DIÁLOGOS DESPUÉS DEL BOMBARDEO
Se ha hablado de una peregrinación de la encargada
presidencial por todo el país, so pretexto de las sanciones internacionales que
vehementemente llama a levantar. Demasiado obvio que muy poco pueden hacer las personas
animadas a concurrir a los actos o a las caravanas interioranas, porque no
depende de la sola voluntad de los venezolanos inocentes, por cierto, peor y
nacionalmente sancionados desde finales del siglo XX hasta el presente.
Luego, no necesitamos de una gran perspicacia para
descubrir el adelanto de una campaña que es y será presidencial para continuar
en Miraflores, o procurar – la otra modalidad – una larga estadía a través de
los eventuales comicios planteados. El ventajismo
se cuenta hoy por kilómetros, millas y nudos acumulados, por ahora, sin
adversario alguno en el terreno de los hechos, y – siendo así - pone de relieve otro de los legados del
fundador de la estirpe política.
Se trata de un monólogo itinerante orientado a
demostrar y escenificar popularidades que el gobierno no ostenta de acuerdo con
las mediciones en boga que, seguramente, Washington conoce bien. Además, parece un esfuerzo inútil que no tiene
comparación con las giras administrativas y de inauguración de obras de un
mandatario en funciones, décadas muy atrás.
Fenómeno propio
de la era democrática, recorrer el país en constante afán proselitista era de
lo más normal para todo dirigente político promedio, aunque igualmente surgieron problemas, inconvenientes
y malentendidos para la oposición que inmediatamente se traducían en un costo
político para el oficialismo. Excepciones aparte, la regla que se hizo
tradición en la época fue que todo dirigente de vocación, transitara el
territorio nacional y supiera de buena parte de sus localidades aún desde muy
joven, incluyendo a gremialistas, sacerdotes, deportistas, oficiales militares;
huelga comentar que el candidato presidencial de un perfil ganador, a lo largo
de su vida, conocía personalmente todas y cada una de las parroquias del país
por distantes que fueren.
Un clima de inseguridad y desconfianza, añadidos los temores fundados que estructuró el poder central de toda visita y evento público y privado de la disidencia, no impidió la eficaz difusión del exitoso mensaje opositor, como ahora tampoco lo impedirá la intensa promoción de una transición que la deseamos pacífica, democrática, independiente e independentista, ahorrándole más sufrimientos a la población. Después de los acontecimientos del 3-E, el diálogo es otro, reivindicado y multiplicado: la ciudadanía espera el debate de toda propuesta, las grandes mayorías aspiran a unas limpias elecciones inmediatas y, además de los partidos políticos, toda la sociedad civil organizada ha de comprometerse con una tarea inmensa de propulsar pedagógicamente una alternativa que trille todos los caminos de la patria, palmo a palmo.
Ilustración: Cassandra Haspel.

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