EL FUTURO ANTERIOR
Un doble acontecimiento editorial estremeció
temporalmente a la Venezuela saudita de cinco décadas atrás al desatar una
amplia polémica pública de desmitificación: Carlos Rangel y Teodoro Petkoff
publicaron con pocos meses de diferencia, respectivamente, “Del buen salvaje al
buen revolucionario. Mitos y realidades de América Latina”, en su primera
edición en lengua hispana (Monte Avila Editores, Caracas), y “Proceso a la
izquierda (o de la falsa conducta revolucionaria” (Editorial Planeta,
Barcelona). Desmitificadores que
terminaron convertidos en mitos, plantearon caminos distintos y, a veces,
complementarios para arribar a un porvenir que existió como una ilusión,
posibilidad real y propuesta personal y colectiva de un optimismo náufrago en
el presente siglo.
Importa señalar que no eran los íconos liberal y
democrático de ahora, pues Rangel hizo una pasantía como militante o
simpatizante de Acción Democrática, siendo aspirante a parlamentario y
efectivamente concejal antes de dedicarse a tiempo completo al periodismo, y
Petkoff, un entusiasta de la lucha armada integrante del Partido Comunista que
ayudó a dividir por razones que escandalizaron al Kremlin. Los textos canónicos
coincidieron en cuestionar los relatos justificatorios que eximían de
responsabilidad a los actores políticos latinoamericanos, ora revisando los
mitos antioccidentales y antiliberales de América Latina, ora revisando los
mitos revolucionarios de la izquierda continental. E, incluso, recordaba
recientemente Elizabeth Burgos en el Papel Literario de El Nacional, que Le
Monde llegó a calificar a Rangel de socialdemócrata; y, además, escuchamos con
frecuencia por estos años que Petkoff combatió a la democracia con las armas y
al chavismo con los votos.
Ayer, el marxismo era una tradición organizada de
cierta variedad política y académica que, en su momento, disparó abiertamente a
los dos ensayistas, pero – ahora – hay una más ordenada red liberal que ha
celebrado un libro dejando al margen el otro, aunque los dos revelaron un
ecosistema político y cultural que los visó a mediados de los setenta, como lo
intuyó temprana y acertadamente Gustavo Coronel al participar en la mesa de
redacción que convocó la revista Resumen, dirigida por Jorge Olavarría, con uno
y otro autor.
El notable entrevistador de la televisión local que,
por cierto, escribió una impecable obra posterior sobre el tercermundismo,
derivó a la postre en un símbolo del antisistema que se acentuó entre las
décadas de los ochenta y noventa, trastocado en el referente por excelencia del
liberalismo que ni siquiera lo alcanzó a ser Arturo Uslar, el implacable
moralista de finales de siglo, ni tuvo equivalencia con los esfuerzos de
reflexión económica y filosófica al igual que de divulgación realizados por
Emeterio Gómez. Y el carismático dirigente
político que trillaba recurrentemente la imprenta, cuestionó con argumentada
contundencia el leninismo prevaleciente, recibiendo respuestas también feroces
de Rafael José Cortés y Moisés Moleiro que, a juzgar por el siglo cursante,
ponen de relieve la terrible orfandad de los herederos políticos que no tienen
aún noticias de la caída del muro de Berlín.
Impensable un debate semejante en los días que cursan,
con el interés y la trascendencia que suscitaron las ediciones en cuestión, en
un excepcional país democrático de la América Latina bañada por dictaduras, con
una convincente pluralidad y libertad de expresión palpable en la prensa,
partidos, gremios, universidades, órganos deliberantes del Poder Público. Los
polemistas lograron romper los efectos anestésicos de una Venezuela que ya
gozaba de las iniciales bonanzas en medio de la discutidísima nacionalización
del petróleo, gracias a un ecosistema político y cultural que ya olvidamos.
Tendemos a repetir planteamientos y soluciones en el
marco de una crisis que es la de la memoria histórica que no cabe en los
coloridos caracteres de un dispositivo digital para afrontar las circunstancias
actuales, y, por ello, padecimos fenómenos como el del arribo al poder de una
izquierda para más señas militarista que obvió el rotundo fracaso de la
subversión armada de los sesenta y, mirando de nuevo a Cuba, ignoró
olímpicamente la discusión que rubricó su derrota. Un ejemplo específico está en las actuaciones
de un periodista como Eleazar Díaz Rangel, divisor del Partido Comunista y
fundador del MAS, activísimo líder gremial, que claudicó frente al único
gobierno que hemos ostentado en tan larga época para redondear parte de
nuestras ironías.
Hoy, son otros los retos que esperan para pasar de la
nacionalización petrolera a la plena recuperación de nuestras capacidades
energéticas, del Estado desarrollista a lo que comprendemos como la
reestatización del propio Estado, de la democracia social a una verificable
transición, gobernabilidad y gobernanza democrática. Hubo un futuro anterior,
sistemáticamente expuesto por Carlos Rangel y Teodoro Petkoff medio siglo
atrás, que importa reivindicar y, aún más, superar frente a la indócil realidad
de hoy, necesitada de una cultura política capaz de sostener las libertades
demandadas; en otros términos, con capacidad de producción política.
Ilustración: Sempé.
Gráfica: Procesada a través de Chat GPT a partir de:
https://apuntaje.blogspot.com/2026/06/el-olvido-que-seremos.html
16/06/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/el-futuro-anterior/


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