Recibo en WhatsApp la fotografía y responde el gordo
José que fue tomada en medio de los avatares de una ciudad que la supongo Miami,
pero tardé en saberla originalmente publicada por El País de Madrid. La reenvío
a María Efe, quien recuerda al peruano que alguna vez leyó, percatándose inmediatamente de su fallecimiento a través de
las redes.
Nos ha invadido una enorme tristeza al recibir la
noticia, como si tratásemos de un familiar cercano, pues, en mi caso, lo
descubrí un buen día en el local de Walter en Chacaíto o del hosco Raúl en
Sabana Grande, no preciso ahora, divirtiéndome por entonces esa extraordinaria
ironía del mayo francés y de los marxistas peruanos que lo aprovecharon para
levantarse a las francesitas en las barricadas. Ocurrió al revés, el Martín
Romaña rápido se convirtió en Julius, gracias a una novela en la que imaginé a Frank
Lloyd Wright supervisando el diseño que hizo de la casa construida por la
familia que, más tarde, en la versión de una telenovela colombiana transmitida
acá, solo fue una casa más de las del montón como las de los superenchufados de
esta hora venezolana de ostentaciones vulgares.
Ocurría que esa generación de los ochenta que un
psiquiatra o su entrevistadora llamó boba, tendía a leer una novela, un
poemario o quizá un ensayo, como los niños de muy antes lo hacían con los
suplementos de Superman, el Fantasma o Condorito. Por diversión, porque nadie
iba a presentar un examen parcial o final sobre la obra, nos enterábamos de
Inés u Octavia de Cádiz, y, salvo uno o dos de sus libros, le leímos con mucho
interés, buscando siempre el sarcasmo, la ocurrencia humorística y la muy seria
crítica social que nos entregaba con un humor ni tan etílico o sortario como se
presumía.
Tengo la convicción de que nace unos años antes y ese
movimiento industrializador de las letras llamado el boom latinoamericano, se hubiera encargado de universalizarlo como
el que más, hacerlo candidato eterno al Nobel, y de propiciar un intenso estudio
académico de su narrativa de una mayor factura al que le han dispensado.
Frecuentemente se le candidateó al premio internacional Rómulo Gallegos y
generó grandes comentarios en la prensa local, que sepamos, pero después muy
poca gente se acordó de él en Venezuela..
“Hermano pequeño y zumbón del boom”, inmediatamente lo
asocio con mi generación. La de los ochenta tan particulares que vivimos en el
país que buena parte nunca sospechó lo que vendría y de una década que no
sospechan suficientemente los muchachos de ahora.
12/03/2026:
https://lapatilla.com/2026/03/11/luis-barragan-bryce-echenique-el-zumbon/

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