REACOMODO PARA UNA JUGADA INCIERTA
Por muy contundentes que hayan sido, los últimos y
consabidos acontecimientos provocaron un generalizado desconcierto que no ha
logrado disipar la sola intención de alcanzar una etapa de estabilización
institucional y de recuperación económica. Admitamos la descolocación de
ciertas individualidades y grupos, dentro y fuera de la órbita oficial, porque
estas circunstancias no aparecen en el manual de transiciones para usos
múltiples según gustos y conveniencias.
Al hurgar un poco más en las declaraciones y textos de
opinión que tratan la materia, observamos la ausencia de un debate continuo y clarificador
al interior de cada contraparte real y potencial, lo que permite que pase inadvertido
el inicio de un proceso de reacomodo que sorprenderá a sus diversos adversarios.
Hipótesis nada temeraria: la situación podría orientarse hacia una definitiva coexistencia
pacífica con el socialismo de este siglo, como si fuese menester preservar intacto
el viejo orden mundial y propiciar un reciclaje de la élite gobernante o
dominante, y dar por acabada la élite opositora.
Obviamente, hay una mayor alineación y disciplina en
las filas gubernamentales para afrontar lo que se entiende como un deber de
supervivencia, aunque haya serias dudas sobre el carácter corporativo del que
se ufana el oficialismo en contraste con la oposición. Esta, la más genuina que
ha sufrido los embates de la lucha en los últimos tiempos, está obligada históricamente
a reconstruirse y, valga la paradoja, repolitizarse a la luz de las realidades
que siguen un curso implacable.
La historia sagrada de las transiciones exitosas en el
mundo aconseja una eficaz representación y conducción de los actores disidentes
en una razonable proporción que, igualmente, sea capaz de evaluar, comprender y
responder a las dificultades e intereses desplegados por el poder establecido
al administrarlas en aras de su sobrevivencia. El problema más grave del
momento no sólo consiste en apreciar la naturaleza del proceso político en
marcha y prever su resultado, sino en constatar la debilidad o inexistencia de
una interlocución apropiada con los factores de poder y el descuido o pérdida
de un realismo indispensable para asumir los retos pendientes (por ejemplo, el desconocimiento
de los comicios presidenciales de 2024 y la muy relativa cercanía de otros que
actualicen a los demás órganos del Poder Público, la designación de las nuevas autoridades
electorales, la validación de los partidos, etc.).
Por supuesto, como toda obra humana, la Plataforma
Unitaria Democrática ha incurrido en errores y fallas, pero es la instancia por
excelencia, el mecanismo mínimo para generar o revitalizar un consenso duradero
y lo más exactamente ajustado a la inédita coyuntura que, por cierto, pone a
prueba la existencia misma del oficio político en el país. Advirtamos que no
hay más espacios naturales para crear instancias alternas, al menos, en la
oposición, porque – sencillamente – se han reducido los actores y, ya tan vieja
como visible la práctica, luce necio y ocioso apostar por referentes
artificiales.
Ilustraciones: Álvaro Carmona y Falco.
20/01/26:
https://www.elnacional.com/2026/01/reacomodo-para-una-jugada-incierta/


No hay comentarios.:
Publicar un comentario