LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: UNA PERPETUA ADVERTENCIA
Luis Barragán
“Algo tan viejo que ya
es nuevo para ustedes”
Octavio Paz (*)
Las tragedias también envejecen,
pero no prescriben y, cuando la memoria histórica se distorsiona o simplemente
desaparece, vuelven a interpelarnos como si fueran enteramente nuevas. Ocurre
con el alzamiento del 18 de julio de 1936 en la España republicana, que derivó
en una pavorosa guerra civil y en la prolongada dictadura encabezada por
Francisco Franco. Noventa años después, continuamos severamente advertidos.
A principios de los años
noventa llegó al célebre remate de libros usados del puente de la avenida
Fuerzas Armadas una cantidad inusual de obras relacionadas con el drama
peninsular; el elevado número de ejemplares repetidos nos hizo pensar en el
cierre de un importante depósito caraqueño, antes que en el habitual
descuartizamiento de una biblioteca privada por voluntad de unos urgidos
causahabientes. Poco a poco, atentos a la cotización de los tomos, nos
adentramos en un conflicto por entonces novedoso para nosotros, como acaso
vuelve a serlo para las generaciones recientes; entre aquellas lecturas, nos
impresionaron profundamente las memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña,
reveladoras de una penetrante psicología del poder recomendable para quienes
ejercen o aspiran a ejercer responsabilidades de conducción.
El conflicto tuvo un
poderoso impacto en la Venezuela que se hizo un hogar confiable y seguro para
los centenares de miles de españoles transterrados,
término acuñado en el curso de una vasta diáspora de dolores que supo de
nuestra acogida y solidaridad. Ellos, por una parte, aportaron una rica
experiencia política, intelectual y profesional a un país que apenas salía de
una larga y tenebrosa dictadura y, por otra, la guerra asimismo produjo una
polarización que suscitó una duradera confusión que tardó en disiparse.
A noventa años de aquella
sublevación que desembocó en una indecible guerra entre hermanos, y conocida
también la difícil pero ejemplar transición democrática española de los años
setenta, seguimos apreciando una lección convertida en perpetua advertencia:
ninguna guerra civil constituye un atajo hacia un mejor destino común. Degrada
a vencidos y vencedores por igual, dejando heridas cuya cicatrización requiere
de generaciones enteras, y, por eso mismo, la amenaza de una confrontación
entre compatriotas, esgrimida reiteradamente por el único gobierno que hemos
tenido en el presente siglo, carece hoy de toda condición favorable en
Venezuela, con grandes mayorías de una notable cohesión social, evidentemente
desarmadas y pacifistas.
Finalmente, deploramos el
uso instrumental de la guerra civil y del franquismo con la pretensión de clausurar
el debate político en la España contemporánea, pues ninguna democracia
fortalece su memoria convirtiéndola en arma política. Habremos de prevenir un
riesgo semejante cuando Venezuela recupere la libertad y la democracia plenas,
como aspiramos, malograda nuestra experiencia por la manipulación y el
oportunismo.
(*) “Pasión crítica”, Seix Barral,
Barcelona, 1985: 221.
Ilustración: LB/IA.

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