martes, 16 de junio de 2026

La necesidad de aclarar la vista

EL FUTURO ANTERIOR

Luis Barragán

Un doble acontecimiento editorial estremeció temporalmente a la Venezuela saudita de cinco décadas atrás al desatar una amplia polémica pública de desmitificación: Carlos Rangel y Teodoro Petkoff publicaron con pocos meses de diferencia, respectivamente, “Del buen salvaje al buen revolucionario. Mitos y realidades de América Latina”, en su primera edición en lengua hispana (Monte Avila Editores, Caracas), y “Proceso a la izquierda (o de la falsa conducta revolucionaria” (Editorial Planeta, Barcelona).  Desmitificadores que terminaron convertidos en mitos, plantearon caminos distintos y, a veces, complementarios para arribar a un porvenir que existió como una ilusión, posibilidad real y propuesta personal y colectiva de un optimismo náufrago en el presente siglo.

Importa señalar que no eran los íconos liberal y democrático de ahora, pues Rangel hizo una pasantía como militante o simpatizante de Acción Democrática, siendo aspirante a parlamentario y efectivamente concejal antes de dedicarse a tiempo completo al periodismo, y Petkoff, un entusiasta de la lucha armada integrante del Partido Comunista que ayudó a dividir por razones que escandalizaron al Kremlin. Los textos canónicos coincidieron en cuestionar los relatos justificatorios que eximían de responsabilidad a los actores políticos latinoamericanos, ora revisando los mitos antioccidentales y antiliberales de América Latina, ora revisando los mitos revolucionarios de la izquierda continental. E, incluso, recordaba recientemente Elizabeth Burgos en el Papel Literario de El Nacional, que Le Monde llegó a calificar a Rangel de socialdemócrata; y, además, escuchamos con frecuencia por estos años que Petkoff combatió a la democracia con las armas y al chavismo con los votos.

Ayer, el marxismo era una tradición organizada de cierta variedad política y académica que, en su momento, disparó abiertamente a los dos ensayistas, pero – ahora – hay una más ordenada red liberal que ha celebrado un libro dejando al margen el otro, aunque los dos revelaron un ecosistema político y cultural que los visó a mediados de los setenta, como lo intuyó temprana y acertadamente Gustavo Coronel al participar en la mesa de redacción que convocó la revista Resumen, dirigida por Jorge Olavarría, con uno y otro autor.

El notable entrevistador de la televisión local que, por cierto, escribió una impecable obra posterior sobre el tercermundismo, derivó a la postre en un símbolo del antisistema que se acentuó entre las décadas de los ochenta y noventa, trastocado en el referente por excelencia del liberalismo que ni siquiera lo alcanzó a ser Arturo Uslar, el implacable moralista de finales de siglo, ni tuvo equivalencia con los esfuerzos de reflexión económica y filosófica al igual que de divulgación realizados por Emeterio Gómez.  Y el carismático dirigente político que trillaba recurrentemente la imprenta, cuestionó con argumentada contundencia el leninismo prevaleciente, recibiendo respuestas también feroces de Rafael José Cortés y Moisés Moleiro que, a juzgar por el siglo cursante, ponen de relieve la terrible orfandad de los herederos políticos que no tienen aún noticias de la caída del muro de Berlín. 

Impensable un debate semejante en los días que cursan, con el interés y la trascendencia que suscitaron las ediciones en cuestión, en un excepcional país democrático de la América Latina bañada por dictaduras, con una convincente pluralidad y libertad de expresión palpable en la prensa, partidos, gremios, universidades, órganos deliberantes del Poder Público. Los polemistas lograron romper los efectos anestésicos de una Venezuela que ya gozaba de las iniciales bonanzas en medio de la discutidísima nacionalización del petróleo, gracias a un ecosistema político y cultural que ya olvidamos. 

Tendemos a repetir planteamientos y soluciones en el marco de una crisis que es la de la memoria histórica que no cabe en los coloridos caracteres de un dispositivo digital para afrontar las circunstancias actuales, y, por ello, padecimos fenómenos como el del arribo al poder de una izquierda para más señas militarista que obvió el rotundo fracaso de la subversión armada de los sesenta y, mirando de nuevo a Cuba, ignoró olímpicamente la discusión que rubricó su derrota.  Un ejemplo específico está en las actuaciones de un periodista como Eleazar Díaz Rangel, divisor del Partido Comunista y fundador del MAS, activísimo líder gremial, que claudicó frente al único gobierno que hemos ostentado en tan larga época para redondear parte de nuestras ironías.  

Hoy, son otros los retos que esperan para pasar de la nacionalización petrolera a la plena recuperación de nuestras capacidades energéticas, del Estado desarrollista a lo que comprendemos como la reestatización del propio Estado, de la democracia social a una verificable transición, gobernabilidad y gobernanza democrática. Hubo un futuro anterior, sistemáticamente expuesto por Carlos Rangel y Teodoro Petkoff medio siglo atrás, que importa reivindicar y, aún más, superar frente a la indócil realidad de hoy, necesitada de una cultura política capaz de sostener las libertades demandadas; en otros términos, con capacidad de producción política.

Ilustración: Sempé. 

Gráfica: Procesada a través de Chat GPT a partir de:

https://apuntaje.blogspot.com/2026/06/el-olvido-que-seremos.html

16/06/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/el-futuro-anterior/

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