la improvisación y la anécdota.

Hacer la transición – ante todo – verificable, pacífica, libre, democrática y, añadimos, independiente, significa el cumplimiento de los hitos, mecanismos y procesos inspirados en los principios y valores constitucionales que sean los que cuenten con una arquitectura institucional como condición previa y no como consecuencia del cambio semejante a otras transformaciones materiales, jurídicas y coercitivas, que son las que autorizan una nueva fase histórica. Dado que la crisis política es, por elemental definición, la de su lenguaje, observamos la interesada desinstitucionalización de la palabra compartida a favor de las más pueriles consignas, la pérdida creciente de precisión y significado que Luis Manuel remite a un sostenido daño antropológico y a una hábil polarización de toda inquietud, evento, planteamiento, noticia y quejumbre.

Respecto a la crisis autoritaria administrada desde Washington y que podría convertirse estructuralmente en una transición, nuestro autor procura dar con una naturaleza exacta del proceso, intentando suscitar, jerarquizar y reorganizar un debate de urgencia en la materia. La lectura incluso ofrece una dimensión operativa ya que establece criterios iniciales de evaluación de la experiencia ganada y de la que está por ganarse (monopolio coercitivo, fractura de la coalición dominante, restitución efectiva de la juridicidad, ejercicio legítimo del poder), contribuyendo con elementos y variables para los más adecuados escenarios que todo decisor está en el deber de considerar.

Luce sensata la necesidad de una etapa de estabilización institucional y de recuperación económica, porque no sabemos cuán profunda es la crisis, y cuán traumático es el drama, si estamos dispuestos a definir y consensuar una transición sustentable de la que se conjetura con sorprendente facilidad. Por lo visto, se trata de desactivar a corto plazo una poderosa bomba política de cableaje extendido y confuso, semejante a la desactivación a mediano plazo de una bomba social ejemplificada por la conducta  excesiva y prepotente de los motorizados como activos agentes de la anomia dominante.

Ilustración: Angel Boligan.

24/02/2025:

https://www.elnacional.com/2026/02/de-la-transicion-que-todavia-no-es/


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