domingo, 10 de septiembre de 2023

Caza de citas




"En el sermón habló, de manera algo críptica, de tomar decisiones, de la oportunidad que suponía todo cambio brusco. ¿Qué otra cosa era la Resurrección de Cristo, sino el cambio más profundo que había habido en la historia de la humanidad? Parecía decirlo por mí, pero ese era justo el truco de los sermones, pensé, es más, de la religión en general: dar siempre la impresión de que hablan de nosotros. De todas formas, perdí el hilo del sermón antes de que terminara. Estaba pensando en el breve diálogo que había tenido con Lorenza en el coche. Quería salir y llamarla por teléfono para arreglarlo todo cuanto antes. Yo siempre quería arreglarlo todo cuanto antes. Mi relación con los cambios bruscos no era muy buena que digamos"

Paolo Giordano

("Tasmania", Tusquets, Barcelona, 2023: 190)

Ilustración: Franck Gerard. 

Noticiero retrospectivo




-  Luis Herrera Campíns. "Las memorias de Helí (Colombani)". El Nacional, Caracas, 30/07/71978.

- Lucha de clases y perestroika. Últimas Noticias, Caracas, 03/02/91. Suplemento Cultural. 

-  Alfredo Chacón comenta "La plusvalía ideológica" de  Ludovico Silva. Vea y Lea, Caracas, 05/10/70.

- Héctor Mujica. "Nietzsche o el imperio del  irracionalismo". El Nacional, 27/08/77.

- Ramón Hernández. "El país como oficio: Santiago Pol". El Nacional, 26/08/84.

Fotografía: "Street in Caracas, Venz., S. A.. circa 1937"., tomado de la cuenta facebookeana de Juan Gant-Aguayo. En lo comentarios, Renny Rangel precisa: "Mirando desde la esquina de Mijares hacia la esquina de Las Mercedes. Al fondo, la iglesia de Las Mercedes, parroquia Altagracia". 

Enchufadía

¿EXISTE UNA "CLASE POLÍTICA"?

Ramón Guillermo Aveledo

Desde su planteamiento por Gaetano Mosca, en los finales del siglo XIX, la idea de “clase política” ha sufrido, como otras expresiones que pasan del uso académico al vulgar, mutaciones. A lo que se refería el científico social italiano era a la minoría dominante, lo que también se ha denominado élite. Pretendía en esencia refutar la idea marxista de “lucha de clases” asociada con las relaciones de producción. El intelectual era, recordemos, un político conservador de aquella Italia recién unificada, parlamentario en la monarquía constitucional y con dificultades comprensibles en las primeras etapas del fascismo por el que no sentía simpatías.

La Italia unida, la del Risorgimento, donde pensó, escribió y actuó Mosca, recordémoslo también, fue obra prolongada de considerable complejidad. La influencia decisiva en lograrla debe atribuirse a la confluencia entre la competente visión política de Camilo Benso Conde de Cavour y la lucha popular republicana y nacionalista de Mazzini y Garibaldi. Que se combinen la reivindicación desde el pueblo con la destreza política nunca es sobrante.

Pero sin que carezca de valor actual esa memoria, volvamos a lo que nos ocupa. La idea de Mosca no se refiere a legitimidad del poder, sino a lo que estima una constatación práctica acerca de quienes lo ejercen. En toda sociedad, observa, hay una minoría organizada que lo detenta. La legitimación vendrá como explicación formulada desde esa minoría dominante para justificar su predominio. En las democracias la teoría legitimadora es la soberanía popular, el poder reside en el pueblo todo. En los sistemas dictatoriales depende, puede ser la representación “mejor” de una raza, una historia o una clase social. En el caso de las inspiradas en el marxismo leninismo, la del proletariado. Nosotros mandamos porque mandan los trabajadores y nosotros somos los trabajadores.

La deformación más vulgar del término “clase política” es la de asociarla a quienes se dedican más o menos permanente o profesionalmente a la actividad política. Los dirigentes de los partidos políticos, estén o no en el poder. A eso se le suele agregar un adjetivo entre nosotros cargado de negatividad, también inmerecida que es “tradicional”. Ahí es donde los populismos beneficiarios del hartazgo gozan disparando adjetivos como si fueran nombres. “La Casta” la llamó en su etapa pre-ministerial aquel señor Iglesias del cuasi extinto partido Podemos español, subsumido ahora en Sumar y por cierto con añadidos procaces, lo he escuchado a este señor Milei que hoy puntea las preferencias electorales de los argentinos.

Los dirigentes políticos en una democracia o en una sociedad que aspira serlo, conjunto humano necesariamente permeable del que entran y salen personas constantemente, no son una clase social distinta a las demás. Como tampoco quienes se dedican a cualquier profesión. De los médicos nunca se habla como “clase médica”, ni de los abogados como “clase jurídica”, ni a los ahora en auge por la revolución tecnológica, los llamamos “clase informática”. Lo mismo podríamos decir de los industriales, los agricultores o los comerciantes, los plomeros o los músicos. Es, ni más ni menos, una mentira aceptada y tratada normalmente como si fuera verdad. Su único motivo que no razón, es que sirve para segregar y estigmatizar. Cuando señalo, automáticamente me excluyo y me libero. Ahí su diabólico encanto. Lo que llama la atención es su aceptación pacífica por los directamente afectados que incluso lo repiten con naturalidad. A algún ignorante le parece incluso distinguido.

Otra impropiedad típicamente anti-republicana es referirse a los militares como “el estamento militar”, como si esta fuera una sociedad estamental, al modo de las europeas antes de la Revolución Francesa o las americanas antes de la Independencia. El uso del término, como el de “clase política” es, por decir lo menos, un anacronismo.

Lo que a la chita callando sí que va surgiendo en tiempos sedicientemente revolucionarios, es una nueva “clase política” como la que pensó Mosca de minoría dominante, fuera de la cual el único derecho existente es el de calársela. Hablo de ese planeta rojo donde habitan el grupo en el poder y con residencia provisional, el círculo favorecido del “enchufadismo”.

Entonces ¿Existe una clase política en Venezuela? No, pero una aspira existir y no es precisamente el conjunto de los sospechosos habituales: dirigentes de los partidos políticos y aspirantes o aspirantas a liderar la oposición y gobernarnos. Es el sueño dorado de esos dos de cada diez de nosotros cuyo deseo es que el status quo se perpetúe, porque les va de maravillas. ¿Y los otros ocho? No importa que se la calen, quien los manda.

Fotografía: https://www.diariodenavarra.es/noticias/mas_actualidad/internacional/2013/03/12/maduro_capriles_formalizan_candidatura_para_las_elecciones_110566_1032.html

10/09/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/existe-una-clase-politica/

Compromiso

CORRECCIÓN FRATERNAL

Marcos (Rodríguez)

Mt 18, 15-20

Contexto

Hemos dado un salto en la lectura del evangelio. Del capítulo 16 hemos pasado al 18, en el que comienza una serie de discursos sobre la comunidad.

Cuando los textos del NT hablan de Iglesia (sólo en Mateo) no se refieren a una superestructura mastodóntica, sino a la pequeña asamblea local que es la que vive la fe en Jesús. Es la primera vez que se emplea el término "hermano" para designar a los miembros de la comunidad.

Es importante notar que este texto está a continuación de la parábola de la oveja perdida. Ésta termina con la frase: "Así vuestro Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños." El tema de hoy no es el perdón. Los textos lo dan por supuesto, y van mucho más allá al tratar de ganar al hermano que ha fallado, para la comunidad.

Lo que nos relata el evangelio de hoy, es seguramente reflejo de una costumbre de la comunidad de Mateo. Se trata de prácticas que ya se llevaban a cabo en la sinagoga.

En este evangelio es muy relevante la preocupación por la vida interna de la comunidad (Iglesia). El evangelio nos advierte que no se parte de una comunidad de perfectos, sino de una comunidad de hermanos, que reconocen sus limitaciones y necesitan el apoyo de los demás para superar sus fallos. Los conflictos pueden surgir en cualquier momento, pero lo importante es estar preparados para superarlos.

Explicación

Hoy la primera dificultad la encontramos en el mismo texto.

En muchos de los códices griegos dice: "Si tu hermano peca contra ti" o "Si tu hermano te ofende". Pero la última parte falta en algunos muy importantes, como el Sinaiticus y el Baticanus.

En cuanto a las traducciones, la opinión esta dividida casi al cincuenta por ciento.

La Vulgata incorpora el "contra mí". También lo incorpora la de P. Bover, Nacar-Colunga y la de J. Mateos-J. L. Schökel.

Lo eliminan del texto, la Biblia de Jerusalén, la de La casa de la Biblia, La litúrgica.

La Nueva Biblia Americana lo pone entre paréntesis, que es la mejor solución, porque no hay razones definitivas ni para ponerlo ni para quitarlo.

Esta diferencia, aunque parece pequeña, es muy importante, porque en caso de aceptar "contra ti", se trataría de ofrecer perdón por parte del ofendido; en contra de toda lógica que nos dice que el que debe pedir perdón es el que ofende. Pero además tiene el peligro de entenderlo como un conflicto puramente personal en el que, sólo en última instancia, intervendría la comunidad como sancionadora.

La continuación al texto que hemos leído hoy, parece apostar sin embargo por la opción de "contra mí", porque Pedro pregunta: "¿cuántas veces tengo que perdonar?" Incluso J. Mateo traduce: "Señor, y si mi hermano me sigue ofendiendo, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? Lo cual me parece muy coherente.

En caso de aceptar la otra versión ("Si tu hermano peca"), tiene el peligro de que lo entendamos como una falta abstracta, sin referencia ni a un individuo ni a la comunidad. Y esto nos haría perder la perspectiva histórica. La práctica penitencial de los primeros siglos se fue desarrollando en torno a los pecados contra la comunidad, no se tenía en cuanta, ni se juzgaba la actitud personal con relación a Dios, sino el daño que se hacía a la comunidad.

De esta forma, para aquellas primeras comunidades, el "si tu hermano peca" debía entenderse como una ofensa a la comunidad llevada a cabo por uno de sus miembros en perjuicio de otro u otros miembros de la comunidad. La respuesta de la comunidad no juzgaría la situación personal del que ha fallado sino su relación con la comunidad, que tiene que velar por el bien de todos sus miembros, los ofendidos y los que ofenden.

"Atar y desatar". Es una imagen del AT muy utilizada ya por los rabinos de la época; aquí se refiere a la capacidad de aceptar a uno en la comunidad o de excluirlo de ella. Así lo entendieron también las primeras comunidades, cuyos miembros eran judíos.

El concepto de pecado, como ofensa a Dios que necesita también el perdón de Dios, tal como lo entendemos hoy, aún tardaría siglos en surgir. No podemos entender el texto como un poder conferido por Dios para perdonar las ofensas contra Él.

"Todo lo que atéis en la tierra..." Hace dos domingos, el mismo Mateo decía exactamente lo mismo, referido a Pedro. No puede haber dos instancias últimas. ¿Cuál de los dos textos estará en la verdad? Sólo hay una solución: que Pedro actúe como cabeza, en nombre de la comunidad, pero sólo para determinar quién pertenece a la comunidad y quién se autoexcluye de ella.

En todo el evangelio de Mateo no se encuentra un solo dato que haga pensar en una autoridad que toma decisiones. Teniendo en cuenta los textos y el contexto, podemos concluir, que son las personas individuales las que tienen que acatar el parecer de la comunidad y no al revés, como a veces, se nos quiere hacer ver.

"Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Esto es muy importante a la hora de tomar conciencia de lo que significa una reunión (eklesia) de los seguidores de Jesús.

¿Qué significa estar reunidos en su nombre? No se trata de compartir y aunar criterios humanos, sino de aceptar los criterios de Jesús. Se trata de estar identificados con la actitud de Jesús, es decir, buscando únicamente el bien del hombre, de todos lo hombres, también de los que no perteneces al grupo o están contra él. Esa es la única manera de hacer presente a Jesús.

Aplicación

Es imposible cumplir hoy ese encargo de la corrección fraterna porque está pensado para una comunidad, y lo que hoy falta es precisamente esa comunidad.

No obstante, lo importante no es la norma concreta, que responde a una práctica de la comunidad de Mateo, sino el espíritu que la ha inspirado y debe inspirarnos a nosotros la manera de superar los enfrentamientos a la hora de hacer comunidad.

Una vez más queda patente que lo profundamente humano es lo divino, porque las enseñanzas del evangelio no dejan lugar a duda a este respecto. La comunidad es la última instancia de nuestras relaciones con Dios y con los demás.

Fijaros que insiste en que hay que agotar todos los cauces para hacer salir al otro de su error, pero una vez agotados todos los cauces, la solución no es la eliminación del otro, sino la de apartarlo, con el único fin de que no siga haciendo daño a la comunidad.

La solución final no es la adecuada al espíritu de Jesús, porque manifiesta la incapacidad de la comunidad para convencer al otro de su error. Si la comunidad tiene que apartarlo es que no tiene capacidad de integrarlo.

Aquí tenemos que encontrar el verdadero sentido de la comunidad: la ayuda mutua en la consecución del fin del hombre, su plenitud, que sólo a trompicones puede alcanzar.

La Iglesia debe ser sacramento de salvación para todos, no refugio de seguridades para sus miembros. Hoy día no tenemos conciencia de esa responsabilidad. Pasamos olímpicamente de los demás. Seguimos enfrascados en nuestro egoísmo incluso dentro del ámbito de lo religioso.

El relato de hoy nos advierte del fallo más letal de nuestro tiempo: la indiferencia.

Martín Descalzo la definió como "la perfección del egoísmo". Otra definición que me ha gustado es esta: "es un homicidio virtual".

Seguramente es hoy el pecado más extendido en nuestras comunidades. El otro no existe para mí. Con toda naturalidad decimos: "Es su problema". "Allá él". Que haga lo que quiera. No basta con dejar que los demás hagan lo que quieran, hay que ayudar a todos a ser más humanos.

Cualquier persona que vaya, sin saberlo, por un camino equivocado, agradecería que alguien le indicara su error y le mostrara el verdade­ro camino. Si una persona que camina por la carretera de Andalucía, te dice que se dirige a Santander, tratarías por todos los medios de decirle que está equivocado.

Si al hacer hoy la corrección fraterna, damos por supuesto que el otro tiene mala voluntad, (actitud que se presupone en el concepto moderno de pecado) será imposible que te acepte la rectifi­ca­ción. Desde esa perspectiva, al corregir, estás dando por supuesto que tú eres el bueno y el otro el malo.

La corrección fraterna no es tarea fácil, porque el ser humano tiende a manifestar su superioridad. En este caso puede suceder por partida doble.

El que corrige puede humillar al corregido queriendo hacer ver su superioridad moral. Aquí tenemos que recordar las palabras de Jesús: ¿Cómo pretendes sacar la mota del ojo del tu hermano teniendo una viga en el tuyo?

El corregido puede rechazar la corrección por falta de humildad.

Por ambas partes se necesita un grado de madurez humana no fácil de alcanzar

Partiendo de que todo pecado es un error, lo que falla en realidad es la capacidad de los cristianos para convencer al otro de que su actitud está equivocada, y que siguiendo por ese camino se está apartando de la meta que quiere conseguir.

Pero no solo se aleja él de la plenitud humana, que todos debemos perseguir, sino que impide o dificulta a los demás caminar hacia esa meta.

Apartado de los demás, ningún hombre conseguiría el más mínimo grado de humanidad. Solo en las relaciones con los demás podemos crecer en humanidad.

Meditación-contemplación

"El que ama tiene cumplido el resto de la Ley".

La preocupación por los demás es una quimera,

si no partimos de un verdadero amor.

No se responsabiliza uno de los demás por programación.

.........................

La máxima manifestación de desamor, es la indiferencia.

Camuflarla bajo el manto del respeto o la tolerancia, es cobardía.

Si no me comprometo con el bien espiritual del otro,

es que su presente y su futuro me importan un comino.

..........................

Debo ir al encuentro del otro para ayudarle a ser él mismo,

sin juzgarle, sin tener en cuanta su bondad o maldad.

El objetivo primero no es hacerle bien a él,

sino salvarme yo, haciéndome más humano.

Ilustración: S/a, fondo de pantalla tomado de la red.

Fuente:



Trocear la soberanía

 

ABC. Madrid, 09/09/2023.

Extremo cuidado

 

EL PAÍS. Madrid, 10/09/2023.

Separatismo

 ABC. Madrid, 10/09/23.

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

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