REPÚBLICA Y TERREMOTO, UNIVERSIDAD E INDEPENDENCIA
Consabido,
fueron muy duros nuestros inicios republicanos al añadir una doble
circunstancia: la inmediata y literal
desaparición de la promoción generacional que ideó y declaró la
independencia, como el terrible sismo propagandizado como castigo de los cielos.
Se dirá que son cosas de la guerra, pero lo cierto es que perdimos a la vuelta
de la esquina la deliberación más cercana a nuestras precursoras prácticas
democráticas y ganamos en confusión más por la confiscación militar de la
conducción del naciente Estado que por los asuntos de la fe.
Puede
aseverarse que la patria nació también en las aulas universitarias donde esa
generación hizo de la inquietud una ilusión y ésta devino proyecto histórico a
desarrollar, quedando medianamente sepultado en las perdurables ruinas del
terremoto, pues Caracas las exhibió por largas décadas en fiel testimonio de
las estrecheces económicas del país que fuimos. Formalmente independizados,
pero jamás encapsulados, trillamos los más duros caminos y 200 años más, cuando
creímos profundamente que vivíamos lo peor de lo peor históricamente, nos
hicimos resueltamente bolivarianos según el canon.
Ahora, otro 5
de julio, doblemente terremoteados, experimentamos la natural desdicha, el
desconcierto, la desesperanza que definen nuestros dolores. En un
prolongadísimo instante, recogimos todos los sismos que partieron de aquella
movilización de los tanques cuando Simón Alberto Consalvi era el encargado
presidencial por el viaje al exterior de Jaime Lusinchi, pasando por El Caracazo,
los golpes fracasados y toda la era que parió el corazón de Silvio Rodríguez una
lejanísima tarde de concierto en la Concha Acústica de Bello Monte a veinte
bolos la entrada: el socialismo del siglo XXI.
Entre los
escombros, buscamos la libertad e independencia perdida desde hace un buen rato
porque las actuales generaciones ya no tienen - en casi treinta años continuos
- las aulas de antes para formarse: ¿acaso no fue devastación el impune saqueo
vandálico que padeció la Universidad de Oriente (UDO) por largo tiempo?, y,
además, que sepamos, no hay soldados estadounidenses ni siquiera pidiéndoles la
cédula de identidad a los muchachos en la calle, como acontecía con las guerrillas colombianas y vaya usted a
saber cuáles más, aparentemente hoy neutralizadas, con un asombroso dominio y provecho territorial de Venezuela, no de la Nueva
Granada ni de Teherán, por dar un modesto ejemplo. Entonces, ¿a quiénes les piden la cédula de
identidad?
Por supuesto,
debemos bregar por una transición independiente e independentista, aunque los
términos causen temor, asumiendo la más adecuada perspectiva de la
irrenunciable responsabilidad que
tenemos de protegernos. Es necesario aceptarlo, la cuestión no se puede
despachar con la comodidad de las consignas.
Ilustración: LB/IA.
05/07/2026:

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