DEL OLVIDO QUE SEREMOS
Mediados del bachillerato en el país que prosiguió con
la intensa discusión de la nacionalización petrolera, habituado a la dura
competencia de los programas de opinión a primera hora de la mañana en la radio
y la televisión. Pacientemente habíamos leído “Venezuela, política y petróleo”
de Betancourt gracias al préstamo de la biblioteca del liceo, aunque no lo
entendíamos a cabalidad, y adquiríamos, cuando se podía, las revistas SIC y
Resumen seguramente de más difícil entendimiento.
Hubo gran alboroto por la incineración del libro “Del
buen salvaje al buen revolucionario” y todavía está en nuestra memoria la
condena que hizo Héctor Mujica del hecho por mucho desacuerdo que tuviera con
la tesis, siendo entrevistado por Carlos y Sofía Rangel. Y, después, la ultraizquierda
propagandizaba su rechazo agregando otro título como “Proceso a la izquierda”
Nos pusimos a ahorrar para comprar los ejemplares de
autores de nombres ya familiares para el muchacho que fuimos, como Carlos
Rangel y Teodoro Petkoff. Todavía los conservamos en casa adquiridos entre
abril y mayo de 1976, completado el pago de uno de los dos por un préstamo
oportuno del hermano menor.
Nos metimos en camisa de once varas para leer con absoluta
calma, retrocediendo muchas veces las páginas, los planteamientos de ambos
actores de la vida política y opinática de una Venezuela que ya comenzaba
tímidamente a tener a Miami por capital. Tardamos en entenderlos ciertamente y, aunque
ya cursábamos derecho en la Católica, tuvimos la certeza total cuando nos tocó
auxiliar a una querida amiga que hacía estudios políticos y administrativos en
la Ucevé con la tarea de hacer precisamente un trabajo alusivo a ambas obras:
obtuvo la máxima nota de un exigente profesor que les aseguró a sus alumnos que
la polémica tardaría en disiparse como, en efecto, ocurrió.
Así sería el impacto de los dos ensayos que permeó
hasta un modesto estudiante de secundaria admirado por la polvareda levantada,
esforzándose en saber por su cuenta de los asuntos que se debatían por
entonces. Habría que preguntarse sobre las condiciones por entonces imperantes
en Venezuela para que se produjera ese fenómeno irrepetible que sepamos, aun
cuando supusimos ingenuamente en esta centuria que la sola declaración marxista
de Hugo Chávez encendería los motores de la discusión generalizada, por lo
menos, entre los sectores de la oposición.
Finalmente, pocos recuerdan aquellos encuentros y
desencuentros públicos con Rangel y Petkoff y nos percatamos que menos
interesará el testimonio de alguien que los invoca con un dejo de nostalgia. En
definitiva, se trata del olvido que seremos como estupendamente intituló Héctor
Abad una de sus novelas.
Ilustración: Vilhelm Hammershøi.
Fotografías: LB.
15/06/2026:
https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44509-del-olvido-que-seremos



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