Sencillo, no se necesita ser gramsciano y ni siquiera
marxista para esbozar la probable conformación de un nuevo bloque histórico
(BH) útil para interpretar una transición que, en última instancia, podría
conducir a un modelo de desarrollo distinto al fundado exclusivamente en la
renta petrolera. Desde hace casi tres décadas, resistiéndose inútilmente, con
un costo social y económico inaudito, agoniza el viejo BH ahora severamente
amenazado por un cambio político a favor de otro que aspiramos sea de una
franca novedad, superior profundidad y
decidida trascendencia.
La reiteración, la ligereza y el cortoplacismo los
consagró el prolongado gobierno de facto de una burda retórica revolucionaria dizque
legitimada por la formalidad de los resultados electorales que siempre burló,
pero ello no ha impedido una guerra de
posiciones de sectores, grupos y corrientes de una – incluso – contrastante
naturaleza social, cultural, económica, institucional, mediática, religiosa,
deportiva, académica, demográfica. Militarizando al autor italiano, una suerte
de guerra de baja intensidad, antes que abierta y civil, como la refieren
sesudamente los analistas de cafetín, encaminada a la captura de la renta,
tiende a derivar en la lumpenproletarización y la criminalidad estructuradora -
fenómenos que nos permitimos inferir de algunos textos de Roberto Briceño-León
- terminan incidiendo también sobre la diáspora venezolana.
Útil herramienta de análisis, puede configurarse otro BH
en la medida que auspiciemos la reconstrucción republicana e institucional del
país, incluida la recuperación del tejido social en los inicios de una
transición que la presumimos accidentada como toda aquella que se desea
histórica. No obstante, el sardo fundó la categoría con la vista puesta en las
sociedades industriales de una esencial y eficaz existencia de clases,
partidos, sindicatos, intelectuales orgánicos y hasta de un Estado Nacional
sólido, bastante distanciada de nuestro caso. Por ello, acá, importa recobrar las mínimas condiciones
económicas y sociales que ayuden a superar la extendida precariedad y el simple
afán de supervivencia que nos caracteriza con excepción de aquellos que habitan
una burbuja que la desean blindada frente a cualquier coyuntura que se ofrezca.
¿Será necesario comentar la galopante
desindustrialización, el desempleo y el subempleo reinantes, el colapso
educativo, las economías ilícitas, la erosionada mediación social, la migración
masiva y la debilidad institucional? Todo ello, por no citar otros ejemplos,
obliga ya a un distinto consenso, dirección intelectual, producción simbólica y
legitimidad cultural, asuntos que atañen a las sociedades civil y política
resultantes o que pudieran resultar.
A modo de ilustración, apuntamos, por una parte, a la
insinceridad de una sociedad civil, en mucho desorganizada, que cuenta con
gremios profesionales de directivas con una asombrosa duración y también
líderes que se dijeron víctimas de una feroz persecución, pero salieron del
país por Maiquetía con olvido de sus representados, esperando por un triunfal
regreso a tono con la versión heroica de sus omisiones; y, por otra, a la
insinceridad de la política que puede esconder y apostar por una alternativa no
menos autoritaria para darle al BH una significación que lo haga
anti-histórico, cual yunta cívico-militar-policial. En ambos casos, luce
importante un reencuentro con las bases de una indispensable honestidad que las
actualice.
Los más variados actores
sociales y políticos están llamados al logro de una correlación de fuerzas
capaces de concebir y producir, movilizar y bloquear un poder histórico
legítimo y efectivo, el fortalecimiento de una oposición articulada
territorialmente, la recuperación de un universo laboral acorde con las
inversiones limpias y productivas realmente competitivas. Enunciados que respondan al redimensionamiento
institucional del Estado, la reescolarización masiva, el protagonismo
responsable del sector privado de la economía, la prensa libre, o la cabal
representación política que contribuyan a la reintegración social y unidad
nacional.


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