¿CUÁNTO TIEMPO GOBERNARÁ DELCY RODRÍGUEZ?
Nadie sabe hoy cuánto tiempo
gobernará Delcy Rodríguez. Algunos quisieran (los fanáticos opositores la
verdad es que no quisieran verla gobernar ni un segundo) que gobernara máximo
por este año, pues en diciembre debería, según ellos, elegirse un nuevo presidente
que asumiría su cargo el próximo mes de enero. En las antípodas, otros
quisieran que prolongara su mandato sine die, dejando para un futuro
indeterminado la realización de nuevas elecciones.
Para aclarar el polémico
asunto debemos remitirnos a nuestra Ley Superior y la interpretación realizada
sobre el punto en su sentencia del 3 de enero, por parte de la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. No está de más recalcar,
pensando en los legos, que estamos hablando del “máximo y último intérprete de
esta Constitución”, por lo cual sus sentencias son inapelables. Unas palabras
sobre la interpretación constitucional conviene decir aquí. Frank Frankfurter,
recordado magistrado del máximo tribunal de Estados Unidos, dijo unas palabras
que a algunos de mis lectores les pueden
parecer chocantes, pero que revelan la verdad jurídica de inevitables
consecuencias políticas de los jueces constitucionales: “La Constitución es lo
que los jueces dicen que es”. Otro gran
jurista, Riccardo Guastini, lo señaló, cierto que con su particular
argumentación: “La interpretación es un acto de voluntad, que consiste no en
tomar conocimiento del único significado, sino en decidir ‘un’ significado en
el ámbito de los varios significados igualmente posibles”. Valga entonces el recuerdo de mis años de estudiante de
Derecho, cuando motivado a la polémica que se presentaba en el aula sobre
cualquier decisión judicial, nuestro profesor señalaba haciendo ademanes con
sus brazos: esta parte de la biblioteca está de acuerdo con usted, pero la otra
mitad está en desacuerdo.
¿Y qué dijo en pocas
palabras la sentencia del TSJ? Dijo que el presidente Maduro había sido
violentamente secuestrado gracias a una intervención armada de una potencia
extranjera; también dijo que las consecuencias de dicha acción no estaban
previstas en ninguno de los supuestos
relativos a las faltas del presidente (faltas
temporales y faltas absolutas); señaló además que se reserva la decisión
sobre la calificación jurídica definitiva de la falta presidencial; y ordenó a
la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumir como encargada la
Presidencia de la República. En suma, la decisión sobre el futuro de la
presidencia de Delcy Rodríguez sigue estando en manos del alto tribunal, que le
tocará decidir cuando lo considere necesario y conveniente, de acuerdo con su
interpretación constitucional, si la encargaduría desaparece con la asunción,
sea de una falta temporal o absoluta, y se abre el escenario de elección del
nuevo presidente, tal como lo establece claramente la Constitución.
No sabemos cuánto tiempo
permanecerá Delcy Rodríguez en la Presidencia de la República; pueden ser
alrededor de dos años, de acuerdo con la propuesta Trump-Rubio, pero no
descarto la posibilidad de una extensión de su mandato por un tiempo más largo,
que incluso podría terminar coincidiendo con la finalización del período
presidencial en enero del año 2031. No olvidemos la norma que señala ante una
falta absoluta del presidente en los dos últimos años del período presidencial,
la asunción del cargo por parte de la vicepresidente ejecutiva hasta completar
dicho período.
Estamparé a continuación
unas primeras y cortas reflexiones de naturaleza política, que nos ayuden a orientarnos en la compleja tarea de acercarnos a una
respuesta sensata y posible sobre la duración del tiempo en que Delcy Rodríguez
gobernará Venezuela.
Lo primero que hay que
considerar es la posición radical que sostiene la ilegitimidad de origen del
alto tribunal, al igual que del resto de las ramas del Poder Público nacional,
estadal y municipal, y que por tanto lo que corresponde es reconocer la
victoria de Edmundo González Urrutia en las elecciones del 28 de julio de 2024.
Hoy esta posición está descartada, pues no tiene sentido de las realidades del
poder. La potencia tutelar no la considera en su estrategia, la estructura del
poder nacional actual nunca la ha aceptado y algunos de sus proponentes más
conspicuos veladamente la han abandonado.
Una segunda posición
considera que estamos ante una estructura de poder dictatorial, antidemocrática
e inconstitucional, frente a lo que cabe es el diseño de una estructura de
poder sui géneris (es el caso de un eventual y transitorio gobierno de
estructura consocional). Se trata de una modalidad de “golpe a la lámpara”, de
“salto al vacío”, cuyas consecuencias no me quiero imaginar, más aún al
recordar la experiencia del “carmonazo” en los primeros años del gobierno de
Chávez.
La tercera posición,
pacifista e incrementalista es la que sostengo. Hay que conversar mucho,
entendernos como conciudadanos, generar confianza, desterrar el odio y la
venganza esteril, abandonar el vocabulario agresivo, crear en suma un clima de
convivencia pacífica que nos permita a todos avanzar hacia una posible
transición, que será más democrática o menos democrática, de acuerdo con el
empeño que pongamos en ella.
23/02/2026:
https://www.elnacional.com/2026/02/cuanto-tiempo-gobernara-delcy-rodriguez/
LA OPORTUNIDAD DE DELCY RODRÍGUEZ
Sostengo en este escrito que
la presidenta encargada Delcy Rodríguez reúne todas las posibilidades para
mantenerse un buen tiempo en el poder e incluso completar el período
constitucional que debe concluir con la asunción del cargo por el candidato
elegido, que nada obsta que pueda ser ella, si decide competir como candidata
en la liza electoral prevista para el año 2030 y obtiene en comicios libres la
Presidencia de la República. Analicemos punto por punto los argumentos que
sostienen mi tesis.
El TSJ, de acuerdo con la
Constitución, tiene la competencia para decidir cuándo se produce falta absoluta del presidente y su
consecuencia en una nueva elección. Esa decisión, sustentada en su sentencia
del 3 de enero pasado, implicó una peculiar interpretación constitucional, pues
la situación planteada con la violenta extracción del presidente Maduro no entra en los supuestos taxativos
establecidos en el artículo 233 de la Constitución. Surge la pregunta de cuál
será la interpretación a adoptar. Repito el argumento del maestro Riccardo
Guastini: “La interpretación es un acto de voluntad que consiste no en tomar
conocimiento del único significado, sino en decidir un significado en el ámbito
de los varios significados igualmente posibles”. Habrá que esperar qué decide
al respecto, cuando las circunstancias lo ameriten, el alto tribunal. Mi
opinión personal es que una sentencia firme y definitiva, agotada la
posibilidad de apelación, de la justicia norteamericana y su consecuencia en una pena de prisión del presidente
secuestrado, es un argumento fuerte a favor de una interpretación del “abandono
del cargo”, lo cual cumplido el supuesto lo más probable es que ello se
extienda más allá del período para el cual fue elegido Maduro, con la
consecuencia de que Delcy Rodríguez continúa en el cargo como presidenta
encargada. A ello se agrega que si la falta absoluta se produce en los dos
últimos años del período constitucional, asume la presidencia el vicepresidente
en funciones, de lo que se colige que Delcy Rodríguez continúa en el cargo como
presidenta encargada hasta el final del período (artículo 233, párrafo final) .
Algunos analistas insisten
en el tema de la legitimidad de origen y su contraposición al tema del orden.
Falso dilema, por lo demás, cuando asocian legitimidad con libertad y orden con
autoritarismo. El tema desborda los límites naturales de un artículo de
opinión, pero algo habrá que decir. La legitimidad es un concepto controvertido
y limitarla a las elecciones tiene la consecuencia de que la mayoría de los
sistemas políticos del planeta serían ilegítimos, amén de que abundan en el
mundo jefes de Estado y de gobierno cuya elección ha sido discutida. Prefiero
utilizar el concepto de legitimidad tal como lo expone Seymour Lipset: la
capacidad del sistema político para generar la confianza de los ciudadanos en
sus instituciones. Además, los que defendieron la “legitimidad de origen” de
los resultados del 28 de julio de 2024 hoy por hoy la han abandonado, pues su
llamado ahora es a nuevas elecciones, no a exigir el reconocimiento de aquellos
resultados.
El orden es un concepto
clave a la hora de estudiar un sistema político. Todos los sistemas políticos,
autoritarios y democráticos con sus diversos matices, anhelan el orden, buscan
mantenerlo y tratan de impedir a toda costa perderlo. El motivo se encuentra en
que solo gracias el orden se alcanza la paz, y gracias al orden y la paz que
llevan consigo los seres humanos podemos desarrollar sin mayores contratiempos
nuestras vidas. Como señala el maestro García-Pelayo: “Las instituciones
constituyen en sí mismas órdenes particulares dentro del orden político
general: reciben su estatus de este orden y lo estabilizan y actualizan
asignando a su vez estatus y papeles”.
Sin duda, cuando el gobierno
norteamericano decidió tutelar transitoriamente al gobierno venezolano (una
decisión desgraciada para nuestra soberanía) no dudó en negociar un acuerdo con
el régimen a través de su representante más destacada, Delcy Rodríguez, pues
llenaba el adecuado perfil para la delicada situación planteada, a lo que se
sumaba su jerarquía constitucional como vicepresidenta de la república. La
razón fue sencilla y contundente: el régimen chavista garantizaba el orden y la
paz, a diferencia de una oposición dividida y cegada por sus ya proverbiales
egos. En efecto, el régimen ahora presidido por Delcy Rodríguez: primero,
controla todos los resortes del Estado, sin fisuras que podamos considerar
relevantes; segundo, tiene una presencia activa e innegable en la sociedad,
desde el mundo empresarial hasta la organización popular; tercero, se apoya en
el único partido organizado en el país, con una estructura de liderazgo
estable, a diferencia de las carencias organizativas de los partidos de la
oposición; cuarto, la institución militar, garante por excelencia del orden,
está fuertemente comprometida con los principios y valores de la estructura de
poder, de la cual por lo demás también forma parte; y quinto, tiene frente a sí
una oposición dividida, encabezada por un liderazgo que comienza a ser discutido
y a erosionarse paulatinamente, ayudado por su ausencia del país.
En conclusión, Delcy
Rodríguez tiene amplias posibilidades de continuar dirigiendo el gobierno
nacional por un tiempo que me atrevo a avizorar como largo, y por lo cual los
demócratas esperamos para decir lo menos
que contribuya de forma incremental a seguir abriendo espacios a nuestras
libertades y a regirse con auténtica disposición por los valores, principios y
normas de nuestra Constitución.
23/03/2026:
https://www.elnacional.com/2026/03/la-oportunidad-de-delcy-rodriguez/
Cfr.
https://www.elnacional.com/2026/04/breves-notas-sobre-la-interpretacion-constitucional/
EL PROFESOR COMBELLAS Y EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD
Décadas atrás conocí al
profesor Combellas en el Consejo de Escuela de la EEPA, la Escuela de Estudios
Políticos de la UCV. Siempre circunspecto, de raigambre social cristiana, el
profesor Combellas era demasiado correcto como para permitirse ser un profesor
que hiciera del conocimiento una aventura fascinante. Simplemente no era el
caso. Era, sin embargo, un profesor respetado. Hasta allí, todo bien.
1998 fue un año difícil. La
clase política, confundida, no sabía reaccionar ante sus propios errores y ante
la liviandad con la que tantos venezolanos exaltaban, urgidos de cambio, al
militar golpista que los rescataría. La cachucha ya se perfilaba en el
horizonte, Pérez Jiménez nos estaba soplando en la nuca, desde la mismísima
Seguridad Nacional. A su lado, el ánima de Pedro Estrada aun identificaba cual
sería su reencarnación: hasta que ubicó a Jorge Rodríguez. El barranco que
teníamos al frente era evidente, los demócratas, más allá de partidos e
ideologías, sufrían una crisis de credibilidad brutal, no siempre mal ganada, y
quienes pensábamos que el fantasma militarista era mucho peor que lo que hasta
entonces habíamos tenido, solo pudimos esperar el desenlace del trance en el
que Venezuela sellaría la desgracia de sus hijos, que terminarían huyendo
descalzos del país que por tanto tiempo se creyó rico, atravesando calles frías
y desconocidas, tratando de entender. Así, era particularmente desconsolador
sentir la inminencia de aquella elección.
Es en ese marco que,
ocurrida la elección, la desesperanza y la incertidumbre se instalaron en
quienes sentíamos que el camino de Venezuela, una vez más, se había torcido. En
medio de esta sensación de derrota, llega la navidad. La tensión de los meses
previos a la fatídica elección cede ante la cercanía de los amigos, ante los
encuentros en los que, aunque no faltaría un tiempo para el lamento por el
amenazante futuro, las celebraciones propias de diciembre algo mitigaron la
angustia precedente.
Con el tiempo festivo llegó
una grata invitación a una celebración pagana que parecía ofrecer un espacio de
distensión y alguna buena copa. Me dice mi amiga que la reunión tendrá lugar en
su casa el 21 de diciembre, aunque pocas horas antes me comenta que por alguna
razón la celebración se realizará en la casa de un pariente. Acato la nueva
dirección, recojo a la susodicha y me encamino al sitio. Hasta acá todo bien.
Llegado al lugar, con un
modesto Sauvignon Blanc chileno bajo el brazo, esbozando mi mejor sonrisa toco
el timbre de los parientes desconocidos. Sorpresa notable: se abre la puerta y
allí se encuentra el anfitrión, nada más y nada menos que ¡el profesor
Combellas! No quedó claro quien fue el más sorprendido por el inusitado
encuentro, aunque debo haber sido yo. Esa fue, sin embargo, solo la primera
sorpresa: ¡la democracia cristiana también se entrega a lo pagano, al Espíritu
de la Navidad! Combellas fue amable y correcto, como cabe esperar de un
atildado copeyano, aun en el solsticio de invierno y, en consecuencia, en la
noche más larga del año.
Avanzando la velada, luego
de algunas bebidas espirituosas de la navidad, comenzó a organizarse una suerte
de ritual. Los anfitriones llaman a los presentes a rodear la mesa central y
cada uno deposita en un cuenco un pequeño papel en el que ha escrito su gran
deseo para el año. Luego se prendió fuego a todos los papeles y se asume que
los deseos se volvieron cósmicos, aunque de eso no hay constatación. Mi deseo
fue "Que este recién electo militar no acabe con la ya maltrecha
democracia venezolana".
Los deseos no se voceaban.
Cada uno guardaba el suyo para sí. Sin embargo, en un cierto momento y para mi
inmensa sorpresa, la segunda de la noche, el Profesor Combellas alza una copa
de espumante, claramente no champaña, más bien méthode champenoise, y se
prepara a anunciar sus votos por el futuro. Pensé que quizá el profesor se
lanzaría por la vía de "…que los golpistas de ayer que acaban de ganar las
elecciones renuncien a su pasado y nunca más alguien atente contra las
instituciones democráticas…", o, también, por qué no, “…que el estado de
derecho prevalezca en nuestro país…"
Pero mi sorpresa
difícilmente podría exagerarse. Los deseos de Combellas, del profesor
Combellas, fueron del tipo "…que ahora sí, Venezuela, por fin, logre crear
una verdadera democracia, que con Chavez el país logre el desarrollo que
merece…" Etcétera. Etcétera. Etcétera.
Miré de soslayo a mi amiga,
esperando que me diera alguna pista, que me dijera que detrás de la rotunda
sobriedad del profesor Combellas la bebida lo ponía un poquito jodedor, que era
un chiste, que yo no había entendido. La susodicha me devolvió la mirada, aún
más confundida. La vaina era en serio.
Fue allí que me percaté de
que el copeyanísimo profesor Combellas, el constitucionalista, el discípulo del
doctor Caldera, ya estaba ganado para el militarismo y perdido para la
democracia, que ya era seguidor del teniente que venía a poner orden a
cualquier costo.
Obviamente, mi sorpresa solo
demostraba mi falta de información, porque a poco comprendí que el profesor ya
entonces estaba abiertamente instalado en el selecto grupo de los enamorados de
Hugo Chavez, que incluyó, entre otros, al inefable y patético Chaderton, a
Jorge Olavarría, que despertó temprano, y a tantos otros. Así, pronto tuvo
cabida en el chavismo, en la asamblea constituyente y se convirtió en una
suerte de referente académico y teórico de todo aquello.
Esta historia viene a cuento
porque el profesor nos ha obsequiado un galimatías leguleyo en el que nos
amenaza con Delcy para rato. Se trata de una de las primeras intentonas de
esparcir el mensaje de la reivindicación chavista, la legitimación política y
constitucional de la perpetuación chavista, y nadie mejor que un académico para
ello. No es momento para exhibir, por decir algo, a Elvis Amoroso.
La amenaza fue vertida en un
artículo en El Nacional en el que el profesor destaca la “histórica
oportunidad” que tiene Delcy frente a sí. No le perturba, sin embargo, la
histórica oportunidad que esperaría a los venezolanos si su azaroso mandato
perdura, que en poco tiempo retorne la normalización de la tortura y que las
familias venezolanas continúen penando, buscando hogar en tierra ajena. Es
perfectamente posible que la amenaza se cumpla, y que ciertamente, si Rodríguez
superara los próximos meses, logre aterrizar en el final del periodo, pero esto
se debería a la gran experticia de Rodriguez Hnos. en el arte de la dilación,
en el disimulo y la engañifa, en el ganar tiempo, y nada tendría que ver con el
bienestar de los venezolanos. Es posible que ante el nivel de destrucción
institucional que el chavismo madurismo ha dejado, el trabajo de levantar la
institucionalidad, de reconstruir el aparato del estado hasta el punto en el
que pueda garantizar un funcionamiento básico sea una tarea lenta vista su complejidad,
pero la única razón para no advertir el riesgo inmenso de que el fango
autoritario se extienda es justamente ser parte de ese fango.
Nos dice el profesor que
"…La legitimidad es un concepto controvertido y limitarla a las elecciones
tiene la consecuencia de que la mayoría de los sistemas políticos del planeta
serían ilegítimos, amén de que abundan en el mundo jefes de Estado y de
gobierno cuya elección ha sido discutida. Prefiero utilizar el concepto de
legitimidad tal como lo expone Seymour Lipset: la capacidad del sistema
político para generar la confianza de los ciudadanos en sus
instituciones…"
Aquí cabe reflexionar sobre
la lista de países que Combellas tiene en mente cuando se refiere a aquellos
desprovistos de legitimidad. ¿Bielorrusia, Haití, Corea del Norte, Sudán? ¿No
sería más atinado aspirar a un sistema con una legitimidad electoral y una
legitimidad de desempeño respetable? Chile, Francia, Suecia, Uruguay, ¿no son
sistemas a tomar en cuenta? Además, según este razonamiento, el fraude electoral
cometido por Maduro y que tras una serie de sucesos lo depositó en Brooklyn ha
puesto a Delcy en una posición que evidencia una gran “capacidad del sistema
político de generar confianza de los ciudadanos en sus instituciones”. En esta
mirada, los ciudadanos tienen una alta confianza en un régimen que, por cierto,
no amañó una elección, sino dos, 2018 y 2024, y por cierto, la ”confianza de
los ciudadanos” venezolanos que Combellas le atribuye a Delcy no está reflejada
en ninguna medición de opinión confiable o no.
De igual modo, Combellas
señala: ”Sin duda, cuando el gobierno norteamericano decidió tutelar
transitoriamente al gobierno venezolano (una decisión desgraciada para nuestra
soberanía) no dudó en negociar un acuerdo con el régimen a través de su
representante más destacada, Delcy Rodríguez, pues llenaba el adecuado perfil
para la delicada situación planteada, a lo que se sumaba su jerarquía
constitucional como vicepresidenta de la república. La razón fue sencilla y
contundente: el régimen chavista garantizaba el orden y la paz, a diferencia de
una oposición dividida y cegada por sus ya proverbiales egos. En efecto, el
régimen ahora presidido por Delcy Rodríguez: primero, controla todos los
resortes del Estado, sin fisuras que podamos considerar relevantes; segundo,
tiene una presencia activa e innegable en la sociedad, desde el mundo
empresarial hasta la organización popular; tercero, se apoya en el único
partido organizado en el país, con una estructura de liderazgo estable, a
diferencia de las carencias organizativas de los partidos de la oposición;
cuarto, la institución militar, garante por excelencia del orden, está
fuertemente comprometida con los principios y valores de la estructura de
poder, de la cual por lo demás también forma parte; y quinto, tiene frente a sí
una oposición dividida, encabezada por un liderazgo que comienza a ser
discutido y a erosionarse paulatinamente, ayudado por su ausencia del país”.
En algún punto habría que
coincidir con Combellas. No es nada sano para la soberanía de un país el que se
produzca una intervención externa para tratar de frenar la destrucción de la
industria petrolera, las ejecuciones extrajudiciales, la pauperización de la
población y la proliferación de la tortura, porque esa labor ya la habían resuelto
los venezolanos en julio de 2024. Pareciera también, hablando de soberanía, que
Combellas nunca transitó frente a los cuarteles militares en los que ondeaba el
tricolor nacional junto a la bandera de Cuba.
Finalmente, superándose aún
más, el doctor Combellas determina que una ventaja comparativa de Delcy se
encuentra en el hecho de que tiene frente a si una oposición dividida, que
empieza a ser discutida y que abandonó el país. Pareciera que el profesor se
acostumbró a los lideres únicos, indiscutibles, los que no dialogan, pero eso
no es democracia. Por otro lado, profesor, esa gente que usted señala de
abandonar el país no está de vacaciones. Esa gente ha sido hostigada, obligada
a salir de su tierra, amenazada de ser apresada ilegalmente, de ser torturada.
Y ¿quién la amenaza? Una larga lista, Delcy en primera fila.
11/04/2026:
https://www.elnacional.com/2026/04/el-profesor-combellas-y-el-espiritu-de-la-navidad/
Ilustración: Christoph Niemann.
Fotografías tomadas de la red: valga acotar que la segunda, proviene de una declaración de Ricardo Combellas mediante la cual advierte que la juramentación de Nicolás Madura es nula (2018):



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