jueves, 3 de febrero de 2022

Boína (de) colorá

4-F: SEMPER ET IN AETERNUM?

Guido Sosola

Treinta años convertidos en siglos para los venezolanos, incluyendo a aquellos que tanto celebraron el 4 de febrero. Quedan los que juran una devoción que no sienten, por siempre y para siempre, porque el proceso, como se le llamó al iniciar el XXI, atraviesa otra etapa que no sabe ni sabrá  de Yoel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández, Francisco Arias Cárdenas y, cada vez más diluido, convertido  sólo en un artificio de legitimación,  Hugo Chávez Frías.

            De aquellos acontecimientos de 1992, silba a los lejos el imaginario social del cual no queda nada: las cosas no estaban buenas, pero tampoco era el puntofijismo terribilísimo que nos pintaron. Y el mesianismo uniformado que tan lejos llegó, disfrazando de soldados paracaidistas a los propios niños, en los días de carnaval, ha transmutado única y peligrosamente en desencanto.

            Libérrimos tiempos de discusión pública, el presidente Pérez no incurrió en la masiva represión de sus críticos, imponiendo la censura de prensa por un breve tiempo, al producirse los eventos del 27 de noviembre, porque nada fue inocente.  En todo caso, lo visto y padecido en esta centuria ha resultado peor: jamás huyeron, en toda nuestra historia colonial y republicana, los millones de venezolanos de ahora, por ejemplo, susceptibles de cualesquiera deportaciones. ¿Cuándo se había visto algo semejante?

            En la amena e informada crónica acostumbrada por  Jesús Sanoja Hernández que nada, por cierto, le debía al esquemático “tal día como hoy”, seguramente – hoy - hubiera privilegiado alguna faceta llamativa del día 4, poniendo de relieve nuevamente la advertencia a tiempo que hizo Carlos Julio Peñaloza y la persistente negación de Fernando Ochoa Antich de alguna complicidad con los hechos. O hubiera comentado el libro que un político profesional, como Gustavo Tarre Briceño,  publicara al poco tiempo de lo acontecido, “El espejo roto 4F 1992”, aunque el periodista cuidó siempre de no aceptar El Caracazo, como un fenómeno suficientemente planificado y fríamente urdido, como es la convicción de un sector de lo que ya queda de la opinión pública en términos habermasianos.

            Golpeada la vida académica e inexistente el mercado editorial, los golpes de febrero y noviembre de 1992, quedando al garete de la propaganda oficial y, por supuesto, interesada, a pesar de lo que generaron, están esperando por los investigadores. Empero, temen mucho publicar y, además,  el esfuerzo de hacerlo, no compensa tantos sacrificios, por lo que deben buscar el pan a través de otros oficios o desempeños. Acotemos, los burócratas, metidos en alguna nómina,   suelen pasar agachados: esa devoción ya no la saben por siempre y para siempre, temiendo que el régimen mismo cambie internamente y no haya mecenas que los salven.

Fotografía: Andrés Parra en el papel de Hugo Chávez (https://www.eluniversal.com.mx/articulo/espectaculos/television/2016/12/10/retratan-con-frialdad-

hugo-chavez)

04/02/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/02/04/4-f-semper-et-in-aeternum-por-guido-sosola/amp/

https://newstral.com/es/article/es/1214247316/4-f-semper-et-in-aeternum-por-guido-sosola

Una y otra fecha

LA SIGNIFICACIÓN DEL 23 DE ENERO DE 1958 Y EL 4 DE FEBRERO DE 1992 EN EL ACONTECER HISTÓRICO VENEZOLANO (I)

Fernando Ochoa Antich

Mucho se ha hablado, escrito y debatido sobre los hechos ocurridos en cada una de estas fechas, quiénes fueron sus protagonistas, las causas que los originaron y sus consecuencias. Sin embargo, creo que, a pesar de todos esos esfuerzos, no ha quedado clara la significación cualitativa y los efectos que cada uno de esos hechos produjeron para beneficio o perjuicio de Venezuela y sus ciudadanos. La confusión es tal, que algunos los consideran similares a la luz de que sus principales actores pertenecían a las Fuerzas Armadas Nacionales. Mi intención, en este y en el próximo artículo, es tratar de aclarar, principalmente para las generaciones más jóvenes, la justificación, y el bien o el mal, que cada uno de esos movimientos produjo en la vida y en el desarrollo de nuestro país. Comenzaré esta entrega con el derrocamiento de la dictadura presidida por el general Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, cuyo régimen se había iniciado, en 1950, después del asesinato del teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, quien, a su vez, había encabezado un golpe militar para derrocar, en 1948, al presidente constitucional don Rómulo Gallegos y constituir una Junta Militar de Gobierno.

No obstante haber participado en los golpes que derrocaron a los presidentes constitucionales general Isaías Medina Angarita y don Rómulo Gallegos, el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, uno de los oficiales más brillantes de las Fuerzas Armadas de la época, comenzó a tener discrepancias con el teniente coronel Marcos Pérez Jiménez sobre la necesidad, que el primero planteaba, de un acuerdo nacional para poner fin al régimen de facto, mediante la convocatoria de una elección presidencial y la entrega del poder al candidato triunfador. Vale decir que el propio Delgado Chalbaud se perfilaba como un posible candidato con posibilidades de triunfo, dadas las simpatías que generaba en importantes sectores sociales. Sin embargo, su intempestivo asesinato, ocurrido en noviembre de 1950, aún no esclarecido, condujo al cambio de la Junta Militar por una Junta de Gobierno presidida por el doctor Germán Suárez Flamerich, quien ejercía el cargo de embajador en el Perú. Posteriormente, la Junta Superior de las Fuerzas Armadas irrespetó el resultado de las elecciones de 1952, en el cual fue electo presidente constitucional de Venezuela el doctor Jóvito Villalba; disolvió dicha Junta de Gobierno; designó a Marcos Pérez Jiménez presidente provisional por unos pocos meses, hasta  que, en 1952, fue electo presidente constitucional de la República por una írrita Asamblea Nacional Constituyente.

El gobierno de Marcos Pérez Jiménez, llamado gobierno de las Fuerzas Armadas, se caracterizó en lo económico por un apreciable progreso, en virtud de una importante disponibilidad de recursos provenientes del petróleo y de grandes inversiones de empresas, tanto nacionales como extranjeras, así como la realización de grandes obras de infraestructura, que le permitían presentarse como símbolo de desarrollo a los ojos del mundo. También estableció un plan de inmigración, principalmente desde la Europa de la postguerra, lo cual se tradujo en el ingreso al país de un gran contingente de mano de obra calificada que en gran medida contribuyó a la modernización de Venezuela, principalmente en su capital y en su región central. Sin embargo, en medio de esa imagen de progreso, se practicaba una creciente corrupción a gran escala, mediante la cual se enriquecían obscenamente, empresarios y amigos del gobierno. Para silenciar las críticas a tantos desafueros e impedir la acción política de las organizaciones partidistas y de la sociedad civil, se creó, desde el principio de su gobierno, un eficiente aparato de represión, la Seguridad Nacional, con tentáculos que alcanzaban hasta el exterior de la República, conculcándose las libertades políticas. La existencia de la Guerra Fría, en pleno desarrollo, también lo favoreció ampliamente.

Tantas arbitrariedades y desafueros, así como su ilegitimidad, generaron progresivamente un elevado nivel de rechazo en diferentes sectores de la sociedad, tales como el estudiantil,  el eclesiástico, el sindical, el empresarial, en fin  toda la sociedad, incluyendo la Institución Armada. Fue así como el primero de enero de 1958, se produjo la rebelión protagonizada por miembros de las Fuerzas Armadas, la cual fue respaldada  masivamente por la ciudadanía, en manifestaciones de protesta en todo el territorio nacional, incluyendo una huelga general el día 21, que condujeron, finalmente, a que en la madrugada del 23 de enero de 1958, Marcos Pérez Jiménez abandonara el país con una  inmensa fortuna, producto del saqueo del erario nacional. Sin embargo, fue posteriormente extraditado y juzgado por los tribunales nacionales. Definitivamente, al hacer un balance de su obra de gobierno, se puede afirmar que el legado de Pérez Jiménez, si bien pudo haber dejado una obra de infraestructura importante, su conducta totalitaria y corrupta, opacan totalmente cualquier juicio favorable que se quiera hacer de su gestión.

En cambio, la rebelión del pueblo venezolano, el 23 de enero de 1958, en unidad con sus Fuerzas Armadas, dio origen a un régimen de libertades, de imperio de la Constitución y las leyes, de apego a la institucionalidad, de progreso en todos los aspectos de la vida nacional, de reconocimiento y respeto por parte de la comunidad internacional, que duró cuarenta años y que permanecerán en la historia como uno de los grandes logros republicanos en contra de la opresión y la tiranía al restablecer la anhelada democracia, que un día, muy seguramente, recuperaremos, una vez más, con el concurso de todos. Hoy, cuando celebramos un aniversario más de esa hermosa gesta, renovemos nuestra fe y esperanza en que lo volveremos hacer, con la ayuda de Dios y nuestros esfuerzos.

23/01/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/significacion-del-23-de-enero-de-1958-y-el-4-de-febrero-de-1992-en-el-acontecer-historico-venezolano-i/

LA SIGNIFICACIÓN DEL 23 DE ENERO DE 1958 Y EL 4 DE FEBRERO DE 1992 EN EL ACONTECER HISTÓRICO VENEZOLANO (II)

Fernando Ochoa Antich 

A escasos días de cumplirse un aniversario más del 4 de febrero de 1992, conviene, es para beneficio de la memoria histórica recordar lo que significaron los hechos ocurridos ese día y sus funestas consecuencias para Venezuela y su pueblo. Esa fecha permanecerá en la mente de la inmensa mayoría de los venezolanos y será reseñado por nuestra Historia como el día en el cual un grupo de militares, liderado por sus comandantes, traicionaron su juramento de “defender la Patria y sus instituciones hasta perder la vida y no abandonar jamás a sus superiores”. Su acción retrotrajo al país a la barbarie, que creíamos superada, al utilizar las armas de la República para intentar conquistar el poder, derrocando al gobierno que los ciudadanos se habían dado en democráticas y libérrimas elecciones. Igualmente, a pesar de que la asonada militar fue derrotada contundentemente por la inmensa mayoría de profesionales y tropas leales a la Constitución y las leyes, ese hecho puso en entredicho la disciplina interna, la unidad de mando, el espíritu de cuerpo y la  subordinación al poder civil logrados durante cuarenta años de democracia. Además del lamentable daño institucional causado por la insurrección, la actitud irresponsable de su protagonistas enlutó los hogares de 35 venezolanos entre soldados, policías y civiles, que cayeron víctimas de un absurdo enfrentamiento. Todos conocemos la historia de esos sucesos y a sus principales responsables. Sin embargo, no cabe la menor duda de que el principal culpable y beneficiario de esa tragedia fue el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías.

Nadie podría negar los cambios ocurridos en el país después de que fuera derrocada la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, en términos de democratización. Hechos como la alternancia republicana, el equilibrio entre los poderes del Estado, el respeto a los derechos humanos y civiles, el importante fortalecimiento de la infraestructura de salud, educacional y vial, junto a otros importantes hechos de modernización de nuestra sociedad. Muy importante es resaltar la optimización del profesionalismo y la subordinación al poder civil de la institución militar. Tampoco se puede negar que durante el período democrático se cometieron irregularidades, como generalmente ocurren en cualquier sociedad. Sin embargo, esas irregularidades fueron debidamente denunciadas, investigadas y corregidas, de conformidad con las leyes. Otro aspecto que resalta de la etapa democrática fue la amenaza a la que ella estuvo sometida en sus inicios, primero por las asonadas militares causada por la infiltración de la ultraizquierda en los cuarteles, y posteriormente por la aparición del movimiento guerrillero auspiciado por el castro-comunismo. Ambas situaciones fueron exitosamente enfrentadas por la inmensa mayoría de la sociedad venezolana y particularmente por las propias Fuerzas Armadas, lo cual les permitió ostentar siempre un privilegiado lugar entre las instituciones más prestigiosas del país.

Desafortunadamente, todo el progreso y los logros alcanzados en cuarenta años de democracia empezaron a verse amenazados por una logia conspirativa, inspirada por una gran ambición de conquistar del poder por el poder mismo, instigada por la izquierda no democrática e inexplicablemente apoyada por estudiantes, algunos medios de comunicación e incluso respaldada por dirigentes de los propios de partidos políticos, supuestos defensores de la democracia. Lamentablemente, los esfuerzos por preservar el régimen democrático no impidieron que  ocurriera la intentona del 4F y un movimiento civil para que, ante la derrota del golpe, lograr destituir al presidente Carlos Andrés Pérez, quien lideraba quizá el mejor gobierno de la etapa democrática, en términos de progreso y libertades ciudadanas. Esa felonía generó un ambiente de inestabilidad, manejado con honestidad y eficiencia por los gobiernos de Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera. Sin embargo, a pesar de la derrota militar del golpe de Estado, surgió un pernicioso fervor por una de las principales figuras de la asonada militar, Hugo Chávez, quien contó con una masiva campaña de propaganda, resultando vencedor en la elección presidencial de 1998. Desde esa fecha y hasta el presente, nuestro pueblo y el mundo han visto y experimentado el final de 40 años de progreso y de vida democrática, para sumirlo en la terrible calamidad que vive actualmente. No cabe duda de que el 4 de febrero marcó el inicio del fin de lo alcanzado el 23 de Enero de 1958.

A mis apreciados lectores: luego de veintiocho años de escribir todos los domingos un artículo en los medios de comunicación, he decidido dejar de publicar, con la regularidad que lo hacía, por las dificultades que han surgido en Venezuela para obtener información veraz sobre temas nacionales e internacionales. Le he pedido a El Nacional que me permita continuar en sus páginas cuando los temas de interés lo ameriten.

30/01/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/la-significacion-del-23-de-enero-de-1958-y-el-4-de-febrero-de-1992-en-el-acontecer-historico-venezolano-ii/

Cfr.

Fernando Ochoa Antich. "Mi verdad sobre el 4 de febrero"http://lbarragan.blogspot.com/2020/05/cuan-extemporaneo-es-el-asunto.html

¿Temen que el reloj de la UCV dé la hora para la liberación?

 


Intervención del diputado Luis Barragán, sesión virtual de la Asamblea Nacional (Caracas, 01 de febrero de 2022). Punto 2 del Orden del Día: Debate sobre la precaria situación salarial de los profesores universitarios.
Agradecemos el aporte de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (APUSB), a través de su presidente: Prof. William Anseume.
Fuente:
Referencia: Sesión completa AN:
https://www.youtube.com/watch?v=nwmDrx9HqB8


Mensaje desde la Universidad Central de Venezuela (Caracas, 2 de febrtero de 2022).
Referencia:

De la (anti) política, lo (anti) político y los (anti) políticos

¿QUÉ ES LA ANTIPOLÍTICA? 

José Rafael Herrera 

En el conocido Prólogo a la Contribución para la crítica de la economía política, Karl Marx sostiene que “el modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general”. Lo que se es se identifica con lo que se hace y con el modo como se hace. Ser es hacer. La vida es un hacer continuo y las formas como los hombres conciben su modo de vida depende de lo que ellos mismos sean capaces de hacer. Una frase compendia sus conclusiones: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, es el ser social lo que determina su conciencia”. Esa es la razón por la cual el ser sin más, en su simplicidad, el ser a secas, no es, porque todo ser es en cuanto que es social, en cuanto que es hacer, es decir, en cuanto que es histórico, político. Verum et factum convertuntur reciprocatur, al decir de Vico.

“Todo es político”, advertía Gramsci en sus Quaderni, incluso lo es el no ser político, el  concebir-se (o creer-se) a sí mismo en la no-politicidad o en la anti-politicidad. Ya lo había advertido el mismísimo Shakespeare, al referirse a aquellos artistas que, no sin cierta vanidad, creían poder mantenerse ajenos al quehacer político de su tiempo, presos -como diría sir Francis Bacon, autor del Novum Organum– de los “idola theatri”: “Todo arte que pretenda ser auténtico tiene que ser la necesaria expresión de lo político”. En suma, el ser social, históricamente considerado, por razones inherentes a su propio devenir, a su naturaleza histórica, no puede prescindir de esa su condición sustancial: la de ser zoon politikón, un “animal político”. El resto es imaginatio: son “el cazador o el pescador solos y aislados”, que “pertenecen a las imaginaciones desprovistas de fantasía que produjeron las robinsonadas diesiochescas” y su malentendido ‘retorno a la vida natural’. “Nadie -cita Hemingway a John Donne- es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra”. Y todavía más: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

Más interesante todavía pareciera ser el camino del recorrido inverso, cabe decir, el camino de aquel que, al mejor estilo positivista o nihilista -da lo mismo-, convencido del preponderante y superior papel de la política en y para la vida de los hombres, y presuponiendo, como todo auténtico “especialista”, que la política sólo puede ser el producto de la exclusiva labor de la techné, propia de la dirigencia partidista, considera que quien tenga el atrevimiento de opinar sobre una determinada situación política sin ser “político” es, para decir lo menos, un estulto, un ignorante, un perturbador del «orden natural de las cosas» y que debería, por el bien general, guardar las distancias, o más específicamente, mantenerse alejado de este tan especial y supremo oficio.

Sorprende sobremanera cómo el muy diligente detractor de la «antipolítica» acostumbre mostrar hasta “las costuras” los graves inconvenientes que, a lo largo de estos años, ha venido causando la intromisión de esta suerte de “irresponsables” que, «sin conocer las hierbas», se consideran en plena capacidad de hacer los más osados “hechizos” de toda posible tonalidad, como si fuesen auténticos expertos en las «esotéricas» artes de la Politeia. El profesor Albus Dumbledore, maestro de “el elegido” Harry Potter, se quedaría pasmado ante semejante atrevimiento. En síntesis, y según la opinión de estos expertos, son ellos, los «antipolíticos», esos irresponsables detractores del oficio político, los genuinos culpables de que, hasta la fecha, la “oposición” al régimen gansteril no haya podido concretar el triunfo en sus intentos por instaurar un régimen de libertades, democrático, justo y próspero en Venezuela.

Tal vez, en estos argumentos haya algo -o incluso mucho- de razón. “Zapatero a su zapato”, como dice el refrán. Nadie podría cuestionar el hecho de que, así como para dedicarse a la medicina o a la ingeniería es menester aprender al detalle las técnicas propias del oficio, de igual modo quien se dedica exclusivamente al conocimiento de la praxis política debe ser el más indicado para ejercer la difícil tarea de confrontar el gansterismo, esa fase superior del totalitarismo, revestido de una extravagante ideología de neo-izquierda y experto, por demás, en la manipulación de los más cándidos sentimientos de las clases desposeídas. Son ellos, en consecuencia, los llamados a diseñar la carta de navegación que haga posible el reencuentro del país consigo mismo. Pero, precisamente por ello, no se comprende bien cómo es que pudo surgir la antipolítica, no solamente la que hizo posible la llegada del lumpen al poder, sino también la que ha venido generando esa inconveniente e irracional «perturbación» a lo interno de la llamada “oposición”.

Pareciera necesario, pues, hacer algunas consideraciones que contribuyan a la comprensión del cómo y por qué pudo haber irrumpido en la escena pública la antipolítica, cuál es su origen y cuál es la razón de su caprichosa y extravagante presencia, tomando en cuenta el hecho de que antes del secuestro perpetrado por el cartel, se supone, los políticos venían ejerciendo sus funciones, y que durante el presente no pocos han sido los intentos de construcción de un gran movimiento político de unificación de las más diversas tendencias y militancias partidistas, verdaderos «mosaicos» -o piezas de un rompecabeza- con los cuales se pretende generar el «efectivo» movimiento de cambio que requiere el país. Es como si en un hospital en el que sobraran médicos de las más variadas especialidades se incrementaran irrefrenablemente las patologías. Cosa extraña, que debería llamar la atención de las autoridades del hospital en cuestión.

En otros términos: ¿será que la antipolítica surgió de la nada? Pero, por una vez: ¿no fue Aristóteles quien afirmó que de la nada no surge más que la nada? O, para decirlo en clave estrictamente ontológica: ¿no será la antipolítica la hija legítima del tradicional modelo de hacer política? Da la impresión de que la posición asumida por los “especialistas” en política es tan antipolítica como la de sus detractores. De hecho, la antipolítica bien puede ser definida como la inversión reflexiva -abstracta- de la política, su contra-cara. Y quizá eso explique, en parte, los saltos de “talanquera”, la “fuga” de los “alacranes” o la deserción de los pobres de Espíritu. Y es que los políticos de oficio, al negarse a reconocer la cada vez mayor -y más preocupante- consistencia de la antipolítica, terminan asumiendo la misma función que ejercen los antipolíticos en su contra. De suerte tal que el uno queda sorprendido como el claroscuro del otro. Cada uno se devela como “el otro del otro”, en el que el uno y el otro devienen idénticos. Sin reconocimiento no hay conocimiento, decía Hegel. Para que el país se reconozca, se requiere, en primer lugar, que la llamada “oposición” se reconozca a sí misma, que deje de lado los prejuicios, los viejos hábitos, y construya una novedosa red hegemónica que ponga fin al secuestro hamponil. Para ser una auténtica oposición es indispensable comprenderse como lo distinto de la criminalidad. Sin ideas «claras y distintas» no hay ni técnicas ni especializaciones que valgan de mucho, ni políticos ni antipolíticos que resuelvan el grave escollo en el que se encuentra inmerso lo que va quedando de país. La construcción de un nuevo modo de ser y pensar (que es un nuevo modo de hacer) es la verdadera prioridad. La formación cultural -esa que trasciende los límites de la política en minúscula- pareciera ser, de hecho, la tarea primordial.

03/02/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/que-es-la-antipolitica/ 

Breve nota LB: Fotografías, LB.  Recuerdo aquél enfoque sobre la #Antipolítica de un amigo, años atrás: es como una biblioteca de libros en uso, amontados, repleta de razones a discutir, pero que disgusta a quienes la desean ordenada, inútil, vistosa, ajustada al Feng-shui de sus banales existires.

miércoles, 2 de febrero de 2022

Golpegrafía

GOLPE DE ESTADO

Carlos Blanco 

Decía Ramón J. Velásquez que para saber la situación de los cuarteles bastaba mirar la calle. No era indispensable tener una conexión militar (ya sabemos, el primo del tío del cuñado de Filinto es capitán y me dijo que “la cosa está fea” y…), sino ver el ánimo de los viandantes comunes y corrientes. Si hay contento en la calle lo hay en los cuarteles; si, por el contrario, los transeúntes andan de mírame y no me toques, lo propio ocurre con los de uniforme y gorra.

En el contexto venezolano actual pareciera que solo ha habido un intento de golpe de Estado, el de Chávez en 1992. Sin embargo, la democracia venezolana ha vivido desde sus inicios bajo la amenaza de insurrecciones, algunas más conocidas y otras, menos. Como lo documenta Thays Peñalver en su libro La conspiración de los 12 golpes, la ristra es larga y culebrera. Podría decirse que los 40 años de 1958 a 1998 no fueron el camino ascendente –aunque no exento de problemas– hacia la democracia como ahora sabemos de sobra, sino un conflicto irresoluto entre fuerzas históricas en pugna.

La Junta de Gobierno presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal, a los seis meses, afrontó la rebelión del ministro de la Defensa, general Castro León, a la cual siguió en septiembre otra de la Policía Militar. Cuando Rómulo Betancourt se instala en Miraflores los intentos golpistas se sucedieron por varios años: desde el intento del propio Castro León en Táchira, derrotado por militares, campesinos y estudiantes, hasta varios otros, de derecha y de izquierda.

Betancourt resistió el Barcelonazo de junio de 1961, que fue un intento de oficiales perezjimenistas. También el Carupanazo en mayo de 1962, protagonizado por oficiales de izquierda. El Porteñazo en Puerto Cabello en junio de 1962, con saldo de más de 400 muertos y 700 heridos, insurrección dirigida por oficiales y dirigentes comunistas, consagrada para siempre por el fotógrafo Héctor Rondón Lovera con la gráfica del sacerdote Luis María Padilla que ayuda a un soldado herido, cabo segundo Andrés de Jesús Quero (hay otras versiones sobre el nombre del efectivo), en medio del tiroteo. En El Porteñazo la pezuña de Fidel Castro fue evidente con estridencia.

En forma paralela y complementaria se desarrollaba la insurrección de la extrema izquierda, encabezada por el Partido Comunista y el MIR, debatiéndose entre los intentos con oficiales de las Fuerzas Armadas comprometidos con ellos, las guerrillas urbanas y rurales, y la masiva presencia del apoyo cubano. A un costo altísimo para Venezuela esas insurrecciones fueron derrotadas y sus rezagos, ya inútiles, siguieron durante el gobierno de Leoni hasta que se inició la pacificación de los líderes que culminó exitosamente con Caldera.

Caldera tuvo una situación militar complicada al inicio de su gobierno (curiosamente y por razones distintas también al inicio de su segundo período), lo que se saldó con la imposición de la autoridad civil por él representada. Pero las procesiones andaban por allí. El primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, entre la bonanza, el apoyo popular y la juventud de la democracia, creó una barrera a las insurrecciones militares. En todo caso, no era el golpismo parte del ambiente de un país que, según parecía, se dirigía a una prosperidad permanente.

En contra de Luis Herrera Campíns hubo también un intento según el cual sería apresado (¿o atacado?) en un desfile militar. En el gobierno de Jaime Lusinchi, cuando se encontraba de viaje y estaba encargado de la presidencia Simón Alberto Consalvi, hubo un inexplicado paseo de tanques de guerra, en octubre de 1988, que más adelante se asumió como un “ensayo general” del golpe de Chávez o, tal vez, a algunos oficiales se les fueron los tiempos. No fue una equivocación sino que 18 tanques y más de 100 soldados participaron en esa operación para secuestrar al presidente encargado, cuenta Thays Peñalver.

Después vinieron las epopeyas perversas de Chávez en febrero de 1992 y de noviembre del mismo año, encabezada por el contralmirante Grüber Odremán. También derrotadas como las que ocurrieron desde 1958 en adelante. La cuestión es por qué si todas fueron derrotadas y sus autores fueron lanzados a la censura pública y luego al olvido, la de Chávez (no la de Grüber Odremán) fue el inicio de la escalada militar, popular e internacional que dio al traste con la democracia venezolana.

La clave fue la respuesta de las élites, empresarial, política, gremial, sindical y la de los representantes de la “ilustración”. En toda la etapa democrática las conjuras fueron derrotadas por los militares con inmenso apoyo popular. Los alzamientos contra Betancourt fueron de gran envergadura y entonces el PC y el MIR tenían un tajo, aunque minoritario, de simpatía en medios juveniles, profesionales, estudiantiles e intelectuales en general. Pero el peso de las que se llamaron por un largo tiempo “las fuerzas vivas” se puso al lado de los gobiernos y los alzados pudieron ser controlados.

Sin embargo, la represalia de un sector de las élites contra la democracia “adeca” no por encubierta dejaba de estar activa. Desde el derrocamiento del general Medina Angarita en 1945, los desplazados de la hora nunca perdonaron el atrevimiento de Rómulo Betancourt y del grupo militar encabezado por Pérez Jiménez. Con el golpe y la subsiguiente revolución democrática del trienio, se cortó de cuajo el proceso evolutivo desde la feroz dictadura de Gómez hasta una apertura indudable del general Medina, quien sin embargo mantenía una abierta resistencia a la elección popular, universal y secreta del presidente de la República, ya convertida en demanda nacional de primera importancia.

Para observar la posición de los desplazados de 1945, basta citar a su figura más representativa, Arturo Uslar Pietri[1]: “Todo se cambió, se alteró el país que estaba, hasta ese momento, manejado por un grupo de hombres muy seleccionados, muy capaces, de la gente más calificada que se tenía y entonces entraron a gobernar un grupo de gente muy joven, sin ninguna experiencia –de ninguna especie-, administrativa, de modo que el país dio un salto muy grande en la oscuridad y eso ocasionó un caos, medidas ilógicas y absurdas, desajustes terribles de los cuales el país ni siquiera se ha repuesto. Por ejemplo, un simple hecho puedo decirlo yo a esta distancia: Venezuela tenía una disciplina fiscal heredada de Gómez, muy rígido y muy útil, es decir, había un presupuesto y ese presupuesto se cumplía, y los créditos adicionales eran una verdadera excepción. La Ley Orgánica del Fisco Nacional se cumplía rigurosamente bajo Gómez y eso lo heredaron López Contreras y Medina. Bajo López Contreras y Medina los ministros no podíamos salirnos del presupuesto, el mover una partida era un problema muy grave y el pedir un crédito adicional era casi escandaloso. El país no tenía deuda, vivía de su presupuesto equilibrado, había una disciplina fiscal, cuando yo estuve. Eso se rompió y más nunca se ha recuperado. Venezuela ha vivido en el desorden fiscal desde el 18 de octubre hasta hoy, y seguimos sin poder salir de él” (resaltado mío, CB).

En ese mismo trabajo se recoge de Uslar Pietri lo siguiente, lo cual añade la nota personal indispensable: “No hay duda de que si no hubiera habido un 18 de octubre, yo hubiera sido Presidente de Venezuela en un momento u otro. Era evidente. Yo era el político joven más importante de Venezuela en ese momento, yo era la figura central del más grande partido político que tenía el país, que era el PDV, Partido Democrático Venezolano, yo estaba en plena actividad política, el PDV dominaba el Congreso, la Asamblea Legislativa, los Concejos Municipales, era una fuerza, la fuerza política más grande y más organizada del país, de modo que estaba en la más elemental lógica que tarde o temprano yo iba a ser presidente de la República”.

Lo que aconteció en la década de los noventa fue que esos golpes de Estado se encontraron con el descontento social acumulado durante la década anterior, los efectos de los reajustes del programa económico del presidente Pérez, pero sobre todo con la dirección de un partido de gobierno que ni quiso ni supo enfrentar a sus adversarios históricos y que le dio manga ancha a la revancha que se cocinaba desde 1945, encabezada por un intelectual del prestigio de Uslar Pietri y la corte que lo acompañó en su propósito de derrocar a CAP.

Descontentos populares hay siempre cuando las demandas no son inmediatamente satisfechas y más aún si se sale de la “década perdida” latinoamericana de los ochenta. Pero a los errores del gobierno, sumados a la renuncia de Acción Democrática de su papel de apoyo al gobierno de su compañero (apoyo que después dio a Caldera cuando aplicó la misma política que a CAP le criticaban), abrieron el boquete para que la insurgencia militar fracasada le diera una figura a la política, la de Chávez, cuyo ascenso se produjo en el marco del esfuerzo de “los notables” encabezados por Uslar y José Vicente Rangel por derrocar el gobierno.

Esos “notables” arrastraron tras de sí a la mayoría de los miembros de las élites políticas y empresariales, y finalmente al propio partido de gobierno, para derrocar al gobierno de CAP. Las consecuencias de esa venganza mezclada con traición se pagan literalmente con miseria y sangre en los tiempos que corren.

[1]Trabajo de Gregorio Salazar para Tal Cual en: https://alianza.shorthandstories.com/75-revolucion-de-octubre/index.html

02/02/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/golpe-de-estado-2/

martes, 1 de febrero de 2022

Debate asambleario sobre la universidad

LAS UNIVERSIDADES VENEZOLANAS SUFREN UN PERPETUO ALLANAMIENTO

En su sesión de hoy, la Asamblea Nacional abordó el gravísimo problema del ingreso real de los docentes universitarios que están muriendo de hambre y de mengua en Venezuela, siendo inevitable la referencia al “allanamiento perpetuo” del que ha sido objeto la Universidad Central de Venezuela, como lo denunció el diputado Luis Barragán en su intervención en la sesión digital.

Al respecto, el vocero de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio indicó el “estupor y la angustia que se percibe en todos los trabajadores públicos venezolanos”, siendo los más vulnerables los de la salud y los de la educación, señalando la “bochornosa situación de los profesores universitarios arrastrados miserablemente a la indigencia y la vergüenza por parte de este régimen usurpador”.

Arguyó que la calamidad no se debe sólo a los miserables salarios, la desatención médica y el hambre, o a las condiciones de vivienda, movilidad, servicios tecnológicos, vestimenta o recreación, sino a la intervención y allanamiento de nuestras casas de estudios, como recientemente ha ocurrido en la Universidad Central de Venezuela, violentando la Constitución de la República y la Ley de Universidades.

Adujo el absurdo de negar el presupuesto a las universidades y después inculpar a las autoridades del deterioro de la planta física.

“Pisoteando la autonomía de la universidad aborrecida por Nicolás Maduro, en esta enorme aula abierta que es el país y que desean destruir, en una modalidad distinta de allanamiento de la sede universitaria y también de allanamiento de la dignidad humana del profesor universitario”.

Finalmente, el diputado Barragán, integrante de la dirección nacional de Vente Venezuela,  llamó a actuar a tiempo frente al cáncer que afecta lo que denominó la “industria del conocimiento estratégico” de Venezuela, hallándose las universidades venezolanas en un “perpetuo allanamiento”.

En la sesión plenaria de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional, además, intervinieron las diputadas Mildred Carrero, Rosa Petit, Tamara Adrián, Milagros Eulates,  y el diputado José Antonio Mendoza.

01/02/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/02/01/diputado-luis-barragan-las-universidades-venezolanas/

https://www.noticierodigital.com/2022/02/profesores-universitarios-son-arrastrados-a-la-indigencia-y-la-verguenza-por-el-regimen-usurpador-luis-barragan

http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/36618-conocimiento

Caza de citas

Un pueblo inconsciente de su lenguaje termina por convertirse en marioneta, fácil presa de sistemas y banderas, por erróneos que sean"

José Balza
("Pensar en Venezuela", Bid&Co. editor, Caracas, 2008: 197)

Ilustración: Tomás Maldonado.

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS Héctor Faúndez Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a...