DE UNA ENFERMA NEUTRALIDAD
Luis Barragán
“Afirmaciones o diagnósticos que
no podían
rebasar los límites de mero enunciado
sin valor probatorio para quien,
como yo,
había conocido a Carlos cuando ya
era el
Carlos de ahora, un hombre sujeto
a impulsos
contradictorios que, dentro de
una general
tendencia a neutralizarse
mutuamente,
explicaban sus altibajos, una inestabilidad
cuyo
intrincado origen, si se me
pidiera que
también lo explicase, tendría que
inventarlo”
Luis Goytisolo (*)
Ocurre con toda guerra y escaramuza: luce imposible invocar y sostener una postura de absoluta neutralidad personal, yéndose al demonio aquellos principios y valores que nos sostienen o dicen sostenernos. La consabida invasión rusa, trastocada en indecibles imágenes y videos que revienta la telefonía portátil, nos fuerza a adoptar una determinada postura por muy lejanos que creamos los acontecimientos de inevitables consecuencias en este lado del mundo.
La sola presencia del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en la primera línea de combate, ha levantado admiración, prestándose para satirizar a nuestra dirigencia opositora, aunque la intuimos tan decisiva para levantar la moral de las tropas, moviéndose en líneas más seguras al tratarse de la conducción política de la guerra. Los tristes eventos actualizan nuevamente nuestro talante, permitiéndonos un enunciado que tiene por remoto origen el populismo petrolero: corear la opinión mayoritaria, ya que si la nuestra fuese contraria, mejor sería hacerse el gafo para no comprometerse (término clave), arriesgando favores, prebendas, privilegios o ventajas.
Heredamos aquella conducta impuesta
por un modelo rentista que fue capaz de complacer o satisfacer a muchos, diferente al
latifundista de muy ayer, o al actual que confiará en las llamadas zonas
económicas especiales,ambos destinados a las minorías. Puede notarse en la vida
cotidiana, clickeando en las redes sociales que tienen un “me gusta” que
permite cumplir exclusivamente con el amigo, vecino, familiar, copartidario, o correligionario y, en lugar de precisar algo
sobre el texto, evitando reproducirlo, se hace tributario de una vieja
interpretación serrateana: “Yo me manejo bien con todo el mundo”.
La faceta es muy distinta a la mesura, prudencia o moderación, políticamente peligrosa por escapista y utilitaria, ambigua y oportunista, condescendiente con aquello que se presume combatir. Llegamos muy lejos con el actual régimen, gracias a esa actitud que también se la presume invisible, desapercibida e inocua, considerando estúpido al resto de la humanidad.
Recordamos el pasaje de la vieja novela de Goytisolo, hallándolo fácilmente en la edición digital, como seguramente no hubiésemos podido hacer con el ejemplar físico que ya está ausente de nuestra modesta estantería: no hay una absoluta neutralidad existencial y de tanto probarla, las contradicciones corroerían a su portador en constante mudanza de opiniones, enfermándolo. Sin embargo, en perpetua pandemia, el asunto se convertiría en sistema político, como pasó en Venezuela; y quizá, por ello, nos sorprende tanto que haya ucranianos haciendo la cola para conseguir un arma y defender a su país, incluyendo a personas de notoriedad, al igual que rusos que airadamente protestan a Putin por arrastrarlos a una guerra, yendo presos, en lugar de irse del país o diligenciar una bolsa de comida.
(*) “Teoría
del conocimiento”, Seix Barral, Barcelona, 1981: 111.
Reproducciones: Una microscópica muestra de la mensajería digital. De la rubia armada, refiere la diputada venezolana Liz María Márquez en su cuenta de Instagram: "Varios políticos ucranianos están tomando las armas y uniéndose a su ejército contra los invasores rusos. En la gráfica la congresista @kira.rudik con un rifle Kalasnikof presta al combate". De la Kovalskaya, se hizo eco Gabriela Montero, a quien se le entendió muy bien.
28/02/2022:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/36771-neutralidad
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