DE UNO Y OTRO LIDERAZGO
Luis Barragán
De reducir el problema del liderazgo a una faceta de
la consabida literatura de autoayuda, no habrá de sorprender el reproche ante
la menor dificultad confrontada: ¿quién
se robó mi transición?, preguntarán inmediatamente quienes conciben el
cambio como obsequio de una simple manifestación de voluntad o como extravío
supersticioso en medio de la perplejidad. Sin embargo, la conducción adquiere
propiedades inequívocamente políticas al tratarse de una determinada etapa
histórica que, faltando poco, requiere de una reflexión creadora antes que del
panfleto de ocasión.
Hemos trabajado el liderazgo de anticipación y el
transicional, cuyas diferencias no eliminan las dimensiones comunes que
igualmente los explican de acuerdo al cuadro anexo. Resulta excepcional que una
misma persona, grupo o generación reúna simultáneamente la capacidad de
advertir la crisis antes de que se haga evidente, postular un proyecto
alternativo y, llegado el momento, procurar su realización.
Por ello, resulta inútil una definición genérica del
liderazgo y su aplicación mecánica al fenómeno político, donde mejor y
naturalmente despunta su naturaleza, características y alcances. Anticipatorio
y transicional permiten distinguir tiempos y funciones, pero también revelar
cómo un liderazgo puede trascender al dirigente que inicialmente lo ejerce,
institucionalizándose y multiplicándose.
La anticipación descubre una posibilidad histórica, dándole a la observación y la denuncia el vuelo de la imaginación; la transición obliga a la construcción política de esa posibilidad sometida a las inclemencias de una realidad impostergable. No siempre se complementan uno y otro liderazgo en el terreno de la lucha persistente, árida y desigual.
En la vida política hay tareas crecientemente compartidas que tienden a la especialidad para alcanzar con eficacia las metas comunes, aunque no es frecuente que, al mismo tiempo, destaquen por conjugar el pensamiento y la acción con la posterior e inesperada obligación de gobernar; añadidura circunstancial, pues la trascendencia política no la garantiza solamente el desempeño de altas posiciones ejecutivas del Estado. Y, así, en el segundo mandato de Rafael Caldera, fueron las circunstancias las que llevaron a Teodoro Petkoff y a Abdón Vivas Terán a ocupar importantes funciones públicas, conocidos como recios polemistas y comprometidos activistas de partido en aceras contrarias, décadas atrás.
Otrora enfants
terribles, dirigentes desafiantes y asimismo incómodos en el seno de
partidos de una vigorosa elaboración doctrinaria, sostuvieron posiciones que la
experiencia fue atemperando, sin que por ello desaparecieran las convicciones
originales, permitiéndoles asumir el realismo de Estado y sus riesgos de lidia,
contrapuesto al pragmatismo obsceno, vacío y oportunista. Someter las ideas a
la dura prueba de una realidad insobornable no implica renunciar, avergonzado,
a ellas.
Más allá de los juicios de valor que susciten, los
casos de Petkoff y Vivas Terán permiten apreciar las capacidades anticipatorias
y transicionales en dirigentes de una diferente tradición política y
doctrinaria. Coincidieron significativamente en las postrimerías
de un siglo, exponiendo una paradoja políticamente relevante: la antigua
rivalidad ideológica desembocó en un realismo macerado para responder a algo
más que a una coyuntura, como quizá pocos lo supusieron, agotado el programa
puntofijista.
Contemporáneos, mas no coetáneos, sus trayectorias
tuvieron origen en la lucha estudiantil, liceísta y universitaria, y luego se
proyectaron sobre partidos de una fuerte institucionalidad, donde encabezaron
tendencias de larga duración hasta la ruptura. Y, corroborando la noción de
liderazgo distribuido recientemente referida por Emilio Venuti en estas páginas
de El Nacional, ambos produjeron liderazgo y contribuyeron a multiplicar las
capacidades necesarias para la vida política, universitaria, parlamentaria,
gremial de una dirigencia comprometida.
Aceptemos: anticipar sin un posterior tránsito quedará reducido al diagnóstico, por acertado que sea; y transitar sin anticipación terminará en la administración del desorden establecido. De lo que se trata es de transformar una posibilidad histórica en una posibilidad políticamente realizable, administrando conflictos, coaliciones, instituciones, peligros y riesgos sin convertir el realismo en renuncia al pensamiento.
Interesante lección para los últimos días del presente.
Ilustración: Erik Johansson.
Fotografía: Justo Molina. Momento, Caracas, N° 721 del 10/05/70). Procesada a través de IA.
25/08/2026:



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