martes, 21 de enero de 2025

Balance actual

SIEMBRA DE LUGARES COMUNES

Luis Barragán

¿Columnistas de opinión?, se dirá que los de antes. Variados, inteligentes y de un limpio lenguaje, abordaban directa e indirectamente los asuntos políticos con una extraordinaria solvencia, aunque los hubo pesadísimos y necios que contaron con el favor del editor para mantenerse.

Tiempos de papel impreso en los que costaba y mucho, encontrar cupo: por la cuantía de la impresión y la distribución, como por la competencia de numerosos autores y la adscripción de una línea editorial en diarios inexorablemente comerciales de amplia difusión. Excepto, fuese el órgano oficioso de un partido o cualesquiera gremios, universidades, etc., acaso de un precio módico, el mercado periodístico fue lo suficientemente feroz en una contante elección de los más capaces  y los más … favorecidos.

Fácil deducción, hoy es posible escribir en todos los medios digitales, a veces, personales o muy personales, contando con el éxito necesario. Relativamente factible, hacerlo en los portales independientes de una comprensible vocación comercial.

Por supuesto, uno de los temas de más alta cotización es el político con la vista puesta en el caso venezolano. Para el público en general, resulta inevitable el asunto, pero no todos los columnistas de esta tan difícil era parecen aptos para dedicarle una constante preocupación al tema en cuestión: entendemos y aplaudimos que una persona versada en materias distintas, dedique eventualmente sus reflexiones al área, consigne su mejor testimonio y ofrezca una perspectiva valiosa para sus lectores. No obstante, reacias a profundizar en el problema, tiende a reiterarlo, e, inevitable, degradarlo.

Ocurre con demasiada frecuencia esa degradación que no es otra cosa que la farandulización de los problemas, caricaturizando a los protagonistas. Y es que, reconozcamos, está en crisis la política en Venezuela; mejor, está en crisis el análisis político en nuestro país; definitivamente, está en crisis el lenguaje político por estas latitudes.

En efecto, es difícil escribir semanal, quincenal o mensualmente de forma novedosa, pero se notaba en el pasado, como puede apreciarse en el presente, el esfuerzo e intento por hacerlo. Una mirada retrospectiva, nos advierte de exitosos artículos de opinión manifiestamente políticos que, a pesar de versar en torno a cuestiones muy parecidas, el autor le buscaba la vuelta a objeto de aportar un ángulo creador; pero, una mirada actual, nos avisa de una espesa y asombrosa siembra de lugares comunes, a veces, expuesta con una vanidad digna de mejores causas.

Por ejemplo, tomamos la muestra de cuatro portales de noticias, dos de ellos con una alta rotación de columnistas, arrojando algunas características recurrentes en el tratamiento, el análisis, la crónica, el ensayo, o como quiera llamarse, respecto a la realidad política venezolana. Género aparte que puede ser objeto de una futura consideración, la muestra de un determinado día de la semana pasada, totaliza alrededor de 38 textos de opinión, siendo la mitad de los autores estables de acuerdo a una rápida apreciación de sus trayectorias y de credenciales que promedian una mínima formación académica, en un significativamente bajo porcentaje de los dedicados a la política activa (alrededor del 20%). Valga acotar, los portales de marras son de una evidente postura opositora, todos bloqueados, porque resulta necio considerar un medio oficial, oficialista u oficioso, por motivos excesivamente obvios.

Digamos, en primer lugar, la media tiene por características el insulto, la descalificación moral y política del oficialismo y la exaltación panfletaria y sistemática, sectaria y aduladora del binomio que encabeza actualmente a la oposición, desde una predominante perspectiva moral consciente o inconscientemente; existe un señalamiento crítico encubierto a las individualidades o fuerzas opositoras que pareciera expresar más una diferencia personal que política o ideológica. El temario es reiterado y cansón, con tres manifestaciones llamativas: por una parte, el de un voluntarismo a prueba de acero que recurre al leguleyismo, evita el lenguaje más o menos técnico de precisión (alguna vez leyó de un golpe de Estado del día 10 y se repite machaconamente, sin ensayar alguna exactitud), citando lo que todo el mundo sabe; por otro, se acoge al recurso empleado por el Chapulín Colorado (“lo sospeché desde un principio”), de ignorancia inconmovible al proponer la inmediata juramentación de Edmundo González en la sede de la OEA en Washington ante los magistrados exiliados del TSJ; luego, la repetición de los hechos que han reportado las redes digitales, parece no justificar los espacios disponibles (detenciones, reforma constitucional, invasión, corrupción, etc.), aunque es notable que haya autores que se encuentran voluntaria e involuntariamente en el exterior, debido al prolijo y desinhibido uso de los peores epítetos contra los integrantes del gobierno.

En segundo lugar, se toma por un caso exclusivamente político la pugna entre gobierno y oposición, desde la perspectiva institucional, dejado de lado la consideración de todos los factores igualmente políticos (a guisa de ilustración, la crisis de partidos), económicos (costo de la vida, deuda externa, et.), sociales (desescolarización, inseguridad personal, etc.), judiciales (corrupción, provisionalidad de los jueces, etc.), o de otra índole que aportan a la dramática crisis. Temario éste, por cierto, al que le dedican muchísimo menos los políticos activos, cada vez de una más desespecializada vocería, y poco más los otros que lo tocan como una contribución especial de irregular aparición, aunque el tratamiento de lo histórico ha tendido a aumentar.

En tercer lugar, hay firmas respetables que escriben algo respetablemente, al lado de otras respetables capaces de incurrir en una estupidez, o de estúpidos que, por casualidad, aciertan de vez en cuando en un planteamiento respetable, siendo estos dos últimos casos recurrentes.  Quizá porque la columna, por definición, es fugaz, faltan los pronósticos y las propuestas concretas y quizá inéditas. Posiblemente, éste sea el perfil más acabado del analista político que no sabemos si lo tenemos a mano, ilustrado por tres casos: por una parte, refiriéndose a la juramentación, un autor suscribió un largo texto en el que casi vergonzosamente exhibió una lista de probables desenlaces en distintas materias (incapacidad del control social, suspensión de licencias para la producción petrolera, imposiblidad de préstamos de las multilaterales, etc.), que ojalá aborde en lo sucesivo, pero no cuadraron – digamos – sistémicamente en un planteamiento que quiso hacerse estrictamente político, es decir, como pugna institucional;  por otra, denunciada hasta el hartazgo la falsa oposición que esperamos algún día probará, la solución a la que otro autor arriba es que se tenga un plan estratégico y una vanguardia, no más, u, otro firmante, aspira a que se conforme un voluntariado general dentro y fuera del país para combatir literalmente al régimen; después, tampoco podríamos tildar de análisis aquellos textos suscritos por quienes representan a un determinado partido que se dice opositor, de una franca promoción corporativa a través de un lenguaje que parece copiado de un viejo informe de la CEPAL.

La crisis política venezolana es la del pensar y hacer, la del diagnóstico adecuado, pero, en última instancia, la del lenguaje. Descomposición ésta, que estamos a tiempo de atajar.

Fotografía: LB, biblioteca de Rómulo Betancourt en Pacairigüa (CCS, 29/02/2024).

19/01/2024:

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