DE LA PROVISIONALIDAD QUE NO ES
Sobran las localidades venezolanas trenzadas por la
promesa de la interconectividad, además, frecuentemente incumplida por la
empresa estatal y también por la privada.
Al lograrse la conexión correspondiente con la casa o el apartamento
residenciales, la oficina o el local comercial, lidiamos con la irregular
frecuencia de la señal por solo citar un caso.
No hay diferenciación social alguna en los espacios
públicos conquistados por los técnicos y también presuntos técnicos de las
compañías. Es de suponer que la fibra óptica está destinada al subsuelo, pero
recurrentemente hay sorpresas de viejas instalaciones telefónicas, eléctricas,
o de agua que inmediatamente pueden dañarse quizá porque no haya un mapa
confiable de las intimidades del pavimento citadino, quizá porque es una
condensación de viejos remiendos si es que la desidia del Estado no ha llegado
todavía más lejos.
La conquista de los técnicos o de los que hacen las
veces de tales, es notoria con los postes coronados por sendos rollos de cables
que esperan por la clientela más decidida. Y, deducimos, como no es posible
económicamente levantar o perforar el pavimento para acomodar los cables por
razones favorablemente técnicas y estéticas, simplemente se exponen al aire con
una provisionalidad que se eterniza.
Entonces, la mirada urbana se hace de las largas
cuerdas aéreas que la digitalizan, apreciándose
como un hecho más de nuestras impuestas normalidades. Diríamos, un dato
cultural, pues.
Ocurre con la encargaduría presidencial: ¿para qué
discutirla en el medio parlamentario, en el de la opinión pública, en las
cátedras de derecho constitucional? Está a la vista de todos, tamaña
provisionalidad.
Fotografías: LB, Toro a Cardone, La Pastora (CCS, 02/05/26).


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