OPOSICIÓN, UNIDAD E IMAGINACIÓN MORAL
Luis Barragán
Cualquiera dirá que, a falta de unidad monetaria,
difícilmente podrá alcanzarse en otros ámbitos todavía más exigentes de la
Venezuela que cursa, por muy necesaria y aconsejable que fuese la integración
en medio de la diversidad para la supervivencia del propio gentilicio, o la
prédica de un propósito común para la acción colectiva por encima de los
mesianismos de ocasión. Otros proclamarán que los fines – acaso, por redefinir
– se imponen frente al esfuerzo individual, individualizante y parcelario,
entendida la política y la vida partidista como una experiencia de bulliciosa uniformidad,
lejana a los contrastes y sospechosa de todo matiz.
Dentro o fuera del territorio nacional, deseándose
paradójicamente funcional, la desunión de la paisanidad pudiera hacerse
resueltamente militante de persistir ciertos niveles de irrespeto, mezquindad,
intolerancia, subestimación, insolidaridad, mala fe, irresponsabilidad, en
relación al otro y a los otros, siendo el presupuesto público nacional el único
factor de aglutinación de aquellos que puedan alcanzarlo, dejando caer los
mendrugos de la mesa. Palabra bien cotizada, pero crecientemente corrompida, la
unidad se hace efímera, interesada, utilitaria, conveniente, retórica,
oportunista, cómoda, traidora e, irremediablemente, traicionada; quizá, en la
presente centuria, porque el mito convencional de la unidad familiar y, más allá,
el de la inexpugnable familia venezolana, se ha desmoronado con el fenómeno
traumático y expansivo de la diáspora; quizá, porque el no menos convencional
de la izquierda leninista de los años sesenta y setenta del veinte, se ha
derrumbado estrepitosamente con el largo – no faltaba más - ejercicio directo
del poder.
Asimismo, con las mínimas excepciones del caso,
pareciera la oposición una fiel depositaria de ese arraigado vicio cultural de
invocar la unidad política para manipularla y tergiversarla, devenida expresión
subalterna del socialismo de este siglo, por cierto, algo lógico tratándose de
un régimen que anda por toda la calle del medio. No obstante, bajo dictadura o democracia,
la oposición es tal en la medida que resiste y niega a convertirse en una
extensión institucional y recreacional del gobierno de turno, pues, por numerosa,
variada y contradictoria que fuese, sin que sus elementos pierdan un centímetro
de identidad, es capaz de concurrir unitariamente como lo ejemplificó en la
etapa inmediata del destronamiento perezjimenista, a partir de 1958; o de hacerlo
en determinados momentos, como la suscripción del Acuerdo de Ginebra de 1966
(incluso, haciéndose representar indirectamente la insurrección armada), presta
a un posterior y libérrimo debate parlamentario; y el aseguramiento
de una estabilidad democrática en la que no creía mucho el sector oficial en 1968,
con el testimonio pluralista de una fotografía de numerosísimos dirigentes
antigubernamentales en la que no estuvieron todos los que eran y a la inversa.
Es de suponer que los planteamientos y esfuerzos
liberales, demócrata-cristianos, socialdemócratas, tecnotrónicos, o de otras
impredecibles escuelas doctrinarias e ideológicas sepan de un proceso de
condensación o síntesis partidista cada vez más necesario, figurándonos un
entendimiento de razonablemente pocos actores bien representativos, probados por sus convicciones, trayectorias y
testimonios de lucha. Esto es, dándole a
la unidad imaginada un enfoque pragmático y político que conjugue un sólido
compromiso constitucional con los principios y valores occidentales, al mismo
tiempo que vincule emoción, razón y empatía de cara a las realidades.
Ilustración: Alireza Karimi Moghaddam.
Reproducciones: El Nacional, Caracas (09/03/1968).
07/10/2025:
https://www.elnacional.com/2025/10/oposicion-unidad-e-imaginacion-moral/



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