RETORNO A CASA
Luis Barragán
Una de las mayores evidencias
del nefasto resultado socialista del siglo XXI, es la consabida diáspora de
crecientes y asombrosos contingentes en los últimos años. Entre las varias
contribuciones que hicimos sobre el tema, recordamos la llamada de atención en
torno a la organización social de la paisanidad más allá de nuestras fronteras
(https://www.elnacional.com/2025/03/de-la-organizacion-social-de-la-diaspora-venezolana/), todavía
planteada como una necesidad que ciertamente requiere de un ineludible sentido
y dirección política, sobre todo, ante la inminencia, probabilidad o franca
aspiración a un cambio histórico en nuestro país.
Por supuesto, fenómeno de
una superior complejidad y trascendencia que contrasta con la habitual mirada
simplista y convencional, demanda todavía apoyo y solidaridad de aquellos que,
en gran medida, se vieron forzados al exilio por razones estrictamente políticas
y, lo que es todo un desafío, implica también el reingreso al país para asumir
tareas esenciales de conducción política y de orientación de la opinión pública
junto a los que permanecieron con sacrificios dentro de las fronteras. Desde
esta específica perspectiva interpretamos el anuncio de un pronto regreso de
Miguel Henrique Otero, director de El Nacional, al que le seguirán otros
anuncios de la dirigencia propiamente partidista que puede poner a prueba el
cumplimiento de los compromisos adquiridos por la encargaduría presidencial con
Washington.
El retorno a casa no es un
asunto de mero trámite, porque se trata de un acto político que va más allá de
la decisión personal para generar la necesaria confianza en el esfuerzo común por
alcanzar una transición sustentable. Luego de los numerosos y fallidos diálogos
asumidos con el oficialismo, los consabidos hechos del tres de enero lo obligan
a: ofrecer garantías jurídicas efectivas que no puede diluir en promesas de oportunidad;
aceptar la libertad sostenida de acción y expresión que ya no puede simular institucionalmente;
y consentir el desarrollo de las capacidades de (auto)organización social y
política, sin represalias directas e indirectas.
Hemos acumulado una importante
experiencia republicana al respecto y, aunque tendamos a creer lo contrario,
los líderes políticos que regresaron al país a los pocos días de los
acontecimientos del 23 de enero de 1958, compartieron un extenso período de
severos peligros y amenazas que incluyó dos intentonas de golpe de Estado que
pudieron – sencillamente - triunfar con
las consecuencias del caso. Nadie le niega originalidad a la actual coyuntura, pero,
convengamos, es necesario invocar la memoria y tradición política venezolana interesadamente
intervenida en la presente centuria.
Compartido un mismo historial
dentro o fuera del país, el llamado a la reintegración nacional no se limita a
un gesto simbólico: representa la oportunidad concreta para reforzar nuestra
identidad, afianzar el bien común, reivindicar el derecho al optimismo y, en
definitiva, dar continuidad a la libre vida republicana. Frente a la
flexibilidad solo táctica del oficialismo para el reacomodo, debemos bregar
todos por una transición sustentable que permite al mismo tiempo compartir
jornadas anuales como la del proverbial maratón de la CAF con el testimonio de
lucha por la liberación de los presos políticos, constatado el domingo próximo
pasado en Caracas.
Fotografía: LB, maratón de la CAF en Caracas en las cercanías de la meta /08/02/2025).
10/02/2025:


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