EN EL PRINCIPIO... ES AHORA
(San Juan 1, 1-18)
Acostumbrados como estamos a
nombrar las escrituras sagradas como "Palabra de Dios", no resulta
difícil comprender que demos por supuesto que lo que allí leemos sea una
descripción literal –fotográfica- de lo ocurrido, sancionada además por la autoridad
divina.
Eso puede ocurrirnos incluso
con un texto tan simbólico (metafórico) como este Himno-Prólogo del cuarto
evangelio. Con frecuencia, ni siquiera somos conscientes del modo como nuestra
mente imagina rápidamente la escena: Antes de la creación del mundo, en un
supuesto "espacio" únicamente imaginado, estaría Dios Padre y, junto
a él, se hallaría la "Palabra" (el Hijo, que habría de encarnarse en
Jesús de Nazaret). He ahí cómo, en pocas líneas y aún en menos imágenes, hemos
querido "explicarnos" el origen de la creación y de la salvación.
Aprendidas y grabadas desde
niños, estas imágenes han pasado a formar parte de nuestro imaginario hasta
llegar a asumirlas de una forma prácticamente literal y, por ello mismo,
excluyente: dado que esta es la "verdad de lo ocurrido", cualquier
otra lectura o interpretación será descalificada como engaño o, al menos, como
"mitología" sin valor. Así se explica un hecho curioso e incluso
irónico: cada religión ha tendido a creer como literal su propio mito –todas
las religiones han afirmado que la suya era la auténtica palabra divina-,
desvalorizando o ridiculizando los ajenos..., ¡sin darse cuenta de que sus
propias afirmaciones se movían exactamente en aquel mismo nivel mítico!
"Mito" no es
sinónimo de "engaño", pero tampoco lo es de "literalidad".
El mito es una forma (figurada) de narrar algo de hondo valor humano, que
invita a mirar más allá de la mera superficie para hacernos conectar con lo
profundo. Ahí radica la sabiduría y la belleza de todas las mitologías.
Solo a partir de ese
reconocimiento inicial, será posible una lectura no equívoca del mito. En
nuestro caso, el término griego Logos –que se tradujo en latín como
"Verbum" y en castellano como "Verbo" o
"Palabra"- no se hallaría muy alejado del término chino Tao, con el
que los seguidores del taoísmo quieren evocar el Origen, la Fuente, la
Sabiduría y el Orden de todo. Más allá de las palabras, se está apuntando hacia
el Misterio último de Lo que es.
La especificidad cristiana
–tal como se subraya en este Prólogo- radica en haber identificado a aquel
"principio original" (Tao, Logos) con la persona de Jesús de Nazaret.
En una perspectiva mental
–que enfatiza la separación: una separación que no se corresponde con la
realidad, sino que es creada solo por la mente-, tal identificación lleva a
establecer una diferencia radical y absoluta entre Jesús y todos los demás
seres. En consecuencia, se "diviniza" a Jesús, convirtiéndolo en un
nuevo "Dios" dentro del mosaico de las religiones del mundo.
No existe nada separado de
nada: el "Logos" y "Jesús", lo Invisible y lo Manifiesto,
el Vacío y la Forma, el Tao y el Mundo..., son las dos caras de lo único Real,
abrazadas en la no-dualidad.
El Logos constituye el Fondo
que todos compartimos, nuestra identidad más profunda. Y cuando lo leemos así,
nos hacemos conscientes de que el texto nos está retratando.
Fuente:
https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4484-en-el-principio-es-ahora.html
Vatican News, programó san Juan 1, 35-42: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2025/01/04.html
Ilustración: Carl Heinrich Bloch.


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