¡COÑO, ADRIANA!
María Elena Lavaud
¡Qué te puedo decir,
Adriana! Ya debes saber que el video de tu rescate ha recorrido el mundo, que
ese diálogo en medio de los escombros que dejaron los dos terremotos en
Venezuela, le ha sacado lágrimas de impotencia, pero también una sonrisa
inesperada a todo aquel que lo ha visto. Porque me atrevo a decir que para la
mayoría, ese intercambio con tu gordo, tu negro o tu flaco, no sé cómo lo
llames y no importa, —porque gracias a Dios allá eso no es pecado—; ese
diálogo, es como un espejo de lo que somos, hombres y mujeres que amamos con
fiereza, pero con una lealtad profunda hasta en las situaciones más extremas.
—No me quites... no me
quites, no me quites la respiración… —tartamudeaba él, sabiendo que estaba
contra reloj.
—¡Yo sé lo que hago, nojoda!
Estoy más cerca de ti de lo que tú te imaginas, ¿oíste? decía con el corazón a
mil.
—Cuidado se viene la pared
—alertabas tú como si nada, pero yo sé que has debido estar aterrada.
—¡No se va a venir,
Adrianaaaa… coñoooo! —jadeaba él alumbrado apenas con un teléfono.
—Cuidado con esto de aquí...
pero es que... —insistías con una naturalidad brutal en medio de tu
claustrofobia.
—¡Cooño, Adrianaaa! Yo estoy
aquí arriba, mami, ¡tengo todo bajo control!
—Es que aquí hay una cosa...
—¡Tápate la cara, tápate la
cara, tápate la cara, ahí! ¡Tápate la caaraaaa! —decía con frenesí y a toda
velocidad sin dejar de martillar.
— ¿Me viste? —preguntó luego
sin aflojar ni un segundo.
—¡Síí!
—¡¿Entonces qué haces
tapándote la cara, pues?!
—¿Y yo voy a pasar por
debajo? —preguntaste no muy convencida con el panorama.
—¡Ya va! Yo te voy a sacar
por aquí —te prometía con toda la seguridad del planeta.
—Noo, pero...
—¡Te voy a sacar por
aquíiii, nojodaaa!
Y lo hizo. Supongo que se
abrazaron, que lo regañaste por cualquier otra cosa, porque así somos las
mujeres cuando alguien nos importa de verdad. Aunque ya sabes lo que dicen
ellos, que mujer que no jode es hombre, pero nos adoran y nos cuidan, porque saben
que la mujer venezolana es así, molestosa y amorosa a la vez, ruidosa,
imperfecta y terca, coqueta, muy mujer y siempre heroica. Sobre todo eso,
heroica.
Ya debes saber que mientras
estabas atrapada y tratabas de controlar la situación, otras mujeres, envalentonadas
—como siempre que hace falta—, pusieron a temblar a unos policías, simplemente
porque tienen muy claro que la dignidad no tiene precio, aun en las peores
circunstancias. Los amenazaron con romper una paca de dólares que encontraron
entre las ruinas y ellos terminaron entregándolos. Luego los pusieron presos.
Porque cuando una venezolana se impone, ya sabemos lo que pasa. Tú lo sabes.
Te habrás enterado también
de las muchas mujeres que han encontrado sin vida, abrazadas a sus hijos
convertidas en escudo para salvarles la vida. Es desgarrador y luminoso al
mismo tiempo, como la escena de tu rescate. ¡Cómo es posible tanta paradoja!
El cielo amaneció de un rojo
degradado pocos días después de los terremotos, mientras la tierra se ha
seguido moviendo y uno no sabe si admirar aquello o asustarse. Así estamos
todos. Aquí y allá, donde sea, todos estamos atrapados hace décadas, entre
luces y sombras, entre lamento y esfuerzo también.
Te cuento que yo tengo 12
años en Miami y todavía siento que llegué ayer. No me acostumbro al silencio de
las calles, de la gente. A la prudencia absurda de no expresar ese cariño
natural que nos define, que me refrescó tu video, pues es mejor tragárselo para
no meterse en problemas.
Hace 12 años también que
terminó mi carrera periodística en los medios. Le puse un candado a esa parte
de mi vida, con mucha nostalgia y con mucho dolor. Ahora soy editora de libros
y mentora de escritura. Y si decidí aceptar esta posibilidad de escribir en El
Nacional, que agradezco profundamente, fue porque la única instrucción que me
dieron fue que debía mandar una foto. Nada más. Entonces me sentí libérrima y
lo primero que me provocó fue escribirte, Adriana, para darte las gracias.
Porque ese video de tu rescate me sacó del estupor que he sentido desde la
tarde de los terremotos. Me sacó una sonrisa.
En este Armagedón que
vivimos hace décadas, ese video, esa vivencia tuya se hizo viral debido a que,
gracias a Dios, las redes se han convertido en nuestro sistema nervioso. Lo he
visto mil veces y siempre descubro algo nuevo, escucho mejor una frase, y me
vuelvo a sonreír con los ojos aguados, porque también me muestra lo rotos y
enteros que estamos al mismo tiempo. Entonces desgarra que no hayamos podido
rescatar de una buena vez la libertad y el derecho que tenemos a vivir en paz,
sin abusos, hasta en medio de una tragedia.
Gracias de verdad, Adriana,
por recordarme que a pesar del odio y el resentimiento que quisieron sembrar
entre nosotros en este tiempo infinito, seguimos siendo una gente aguerrida y
con temple que no se rinde, aunque el mundo se le caiga encima; una gente
amorosa, noble y dispuesta a salvarse mutuamente, aunque duela.
Gracias por ese minuto de
felicidad y esperanza que nos diste a todos los que, entre quejas y esfuerzo,
seguimos luchando por salir de nuestros propios escombros.
Siempre luz,
@Lalavaud
Mira el video de Adriana
aquí:
https://www.instagram.com/reel/DaL0p7pRwFi/?igsh=YTlsZ3pqcm81d2o5
04/07/2026:

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