lunes, 5 de enero de 2026

Del principio siderúrgico

PATEAR LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

Aprendida la diferencia entre la transición política y la mediática, por todos estos años de estridencias, convengamos en que anunciarla no significa hacerla, por una parte, y, en atención al venezolanismo, debemos caminarla con determinación y paciencia en lugar de chutarla lo más rabiosamente posible, por otra.  Y, ello, hablará del perfil dirigencial de un siglo que renegó de un aprendizaje y de una tradición políticas acumuladas en más de 200 años de vida republicana, ojalá ahora susceptible de la madurez esperada.  

Hay experiencias recientes que suelen deslumbrar a los transitólogos de ocasión, invocándolas continuamente e ignorando con descaro la situación actual que atraviesan aquellos países que protagonizaron la primera ola de la llamada primavera árabe que arrancó a finales de 2010 con Túnez y prosiguieron Egipto, Libia, Yemén, Siria y Baréin, generando protestas significativas en otras latitudes afines; por ejemplo, respecto a Siria, se dice que inauguró el tránsito en 2011 al iniciarse las protestas contra Bashar al-Assad derivando en una guerra civil, la internacionalización del conflicto, la fragmentación del Estado, entre otras circunstancias agravadas tras su caída en 2024, añadida la controversial Constitución de 2025. Ubicados en la segunda ola, acotada la dudosa naturaleza del proceso, al caer Omar al-Bashir en 2019, arranca el gobierno compuesto por civiles y militares que a la postre colapsa teniendo por contexto una guerra civil librada entre las fuerzas regulares (Sudanese Armed Forces) y las irregulares (Rapid Support Forces), y la consiguiente y monumental crisis humanitaria. No obstante, importa observar una notable diferenciación entre las transiciones occidentales y las orientales de acuerdo a la literatura especializada.

Las consabidas de occidente contaron con un Estado Nacional relativamente estable de dominio legal-racional, instituciones de larga data, monopolio constitucionalizado de la violencia, mayores posibilidades de control del orden público, canales diplomáticos ya establecidos, y una determinada propensión al consenso político. En cambio, las del oriente particularmente islámico, en curso o aparente curso, actúan en el marco de un Estado formal e híbrido de dominio tradicional-patrimonial, proyección frecuente de la familia real, instituciones fragmentadas, divisiones religiosas, referentes autónomos con poder armado, grupos fanatizados con lealtades tribales, religiosas y dinásticas. Acotemos, en un caso, puede colapsar el gobierno sin que lo haga el Estado, y, en el otro, al colapsar la familia real lo hace  inmediatamente el Estado cual artefacto nada universal e importado en los términos de Bertrand Badie.

A propósito de una ya vieja reseña, concebimos las transiciones como una suerte de aleación inédita de actores, experiencias y circunstancias, despuntando la comunidad internacional como un principio siderúrgico (https://www.elnacional.com/2021/01/transiciones-politicas-y-comunidad-internacional-el-factor-in-esperado), teniendo por ventaja - en este lado del mundo – una profunda y compartida convicción sobre el papel del Estado, el carácter político y hasta ahora no civilizatorio del conflicto, una mayor cohesión social y fuerte identidad nacional, la inexistencia de bandos armados en proporciones semejantes, una mínima memoria pública, una indispensable vocación independiente e independentista. Digamos, condiciones que favorecen – acá y no en el espacio interestelar – una salida pacífica, libre, democrática y confiable que nos lleva a una doble presunción: la una, distingue la naturaleza adquirida por el actual poder establecido entre la denominada spin dictatorship y la fear dictatorships que han trabajado autores como Daniel Treisman y Sergei Guriev, pudiendo sumarle la ruptura del bloque histórico a lo Gramsci; y, la otra, observada la prudencia, quietud y precaución predominante en los espacios públicos luego de los consabidos bombardeos, se acentúa la situación como propia de una negociación probablemente aún inconclusa.

Entonces, patear la transición ha de significar andarla con paso firme, comprenderla y asumirla tendiendo a fortalecer las instituciones, reconociendo a una genuina oposición democrática que también está en el país. Y no echarla de lado, incurriendo en una competencia desleal, simulándola como un proceso que puede derivar en las peores realidades.

Ilustraciones: Gerardo Feldstein.

06/01/2025:

https://www.elnacional.com/2026/01/patear-la-transicion/

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