LA TRANSICIÓN HACIA SI MISMO
Respecto a la opinión pública venezolana, tiende a
considerar la transición política como una panacea capaz de responder a la
profunda y prolongada crisis venezolana que repentinamente actualizaron los hechos
del 3-E. A pesar de los anuncios hechos desde ámbitos distintos al gobierno, no
hay evidencias de un cambio sustancial, sino un reacomodo de sus elencos con
los ajustes discursivos del caso, permitiendo y quizá alentando un lenguaje
transicional que contrasta con una terca voluntad de continuismo: ¿caminamos
hacia una genuina transformación política o nos entrampa un engañoso discurso
de cambio apuntando a la reestabilización del único gobierno que hemos tenido
en el presente siglo?
Inocultable y prolongada, la crisis venezolana ha
generado una narrativa transicional que no se compadece con un cambio efectivo
en la estructura de poder. Lejos de propiciar una transformación sustancial, el
oficialismo ensaya una transición hacia sí mismo, mediante el reacomodo de sus
elencos de poder sustentado en una versión interesada del proceso abierto
después del 3-E.
Ece Temelkuran ha examinado – en clave euro-atlántica
- la conversión de los regímenes
democráticos en autoritarios en su más conocido ensayo “Cómo perder a un país”
(Anagrama, 2019), señalando que ello ocurre gradualmente a través de siete
pasos que, a nuestro juicio, son condiciones y desarrollos simultáneos y
correlacionados que contribuyen a la consolidación del régimen: reivindicación
política del resentimiento, destrucción del lenguaje, ejercicio descarado del
cinismo, desmantelamiento del aparato judicial y subordinación de los demás
órganos del Poder Público, distinción entre patriotas y apátridas, y,
particularmente de nuestro interés, la fabricación de una realidad paralela. Esta
última es posible gracias a la explotación intensiva de los recursos simbólicos
del Estado, una bien aceitada maquinaria publicitaria y propagandística, la
(auto)censura y represión, apelando frecuentemente a las teorías conspirativas
de toda ralea, maniqueas y supersticiosas.
Siendo una útil perspectiva de análisis, aunque Ece
Temelkuran parte de la experiencia de su natal Turquía y de los países cercanos,
permite comprender la inminencia de un colapso institucional, social y
económico que los hechos del 3-E sinceraron radicalmente en Venezuela, así como
el aprovechamiento de una expectativa transicional ampliamente extendida,
procurando el oficialismo reorientarla para encubrir la continuidad en el
poder. El rediseño de esa realidad paralela enfrenta hoy dificultades nada
menudas: la magnitud de la crisis obliga a admitir, al menos formalmente, las etapas
de estabilización institucional y recuperación económica literalmente impuestas
desde el exterior, exponiéndolas como equivalentes a una transición, mientras
hay un uso expedito de las formas institucionales (aprobación de leyes sin
debate sustantivo, recomposición de dos de los tres órganos del Poder Ciudadano,
etc.), unido a la inconsistencia de un discurso social que evita toda franqueza
y está en la búsqueda de una polarización electoral que ya no encuentra asidero en
una población exhausta.
No bastaron los estribillos, como aquel de “quien se
mete contra Venezuela se seca”, una vez comprobada la debilidad de un gobierno
que no respondió militarmente conforme a sus más recias promesas y terminó
aceptando las estipulaciones estadounidenses. Desmoronada esa ficción, la
respuesta oficialista ha sido forzar otra: la presencia meramente
propagandizada y fantasmal de Nicolás Maduro, convertida su devolución en una
débil demanda política, junto a la persistente estigmatización de quienes
solicitaron sanciones internacionales, en la búsqueda de un enemigo capaz de
reagrupar a sus antiguas bases; así, se confirma lo advertido por Ece
Temelkuran acerca de cómo estos procesos descansan en la construcción de una
realidad que termina siendo socialmente aceptada incluso cuando prescinde de
los hechos.
La narrativa del poder pretende blindarse, aferrada al
monopolio estatal de los medios, clausurando toda polémica incluso en sede
parlamentaria y tratando —no sin dificultades— de contener el desgaste de sus
propias bases. No deja de ser significativo que sectores progubernamentales, tenaces
defensores del legado chavista, comiencen a manifestar, aunque con tenue
resonancia, una incomodidad —por decir lo menos— frente a la versión oficial de
los acontecimientos; tal es el caso del Centro de Estudios para la Democracia
Socialista (CEDES). ¿Estamos ante una transformación real que se gesta tras
bastidores o frente a un sofisticado dispositivo retórico de cambio, diseñado
para un nuevo reacomodo y la sospechosa estabilización del único gobierno que
ha regido en la presente centuria?
Nos explica una atmósfera
discursiva distinta y enrarecida que hace de la transición un artificio
funcional a favor del continuismo, persistiendo las condiciones señaladas por
Ece Temelkuran. Y, colapsada la versión gubernamental, es indispensable redescubrir e interpretar la
realidad a favor de una genuina transición democrática.
Valga la coletilla: Temelkuran es una periodista que
ha hecho un importante aporte al análisis histórico y político del
neoautoritarismo, por llamarlo de algún modo, como también la estadounidense
Anne Applebaum o la venezolana Mirtha Rivero, cuyo último libro en dos gruesos
volúmenes, esperamos leer muy pronto. Fenómeno significativo, ha sido exitoso
el paso de una disciplina a otra con la ventaja de una industria editorial que esperamos
recuperar en nuestro país.
(*) https://apuntaje.blogspot.com/2026/04/reempizas-sentir-ineguro-en-tu-tierra.html
Ilustración: Gergely Bacsa.
Fotografías:LB, avenida Lecuna (CCS, 10/04/26).
28/04/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/04/la-transicion-hacia-si-mismo/



No hay comentarios.:
Publicar un comentario