Domingo 18C TO 31 julio 2022
“Guárdense de toda clase de codicia” (Lc 12, 13-21)
(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Codicia)
José Martínez de Toda, SJ.
A todos nos gusta el
dinero. ¿Cuándo hay que decir ‘Basta’?
Algunos
dirán ‘Nunca’. Jesús nos hace pensar, cuando uno del
público le dice:
- “Maestro,
di a mi hermano que parta conmigo la herencia” (v. 13).
Jesús lo remite directamente a los
jueces y rabinos, encargados de dirimir esos casos legales: “¿Quién me puso por juez sobre ustedes?”
(v. 14).
Pero
aprovecha esa oportunidad para enseñarle no sólo a aquel hombre, sino a
todos los que le escuchan: “Miren,
guárdense de toda avaricia” (v. 15). Ella es la raíz de muchos males,
como la desunión entre hermanos, la explotación de los más débiles.
La avaricia le
cierra los ojos a uno, y lo hace muy egoísta. “La avaricia rompe el saco”.
Y Jesús lo explica
con el ejemplo de “El avaro de la gran cosecha”.
<Un hombre rico tuvo una
gran cosecha. Y se dijo: "Construiré unos graneros más grandes, y me diré: Hombre, tienes bienes acumulados para
muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida". Pero Dios le
dijo: "Necio, esta noche te van a
exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" >
Este hombre rico quizá obtuvo su riqueza
de una forma honesta. Pero se le ve solo. Solo habla consigo mismo. En el
evangelio usa la palabra “Yo” seis veces
y la palabra “mi” cinco veces. Sólo se fija en sí mismo.
Por ejemplo, no se le ocurre dar gracias a Dios por esta cosecha tan abundante.
Tampoco piensa en ayudar con ella a los
demás: dar un buen bono o una paga extra a su mano de obra,
hacer un proyecto de servicio a la
comunidad…
No hace como José, el hijo de Jacob, que en
Egipto ante una gran cosecha abre nuevos graneros y almacena el trigo para
ayudar a los demás en tiempo de escasez.
Nuestro rico se parece al rico
epulón que ignora al mendigo Lázaro.
Sólo piensa en los “muchos años” (v. 19) que espera vivir, pero no sabe que le quedan ‘pocas horas’ de vida (v. 20). Hasta se olvidó del dicho: ‘Comamos y bebamos, porque mañana moriremos.’
¿Esta parábola se refiere en general a los millonarios?
No se aplica solo a ellos,
El
problema no es ser rico, sino ser avaro y egoísta con su dinero.
Y la pobreza no le hace a uno inmune a
la avaricia.
Uno puede manejar un lujoso carro y ser
generoso con los demás, mientras que otro que sólo puede viajar en bus por ser
pobre, se guarda avariciosamente sus galletas para sí, y no las comparte con ese
niño hambriento.
La cuestión
aquí no es ser dueño de posesiones, sino que las posesiones no sean
dueñas de nosotros. La riqueza crea avaricia, y su mayor prioridad es ser
más rico aún. Todos pensamos encontrar seguridad en la riqueza. Pero
la fe en las posesiones disminuye la fe en Dios. Aquí está la “Historia de una obsesión”
<Un predicador, al comenzar un sermón, vio que una mujer comenzaba a
llorar. Entusiasmado por su impacto, siguió predicando con más fervor. Y cuanto
más predicaba, más lloraba la señora.
Terminó el sermón, y era el momento de dar los testimonios. El predicador
señala a la señora, preguntándole qué parte del sermón le había impresionado
más. Ella dudaba, pero el predicador insistía. Por fin la señora explicó:
- Mire, el año pasado se me murió el chivo, lo más importante que yo
tenía. Lloré mucho por él, hasta que poco a poco me olvidé de él. Pero, de
pronto, en la iglesia ví a usted que salía a predicar con esa barba, que se
parece a la de mi chivo. Y todavía lloro, cuando me acuerdo de él. Pero no me
acuerdo de nada de lo que usted dijo.>
Así le pasó al que
está preocupado por la herencia no cobrada. Seguro que no recuerda nada de lo
que dijo Jesús aquel día. Tiene los oídos sordos.
Y Jesús se siente descorazonado, porque después de predicar tanto y cosas superiores, la primera preocupación de este hombre sigue siendo cobrar la herencia, aunque pelee con su hermano.
Pero
aquel hombre sólo pide justicia. ¿Es que el ‘Maestro’ no se preocupa de la
justicia?
Por supuesto. Jesús
no está en contra de que cobre la herencia ni apoya la injusticia del hermano.
Pero la avaricia
puede venir bajo capa de justicia y equidad. Por eso Jesús nos advierte sobre
todo tipo de avaricia: descarada o sutil, consciente o inconsciente, y sobre
toda cola serpentina disfrazada de justicia y corrección.
He aquí otro caso de
obsesión, causada por la avaricia.
“El oro adquirido
sin esfuerzo”
<Cuentan que Buda tuvo que
refugiarse en la cabaña de un pescador a causa de una tormenta. El pescador,
que no sabía quién era su huésped, le ofreció una humilde cena y una cama. A la
mañana siguiente, al despedirse, Buda le dijo quién era, le dio las gracias por
la hospitalidad y le dijo que le pidiera lo que quisiera.
- "Quiero oro", le dijo
el pescador. Preocupado, Buda le aconsejó:
- "El oro adquirido sin
esfuerzo es una maldición, no una bendición. Te enseñaré por tanto la manera de
adquirirlo. En la playa, en frente de tu casa, hay una piedra mágica. Si la
encuentras y tocas con ella un trozo de acero, éste se convertirá en oro.
El pescador, que llevaba una
pulsera de acero, se puso de inmediato a buscar la piedra mágica. Tocaba su
pulsera con las piedras y las lanzaba al mar. El ansia del oro no le permitía
descansar ni fijarse bien en lo que hacía. Y así fue lanzando todas las piedras
al mar.
Finalmente, miró su pulsera y, oh
sorpresa, se había convertido en oro. Pero, ¿dónde estaba la piedra mágica? La
había lanzado al fondo del mar.> (Félix Jiménez,
escolapio).
La piedra mágica se había perdido
en el frenesí avaricioso de encontrarla y hacerse rico. La piedra que
transforma la vida entera en el oro de la felicidad es vivir con y para los
demás desde el único mandamiento de Dios, el del amor.
La seguridad verdadera viene de hacerse
‘rico ante Dios’.
¿Cómo se hace uno ‘rico ante Dios'?
Dando a los más necesitados.
Fuente: Correo electrónico.
Ilustración: Andrew Osta.
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