domingo, 1 de febrero de 2026

Ironía histórica

HACIA UNA TRANSICIÓN TUTELADA: ANATOMÍA DEL PODER EN LA VENEZUELA DE 2026

Richard Casanova (*)

La captura de Nicolás Maduro y el ascenso del gobierno interino de Delcy Rodríguez configuran un escenario que pudiéramos llamar de «liberalización autocrática», caracterizado por la inocultable tutela externa de los Estados Unidos, algo que la “revolución” intenta disimular con la clara lógica de preservar sus fuerzas. El otro rasgo inocultable del momento es una irresponsable y muy peligrosa fragmentación de las fuerzas opositoras, algo realmente insólito.  Este cuadro plantea serias interrogantes sobre la viabilidad de una democratización plena frente a una mutación del autoritarismo hacia modelos de coexistencia pragmática.

La paradoja de la liberalización bajo tutela

El interinato oficialista procura manejar la coyuntura hacia lo que Andreas Schedler define como «autoritarismo competitivo», con la aspiración de inaugurar una nueva etapa de la revolución, sin Maduro, quien pasará a protagonizar al malo de la película.  Por eso el gobierno interino de Delcy Rodríguez sostiene un discurso como quien recién llega al poder y con los 500 millones de Dólares que ingresarán por concepto de petróleo, ahora prometen hacer lo que no hicieron en 25 años.  Repentinamente olvidaron que sólo entre 1999 y 2014, cuando no existían las malvadas sanciones, manejaron ingresos superiores a los 950.000 millones de Dólares. ¿Qué pasó? Los recursos se evaporaron, enriqueciendo obscenamente a la burocracia revolucionaria y empobreciendo dramáticamente a los venezolanos, dejando como resultado la ruina del país y una profunda crisis social de dimensiones humanitarias. 

Sin duda, un factor determinante será la tutela externa. El gobierno interino de Delcy Rodríguez apuesta a que la administración Trump sustituya el “cambio de régimen” por la «estabilización de intereses», priorizando la seguridad energética y el control migratorio. Y tal cosa pudiera suceder, si las fuerzas democráticas no recomponen la unidad y se convierten en un factor capaz de garantizar estabilidad política. La inversión norteamericana y los intereses geopolíticos de los EEUU, valoran la gobernabilidad futura como una condición imprescindible.  Algo que jamás podrá garantizar una oposición dividida y en conflicto.

Por otra parte, las contradicciones internas en el chavismo son evidentes y las acusaciones de traición son un secreto a voces en el PSUV, propiciando un escenario que guarda similitudes con la «Teoría de la Transición de Élites» de Guillermo O’Donnell y Philippe Schmitter. Para estos autores, las transiciones exitosas suelen iniciarse por fracturas en el bloque gobernante. En todo caso, por ahora no hay razones para generarse expectativas en tal sentido.  Lo cierto es que el oficialismo criollo, al intentar disimular su subordinación a los intereses de Washington, busca capitalizar la transición no como un fin hacia la democracia, sino como un medio para garantizar la supervivencia de su grupo político en un entorno de mayor apertura económica.

El dilema de la oposición: entre la institucionalidad y la ruptura

La fragmentación opositora venezolana refleja una tensión histórica entre dos rutas estratégicas. Por una parte, la “vía institucional”, asumida por la oposición moderada: su presencia en la Asamblea Nacional evoca el modelo de la Mesa Redonda en Polonia (1989). Al participar en instancias oficiales, este sector busca «ensanchar las grietas» del régimen desde adentro. Su apuesta es pragmática: la democracia no como un evento súbito, sino como una construcción incremental que garantice la sostenibilidad del proceso de reinstitucionalización.

Por la otra, la vía de la “imposición carismática” –si me permiten el término-  asumida por la oposición más radical: se fundamenta en la exigencia de una ruptura total e inmediata. Tiene un discurso maximalista, que arranca aplausos, pero profundiza las diferencias internas, estimula la fragmentación opositora y tiene serias limitaciones que derivan de su carencia de control territorial o militar, de su fracturada interlocución con el poder y de su dificultad para articular fuerzas internas desde el exterior.  El discurso “duro” es cautivador para las masas, pero políticamente ineficiente y en la práctica, inútil para un proceso de transición.

Lecciones comparadas: el espejo de la historia

Para el liderazgo político actual, un referente imprescindible son la experiencia polaca y la chilena, ampliamente conocida en Venezuela. Podríamos mencionar muchos otros, pero solo agreguemos dos precedentes cardinales. El primero, el Pacto de la Moncloa: la transición española demostró que la estabilidad depende de la capacidad de los herederos del régimen y de la oposición para renunciar a agendas extremas en favor de un consenso constitucional. El escenario de hoy minimiza las dudas sobre la disposición del oficialismo a adelantar reformas que implique su eventual salida del poder, algo que francamente les conviene como fuerza política, al margen de que no están en condiciones para perpetuarse.

El segundo, la Ley de Amnistía de 1978 (Brasil): un proceso de apertura lenta y controlada por los militares. Si la oposición moderada en la Asamblea Nacional no logra imprimir velocidad al cambio y la oposición radical no se dispone a articular con ella y a promover la unidad de las fuerzas democráticas, Venezuela podría quedar atrapada en una transición «infinita», donde se recupera el mercado, pero se posterga indefinidamente el cambio político, la alternancia en el poder. El éxito de la democratización real dependerá de la capacidad de la oposición para unificar la prudencia y el radicalismo, lo institucional con lo emotivo, la fuerza política con lo social. Las dos vertientes opositoras no son excluyentes por definición y pueden ser complementarias. ¡Ambas se necesitan! Sin esta síntesis, el país corre el riesgo de consolidar una «paz autoritaria» tutelada, donde la recuperación macroeconómica sirva de sedante para las demandas de justicia y libertad. ¡Dios bendiga a Venezuela!

(*) Arquitecto, Vicepresidente ANR del Colegio de Ingenieros de Venezuela.

Ilustración: Andrei Popov.

01/02/2026:

https://lapatilla.com/2026/02/01/hacia-una-transicion-tutelada-anatomia-del-poder-en-la-venezuela-de-2026-por-richard-casanova/

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