martes, 19 de mayo de 2026

Tinta en el proceso

ESEQUIBO, TERRITORIALIDAD Y TRANSICIÓN

Luis Barragán

De una suficiente claridad conceptual y precisión jurídica en su más reciente y extraordinario texto para El Nacional, el profesor Héctor Faúndez nos evita reiterar las específicas consideraciones técnicas que suscita el actual proceso escenificado en la Corte Internacional de Justicia a propósito de la Guayana Esequiba. Importa que Venezuela se haya reincorporado, aunque tardíamente, a un litigio imposible de eludir como lo advirtió con suficiente antelación el eximio académico frente a la baratura política y leguleya de muchos de los abstencionistas en la materia.

El oficialismo recibió como legado una vasta elaboración histórica, jurídica y diplomática construida por la República Civil en medio de un natural, libre e intenso debate público. Por ello, la consternación que produjo toda reducción del legítimo y complejo reclamo histórico a una maniobra táctica de legitimación interna, a un discurso anti-imperialista que no condujo a alianza alguna y que paradójicamente desembocó en una subordinación a Washington que ha apoyado las posturas guyanesas por años como igualmente lo ha hecho Cuba.

La comparecencia a La Haya desaprovechó una excepcional oportunidad de promover el mínimo consenso nacional en torno a una política que ha de ser de Estado que coadyuve a una transición con la que Caracas se ha comprometido a cumplir luego de las etapas llamadas de estabilización institucional y de recuperación económica. Prisioneros de la lógica gubernamental, ignoraron que las diferencias políticas no impiden el contacto y las coincidencias fundamentales como ocurrió en 1966, cuando la delegación que suscribió el Acuerdo de Ginebra tuvo un irrefutable carácter plural, añadida la presencia del Partido Revolucionario de Integración Nacionalista (PRIN) que de un modo u otro le dio cobertura a determinados sectores de la insurrección armada de entonces.

La sola reconstrucción de la institucionalidad del Estado o, mejor, como gustamos de aseverar, la reestatización de un Estado artificiosamente agigantado como ineficaz, permitiría recobrar nuestra credibilidad  exterior y redefinir el papel venezolano en los difíciles equilibrios geopolíticos de la región. El referido agigantamiento ha amenazado la noción misma de territorialidad, cuya integridad corre peligro en los estrados internacionales por no citar la situación de hecho que acaeció en la madrugada del 3-E.

La pretensión de capitalizar una eventual victoria judicial que, en rigor, correspondería a una causa histórica de la nación, o la de transferir los costos políticos de una derrota a la población que todavía desconoce los resultados y pormenores de la compleja consulta oficial que se le hizo, nos parece una doble necedad gubernamental agravada por la posibilidad de una decisión que postergue infinitamente la solución de fondo gracias a un artificio. Por consiguiente, probado hasta la saciedad por el caso esequibano, no podemos escapar de la relación entre soberanía, institucionalidad y reconstrucción republicana que nos sintonice con la presente centuria.

Fotografía: LB, avenida Baralt (CCS, 16/05/26).

Cfr. HF; 15/05/26: https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/las-perspectivas-del-caso-del-esequibo-en-la-cij/  No escribía en el periódico desde el 27/1023: https://www.elnacional.com/columnas/2023/10/el-esequibo-el-caricom-y-cinco-preguntas-irrelevantes/

LB. Sobre HF: 06/06/23.  https://www.elnacional.com/columnas/2023/06/de-la-controversia-interna-del-esequibo/

19/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/esequibo-territorialidad-y-transicion/

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