martes, 9 de junio de 2026

El derrumbe de una iconografía

LA CAÍDA DEL CHAVISMO AMARILLO

Luis Barragán

El chavismo ha representado la resistencia de los distintos sectores sociales que todavía no aceptan la quiebra del modelo rentista en nuestro país convirtiendo la opción socialista en toda una hazaña de la dependencia. Ha propiciado una economía de puertos y la ha profundizado con la realización masiva de una mercadería lícita e ilícitamente importada para consagrar el empleo precario al mismo tiempo que monopoliza la dirección del Estado con la pretensión de fusionarlo con el principal partido de gobierno. Sin embargo, ya ha cumplido un ciclo semejante a otros de nuestra vida republicana, experimentando una penosa decadencia que arrastra o pretende arrastrar al resto de la población en su agonía.

El liberalismo amarillo en el siglo XIX, abordado en una extraordinaria obra de Ramón J. Velásquez, efectivamente cayó por una descomposición interna del guzmancismo, la aparición y lucha de facciones, la incapacidad ya manifiesta de integrar a los factores regionales, la descomunal corrupción y el empuje de las fuerzas emergentes.  Había denunciado los grandes privilegios oligárquicos, la exclusión política y el centralismo conservador para consagrar después una nueva élite y ejercer una mayor concentración del poder con un desorbitado patrimonialismo.

Sabemos de las distancias históricas, pero bien vale la metáfora en la Venezuela actual: el chavismo despuntó denunciando la partidocracia, la exclusión social y la corrupción en voz rebelde para derivar en la feroz hondura de un autoritarismo que se dice cínicamente participativo y protagónico, el impune saqueo de las arcas públicas y las extravagancias ya inocultables de los grupos privilegiados que nos enmudecen de asombro.

El insigne historiador tachirense bien observó el agotamiento interno de los liberales, el desgaste de una hegemonía y la pérdida de legitimidad, la burocratización y las luchas faccionales entre las ruinas de la nación. Por estos días, ya revientan las costuras de un oficialismo con diferencias solamente atajadas por el presupuesto público, que teme a la potencia extranjera que lo desafió en la casa que también la hicieron propia otras potencias expulsadas, políticamente derrumbado que dirá esperar por lo que se conoce como justicia transicional con la lejana idea de una futura subsistencia pública.

Parecía imposible que alguien osara borrar la estampa militar de Chávez en un centro comercial ubicado en Quinta Crespo de la ciudad capital con el curioso nombre de Cipriano Castro, pero el mural ya no comparte los avatares del comercio formal e informal del lugar. Hablamos de un rincón urbano que sufrió el impacto de las más acentuadas invasiones de inmuebles residenciales, oficinas y locales con la aquiescencia, influencia o intervención de los colectivos armados, y cómodamente barre al soldado por los brochazos de la publicidad y la constante promoción de atractivas jóvenes en una gesta más de los reales.

As garotas estão dançando olvidando lo que ya se acabó por la crisis de liderazgo, de legitimidad y de cohesión interna, en correspondencia con la crisis social y económica que ha generado la facción dominante de tan férreos procedimientos en los últimos años.  Y lo que comenzó como un movimiento de renovación se convirtió en una maquinaria de poder que procura su supervivencia.

Previa a la derrota definitiva del liberalismo amarillo, ya había perdido su hegemonía. Razón suficiente para presagiar una caída y un grueso brochazo para olvidarlo.

Fotografías: LB,Centro Comercial Cipriano Castro, Quinta Crespo, Caracas (16/03/2023 y 07/06/2026).

09/06/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/la-caida-del-chavismo-amarillo/

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