Mostrando las entradas para la consulta anomia ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta anomia ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de marzo de 2026

Realidades bajo sospecha

DE LA ANOMIA SOCIAL A LA POLÍTICA

Luis Barragán

Desde aquel ya lejano bachillerato en humanidades y el inicio de los estudios de derecho, andamos con la noción sociológica a cuestas que tuvo a bien abordar audazmente el seminario internacional de política y antipolítica realizado en Caracas a finales del siglo pasado. Intentando decodificar la naturaleza esencial del régimen, uno que otro apela a la anomia como un buen pretexto para cubrir la columna de opinión, generalizando la expresión al extremo de hacerla banal.

En una anterior ocasión, empleamos el artefacto verbal para distinguir al socialismo de este siglo: el Estado anomizador que sugiere un cambio de dirección para superarlo. Sin embargo, la tarea requiere de un esfuerzo de autodisciplina social que recomienda la campaña correspondiente de los partidos y demás manifestaciones de una activa civilidad en los días que cursan.

Solemos, por una parte, olvidar que la anomia social se da en ámbitos muy específicos que se suponen organizados y estructurados: hay gremios que no renuevan sus autoridades internas desde hace más de veinte años, pero osan reclamar libertad y democracia en la calle; o pistas para el entrenamiento deportivo suficientemente regladas con jóvenes vanidosos que atropellan e insultan a los muy adultos, por no mencionar los curiosos grafitis de envidiable caligrafía y estúpida obscenidad. Podrá alegar el gobierno la insensibilidad de los muy anteriores que no facilitaron un asiento para esperar la llegada del tren en el metro de Caracas, callando que la aspiración y logro fue la de una mayor puntualidad, rapidez y eficiencia; o la dura y efectiva sanción moral de los viandantes para los consumidores de alimentos dentro del sistema.

E, igualmente, por otra, la anomia política la exponen los propios cuadros de conducción, pues, la dirigencia exiliada, especialmente la de Estados Unidos, guardó silencio con la injusta deportación de venezolanos a El Salvador; o que aún no hay una libre y convincente deliberación en las cámaras parlamentarias y edilicias, como tampoco existe en los órganos ejecutivos solo nominalmente colegiados del promedio de los partidos. Por obvias razones, nuestros paisanos hubiesen agradecido recientemente en Chile un discurso un poco más denso de gratitud por la acogida y solidaridad que incluyera a Andrés Bello y sus extraordinarios aportes al gran país del sur, por no mencionar con habilidad y respeto la acogida y solidaridad que le dimos por muchos años a los chilenos sometidos a una feroz dictadura.

Rebecca Hanson, Verónica Zubillaga y David Smilde, al introducir una magnífica obra colectiva intitulada “The Paradox of Violence in Venezuela” (University of Pittsburgh, 2023), aciertan al correlacionar la anomia social con la política: gobernanza criminal, militarización policial y políticas de seguridad, debilidad y transformación del Estado, para arribar al paradójico fenómeno observado de un aumento de la violencia y la conflictividad en el período de menor pobreza y mayor igualdad. Entonces, la pobreza no fue ni es el factor preponderante, sino la debilidad del Estado de Derecho, la pérdida de legitimidad de las instituciones y partidos, la multiplicación de los actores políticos informales y agresivos, la desconfianza ciudadana en la representación, la corrupción sistémica, entre otros motivos.

La política como apostolado y servicio constituye una dimensión esencial que ha sido liquidada por el populismo muy bien arraigado en los escenarios públicos, absolutamente mesiánico y de gratificaciones instantáneas. Se dirá, bien pendejo es el que no hace de la política un modo de vida de acuerdo a los códices prohibidos, pero a la vez objetos del más amplio conocimiento y perversa pedagogía.  

Una tarea favorable y hasta indispensable para la transición deseada, es la urgente y masiva formación social, política e ideológica de las organizaciones de la sociedad civil y de los partidos llamados a un necesario consenso nacional. Importa tanto la reescolarización de la población para una convivencia saludable, real y pacífica, como la pronta reivindicación y capacitación institucional del Estado que ahora no le da siquiera una vuelta al campo trillado por sus aprovechadores.

Ilustración: Rafat Alkhatib.

Fotografías: LB, UPEL (Caracas, 03/02/2026).

16 y 17/03/2026:

https://www.elnacional.com/2026/03/de-la-anomia-social-a-la-politica/

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44122-de-la-anomia-social-a-la-politica

costadelsolfm.org/2026/03/17/luis-barragan-de-la-anomia-social-a-la-politica/

domingo, 9 de febrero de 2025

Socialismo y anomia

LÓPEZ MAYA, EL SOCIALISMO Y SU LEVANTAMIENTO CATASTRAL

Luis Barragán (*)

Margarita López Maya ha considerado a fondo el período socialista del gobierno de Hugo Chávez [LÓPEZ MAYA, 2016: 17]. Experta en temas como el populismo y la democracia participativa, ha hecho una convincente caracterización del régimen todavía prevaleciente en Venezuela, respondiéndole de algún modo a autores que reclaman  la novedad del modelo, sentenciando: “La calificación simplista del chavismo como populista, demagógico y autoritario pasa por alto la considerable literatura académica sobre el fenómeno del populismo radical”, entre otros aspectos que enfatizan la dimensión socio-económica de una propuesta en curso, más allá de la personalidad que la propulsa [ELLNER, 2011: 153, 177, 178, 181]. No obstante, la autora ha planteado un fenómeno como el de la anomia que consideramos de una extraordinaria relevancia, lo que nos permite – en un breve ejercicio histórico -  colegir la existencia de un socialismo anómico, como causa y efecto del fenómeno de alcance nacional; como expresión que contradice una tradición de la izquierda marxista, y, curioso e inevitable, anómico frente a sí mismo, quizá, su definitiva cédula catastral.

1.-        Fundamentación anómica

El socialismo del siglo XXI, puede entenderse como una radicalización de la democracia participativa y protagónica, aunque cuenta con una importante influencia bolchevique que se traduce en el creciente cercenamiento de los derechos civiles y políticos, criminalizando toda oposición y disidencia  [LÓPEZ MAYA, 2016: 107 ss., 184 ss., 242; 2008,  69 ss.], por mucho tiempo en ejercicio monopólico de los símbolos de la nacionalidad [LÓPEZ MAYA, 2003: 107 ss.]. Además,  expone profundamente el esquema rentístico-petrolero, lo considera afín al capitalismo de Estado (sobre todo de cuño perecista), recentralizador,  estatizador de las grandes empresas, regulador económico, con una burocracia y élites que escapan del control ciudadano [Ibídem: 303 ss.].

Desmanteladas las instituciones de la democracia liberal, e impulsado el Estado Comunal, importa destacar la anomia social como fundamento de la experiencia de esta centuria: “Se conoce por anomia situaciones donde las normas de convivencia social, dejan de ser obedecidas, creándose condiciones de ingobernabilidad y violencia política” [LÓPEZ MAYA, 2016: 301].  Siendo así, por una parte, violentando la Constitución de 1999, el ejercicio del poder en Venezuela ha sido arbitrario, caprichoso y revanchista, fijando una normativa de hecho, cambiante según le convenga; y, por otra, bastando con ejemplificarla con la rutinaria violación de la Ley de Tránsito Terrestre en todos los sentidos, propiciando el desorden y la anarquía sociales que únicamente puede detener el gobierno nacional de acuerdo a sus más inmediatos y circunstanciales intereses.

El control absoluto de los medios de comunicación social de los cuales es titular el Estado, la (auto)censura y el bloqueo informativo de los medios del sector privado, al igual que el poderoso mito bolivariano y el culto a la personalidad presidencial, redujeron la vida ciudadana y específicamente política, a las vicisitudes del poder. El socialismo rentista se ha afincado en un discurso polarizador y descalificador de sus adversarios, pero – aun aceptando las derrotas electorales parciales – no ha escatimado esfuerzos por condicionar y hasta sabotear el triunfo y la gestión de sus oponentes, por ejemplo, al crear la figura inconstitucional e ilegal del “protector”, o judicializando el ámbito político    [LÓPEZ MAYA, 2016: 148, 303 ss.].

Vale decir, desmintiendo el componente de la democracia liberal establecido en la Constitución, y los principios representativos, frenos y controles, sin dudas, guarda correspondencia con una profundización de los procesos anómicos que revela la elevación de las tasas de homicidios, robos y secuestros, al igual que la corrupción y penetración del crimen organizado en el Estado, agravados al asumir Nicolás Maduro la presidencia de la República [LÓPEZ MAYA, 2016: 302, 310]. En una conferencia virtual, señaló que el descenso de las tasas delictivas sólo lo explica la pandemia, el confinamiento de las personas en sus hogares y la militarización de las ciudades [LÓPEZ MAYA,  2023],

2.-        Dimensión anómica de la política

Fiel manifestación de la aguda anomia social que nos aqueja, causa y efecto del fenómeno,  el socialismo apela a la “movilización de sectores anómicos en contra de las instituciones” [MADUEÑO, 2002: 56]. De título cauteloso, pues, luce ambiguo porque no sabemos si el ocaso referido es el del liderazgo y la proyección de Hugo Chávez, o de toda la experiencia del socialismo, López Maya describe en su obra de 2016 la naturaleza y características del principal partido de gobierno (PSUV), en reemplazo del MRB-200 y del MVR, movimiento netamente electoral que le dio el triunfo original, en 1998.

La derrota de la lucha armada en la década de los sesenta significó un intenso debate en torno a sus causas, y la naturaleza y características del socialismo que parecía lógico que se diera en el seno del PCV, partiendo de la necesidad o no de hacer la revolución burguesa en Venezuela, pero – a nuestro juicio – hubo resistencia en el resto de los sectores de la izquierda marxista, sobre todo en los aglutinados mucho tiempo atrás por el MIR, creyendo todavía posible el triunfo de la insurrección armada.  Más allá del componente generacional o de la estrategia maquiavélica de división del PCV [ELLNER, 1992: 55, 67, 72], hubo un proyecto socialista racional, discutible y discutido, que no se compadece con el socialismo del siglo XXI que ha analizado López Maya. Es más, “ni siquiera el propio Hugo Chávez, sabía explicar [lo]. con solidez teórica” [OLIVAR, 2017: 98], dejando todo a la imaginación, improvisación, piratería, mezcolanza al mejor estilo posmoderno.

Hay un imaginario social del cual da cuenta la literatura venezolana, y se infiere que “la izquierda de los sesenta en Venezuela estaba dormida, no extinguida”, siendo que la revolución bolivariana es “demostración de que la izquierda venezolana esperaba su oportunidad para hacer gala de su espíritu de refundación total del país, para mostrar un espíritu irredento de anacronismo político que impide una verdadera renovación de la izquierda y para reivindicar el militarismo rural y patriarcal” [KOZAK ROVERO, 2008: 74].

El consabido caso de Tareck El Aissami, ampliamente difundido por todos los medios noticiosos, incluyendo las escandalosas excentricidades de la denominada trama de la corrupción, apunta a la vida anómica de los distintos grupos y corrientes al interior del poder, pues, independientemente de los hechos delictivos señalados, ilustra que los líderes ayer ensalzados, hoy pueden ser objeto de una repentina, amplia y sobrevenida defenestración.  Las reglas no son las mismas que rigen al sistema dominado, por lo que el status quo ha de afrontar también los riesgos de la anomia en el propio ejercicio del poder.

3.-        Conclusiones

El socialismo ha sido causa y efecto del fenómeno de la anomia social, explicando el tan prolongado dominio sobre el país.  Margarita López Maya bien aporta a una caracterización que poco se compadece con la propuesta socialista que teórica e históricamente conocíamos, inexplicada por Hugo Chávez mismo su naturaleza y alcances.

En perspectiva, por las consecuencias de una crisis humanitaria compleja, la conformación de un Estado Criminal y el desconocimiento de los derechos humanos, sectores de la izquierda marxista podrán alegar que el de Chávez constituye un accidente histórico. Para mayor curiosidad e ironía, se entronizó bajo engaño después de la caída del muro de Berlín de lecciones muy pronto olvidadas.

Pendiente todavía, es necesario precisar aquellos criterios que permitan no sólo contrastar el fenómeno de la consabida anomia destructiva frente a la constructiva, excepcional e innovadora, sino hacer el adecuado levantamiento catastral de la experiencia vivida con el denominado socialismo del siglo XXI, trastocado en un raro modelo de exportación.  Reflexión que se ha antojado ociosa para muchos de lo que regularmente opinan en la materia,  cuya densidad es sólo de epítetos.

Referencias:

ELLNER, Steve (2011) “El fenómeno Chávez: sus orígenes e impacto”. Fondo Editorial Tropykos-Centro Nacional de Historia, Caracas.

ELLNER, Steve (1992) “De la derrota guerrillera a la política innovadora. El Movimiento al Socialismo (MAS)”. Monte Avila Editores, Caracas.

KOZAK ROVERO, Gisela (2008) “Venezuela, el país que siempre nace”. Editorial Alfa, Caracas.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2003) “Hugo Chávez, su movimiento y presidencia”, en: ELLNER, Steve – HELLINGER, Daniel [Editores] (2003) “La política venezolana en la era de Chávez: clases, polarización y conflicto”. Universidad de Oriente – Nueva Sociedad, Caracas: 97-120.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2016) “El ocaso del chavismo. Venezuela 2005-2015”. Editorial Alfa, Caracas.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2023) Conferencia (Video), Caracas, 04/06, XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea. Fundación Rómulo Betancourt-Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

MADUEÑO, Luis (2002) “El populismo quiliástico en Venezuela. La satisfacción de los deseos y la mentalidad orgiástica”, en: RAMOS JIMÉNEZ, Alfredo (2002) “La transición venezolana. Aproximación al fenómeno Chávez”. Centro de Investigaciones de Política Comparada, Universidad de Los Andes, Mérida: 47-76.

OLIVAR, José Alberto (2017) “La revolución de los arteros y la mentira del socialismo del siglo XXI”, en: BUTTÓ, Luis Alberto – Olivar, José Alberto (2017) “El chavismo frente al espejo. El rostro de la mentira”. Negro Sobre Blanco, Caracas: 87-104.

(*) Trabajo presentado en el XI° Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea / Fundación Rómulo Betancourt, bajo el título de "Socialismo y anomia (brevísimo ejercicio histórico)" (Caracas, 05/06/2023).

Fotografías: LB, lámina doblada de metal (2023), mural de Hugo Chávez en Quinta Crespo (CCS, 16/03/23), boceto de mural en Quinta Crespo (16/07/23), mural en una casa de La Vega (07/10/23), y mural avenida Universidad (14/10/23). 
10/02/2025:
11/02/2024: 


domingo, 20 de octubre de 2024

Anomia

DEL CONFESIONARIO AL CARRIL DE VELOCIDADES

Luis Barragán

Un video de lo más viral en la diáspora, dijo condensar la añoranza por el país en el que un vendedor de plátanos mitinea su oferta a través de una potente corneta del camión que se detiene en el lugar a la hora que le viene en gana. Vale decir, nostalgia por el desorden citadino que todavía pretende darnos identidad y gentilicio, francamente insoportable.

Por ejemplo, la bulliciosa promoción que entra a un apartamento por la ventana de la sala, mientras que otra promoción – la de aguacates – hace lo propio por cada ventana de las habitaciones traseras, se cruzan a la mitad de los escasos metros² de un sitio que alguna cotización tuvo en el siglo pasado. En la era del cambio de facto de las ordenanzas y, más de las veces, sin hacerlo, el comercio rampante – formal e informal – penetra los espacios residenciales que, todo el mundo lo sabe, tiene a muchos adultos de avanzada edad y enfermos en vilo.

El fenómeno de la anomia del que supimos gracias a la sociología que se veía en el bachillerato de humanidades, hoy, dejado demasiado atrás, es el que caracteriza a Venezuela, sentido agudamente desde los ochenta y noventa del siglo pasado. Voces muy calificadas advirtieron los riesgos de una profundización de la que finalmente se aprovechó el chavismo, expresión genuina del fenómeno, orientada a la disolución social que experimentamos ahora. Sin embargo, cuenta con extraordinarias ventajas: se le cree una gracia, en lugar de la morisqueta; nadie se reconoce afectado e inmerso en el proceso de disolución, no sabemos por cuáles providenciales razones, y obra una poderosa autocentura que es, no cabe duda, miedo a afrontar la verdad.

Solemos creer que estamos completamente vacunados contra la anomia, por nuestra cultura y el nivel formal de educación. Quizá mejor se dice, por crianza del hogar y explícita consciencia de las personas, el mundo y las cosas, casi siempre derivado de un superior estatus social real o imaginario.

El asunto está en descubrirnos, por lo menos, en el marco de una tendencia masiva o generalizada a la que ofrecemos resistencia. Y esto puede perfectamente apreciarse en ámbitos muy estructurados, organizados y reglados, o supuestamente, reglados.

Por nuestra propia experiencia que sirve de ilustración, hemos visto a feligreses de una evidente adultez que se colean descaradamente en la fila hacia el confesionario, sin el menor rubor. Sería comprensible que una persona seglar o religiosa de avanzada edad, u otra de una evidente enfermedad, adelantara la cola y, para ello, es habitual que pidan permiso o disculpas, pero no entendemos a los que van a dar cuenta del arrepentimiento de sus pecados, dejando otros a medio camino.

Otro caso, en la pista que acostumbramos a caminar y, eventualmente, trotar, tuvimos la ocurrencia de hacer una modesta observación a un par de señoras que obstaculizaban nuestro paso, pues, conversadoras, ocupaban todo el carril de velocidad modesta. De una testarudez digna de mejores causas, siguieron atravesadas y no quedó más remedio que cambiarnos al carril de mayor velocidad, porque las reglas las entienden a su modo.

Y es que, necesario es decirlo y denunciarlo, al venezolano promedio le falta sentido autocrítico, aquejado por esta enfermedad de la anomia, sobradotes como nos enseñó el rentismo petrolero y, frecuentemente, vivos pendejos, materia prima del socialismo del siglo XXI.  Podemos muy bien vernos en el espejo del paisano o los paisanos delincuentes que ingresaron mal heridos a un hospital de Lima con un par de grabadas, lo cual nos permitiría alcanzar la hondura de una reflexión necesaria.

Sabemos de esfuerzos notables para autorretratarnos con fidelidad, como el que ha hecho el psicólogo Axel Capriles, pero sentimos que falta el indispensable choque y, se dice, rechazo equivalente al que produjo “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz en 1950, valorado correctamente con el tiempo. Claro que hay miedo a la verdad, pero también la sentida urgencia de afrontarla para superar todo lo que nos trajo a estas alturas de un siglo que nos es ajeno.

Fotografía: LB (CCS, 18/10/2024).

21/10/2024:

https://opinionynoticias.com/opinioncultura/41993-del-confesionario-al-carril-de-velocidades

lunes, 5 de junio de 2023

Desgarraduras

DE UNA VUELTA A LA ANOMIA

Luis Barragán

Ya sentimos los años de una creciente desescolarización ya imposible de pretextar con la consabida pandemia, por lo demás, irresistible por las causas estructurales que la empujan. Nada gratuito es que los hechos de fuerza digan de una coexistencia obviamente forzada, porque la agresión se impone por encima de toda norma y, salvo que huyamos despavoridos del país, nos vemos obligados a soportar una situación que raya en la anarquía.

El caos cotidiano favorece al régimen que no encuentra autoridad pública que lo sea real y convincentemente, con todo lo que jurídicamente comporta. Valga acotar, muy distinto al autoritarismo cotidiano, los abusos de poder y otras facetas propias de este socialismo del siglo XXI.

Nada gratuita la anomia destructiva que nos aqueja, entendida como el incumplimiento y burla de las normas de convivencia social, pacíficas y respetuosas orientadas al bien común.  Sobre todo, en la selva de cemento, cada quien debe bregar por sí mismo y la supervivencia física antecede y explica la económica, según condena que los venezolanos sufrimos desde hace más de veinte años.

El mejor ejemplo, es el del tránsito terrestre y la emblemática violencia de los motociclistas, transportistas públicos, e individualidades que surcan la geografía nacional amparadas por guardaespaldas, vehículos sin placas que constituyen la mejor presunción de un intocable chivo pesado. Se dirá que hay conductores conscientes, pero - ¿para qué llamarnos a engaño? – la pauta la marca una gran mayoría de la que también dudados que haya presentado los exámenes correspondientes para manejar, por no citar aquellos que autoricen un certificado médico.

Otra escena frecuente, muy pocos muchachos andan por la derecha en la calle, respetan las colas de personas, saludan en la mañana o en la tarda al llegar a un sitio, dan las gracias, cantan públicamente el himno nacional, o respetan la bandera tricolor. Y es que no tuvieron, ni tienen, escuela que les enseñe la más elemental caminata por los espacios públicos, tampoco aprendieron a hacer filas o los gestos de cortesía,  no cantaron el himno a diario y jamás izaron la bandera, ya que – contrario a las décadas de muy antes – no tuvieron, ni tienen, una casa escolar para convivir, aprender, aprender a aprender, y desarrollar relaciones de afecto.

E, incluso, preocupa que haya manifestaciones desenfadadas de adultos en los oficios religiosos. La anomia les está dando alcance: por ejemplo, consecuentes con una manía muy venezolana,  hay quienes reservan espacios y hasta todo el banco para quienes llegan tarde a la misa, o existen feligreses que burlan la cola nada más y nada menos que para confesarse.

Volvemos al tema, reconociéndonos en un socialismo anómico.  Y, por consiguiente, necesariamente violento.

Fotografía: LB (CCS, ¿2013?).

05/06/2023:

lunes, 21 de febrero de 2022

De un post-ensayo general ...

DE LA ANOMALÍA COMO HÁBITAT

Luis Barragán

En tiempos de declaración del impuesto sobre la renta, lucimos  insensibles ante el ascenso de las tasas en los registros y notarías, como acontece en otros ámbitos. Quizá porque es muy poco lo que se puede vender y comprar, creemos que la voracidad del Estado  tampoco nos darán alcance.

La carga fiscal también ejerce su peso sobre la parafiscal, pues, hiperinflación, al fin y al cabo, por increíble que parezca, recae igualmente en los precios estimados en dólares, prácticamente, la única divisa que tenemos y, obvio, no emitimos; es necesario añadir la matraca del funcionario inescrupuloso y descarado, cual tasa de un reconocido aufemismo: el “refresco pa´los muchachos”.  Nadie está libre del puntual, ineludible  y diario pago del impuesto al valor agregado, por lo que es fácil deducir y concluir que todos y cada uno de los venezolanos estamos sometidos a la constante subida del alquiler, sobreviviendo en un país del que alguna vez nos dijimos propietarios. 

Porque juramos hacer la política y, faltando poco, la política opositora, aunque más bien solemos tuitearla más que pensarla y decirla, centramos nuestra atención en las vicisitudes palaciegas y las expectativas de una candidatura formal para 2024, desinteresados por los problemas fundamentales del país. Por ejemplo, olvidamos que en el siglo XX, tanto o más efectivo que atacar al gobernante de turno, lo fue caracterizar y evaluar – asociándolo – su política petrolera, sanitaria, vial, agraria o en otras materias con las que alguna familiaridad alcanzaba la opinión pública, incluso, con el uso y comprensión de términos de la especialidad. 

Padecemos, por más de dos largas décadas, en la presente centuria, las consecuencias de las fórmulas económicas, monetarias y fiscales que el régimen ha adoptado de acuerdo a sus más exactos y precisos intereses, forzados a los más grandes e inútiles sacrificios que, valga acotar,  lucen diferentes a los más útiles y productivos de origen fondomonetarista. En última instancia, no reparamos en la conexión de estos hechos presuntamente aislados,  con otros que constituyen todo un circuito del disparate, radicalmente divorciados los propósitos que se proclaman con los medios empleados y resultados obtenidos.

La reciente celebración del tal 4 de febrero en la ciudad capital, supuso paralizarla por los actos celebrativos ordenados por el régimen con el concurso obligatorio de los empleados públicos, moviendo tarimas en áreas neurálgicas como Plaza Venezuela. Ahí, en las inmediaciones, atrapados en una espesa cola generada por los autobuses oficialistas, nos percatamos y fotografiamos a la pareja motorizada  que poco le importaba andar sin cascos,  en casual y repentina vecindad con un funcionario motorizado de la dirección de investigaciones de accidentes viales; recordamos que las leyes y reglamentos de tránsito terrestre son más antiguas que  todos nuestros modernos textos constitucionales, tropezando de nuevo con la anomia, una enfermedad del sentido común como bien la definió María Sol Pérez Schael. 

Habitamos la anomalía, aceptando la despolitización de los partidos, tal como lo hacemos con los bomberos  que actúan sin la más mínima póliza de seguros,  la prensa censurada y de fuentes desespecializadas, la exclusiva iluminación de calles y avenidas por el vencindario,  la militante indisciplina después de dos años de pandemia, el festejo en las alturas de un tepuy o el tiroteo de un niño frente a las costas trino-tobagueñas, el policía como atracador, la radical flexibilidad laboral en medio de la desvalorización del trabajo, la remodelación gubernamental de las universidades a las que no le reconocen siquiera el régimen presupuestario y sus más caros principios, el soldado que no defiende el territorio nacional, el eufemismo para millones de venezolanos desplazados que buscan refugio. La irracionalidad e inautenticidad convertida en sistema, siendo todos histriones.

La élite política de oposición reniega de las elecciones del pasado 21 de noviembre para inmediatamente hacer campaña en Barinas y apoyar a un candidato que gana pero, luego, acude al Palacio Legislativo secuestrado por el ocupante de Miraflores a quien también plenamente reconoce. O la élite social opositora que busca realizar los comicios universitarios de acuerdo al oficialismo, tratándo de congraciarse con la llamada Asamblea Nacional de 2020, como antes exitosamente lo hizo con la de 2015 que le dio tribuna y reconocimiento.

Somos rehenes de un fenómeno tan patológicamente arraigado, necesario de detener y de revertir: sea destructiva o constructiva la anomia, boba o avispada, o jurídica como la concibe – confundiéndonos - María González Ordovás, estamos obligados a un descomunal esfuerzo de sensatez, cordura y coherencia, para superar el actual desorden establecido. Hacia finales del siglo pasado, lo había pronosticado Aníbal Romero al observar y descubrir tendencias terriblemente enmascaradas por los conflictos de entonces. 

A veces, presumimos que un texto sucinto es mejor para plantear nuestras inquietudes y, contrariando una costumbre adquirida en los últimos tiempos, volvemos a una versión larga para intentarnos más directos y francos; pero, otras, nos percatamos de la cada vez más escasa importancia que adquieren las columnas de opinión. Interpretar los hechos y hacerlo adecuadamente para la coincidencia y la discrepancia, parece importar poco: es el colmo de la anomia que nos sirve de gentilicio.

Fotografías: LB (Caracas, 04/02/2022)

21/02/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/36727-anomalia-

Breve nota LB: En propiedad, el presente texto constituye un ejercicio.  Planteamiento publicado originalmente para El Nacional (vid. https://apuntaje.blogspot.com/2022/02/anomia.html),  lo hemos extendido acá. "Abigarrado", es la expresión de una persona amiga, respecto al texto original que, refiere, es el estilo, no es directo. Esta vez, reensayamos la idea y, tratar de ser más directos, sin reparar en los cincos párrafos que hemos intentado todos estos años, la extensión fue inevitable. Quizá pueda decirse de un post-ensayo general, por contradictorio que parezca. 

lunes, 2 de marzo de 2026

Artefacto verbal

EL ESTADO ANOMIZADOR

Luis Barragán

Todo un artefacto verbal, versamos sobre una acción, condición y proceso de intensa difusión de la anomia por el Estado específicamente venezolano que hace de la incertidumbre un poderoso mecanismo de control social.  El discurso de poder sostenido y profundizado en el presente siglo, no sólo ha incentivado aquellas conductas que alteran o violentan la convivencia social, sino que ha contaminado gravemente el sentido común al tratar de normalizarlas.

Así las cosas, por complejos y persistentes que sean los problemas fundamentales del país, apenas uno de ellos tendrá resonancia de opinión y, al agotarse, será sustituido por el otro ya que el objetivo es polarizar a todo evento, perdiendo los matices. Después de la ley de amnistía, excepto alguna materia sorpresiva, le corresponderá el turno al aumento nominal de salarios y bonos porque resulta demasiado complicada la pública discusión del daño laboral, su reparación social e indemnización económica en el contexto de un modelo económico alternativo.

Permaneciendo indiferentes las autoridades correspondientes que también incumplen la normativa legal, luce definitiva nuestra resignación al imperio que ejercen los motorizados en calles, avenidas y autopistas, circulando y estacionando en las aceras para la principal desgracia de niños y ancianos. A este ejemplo de anomia social, se suma su equivalente en la descomposición del discurso político que no tiene la fuerza necesaria de una demanda ciudadana, entre otros motivos, por la supuesta inminencia de unos comicios presidenciales, regionales y municipales que entretienen, aunque todavía es necesario y urgente bregar por la transición que no ha comenzado.

El Estado desea multiplicar los agentes de una peligrosa anomia política que nos haga empedernida y absurdamente iliberales, relativizando los principios republicanos más básicos para torpedear e impedir la indispensable unidad opositora que la haga real y eficazmente competitiva. Solemos olvidar que hay una foucaultiana dimensión pastoral del poder, individualizante, redentora, invasiva y atomizadora, frente a la más convencional del poder soberano, formal, abstracto, normativo y colectivo.

Importa atajar el proceso de disolución social denunciado con  bastante antelación, por lo menos,  desde finales de la centuria anterior ante la indiferencia generalizada de propios y extraños. E incluir, en las tareas unitarias de la oposición responsable, una  intensa campaña a favor de la autodisciplina de una sociedad que debe contrarrestar los efectos del Estado anomizador para ganar conciencia, responsabilidad y la misma transición política que aspira hacer legítimamente suya.

Fotografías: LB, actividad proselitista de primarias en  en La Vega, CCS (07/10/24), y escena de El Paraíso, CCS (23/11/25).
Breve nota LB: Cometí un error al remitir a Opinión y Noticias el texto, pues, correcto el archivo, en "asunto" coloqué animizador.  Le escribí a Iván Méndez, pero quedó así publicado.  

02/03/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44060-el-estado-animizador

03/03/2026:

https://www.elnacional.com/2026/03/el-estado-anomizador/

https://www.costadelsolfm.org/2026/03/03/luis-barragan-el-estado-anomizador/

martes, 21 de enero de 2025

Anomia

AGAMBEN POR LOS LADOS DE CHACAO

Luis Barragán

Independientemente de una declaratoria formal que obliga a la más elemental argumentación, todos sobrevivimos a un prolongado y muy particular Estado de Excepción (EE) en Venezuela. Ya imbuido de sospechosa cotidianidad, deviene dispositivo biopolítico, radical incertidumbre al mismo tiempo que suscita un extraño jolgorio oficial para recordar también el sentido de las carnestolendas, estacionándonos en el “umbral de indiferencia entre anomia y derecho”, como señaló Giorgio Agamben en el segundo título de su serie “Homo sacer” (1995), susceptible de coincidencias y discrepancias.

La parálisis indecretada del país en las vecindades del día 10 de los corrientes, ilustró la densa atmósfera que persiste,  surgida de la sola amenaza de una protesta popular en la ciudad militarizada. Desproporcionada la demostración de una fuerza represiva propia del régimen que, ante todo, es depresivo, otro tanto ocurrió con la volcánica e inmerecida explosión de las expectativas opositoras de fecha exacta, luego innecesariamente desmoralizadoras.

Importa observar en las propias filas de una oposición a la que pertenecemos, la tentación de caer en situaciones que reflejan y caracterizan al EE en trance, como la convocatoria a eventos de masas de una evidente temeridad y de señalada inasistencia que cuestiona a la ciudadanía antes que a los propios promotores. Escenas semejantes se ofrecen en clave de video-juego, dejando atrás a la de telenovela, figurándonos a un gato divertido incansablemente con el cándido ratón de sus deseos: por decir lo mínimo, fue contraproducente el ojalá irrepetible perfomance de una tarde de adyacencias de la calle Élice.

En los extremos de la anomia, hay una Constitución vigente, pero no se aplica aplicándose con el EE y sus peculiares rasgos,  pasando de una dictadura comisarial a otra soberana con serias pretensiones constituyentes, capaz de confundir estratégicamente a la dirección opositora con la posibilidad de un breve y conclusivo acto heroico, de una épica a la medida, de una epopeya dirimida en cinco minutos de inconmensurable fama. Es mucho lo que debemos hacer, aunque aún más decir para alcanzar la certeza, claridad, contundencia, nitidez, eficiencia, concreción e implementación de las líneas políticas que requieren del coraje de una indispensable lucidez, identidad y compromiso, porque – en esto, Agamben es demasiado elocuente al incursionar por los lados de Chacao – el EE significa que “no sólo la lengua sino todas las instituciones sociales se forman a través de un proceso de desemantización y de suspensión de la praxis concreta en su inmediata referencia a los real”.

Solemos pasar rápidamente la página de nuestros errores, confiados en la inocultable inmensidad de los desaciertos de un oficialismo cansado y envilecido, pero es necesario el debate y la disposición de afrontar el complicado tablero con respuestas específicas y fundadas, realistas y simultáneamente audaces. De certezas se hace el recorrido, contrarrestando la galopante zozobra tan del socialismo anómico, pues, a veces, la novedad de las piezas - a lo Bauhaus – puede descolocarnos en el inmenso ajedrez geopolítico y geoestratégico que irremediablemente compromete.

Gráfica: Tablero de ajedrez a lo Bauhaus diseñado por Josef Hatwig, tomado de la red. Composición gráfica derivada, LB.

21/01/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/agamben-por-los-lados-de-chacao/

22/01/24: 

https://www.costadelsolfm.org/2025/01/22/luis-barragan-agamben-por-los-lados-de-chacao/

https://www.eastwebside.com/agamben-por-los-lados-de-chacao.html

lunes, 14 de febrero de 2022

Anomia

DE UN GOBIERNO PERPETUO

Luis Barragán

El régimen sube cualesquiera impuestos con el inmediato reflejo en la carga parafiscal, por lo que la consabida contribución pa´los refrescos adquiere la jerarquía de una tasa que tampoco se traduce en contraprestación alguna.  En propiedad, el alza es el de los alquileres por sobrevivir en un país que supusimos, por siempre, nuestro.

            Satanizado el sacrificio frecuentemente útil que derivó de las medidas fondomonetaristas, en otras latitudes, acumulamos más de dos décadas de padecimientos por decisiones económicas, monetarias y fiscales que sólo responden, como ahora, a las urgencias de las mafias en el poder.  Centrada exclusiva y preferiblemente en las más nimias e inofensivas  vicisitudes miraflorinas, nuestra crítica al régimen no pasa por la consideración y reivindicación de los problemas fundamentales, como muy antes se ejercía cuestionando al gobierno de turno por su política sanitaria, petrolera o agraria, tanto o más efectiva que las alusiones palaciegas.

            Atrapados por más de una hora en el tráfico automotor aledaño a Plaza Venezuela, gracias a una tarima que el oficialismo movió el día cuatro de sus obsesiones festivas de febrero, reparamos en un par de motocicletas tripuladas,  la una, por una pareja despreocupada por la falta de los debidos cascos y, la otra, por un funcionario público e investigador de los accidentes viales.  Violentando las leyes y reglamentos de tránsito terrestre, cuyos orígenes son más remotos que nuestros modernos textos constitucionales, los personajes ilustraron muy bien esa enfermedad del sentido común, como la llamó María Sol Pérez Schael: la anomia convertida en el perpetuo gobierno del siglo XXI, dándole sentido a lo que no puede tenerlo, en un proceso de infinita descomposición.

            Perdemos cohesión social, resignados a la anomalía de los partidos despolitizados, la carencia de pólizas de vida para bomberos y policías, la desespecialización de las fuentes periodísticas,   la iluminación exclusivamente vecinal de calles y oficinas, la dirigencia nada representativa, el olvido del régimen presupuestario y sus principios para abordar las remodelaciones universitarias,  la militante indisciplina en el curso de la pandemia, la terrible combinación de una fiesta de tepuy con un niño tiroteado frente a las costas trinotobagueñas. Bien lo intuyó y pronosticó Aníbal Romero, añales atrás, experimentamos una deliberada disolución social que debemos detener y revertir lo más pronto posible.

            Rehenes de un fenómeno tan patológicamente arraigado, la anomia constructiva o destructiva, boba o avispada, contradictoriamente jurídica, como la concibe María González Ordovás, fuerza a una extraordinaria cruzada de la sensatez, la cordura y coherencia indispensables para superar el actual desorden establecido. Hay testimonios de una cuestionada élite política y social opositora que igual le dio negarse a las supuestas elecciones del pasado 21 de noviembre, inmediatamente hacer campaña en Barinas, apoyar a un candidato que, luego, respaldó al ocupante de Miraflores; o de la desfachatada diligencia que se hace con el llamado parlamento de 2020,  cuando ayer fueron muchos los codazos para lucirse en la tribuna de oradores del parlamento de 2015,  en airada defensa de la universidad autónoma.

Fotografías: LB (Caracas, 04/02 y 08/02/22).

15/02/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/de-un-gobierno-perpetuo/

sábado, 18 de junio de 2022

Los pasos desandados

ANOMIA

Luis Barragán

Originalmente, la noción viene de Émile Durkheim. Puede decirse de aquellas conductas (y convicciones) que no tienen por referente norma alguna, pudiendo ser constructiva, cuando rompe con determinados patrones en beneficio de la comunidad; o, destructiva, al perjudicarla con una actuación caprichosa, arbitraria y cambiante, acabando con la más elemental sociabilidad.

            Desafiando la costumbre local, una persona trota por las calles  a deshoras y, extendida como legitimada la práctica, a la postre obliga a dictar una ordenanza municipal que reconoce   los espacios y ampara a los atletas. Ésta faceta positiva rápidamente contrasta con la negativa, imponiéndose el vecino que escandaliza con sus fiestas al resignado vecindario hasta el día siguiente, además, un enchufado para el cual no vale ningún orden jurídico. Sin embargo, son tres los casos emblemáticos de la Venezuela ya de varias décadas.

            En efecto, reformada muchas veces, quedando intacta su esencia, la ley de tránsito terrestre es más antigua que las constituciones que nos hemos dado en la más reciente contemporaneidad, violentadas por las propias autoridades públicas para infundirle ese carácter de “normalidad” en la que, sólo aparentemente, todos comulgamos: “comerse” la luz (del semáforo), o andar desprovisto de casco protector en una motocicleta, así fuere en una autopista, es parte de una terrible identidad urbana. O, dándole mayor timbre a esa identidad, “colearse” en una cola, valga la redundancia, irrespetando a los demás: el colmo de todo, ya son dos veces que hemos visto a personas “colearse” desenfadadamente ante el confesionario católico, demostrando hasta dónde llega la contaminación, por no citar a los niños desescolarizados en masa que no saben que deben caminar por la derecha (ya ni las campañas del metro existen).

            Tales los niveles anómicos que hemos alcanzado,  se hizo gobierno y derivó en un régimen, propio - ¿podíamos esperar otra cosa - del Estado Criminal. Instituciones que no cumplen con las funciones para las cuales fueron creadas, órganos y organismos que duplican o quintuplican las actividades de una misma instancia, invocación de normas constitucionales y legales descaradamente violadas, dan muestras de un cinismo ilimitado.

            La anomia, “enfermedad del sentido común” de acuerdo a María Sol Pérez Schael, conduce inexorablemente a la disolución social, hipótesis que precursoramente trabajó Aníbal Romero. Por ello, la necesidad de superar urgentemente el socialismo del siglo XXI, antes que acabe definitivamente con todos nosotros.        

Composición gráfica: César Casona.        

20/06/2022:

https://guayoyoenletras.net/2022/06/20/anomia/

domingo, 7 de mayo de 2023

Antipolítica

DE LA TALA POLÍTICA

Luis Barragán

Hay un término del cual se ha abusado por estos predios, desde que dio un salto vertiginoso en la opinión pública por los noventa del veinte: antipolítica.  Sirve para todo y para nada, aunque constituye un fenómeno que nos costó demasiado caro en Venezuela.

Mundo digital aparte, vieja y ya imposible costumbre, porque el actual deterioro bibliotecario no tiene límites en el ámbito público, dos o cuatro veces al año consultábamos la sección de revistas académicas del extranjero en el Foro Libertador y, fotocopiados, nos llevábamos a casa una selección de los que juzgábamos los mejores textos.  A mediados de 1996, en la revista madrileña Sistema, nos sorprendió el planteamiento sobrio y coherente de un tema de perfiles entre nosotros insospechados.

La autora, María José Ribas Funes, abordó la antipolítica desde una perspectiva distinta a la que después adquirió, entendiéndola como alternativa innovadora a la política harto convencional.  Compartido con amigos el artículo, comenzó un proceso de reflexión que profundizó en los supuestos que ella extraordinariamente argumentó, quedando testimonio de nuestra inquietud, por ejemplo, en varias entregas como la de El Globo, extinto diario caraqueño (https://apuntaje.blogspot.com/2023/05/preambulos-de-un-debate.html).

En un almuerzo al que acompañamos al diputado Nelson Chitty La Roche, por entonces, jefe de la fracción parlamentaria de los socialcristianos,  el embajador colombiano en Caracas, cuyo nombre ahora olvidamos, llevó a la mesa la materia. Un intenso intercambio  de impresiones, complementado luego con otros textos, nos condujo a la convicción de un asunto que requería de una más abierta y decidida discusión, siendo escasa o prácticamente nula la referencia que encontrábamos en la prensa local, y, con justificado ímpetu, Nelson comenzó a trabajar para la realización de un seminario internacional del que queda un testimonio en las redes actuales [1], aunque el incendio en casa no le permitió a Octavio Paz volar a Venezuela, el evento contó con numerosos y destacados voceros y expertos del exterior.

En las proximidades y posterioridades del evento, la cuestión experimentó un giro copernicano y, en lo personal, obró decisivamente aquella noción de anomia, esbozada desde el bachillerato,  y una popular, como peligrosa, consigna musical interpretada por Desorden Público: “Políticos paralíticos”. La antipolítica fue adquiriendo una naturaleza, características y alcances muy particulares, desplazada Irene Sáez por el aventajado redentor Hugo Chávez que muy bien llenaba los requisitos de los que daban cuenta los estudios de opinión de entonces: una cara nueva, tanto que importó nada su felonía golpista; militar de profesión, eminentemente cuartelario; e, inescrupulosamente populista, convirtió el resentimiento en una magnífica mejor plataforma de lanzamiento.

Por lo pronto, hay un determinado consenso sobre los rasgos fundamentales de la antipolítica, por lo menos, en este lado del mundo, permitiéndole al llamado chavismo acceder al poder, como jamás lo imaginaron tampoco sus aliados más circunstanciales.  El discurso fue tremendamente ético, falseando la historia más contemporánea de los venezolanos,  eminentemente emocional, cínico e inmediatista que, faltando poco, contó con el apoyo de poderosos sectores mediáticos y económicos.

De una simplicidad extrema,  concebida la vida pública como un espectáculo, la anomia generalizada encontró cauce con el reventón noticioso del 4-F. Tomado de la mano de Elías Canetti, Giovanni Orsina al abordar el antiberlusconismo, distinguida de la derecha, señala que la antipolítica de izquierda en Italia se ha exhibido como conceptual y ética, incluso, argumentando jurídicamente [2], y de los rasgos que quedan de la antipolítica convertida en poder, por más de dos décadas, valga destacar una moralina o moralismo aterrador creyendo al resto de los mortales como ladrones desalmados, sin que se miren la viga n el propio ojo, y suponiendo como doctrina los juicios, ocurrencias, dicterios, o caprichos de Chávez Frías. Sinembargo, el autor de marras ensaya una perspectiva prometedoras: la del narcisismo, inducido desde las más altas cumbres del estado, aunque de sólidos antecedentes en las postrimerías del siglo anterior.

Necesario de prestarle una mayor atención en la dirigencia opositora, el fenómeno nos impone de aquellos que no tienen una dimensión íntima de la existencia, borrados los límites con el exterior [3], convertidos en medida exacta de un mundo al que solo debemos afiliarnos resignadamente. El pensar y el hacer la política tienden a negar toda instancia colegiada, la participación plural, en un juego inagotable de cálculos que destacan en el protagonista, o quien se ha convertido en protagonista por decreto propio.

Esta expresión del liderazgo, lógica para quien ejerce o participa de una dictadura, le da alcance a sus pretendidos adversarios, consciente o inconscientemente.  Y esto se explica, gracias a una sedimentación de décadas anteriores, en nuestro caso: haber creído absolutamente independiente nuestra suerte personal a la suerte del colectivo; al estrellarnos contra la realidad más cruda y brutal,  sin un contramensaje que compense y contribuya a revertir la situación, derivamos en un extendido narcisismo, ostentando personalidades vacías, comunidades inestables y proteicas, resistente al cambio [4].

La antipolítica no es y tampoco podría aceptarse que lo fuera, como la de antes, mereciendo otros abordajes que, incluso, pueda llevar a Jacques Lacan, por citar un nombre. Y, valga acotar, bajo el régimen de un consabido cuño, como el que tenemos en Venezuela,  inédita la experiencia, importa y mucho descubrir y darle nombre al fenómeno para obrar exitosamente en consecuencia, derrotándolo.

Hacia finales de los noventa, nos detuvimos a repensar un poco la realidad, auspiciando un debate de fondo. Ahora, es deber hacerlo las veces que haga falta, tras veinte años de la presente centuria bajo una sistemática tala política.

[1]        Enlaces:

https://www.youtube.com/watch?v=hSsunDb0wlU&t=255s;  https://www.youtube.com/watch?v=fk-olS5HQ3g&t=54s; y https://www.youtube.com/watch?v=yP6lOygU6iI

[2]        L’antipolitica di sinistra ha così assunto le sembianze della subordinazione concettuale della politica o all’etica, attraverso la dialettica fra politica “buona” e politica “cattiva”, oppure alle logiche giudiziarie, attraverso la contrapposizione fra onesti e disonesti. L’antiberlusconismo, nutrito proprio di considerazioni di natura etica e giudiziaria, ne ha rappresentato l’espressione piùemblematica e rilevante”. Vid. ORSINA, Giovanni (2015) “La democracia del narcisismo. Breve storia dell´antipolitica”. Marsilio Nodi, Venezia: 143.

[3]        Il narcisista non ha nessuna vita intima in senso proprio: la mancanza di confine tra il dentro e il fuori, oltre che di continuità temporale, porta alla dissoluzione non soltanto del mondo esterno, ma pure della personalità all’interno”. Ibidem: 49.

[4]        Così che, nascesse pure un aggregato sociale di narcisisti, sarebbe sterile e passivo42. Personalità vuote, identità collettive instabili e proteiformi e, quando ci sono, comunità introverse: con questo materiale la politica democratica, se non impossibile, diventa certo assai difficile”. Ibidem: 60.

07/05/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/05/07/luis-barragan-de-la-tala-politica/

Regreso al planeta

DE LA POLÍTICA EXTERIOR EN EL MARCO DE UNA ESTATALIDAD PERDIDA Luis Barragán Demasiado evidente resulta ya la discapacidad creciente del...