LA CAÍDA DEL CHAVISMO AMARILLO
El chavismo ha representado la resistencia de los
distintos sectores sociales que todavía no aceptan la quiebra del modelo
rentista en nuestro país convirtiendo la opción socialista en toda una hazaña
de la dependencia. Ha propiciado una economía de puertos y la ha profundizado
con la realización masiva de una mercadería lícita e ilícitamente importada
para consagrar el empleo precario al mismo tiempo que monopoliza la dirección
del Estado con la pretensión de fusionarlo con el principal partido de
gobierno. Sin embargo, ya ha cumplido un ciclo semejante a otros de nuestra
vida republicana, experimentando una penosa decadencia que arrastra o pretende
arrastrar al resto de la población en su agonía.
El liberalismo amarillo en el siglo XIX, abordado en
una extraordinaria obra de Ramón J. Velásquez, efectivamente cayó por una
descomposición interna del guzmancismo, la aparición y lucha de facciones, la
incapacidad ya manifiesta de integrar a los factores regionales, la descomunal
corrupción y el empuje de las fuerzas emergentes. Había denunciado los grandes privilegios
oligárquicos, la exclusión política y el centralismo conservador para consagrar
después una nueva élite y ejercer una mayor concentración del poder con un
desorbitado patrimonialismo.
Sabemos de las distancias históricas, pero bien vale
la metáfora en la Venezuela actual: el chavismo despuntó denunciando la
partidocracia, la exclusión social y la corrupción en voz rebelde para derivar
en la feroz hondura de un autoritarismo que se dice cínicamente participativo y
protagónico, el impune saqueo de las arcas públicas y las extravagancias ya
inocultables de los grupos privilegiados que nos enmudecen de asombro.
El insigne historiador tachirense bien observó el
agotamiento interno de los liberales, el desgaste de una hegemonía y la pérdida
de legitimidad, la burocratización y las luchas faccionales entre las ruinas de
la nación. Por estos días, ya revientan las costuras de un oficialismo con
diferencias solamente atajadas por el presupuesto público, que teme a la
potencia extranjera que lo desafió en la casa que también la hicieron propia
otras potencias expulsadas, políticamente derrumbado que dirá esperar por lo
que se conoce como justicia transicional con la lejana idea de una futura
subsistencia pública.
Parecía imposible que alguien osara borrar la estampa
militar de Chávez en un centro comercial ubicado en Quinta Crespo de la ciudad
capital con el curioso nombre de Cipriano Castro, pero el mural ya no comparte
los avatares del comercio formal e informal del lugar. Hablamos de un rincón
urbano que sufrió el impacto de las más acentuadas invasiones de inmuebles
residenciales, oficinas y locales con la aquiescencia, influencia o
intervención de los colectivos armados, y cómodamente barre al soldado por los
brochazos de la publicidad y la constante promoción de atractivas jóvenes en
una gesta más de los reales.
As garotas estão dançando olvidando lo que ya se acabó por la crisis de liderazgo,
de legitimidad y de cohesión interna, en correspondencia con la crisis social y
económica que ha generado la facción dominante de tan férreos procedimientos en
los últimos años. Y lo que comenzó como
un movimiento de renovación se convirtió en una maquinaria de poder que procura
su supervivencia.
Previa a la derrota definitiva del liberalismo
amarillo, ya había perdido su hegemonía. Razón suficiente para presagiar una
caída y un grueso brochazo para olvidarlo.
Fotografías: LB,Centro Comercial Cipriano Castro, Quinta Crespo, Caracas (16/03/2023 y 07/06/2026).
09/06/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/la-caida-del-chavismo-amarillo/

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