martes, 23 de junio de 2026

Padelirium

IDEARIUM EDUCATIVO Y PADEL

Luis Barragán

Convengamos, la proliferación de clubes de pádel comporta también un fenómeno cultural. Allí se ha paseado un nuevo imaginario del éxito que ya no pasa necesariamente por las aulas, apartando la mención de la indumentaria de una prestigiosa marca comercial.

Una de las grandes e insuperadas conquistas históricas de la era democrática, importa y mucho reconocerlo, fue la de ofrecer y materializar una alternativa para el ascenso personal y social que no fuese delictivo. La educación desde temprana edad hasta sus últimas consecuencias bien lo ilustra, siendo un hecho tan irrefutable como irrepetible de compararlo con la presente centuria.

Por muchos problemas que hubiese, ejemplificado con la falta de presupuesto universitario por el que se podía lidiar, protestar y recibir respuesta oficial, u otro de distinta naturaleza, inmediatamente el asunto remitía a los propios de un vertiginoso crecimiento cuantitativo del aula en Venezuela sin correspondencia con el decidido mejoramiento cualitativo tan obligado antes de finalizar el siglo anterior, añadida una revisión profunda del régimen financiero del Estado. Respuesta que nunca se dio, silenciado y arrodillado el otrora combativo y respetado magisterio nacional, la cuestión no encontró cupo en el socialismo del siglo XXI.

Ahora, se han cerrado todavía más los medios para una legítima promoción individual y familiar, quedando como opción el intento de flotar en un cuadro generalizado de supervivencia, la migración interna y externa hasta el lugar donde sea posible sobrevivir, o la criminalidad de la más variada estirpe, escala y estilo. Contrario a lo que ocurría antes, la tendencia creciente en buena parte de la población es la de asumir que los estudios formales e informales no sirven absolutamente para nada, resultando un gasto inútil y – agregaríamos – pendenciero.

Cierto, sobre todo a partir de los años setenta del XX, importaba y mucho tener un hijo “dotol” y concebir las aulas como una masiva manufacturadora de “dotoles”, equivalente al ascenso rápido del diplomado y de toda su familia. En nuestro imaginario social, sobre todo respecto al médico antes que al abogado o ingeniero, se le creyó automático portador de un encumbramiento que podía ser de clase y con clase gracias a las clases.

A ese imaginario contribuyó inmensamente la novela radiada y televisada, porque los Alberticos Limontas o las Rafaelas de ocasión, estelares de Radio Caracas y Venevisión, poco o nada hubiesen logrado de no gozar de la debida colegiación profesional o, al menos, contar con una certificación de Douglas León Natera, el eterno presidente de la Federación Médica. Parece que la cosa viene de muy atrás, pues, tenemos que hacia 1926 se presentó en el teatro Ayacucho de Caracas una obra de Florencio Sánchez llamada “M´hijo el dotor”, por la compañía Villalona: aunque desconocemos el libreto, es de suponer el motivo de la obra.

Lo cierto es que la realización de toda suerte de estudios en el país de antes fue bien recibida y hasta saludada en los medios escritos de la prensa, tratándose de un secretariado comercial, médico, mecánico automotriz, ingeniero electrónico, maestro de la construcción, psicólogo, contabilista u otras ramas del saber y del hacer, siendo festejada la graduación en los hogares.  Este otro imaginario que arrolló principalmente la televisión, en el que bastaba cualquier oficio o profesión útil para una vida decente y hasta holgada, lo canceló el socialismo añadiendo el fracaso de las llamadas misiones que, al fin y al cabo, no eran políticas públicas tal como universalmente se les entiende.

El idearium educativo de esta hora es otro y quizá prevalezca aún el convencimiento de que no hace falta estudiar para ser alguien y, muchísimo menos, para tener bastantísimo dinero ostentando una envidiable posición gracias a las grandes y pedagógicas hazañas de los boliburgueses y pranes. “Habrá maneras de comprar un título, si es que me lo piden para entrar en el club de pádel”, argüirá alguno.

La transición no es solamente un cambio de gobierno o de régimen, como pueden sugerir los transitólogos de todo momento. Apunta a la reconstrucción de las más nobles expectativas de mérito y movilidad, educación y esfuerzo, sacrificio y recompensa frente al padelirium

Ilustración: Jacek Yerka.

Composición gráfica basada en:

Ilustración: David Nemietz:

https://padel-magazine.es/la-contenci%C3%B3n-del-p%C3%A1del-por-david-niemietz/

Reproducción: Aviso de El Universal, Caracas, 12/01/1926.

21/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/idearium-educativo-y-padel/

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