domingo, 21 de junio de 2026

Rompecabezas: ¿Qué ocurrirá con las estructuras criminales y paraestatales durante la transición?

PODERES SALVAJES Y TRANSICIÓN

Luis Barragán

Nada tiene de banal  la trayectoria y la consabida suerte del llamado Niño Guerrero que, por cierto, nos asoma a una de las características del siglo XXI venezolano. Quizá nunca antes la delincuencia organizada había llegado a un desarrollo tan eficaz como prolongado entre nosotros, incluso, transnacionalizándose.

Diez años atrás, pasamos por un ciclo aún no agotado de lecturas e interpretaciones suscitadas por Luigi Ferrajoli gracias al préstamo amistoso de algunas de sus obras honradas con la oportuna devolución.  Nos impresionó tanto que hasta la más espontánea intervención parlamentaria o el ponderado texto de opinión, llevaban las huellas del jurista florentino para asumir la compleja y dura realidad creada por el socialismo de esta centuria.  

La noción de los poderes salvajes nos permitió apuntar a la naturaleza y a caracterizar al único gobierno que hemos tenido por casi tres décadas. Sin dudas, ya era evidente la existencia de poderes de hecho por encima de cualesquiera controles policiales y judiciales: no era necesaria una aguda imaginación para detectarlos bajo la protección directa e indirecta de la dirección política del Estado.

Hablamos de poderes extralegales e ilegales de ámbito público y privado que alcanzan magnitudes considerables abarcando desde las corporaciones económicas y financieras a las organizaciones francamente criminales, los aparatos clandestinos de persecución y represión del Estado al sofisticado dispositivo de contrabando, etc. Aprovechan los espacios no regulados o deficientemente regulados por la ley u optan por la violarla con total impunidad. Y si aceptamos que surgen y crecen ante la relativa indiferencia de la ciudadanía con la pérdida del sentido cívico y, propiamente, la despolitización incentivada por los regímenes iliberales, como sostiene Ferrajoli (*), es evidente que una definitiva solución ha de llevarnos a un desafío que pisa holgadamente los terrenos de la transición política de cara a la actual coyuntura.

La noción en cuestión, nos permitió distinguir los usos y abusos  episódicos del poder establecido de aquellos que abonaban a su estructuración y durabilidad, totalmente contrarios a la más mínima aspiración de una democracia profundamente garantista.  Las diferentes y caprichosas habilitaciones legislativas reforzaban la idea de un ordenamiento jurídico funcional explicado por las interesadas modificaciones normativas si fuere el caso, varias veces muy puntuales, o, permaneciendo las normas, igualmente sorprendía la interpretación dada por los tribunales.

Por supuesto, la perspectiva ferrajoliana de los poderes salvajes es útil para identificarlos por encima o al margen de las garantías constitucionales. Empero, una exclusiva calibración jurídica luce insuficiente para explicar la compleja reproducción del poder en los regímenes iliberales que toleran aquellos poderes ilegales y extralegales, articulando los recursos políticos, ideológicos, económicos y militares que los fusionan y se expresan a través del  mismísimo orden estatal.

Luego, los procesos de transición que pueden derivarse de una negociación epicéntrica, deben internarse en el lado obscuro de la Luna, pues, de lo contrario, tropezaremos por siempre con la misma piedra.  Resulta inevitable preguntarse en qué medida la dirigencia clara y específicamente política, tiene la capacidad de afrontar el inmenso reto.

(*) “Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional”, Editorial Trotta, Madrid: 2011: 75).

Ilustración: Anne Neukamp. 

21/06/2026:

https://lapatilla.com/2026/06/21/poderes-salvajes-y-transicion-por-luis-barragan/

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