sábado, 4 de julio de 2026

Pieza de antología

¡COÑO, ADRIANA!

María Elena Lavaud

¡Qué te puedo decir, Adriana! Ya debes saber que el video de tu rescate ha recorrido el mundo, que ese diálogo en medio de los escombros que dejaron los dos terremotos en Venezuela, le ha sacado lágrimas de impotencia, pero también una sonrisa inesperada a todo aquel que lo ha visto. Porque me atrevo a decir que para la mayoría, ese intercambio con tu gordo, tu negro o tu flaco, no sé cómo lo llames y no importa, —porque gracias a Dios allá eso no es pecado—; ese diálogo, es como un espejo de lo que somos, hombres y mujeres que amamos con fiereza, pero con una lealtad profunda hasta en las situaciones más extremas.

—No me quites... no me quites, no me quites la respiración… —tartamudeaba él, sabiendo que estaba contra reloj.

—¡Yo sé lo que hago, nojoda! Estoy más cerca de ti de lo que tú te imaginas, ¿oíste? decía con el corazón a mil.

—Cuidado se viene la pared —alertabas tú como si nada, pero yo sé que has debido estar aterrada.

—¡No se va a venir, Adrianaaaa… coñoooo! —jadeaba él alumbrado apenas con un teléfono.

—Cuidado con esto de aquí... pero es que... —insistías con una naturalidad brutal en medio de tu claustrofobia.

—¡Cooño, Adrianaaa! Yo estoy aquí arriba, mami, ¡tengo todo bajo control!

—Es que aquí hay una cosa...

—¡Tápate la cara, tápate la cara, tápate la cara, ahí! ¡Tápate la caaraaaa! —decía con frenesí y a toda velocidad sin dejar de martillar.

— ¿Me viste? —preguntó luego sin aflojar ni un segundo.

—¡Síí!

—¡¿Entonces qué haces tapándote la cara, pues?! 

—¿Y yo voy a pasar por debajo? —preguntaste no muy convencida con el panorama.

—¡Ya va! Yo te voy a sacar por aquí —te prometía con toda la seguridad del planeta.

—Noo, pero...

—¡Te voy a sacar por aquíiii, nojodaaa!

Y lo hizo. Supongo que se abrazaron, que lo regañaste por cualquier otra cosa, porque así somos las mujeres cuando alguien nos importa de verdad. Aunque ya sabes lo que dicen ellos, que mujer que no jode es hombre, pero nos adoran y nos cuidan, porque saben que la mujer venezolana es así, molestosa y amorosa a la vez, ruidosa, imperfecta y terca, coqueta, muy mujer y siempre heroica. Sobre todo eso, heroica.

Ya debes saber que mientras estabas atrapada y tratabas de controlar la situación, otras mujeres, envalentonadas —como siempre que hace falta—, pusieron a temblar a unos policías, simplemente porque tienen muy claro que la dignidad no tiene precio, aun en las peores circunstancias. Los amenazaron con romper una paca de dólares que encontraron entre las ruinas y ellos terminaron entregándolos. Luego los pusieron presos. Porque cuando una venezolana se impone, ya sabemos lo que pasa. Tú lo sabes.

Te habrás enterado también de las muchas mujeres que han encontrado sin vida, abrazadas a sus hijos convertidas en escudo para salvarles la vida. Es desgarrador y luminoso al mismo tiempo, como la escena de tu rescate. ¡Cómo es posible tanta paradoja!

El cielo amaneció de un rojo degradado pocos días después de los terremotos, mientras la tierra se ha seguido moviendo y uno no sabe si admirar aquello o asustarse. Así estamos todos. Aquí y allá, donde sea, todos estamos atrapados hace décadas, entre luces y sombras, entre lamento y esfuerzo también.

Te cuento que yo tengo 12 años en Miami y todavía siento que llegué ayer. No me acostumbro al silencio de las calles, de la gente. A la prudencia absurda de no expresar ese cariño natural que nos define, que me refrescó tu video, pues es mejor tragárselo para no meterse en problemas.

Hace 12 años también que terminó mi carrera periodística en los medios. Le puse un candado a esa parte de mi vida, con mucha nostalgia y con mucho dolor. Ahora soy editora de libros y mentora de escritura. Y si decidí aceptar esta posibilidad de escribir en El Nacional, que agradezco profundamente, fue porque la única instrucción que me dieron fue que debía mandar una foto. Nada más. Entonces me sentí libérrima y lo primero que me provocó fue escribirte, Adriana, para darte las gracias. Porque ese video de tu rescate me sacó del estupor que he sentido desde la tarde de los terremotos. Me sacó una sonrisa.

En este Armagedón que vivimos hace décadas, ese video, esa vivencia tuya se hizo viral debido a que, gracias a Dios, las redes se han convertido en nuestro sistema nervioso. Lo he visto mil veces y siempre descubro algo nuevo, escucho mejor una frase, y me vuelvo a sonreír con los ojos aguados, porque también me muestra lo rotos y enteros que estamos al mismo tiempo. Entonces desgarra que no hayamos podido rescatar de una buena vez la libertad y el derecho que tenemos a vivir en paz, sin abusos, hasta en medio de una tragedia.

Gracias de verdad, Adriana, por recordarme que a pesar del odio y el resentimiento que quisieron sembrar entre nosotros en este tiempo infinito, seguimos siendo una gente aguerrida y con temple que no se rinde, aunque el mundo se le caiga encima; una gente amorosa, noble y dispuesta a salvarse mutuamente, aunque duela.

Gracias por ese minuto de felicidad y esperanza que nos diste a todos los que, entre quejas y esfuerzo, seguimos luchando por salir de nuestros propios escombros.

Siempre luz,

@Lalavaud

Mira el video de Adriana aquí:

https://www.instagram.com/reel/DaL0p7pRwFi/?igsh=YTlsZ3pqcm81d2o5

04/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/cono-adriana/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Momentos cismáticos

CÓMO PIENSA Y ACTÚA JESÚS ( San Mateo , 11: 25-30) José Enrique Galarreta Es un pasaje recogido por Mateo y Lucas, con algunas connota...