APARICIÓN A ORILLAS DEL LAGO DE TIBERÍADES: QUE ÉL SE QUEDE HASTA QUE YO VUELVA
(San Juan, 21: 20-25)
1
Texto Bíblico
2
Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia
2.1
Santa Teresa de Jesús, virgen
2.1.1
Camino de Perfección: Caminos inesperados
2.2
San Elredo de Rievaulx, abad
2.2.1
Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad
2.3
San Agustín, obispo
2.3.1
Sobre el Evangelio de san Juan: Dos vidas
3
Uso Litúrgico de este texto (Homilías)
1 Texto Bíblico
«20
Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el
mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado:
«Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».21 Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y este, ¿qué?».22 Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que
yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».23 Entonces se empezó a correr entre los
hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no
moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? 24 Este
es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros
sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se
escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los
libros que habría que escribir».
Sagrada Biblia, Versión
oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)
2 Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia
2.1 Santa Teresa de
Jesús, virgen
2.1.1 Camino de
Perfección: Caminos inesperados
«Si quiero que se quede
hasta que yo venga, ¿a ti qué?» (Jn 21,23)
n. 17
Es cosa que importa mucho
entender que no a todos lleva Dios por un camino, y por ventura el que le
pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor. Así que no
porque en esta casa todas traten de oración, han de ser todas contemplativas.
Es imposible. Y será gran desconsolación para la que no lo es.
Yo estuve más de catorce
años que nunca podía tener meditación sino junto con lección. Habrá muchas
personas de este arte, y otras que, aunque sea con lección, no pueden tener
meditación, sino rezar vocalmente, y aquí se detienen más. Y otras personas hay
hartas de esta manera, y si hay humildad, no creo saldrán peor libradas al cabo
sino muy en igual de los que llevan muchos gustos, y con más seguridad en
parte; porque no sabemos si los gustos son de Dios o si los pone el demonio.
Estotros (los no agraciados
con gustos espirituales en la oración) andan con humildad, sospechosos que es
por su culpa, siempre con cuidado de ir adelante. No ven a otros llorar una
lágrima, que, si ella no las tiene, no le parezca está muy atrás en el servicio
de Dios, y debe estar por ventura muy más adelante; porque no son las lágrimas,
aunque son buenas, todas perfectas; y la humildad y mortificación y
desasimiento y otras virtudes, siempre hay más seguridad. No hay qué temer, ni
hayáis miedo que dejéis de llegar a la perfección como los muy contemplativos.
2.2. San Elredo de
Rievaulx, abad
2.2.1 Sobre la
amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad
«Pedro, volviéndose, vio que
les seguía el discípulo a quien Jesús amaba» (Jn 21,20)
III, 115 s
Ciertas personas que no tienen
capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no
encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan
de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias
entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas
personas se separan y llegan incluso a maldecirse.
Que nadie se crea abandonado
a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En
referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas
formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto
a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente
amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha
descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25).
2.3 San Agustín,
obispo
2.3.1 Sobre el
Evangelio de san Juan: Dos vidas
«Si quiero que se quede
hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» (Jn 21,22)
Tratado 124, 5. 7: CCL 36,
685-687
La Iglesia sabe de dos
vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se
desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra
peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la
otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo
de la actividad, la otra en el premio de la contemplación.
La primera vida es
significada por el apóstol Pedro, la segunda por él apóstol Juan. La primera se
desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará;
la segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza
hasta el fin de él, y en el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a
Pedro: Sígueme, en cambio de Juan se dice: Si quiero que se quede hasta que yo
venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la imitación en soportar las
dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar
mis bienes». Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación
perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada
permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla».
El seguimiento de Cristo
consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento, capaz
de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado
de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí,
en efecto, hemos de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales;
allá, en cambio, contemplaremos los bienes del Señor en el país de la vida.
Aquellas palabras de Cristo:
Si quiero que se quede hasta que yo venga, no debemos entenderlas en el sentido
de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino en el sentido de
esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la
alcanzará con la venida de Cristo. En cambio, lo que representa Pedro, a quien
el Señor dijo: Tú, sígueme, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que
esperamos. Pero nadie separe lo que significan estos dos apóstoles, ya que
ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos estarían después
incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia
del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida
presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida
futura.
Y no sólo ellos, sino que
toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las
tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron,
cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por
la fe, en la vida presente; uno y otro habían de gozar para siempre de la
visión, en la vida futura.
Por esto, Pedro, el primero
de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de
atar y desatar los pecados, para que fuese el piloto de todos los santos,
unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta
vida; y, por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo,
para significar el tranquilo puerto de aquella vida arcana.
En efecto, no sólo Pedro,
sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan quien bebió, en
la fuente del pecho del Señor, para enseñar con su predicación la doctrina
acerca de la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios –y
lo demás acerca de la divinidad de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca
de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas que contemplaremos cara a
cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que
mirar como en un espejo y oscuramente—, sino que el Señor en persona difundió
por toda la tierra este mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada
uno según su capacidad.
3 Uso litúrgico de
este texto. Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la
Iglesia
Manuel
Garrido Bonaño
Año
Litúrgico Patrístico
–Hechos
26,16-20.30-31: Pablo vivió en Roma predicándoles el Reino de Dios. En régimen
de semilibertad, el Apóstol no deja de continuar la misión para la que fue
elegido por el Señor predicar el Reino de Dios. El plan salvífico de Dios
realizado en Cristo por su Muerte-Resurrección e impulsado por el Espíritu
tiene una dimensión universal. La Iglesia como comunidad y sacramento de
salvación, debe actualizar y llevar a cumplimiento el plan de Dios. Nos toca a
nosotros continuar esa misión con todos los medios que podamos: nuestra
oración, nuestra palabra, nuestra vida... Dice San Gregorio de Niza:
«Esta
es la verdadera perfección, no detenerse nunca en el camino hacia lo que es
mejor y no poner límites a lo perfecto» (De la perfecta forma cristiana). «La
gracia del Espíritu Santo se concede a cada hombre con la idea de que debe
aumentar e incrementar lo que recibe» (Institución cristiana).
Y
San Gregorio Nacianceno:
«Procurad
una limpieza de espíritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como la
conversión y salvación del hombre... Sed como lumbreras en medio del mundo,
como una fuerza llena de vida para los demás hombres»(Disertación 39).
–Jesús
está en el cielo y los buenos lo verán. El cristiano vive con ansias de ver el
rostro del Señor, convencido de que verá a Dios cara a cara. Con esta confianza
caminamos hacia el gran día de la segunda venida del Señor. Por eso proclamamos
con el Salmo 10: «El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en
el cielo; sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres. El
Señor examina a los inocentes y culpables, y al que ama la violencia Él lo
odia. Porque el Señor es justo y ama la justicia. Los buenos verán su rostro».
–Juan
21,20-25: Este es el discípulo que ha escrito todo esto y nosotros sabemos que
su testimonio es verdadero. Comenta San Agustín:
«Sígueme»,
porque por él padeció Cristo, del cual dice el mismo Pedro: «Cristo padeció por
nosotros, dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas». Por eso le fue
dicho: «Sígueme». Pero hay otra vida inmortal en la que no hay males: allí
veremos cara a cara lo que aquí vemos en espejo y figuras cuando se ha
progresado mucho en la verdad.
«Así,
pues, la Iglesia tiene conocimiento de dos vidas que le han sido predicadas y
encomendadas por divina inspiración, de las cuales una es en la fe y la otra en
la contemplación; la una en el tiempo de la peregrinación, la otra en la eternidad
de la mansión; la una en el trabajo, la otra en el descanso; la una en el
camino, la otra en la patria; la una en el trabajo de la actividad, la otra en
el premio de la contemplación; la una se afana por conseguir la victoria, la
otra vive segura en la paz de la victoria..., en conclusión, la una es buena,
pero llena de miserias, la otra es mejor y bienaventurada...» (Tratado 124,5
Sobre el Evangelio de San Juan).
José
Aldazabal
Enséñame
tus Caminos
1.
Hechos 28,16-20. 30-31
a)
El último pasaje de los Hechos que leemos resume los dos años que Pablo estuvo
en Roma en su primer cautiverio. Nos saltamos, por tanto, lo que se cuenta de
su viaje por mar, lleno de peripecias, y su estancia en Malta.
En
Roma estaba alojado en una casa, con un arresto domiciliario vigilado. Pero
nadie le impedía hacer lo que él siempre había querido hacer: evangelizar,
anunciar a Cristo Jesús. Y ahora precisamente en el centro del imperio y del
mundo: Roma.
Llamó
ante todo a los principales de los judíos, ante los que se justificó y les dio
su versión del proceso que había tenido lugar en Jerusalén contra él. Pero
también predicó a otros muchos, «enseñando la vida del Señor Jesucristo con
toda libertad».
b)
Con arresto domiciliario o no, a Pablo nada le impide predicar a Cristo. Ahora
da testimonio de Jesús en Roma, como ya le había anunciado el Señor en una
visión. Y como había encargado a los discípulos el día de la Ascensión: que
dieran testimonio de él empezando en Jerusalén y llegando hasta los confines de
la tierra.
Es
incansable este apóstol. La fe inquebrantable que tiene en Jesús le mueve en
todo momento y da sentido a toda su actuación. Y cuando se trata, no de sus
derechos personales, sino de la evangelización, se defiende con inteligencia,
para que la Palabra no quede nunca encadenada.
También
nosotros, al final de la Pascua, y en vísperas de recibir de nuevo la gracia
del Espíritu en la fiesta de Pentecostés, tendríamos que aprender mayor
generosidad y decisión en nuestra vida de cristianos, en nuestro seguimiento de
Jesús, el Señor Resucitado.
En
ciertas ocasiones podemos sentirnos también nosotros en parte coartados por la
sociedad o por sus leyes, o mal interpretados en nuestras intenciones. Pero si
de veras creemos en el Resucitado, que sigue presente, y confiamos en su
Espíritu, que sigue siendo vida, fuego, savia y alegría de la comunidad
eclesial, la energía de la Pascua debería duramos y notársenos a lo largo de
todo el año en nuestro estilo de vida.
2.
Juan 21, 20-25
a)
La escena de ayer, con el diálogo de Jesús y Pedro, sigue hoy, a partir de la
invitación hecha a Pedro: «sígueme».
Este
pasaje probablemente se tuvo que añadir en el evangelio de Juan para salir al
paso de unos malentendidos que había sobre Juan, el discípulo amado de Jesús, a
quien algunos parecían atribuir la inmortalidad o poco menos, y que a otros
resultaría extraño que no le hubieran asignado como sucesor de Pedro cuando
éste murió mártir en Roma.
Pedro
tiene una intervención poco afortunada sobre si también tenía que seguirles
Juan. La respuesta de Jesús fue un tanto seca, volviéndole a decir que él le
siguiera, sin preocuparse de Juan.
El
evangelio de Juan termina afirmando que Jesús «hizo muchas otras cosas», pero
que no caben en los libros.
b)
La escena de Pedro preocupado por Juan, que bien pudo ser debida a unos ciertos
celos, nos demuestra que la fe va madurando muy poco a poco. Que todos somos
débiles, y tendemos a mezclar en nuestra actuación motivos espirituales y otros
muy humanos y no tan confesables.
Mientras
tanto, el evangelio de Juan parece como si no acabara: hay muchas otras cosas
de Cristo que no caben en los libros. Ahí estamos nosotros, los que creemos en
Jesús dos mil años después, los que no le hemos visto pero le seguimos. Los que
estamos desplegando la Pascua en la historia que nos toca vivir. Los que hemos
celebrado estas siete semanas, que concluirán con el don mejor del Resucitado,
su Espíritu. Nosotros, que estamos intentando vivir en cristiano y anunciar
ante el mundo que Cristo Jesús es el que da sentido a toda la historia y a
nuestra vida. Y que nos estamos dejando llevar por el Espíritu de Jesús a la
verdad plena, a la verdad encarnada en cada generación.
Porque
la finalidad de todo el evangelio, como dice Juan en su primera conclusión, es
que todos crean «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo,
tengan vida en su nombre» (Jn 20,31).
«Los
discípulos se dedicaban a la oración en común» (entrada)
«Concédenos
conservar siempre en nuestra vida la alegría de estas fiestas de Pascua»
(oración)
«Porque
el Señor es justo y ama la justicia, los buenos verán su rostro» (salmo)
«Jesús
dijo a Pedro: Sígueme» (evangelio)
«Ayúdanos
a pasar de la vida del pecado a la nueva vida del Espíritu» (poscomunión)
(Giorgio)
Zevini - (Pierre Giordano) Cabra
Lectio
Divina para cada día del año
LECTIO
Primera
lectura: Hechos de los Apóstoles 28,16-20.30-31
Entre
la lectura de ayer y la de hoy está por medio el agitado viaje de Pablo: desde
Cesarea a la isla de Creta, los catorce días de tempestad, la estancia en
Malta, el viaje de Malta a Roma, la cálida acogida por parte de los hermanos.
El fragmento de hoy es un resumen de su actividad en Roma, donde Pablo puede
vivir en «régimen de libertad vigilada» en una casa privada. Comienza, como
siempre, la predicación a los judíos con resultados alternos, podía «anunciar
el Reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda
libertad y sin obstáculo alguno».
Lucas
ha alcanzado su objetivo: la carrera de la Palabra es imparable; el Evangelio
ha llegado al corazón del mundo, es predicado con toda libertad y sin obstáculo
alguno «hasta los confines de la tierra». Nada ha podido ni podrá detenerlo.
Pablo es uno de los muchos testigos de Jesús, un campeón ejemplar, heroico y
dotado de autoridad, pero no el único. Las vicisitudes personales de Pablo no
parecen interesar demasiado a Lucas, que corta aquí su relato, sin informarnos
sobre la suerte del campeón: lo que le importa de verdad es que Pablo haya
culminado su propia misión, una misión que es la de todo cristiano, a saber:
ser testigo de la resurrección, tener el valor de anunciarla por doquier,
convertir cada situación, aun la más improbable, en una ocasión para decir que
Jesús es el Señor y el Salvador. «La Palabra de Dios no está encadenada» (2 Tim
2,8s). No hay ocasión en la que no pueda ser anunciada la Palabra de Dios.
Evangelio:
Juan 21,20-25
El
epílogo del evangelio de Juan está relacionado con la misión propia del discípulo
amado. El fragmento está formado por dos pequeñas unidades, que también están
subdivididas a su vez: predicción sobre el futuro del discípulo amado (vv.
20-23) y segunda conclusión del evangelio (vv. 24s). El redactor de este
capítulo 21, a través de una comparación entre Pedro y el otro discípulo,
pretende identificar de manera inequívoca al «otro discípulo al que Jesús tanto
quería» (Jn 13,23; 19,26; 21,7.20). La pregunta que Pedro plantea, a
continuación, a Jesús sobre la suerte del discípulo amado recibe de parte del
Maestro una respuesta que no deja lugar a equívocos, en la que afirma la
libertad soberana de Dios respecto a cada hombre.
Pero
quizás sea posible proyectar alguna luz sobre estos misteriosos versículos
intentando poner de manifiesto cierto fondo histórico del tiempo en el que el
autor los escribió. El texto no estuvo provocado realmente por las discusiones
que tuvieron lugar en la Iglesia de los orígenes entre los discípulos de Pedro
y los del discípulo amado sobre el «poder primacial» del primero. Más bien fue
introducido por el redactor del capítulo para demostrar, sobre una base
histórica, dos cosas: a) que carecía de fundamento la opinión difundida de que
el discípulo amado no había muerto; b) que esa muerte, una vez acaecida, tenía
la misma importancia para el Señor que el martirio sufrido por el apóstol
Pedro.
Por
último, los versículos finales (vv. 24s) subrayan una cosa simple, pero
verdadera: la revelación de Jesús, ligada al ministerio de su persona, es algo
tan grande y profundo que escapa al alcance del hombre.
MEDITATIO
- CONTEMPLATIO - LECTURA ESPIRITUAL
Podemos
concentrar nuestra reflexión uniendo las tres partes en un espléndido fragmento
de Agustín, donde el obispo de Hipona hace la comparación entre Pedro y Juan.
La
Iglesia conoce dos vidas, que la predicación divina le ha enseñado y
recomendado. Una de ellas es en la fe, la otra es en la clara visión de Dios;
una pertenece al tiempo de la peregrinación en este mundo, la otra a la morada
perpetua en la eternidad; una se desarrolla en la fatiga, la otra en el reposo;
una en las obras de la vida activa, la otra en el premio de la contemplación;
una intenta mantenerse alejada del mal para hacer el bien, la otra no tiene que
evitar ningún mal, sino sólo gozar de un inmenso bien; una combate con el
enemigo, la otra reina sin más contrastes; una es fuerte en las desgracias, la
otra no conoce la adversidad; una lucha para mantener frenadas las pasiones
carnales, la otra reposa en las alegrías del espíritu; una se afana por vencer,
la otra goza tranquila en paz de los frutos de la victoria; una pide ayuda bajo
el asalto de las tentaciones, la otra, libre de toda tentación, se mantiene en
alegría en el seno mismo de aquel que le ayuda; una corre en ayuda del
indigente, la otra vive donde no hay necesidades; una perdona las ofensas para
ser, a su vez, perdonada, la otra no sufre ninguna ofensa que tenga que
perdonar, no tiene que hacerse perdonar ninguna ofensa; una está sometida a
duras pruebas que la preservan del orgullo, la otra está tan colmada de gracia
que se siente libre de toda aflicción, tan estrechamente unida al sumo bien,
que no está expuesta a ninguna tentación de orgullo; una discierne entre el
bien y el mal, la otra no contempla más que el bien. En consecuencia, una es
buena, pero se encuentra todavía en medio de las miserias; la otra es mejor
porque es beata. La vida terrena está representada en el apóstol Pedro; la
eterna, en el apóstol Juan.
El
curso de la primera se extiende hasta la consumación de los siglos, y allí
encontrará su fin; la realización cabal de la otra está remitida al final de
los siglos y al mundo futuro, y no tendrá ningún término. Por eso el Señor le
dice a Pedro: «Sígueme», mientras que hablando de Juan dice: «Si yo quiero que
él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme». ¿Qué significan
estas palabras? Según lo que yo puedo juzgar y comprender, éste es el sentido:
«Tú sígueme, soportando, como yo lo he hecho, los sufrimientos temporales y
terrenos; aquél, sin embargo se queda hasta que yo venga a entregar a todos la
posesión de los bienes eternos».
Aquí
soportamos los males de este mundo en la tierra de los mortales; allá arriba
veremos los bienes del Señor en la tierra de los vivos para siempre. Que nadie,
sin embargo, piense separar a estos dos ilustres apóstoles. Ambos vivían la
vida que se personifica en Pedro y ambos vivirían la vida que se personifica en
Juan. En la imagen de lo que representaban, uno seguía a Cristo, el otro estaba
a la espera. Ambos, sin embargo, por medio de la fe, soportaban las miserias de
este mundo y esperaban, ambos también, la felicidad futura de la
bienaventuranza eterna (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 124,5).
ORATIO
Ayúdame,
Señor, a soportar los males en la tierra de los que hemos de morir para gozar
de tus bienes en la tierra de los vivos.
ACTIO
Repite
con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Tú sígueme» (Jn 21,22b).
Ilustraciones: Meister Heinrich von Konstanz, Hermanos Limbourg y Rubén Ferreira.
Fuente:
https://www.deiverbum.org/jn-21_20-25/
https://www.deiverbum.org/homilias_semana-07_tiempo-pascua_dia-07-sabado/
Breve nota LB: La lectura de san Juan no está incluida en:
https://www.feadulta.com/es/evangelios-y-comentarios/390-juan.html
En todo caso, programado san Juan para el domingo con un pasaje inusual que suscitó nuestro interés por la interpretación en la homilía local /https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/05/17.html), nos encontramos que la Hoja Dominical y, en fecto, la misa de la Iglesia de la Coromoto estuvo inspirada en san Mateo, 28: 26-20.
MISIÓN Y CONFIANZA
(San Mateo, 28: 16-20)
Con este texto, acaba el
evangelio de Mateo. Se recogen en él tres temas muy importantes en las primeras
comunidades: la fe en el Resucitado, la misión y la confianza en su presencia
permanente. Querría comentar algo sobre cada uno de ellos.
1. A veces, tal como se
presentaban los relatos de las apariciones en la catequesis o la predicación,
daba la impresión de que los primeros discípulos no tuvieron ningún problema de
fe. Según esas presentaciones, ellos habrían visto al resucitado de un modo
similar a como lo vieron antes de su muerte.
Sin embargo, no pudo ser
así, e incluso hay textos –como este- que no lo ocultan. Al mismo tiempo que
presenta la actitud del creyente con el signo de la postración –reconociendo a
Jesús como el Señor-, no esconde que "algunos vacilaban".
No; los primeros discípulos
no tuvieron más "ventajas" que los que habrían de venir más tarde.
Para unos y para otros, la presencia del resucitado no es accesible –por usar
un lenguaje clásico- al "ojo de la carne" ni al "ojo de la mente".
Se requiere aprender a mirar con el "ojo del espíritu" (o
"tercer ojo"), lo cual es posible en la medida en que acallamos la
mente y nos abrimos a experimentar el Misterio, en cuanto núcleo íntimo y
omnipresente de nuestro propio ser.
2. La misión, tal como se
presenta en este relato, adopta una forma que no se remonta al Jesús histórico.
De hecho, el envío que hace Jesús –y que relata el propio Mateo- presenta unas
características bien distintas: "Id anunciando que está llegando el reino
de Dios. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos,
expulsad a los demonios" (Mt 10,7-8).
¿Qué ha ocurrido para se
expliquen las diferencias entre ambos? Algo muy simple: el primero recoge más
bien el sentido de Jesús –favorecer la vida- y contiene directamente su propio
sabor; el segundo –que habla ya incluso del bautismo en el nombre de la
Trinidad- nace en el contexto de una comunidad de discípulos bastante
desarrollada, que entiende la misión en clave proselitista, como cualquier
grupo religioso que se inicia.
3. Y la última frase de todo
el evangelio es una promesa, fuente de confianza. Las primeras comunidades
debieron vivir la certeza de la presencia de Jesús con notable intensidad. El
Apéndice del evangelio de Marcos termina con una frase similar: "Ellos
salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos" (Mc
16,20).
La confianza brota de la
certeza de la unidad: "Yo-con-vosotros". Siempre sucede así, incluso
en los niños más pequeños. La confianza psicológica del niño, que podrá
constituir una plataforma segura en la que apoyarse a lo largo de toda su
existencia, se fraguará, básicamente, en el la experiencia de "apego
seguro" con la figura materna, en la "urdimbre afectiva" (J. Rof
Carballo) entretejida con la madre y otras figuras significativas para él.
De un modo similar, la
confianza existencial se apoya en la vivencia de la unidad con todo. El yo, al
percibirse aislado y separado del conjunto, está condenado a la soledad, al
miedo y a la ansiedad. Superado ese engaño, al acceder a nuestra verdadera
identidad, descubrimos que podemos descansar confiadamente en lo que es (lo que
somos).
Pero, además, el autor del
evangelio parece hacernos un guiño intencionado y cargado de sentido. El
"Yo estoy con vosotros" podemos tomarlo como un nombre propio de
Jesús, en cuanto remite al primer capítulo del evangelio mateano, en el que,
citando al profeta Isaías, se dice: "Le pondrán por nombre Emmanuel (que
significa: Dios con nosotros)" (Mt 1,23).
Es decir, Mateo hace lo que
se conoce como una inclusión: Jesús es el Dios-con-nosotros (Emmanuel). Así se
nos presenta y así se despide.
Y con este hermoso y acertado nombre, somos conducidos de nuevo a percibir la Unidad del Misterio, en sus dos caras –lo divino y lo humano, lo invisible y lo manifiesto-, abrazadas en la no-dualidad.
Como Jesús, todo lo que es,
contiene ese "doble rostro": somos la forma concreta en que se
manifiesta la Consciencia una. Esa es la fuente de toda confianza.
Fuente:
https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/5013-mision-y-confianza.html
Ilustración: Carlos Xavier Duque Rangel.
Padre S. Martín. Atacan al Papa:
https://www.youtube.com/watch?v=klw0JH_VFkQ
Papa León: Regina Caeli:
https://www.youtube.com/watch?v=Ib3kZTG7eWc
Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=rOndfxCp7aQ
Monseñor Biord: https://www.youtube.com/watch?v=9hYrdWvAw_I
Padre Beladjolo: https://www.youtube.com/watch?v=qqViXcVsJeo
Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=mvHmNgLdOpA
Monseñor Munilla:https://www.youtube.com/watch?v=cyeMtacn5xo&t=21s





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