Aquí nadie
está reclamando un jolgorio siendo tan dramáticas las circunstancias del país, apuntando
así al oportunismo extremo de quienes hacen de la resiliencia un arbitrario motivo
de culto hasta sorprender al mismísimo terapeuta. Frecuente, la adaptación política, a ésta nos
referimos, no sugiere superar el drama,
sino alcanzar los mejores rendimientos personales con el sufrimiento ajeno que
se jura evitar.
Es necesario y
urgente defender el realismo a todo trance para alcanzar lo imposible, haciendo
caso de la muy consabida, remota y parisina consigna. Una defensa reñida con el
engaño y, algo peor, el autoengaño, la improvisación y la banalización misma de
la política, vaciándola de todo sentido ciudadano.
La autovictimización
y la autoflagelación, se nos antojan como una rara estrategia que explica la
vida política en clave de telenovela de bajo presupuesto. El combate cívico
tiene su propia naturaleza, características y alcances: hay que hacerla y muy
bien, la política, en consonancia con nuestras más profundas convicciones,
sacrificios acumulados, acuerdos y desacuerdos que deben empeñarse en librarnos
y liberarnos del régimen socialista que desconoce la dignidad de la persona
humana.
La firmeza de
nuestra esperanza depende de la que tengamos con nuestra fe libertaria y
venezolanista, sin desmayar a pesar de las adversidades. El célebre latinazo
que abre la presente nota, nos advierte que el camino hacia las estrellas, es
el más difícil, siendo necesario persistir ante una experiencia inusual, como
la del régimen que confisca el presente siglo: la política ha de recuperar el
sentido de trascendencia, de responsabilidad, de solidaridad, del sacrificio,
del empeño creador, de las destrezas indispensables, que son las que nos llevan
al terreno de las realidades inauditas tan desfiguradas por el mundo digital.
Ya sin la
vieja placa de identificación, sugerimos al amable lector detenerse por un
instante frente a la escultura de Teresa Cabello y de la vitralista Marianela
Ruíz, en Parque Cristal, municipio Chacao, por cierto, referente de las masivas
protestas caraqueñas hasta hace pocos años, al parecer, irrepetible respecto a
los años venideros. Un par de niños que celebran al papagayo que toma vuelo, constituye
una gigantesca inspiración para hacer de la tarea opositora una viviencia de
las realidades que se conquistas para transformarlas.
Para
el pueblo judío, la imagen de la serpiente recordaba, a la vez, las quejas del
pueblo y la misericordia de Yhwh.
Tal
como se narra en el Libro de los Números (21,4-9), ante la dureza de la marcha
a través del desierto, el pueblo empezó a murmurar contra Moisés y contra Yhwh,
que envió serpientes venenosas cuya mordedura les provocaba la muerte. Tras el
arrepentimiento y la intercesión de Moisés, éste recibió el encargo de colocar
una serpiente de bronce sobre un asta: bastaba mirarla, para quedar curado del
veneno mortal.
Se
trata, evidentemente, de un relato mítico, que solo puede ser aceptado
literalmente desde una conciencia mítica, como la que tiene el niño entre los 3
y 7 años, o la que vivió la humanidad entre, aproximadamente, los años 10.000 y
1.000 antes de nuestra era.
Es
obvio que también, en la actualidad, pervive la conciencia mítica en no pocas
mentes humanas: eso explica que, tanto en el nivel de la religión como en el de
los nacionalismos, se mantengan creencias que, vistas desde otro nivel
(simplemente, el "racional"), parezcan cuentos de niños.
Particularmente
en el campo de la religión, es más fácil quedar anclados en ese nivel de
conciencia –aunque la misma persona, en otros sectores de su vida, pueda tener
actitudes postmodernas-, debido al hecho de que los textos sagrados se han
entendido literalmente, como si en su misma formulación hubieran caído del
cielo, revelados por Dios.
A
partir de ese concepto de "revelación", centrado en el literalismo,
el creyente no se atreve a reconocer el carácter histórico, condicionado y, por
tanto, relativo de esos textos, por lo que los sigue repitiendo de una manera
mecánica, sin el menor cuestionamiento. Quizás inconscientemente, en este
terreno, está renunciando a hacer uso de una consciencia más ampliada, que le
proporcionaría otra lectura más adecuada y, por ello mismo, liberadora.
Pero
en el tema concreto que nos ocupa, hay más: una idea mágica de la salvación que
marcaría dolorosamente la conciencia colectiva cristiana durante más de un
milenio.
Una
vez más, se trata de un determinado tipo de lectura, desde un determinado nivel
de consciencia. Así como el pueblo judío pudo creer que bastaba mirar a una
serpiente de bronce para quedar curado de la mordedura venenosa, de un modo
similar, durante siglos, muchos cristianos pensaron que la salvación venía
producida por la muerte de Jesús en la cruz.
Quiero
insistir en el hecho de que, mientras alguien se halla en ese nivel de
conciencia, tal lectura es asumida sin dificultad. Lo cual no quiere decir que
no contenga consecuencias sumamente peligrosas, entre las que habría que
apuntar las siguientes:
·
imagen de un dios ofendido y vengativo hasta el extremo;
·
idea de un intervencionismo divino, arbitrario y desde "fuera";
·
idea de una pecaminosidad universal, previa incluso a cualquier decisión
personal (creencia en el "pecado original");
·
instauración de un sentimiento de culpabilidad, hasta alcanzar límites
patológicos;
·
creencia en una salvación "mágica", producida desde el exterior.
Estas
consecuencias parecen inevitables cuando se hace una lectura literalista de
determinados textos bíblicos, incluido el que hoy leemos, al comparar la cruz
de Jesús con la serpiente del desierto. Con tal lectura, se dejan sentadas las
bases de toda la "doctrina de la expiación".
Sin
embargo, es posible otra lectura que, reconociendo el carácter
"situado" y, por tanto, inevitablemente relativo de los textos
sagrados, accede a un nivel de mayor comprensión y libera al creyente de tener
que seguir aferrado a un pensamiento mágico o mítico, que por la propia
evolución de la consciencia le resulta ya, no solo insostenible, sino perjudicial.
Desde
esta nueva lectura, el cristiano sigue fijando su mirada en Jesús, y en Jesús
crucificado. Pero ya no es una mirada infantil ni infantilizante.
Ahora
ve en Jesús y en su destino –provocado por la injusticia de la autoridad de
turno- lo que es el paradigma de una vida completamente realizada: fiel y
entregada hasta el final. Por ese motivo, el hecho de "mirar la cruz"
empieza a ser ya salvador: nos hace descubrir en qué consiste ser persona.
Pero
no se trata solo de una mirada "externa", que podría desembocar, en
el mejor de los casos, en una conducta imitativa, que no dejaría de ser
alienante. Desde una consciencia transpersonal y desde el modelo no-dual de
conocer, la lectura se ve enriquecida hasta el extremo.
Al
ver a Jesús, nos estamos viendo a nosotros mismos. Al acceder a una perspectiva
no-dual, nos queda claro que no hay nada separado de nada. En nuestras
diferencias aparentes, se está mostrando la naturaleza común que nos
identifica. De un modo semejante a como, en cada una de las olas, "toma
forma" la única agua que a todas las constituye.
Desde
esta nueva perspectiva, Jesús no es un "mago" que nos salvara desde
fuera; tampoco es un "ser celestial separado" diferente de nosotros.
Es lo que somos todos..., aunque sigamos sin atrevernos a reconocerlo.
En
él se ha mostrado de una manera exquisita la maravilla de lo Real. Por eso,
podemos nombrarlo como Manifestación de Lo que es y Expresión de lo que somos.
Al mirarlo a él, lo primero que nace no es un deseo de "imitación",
sino un reconocimiento de nuestra más profunda identidad.
De
un modo similar, la salvación no consiste en quedar liberados, por obra de una
"expiación" exterior, de una culpabilidad ancestral que se
arrastraría desde el comienzo de la especie humana (aunque quedaría sin
precisar el momento exacto en que el homínido dejó de ser primate y empezó su
andadura de "homo sapiens sapiens").
No
hubo tal cosa como un "pecado original" –en el sentido moralizante en
que lo entendió la tradición-, que habría de culpabilizar a toda la humanidad
que entró en contacto con esa creencia. Lo que hubo –y sigue habiendo- es una
gran inconsciencia, que se traduce en ignorancia radical de quienes somos, y
que se plasma en comportamientos que generan sufrimiento para uno mismo y para
los demás.
Esa
es la "tiniebla" de que habla el texto. Y, por contraste, la
"luz" de que tanta necesidad tenemos, y que los cristianos vemos
resplandecer en Jesús de Nazaret.
En
eso consiste la "salvación": en acercarnos a la "luz", para
reconocer nuestra verdadera identidad –el "agua" que constituye
nuestra "forma transitoria" de "olas"- y, de ese modo,
salir de la ignorancia que nos mantiene confundidos y atrapados en un laberinto
de sufrimiento.
La propaganda interna en el PSUV comienza a hablar de escenarios de violencia en la etapa preelectoral ante una posible ausencia de Hugo Chávez como candidato.
Lo exponentes del socialismo radical y los ideólogos de
la ultraizquierda no conciben la alternancia democrática y no se resignan a
entender que la sobrevivencia de esta revolución no depende de las armas de la
institución militar sino de los votos de los venezolanos.
Pensamos que la posibilidad del chavismo de perder el
poder el 7 de octubre, está a la vista con la presencia o con la ausencia de
Hugo Chávez. Desde luego que la crisis personal que vive el caudillo de la
revolución aumenta los riesgos de ese escenario y por eso afloran los
extremismos que dicen contar con el sector militar para impedir un eventual
triunfo opositor.
Al contrario, el escenario más conveniente para la causa
opositora no es precisamente la ausencia del caudillo, sino su presencia en la
contienda y su derrota por la vía de los votos. Ello permitirá mayor
estabilidad a un eventual gobierno de Henrique Capriles.
En estos trece años Chávez ha logrado mantener la
estabilidad interna en la FAN. Sustanciosos aumentos de salario, un gran sector
dedicado a labores gubernamentales y otros con el control de los procesos de
producción, comunicación y distribución más importantes del país, los mantienen
un tanto alejados de la conflictiva política real. Sin embargo la politización
interna, la persecución, el premio a la lealtad y los cambios provocados por el
Gobierno como las milicias y el paso a oficiales a los sargentos técnicos, sin
pasar por la Academia, han generado malestar en la mayoría institucional de la
Fuerza. Es decir, no todo es color rosa.
Ningún sucesor de Hugo Chávez estaría en capacidad para
liderar una reacción violenta contra un posible triunfo opositor y menos aún un
golpe de Estado. De la misma manera que a lo interno de la FAN tampoco existen
condiciones para asumir una postura tan arriesgada como desconocer la voluntad
popular. Ni siquiera Hugo Chávez tiene hoy la fuerza para conducir un
movimiento como el del 4F que vaya por encima del proceso electoral.
El menos interesado en un escenario de violencia es el
candidato Capriles, quien tiene ante sí muchas posibilidades de triunfar el 7
de octubre.
Aunque el chavismo no cuenta con las armas de los
militares para provocar una "toma del poder" por la vía armada, sí
tienen grupos violentos en todo el país capaces de generar situaciones de
violencia que provoquen alguna medida extrema como pudiera ser suspender el
proceso electoral.
Breve nota LB: No hay archivo digital público alguno de El Universal. El texto en cuestión, tomado de nuestra cuenta facebookeana.
EL NACIONAL - Martes 06 de Marzo de 2012
Cultura/3
IDIOMA / LA ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA ABRE DEBATE SOBRE EL GÉNERO
El masculino no discrimina y el femenino no
incluye
Francisco Javier Pérez (*)
Resurge la vieja polémica sobre el género
de los sustantivos y su vinculación con el sexo. El canon gramatical reza que
no existe nexo alguno entre uno y otro; es decir, que cuando una palabra tiene
género masculino o femenino sólo se indica un aspecto de clasificación
gramatical y no un género humano o animal determinado. Según este principio de
lógica lingüística no se incurre en discriminación alguna cuando se usa un
sustantivo masculino que engloba en su significación tanto a personas o
animales de uno u otro sexo (existen muchos sustantivos femeninos en español
que, no por femeninos, dejan de incluir a seres de sexo masculino; v.g.
"la humanidad", no se refiere a las mujeres dejando a los hombres a
un lado dentro de tamaña conceptualización; al contrario, también los considera
sin necesidad de inventar la chistosa forma "el humanidad", sin
asidero en el uso de la lengua).
El maestro Andrés Bello, sabio en toda materia pero más en temas de lenguaje, fue de los primeros gramáticos que, a contracorriente del logicismo gramatical de su tiempo (1847), proponía que se rompiera la ecuación "género gramatical" es igual a "sexo". Pesa en su idea del género lo que corresponde a un asunto tan morfológico como la terminación de los sustantivos (lo que luego vino a denominarse el morfema de género).
Por su parte, la Nueva gramática básica de
la lengua española (2011) señala que "género y sexo son dos nociones que
se relacionan, pero que no se identifican, puesto que el primero es de carácter
gramatical, mientras que el segundo constituye un rasgo biológico".
El español venezolano tiene, marcadamente,
un gusto por hacer que el género femenino de algunas palabras represente la
situación más grande y admirable ("una manga" es un mango muy grande
y sabroso; "una hueca" es un hueco muy grande en una pared o en el
piso), en desarmonía con la tesis de que el género masculino discrimina y de
que el femenino incluye.
La discusión, reabierta a raíz del informe
del académico Ignacio Bosque, de la Real Academia Española, en el que se invoca
el texto de la Constitución de Venezuela, en todo momento un precioso ejemplo
lingüístico sobre el abuso del desdoblamiento léxico de los géneros y la falta
de estilo que ello conlleva, no debe leerse ideológicamente, pues no es su
espíritu, ni fue esa su intención. Busca ilustrar lo innecesario que resulta
recargar un texto escrito al mencionar todos los sustantivos en su posible o no
doble atribución genérica (si "gobernador" y "gobernadora"
no ofrece problemas, sí lo hacen especies como "estudianta" y
"soldada", que han comenzado a propagarse a consecuencia de esta
tergiversación del género gramatical).
La imposición logicista en la comprensión
de la lengua reporta muchos riesgos, siendo el más agudo no entender la
arbitrariedad de la lengua y su libertad en la representación del mundo. El
lenguaje lucha a favor de la igualdad desde la platea de sus ideas y no detrás
de mamparas de endeble formalidad.
(*) Presidente de la Real Academia de la Lengua de
Venezuela.
Ilustración: Andrés Bello, según Pancho Graells para el texto de Rafael Caldera: "La significación contemporánea de Andrés Bello".. El Nacional, Caracas, 06/01/1980. Papel Literario. Cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Graells
La prolongada
crisis política española, bordeando una peligrosa versión institucional,
direccionada por Pedro Sánchez, ha movido por distintos escenarios a quienes
ejercieron la presidencia del gobierno español en distintas épocas.E, incluso, fotografiado por S. Gutiérrez
para El Mundo de Madrid (05/03/24), Felipe González recientemente se reunió con
Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, ambos del PSOE y
acérrimos críticos del proyecto de amnistía.
A favor de
Sánchez, diligencia José Luis Rodríguez Zapatero, y adversándolo, José María
Aznar y Mariano Rajoy, constituidos en referencias importantes e ineludibles en
el marco de los acontecimientos igualmente importantes e ineludibles. Suerte de
reserva moral y política, independientemente de sus tendencias ideológicas, los
ex - mandatarios juegan roles en las democracias liberales, como no ocurre en
las tácita o abiertamente iliberales que cuidan de no garantizarles – si los
hubiere, fundamentalmente del ancien
régime – las condiciones indispensables y decorosas para que actúen
públicamente.
Regímenes
iliberales que tienden a quitarle la pensión y el personal de seguridad a los
anteriores gobernantes, exponiéndolos, como ocurrió en el caso venezolano al
arribar al poder Chávez Frías, y, faltando poco, negar la alternancia como
principio constitucional. Por cierto, un gesto que levanta legítimas
suspicacias, el mexicano Andrés Manuel López Obrador eliminó la pensión a sus
predecesores, concibiendo como una gran conquista histórica que él no la vaya a
tener.
Por estas
latitudes, hubo una expresa y sabia disposición en la Constitución de 1961 al
establecer la senaduría vitalicia a favor de quienes hubieren ejercido la
presidencia de la República, incluyendo a remotos rivales como Eleazar López Contreras,
o figuras muy cercanas como Rómulo Gallegos; o, si fuere el caso, después de
presidir por varios meses la junta que reemplazó a la dictadura militar de
Pérez Jiménez, el juego político le permitió a Wolfgang Larrazábal acceder al
parlamento hasta su derrota electoral por 1973. En todo caso, al igual que
Edgard Sanabria, quien le sucedió en la junta, o Ramón J. Velásquez,propulsor de la transición de principios de
los noventa, gozaron de las consideraciones necesarias en atención a los solemnes
actos u otros eventos cotidianos de Estado, como suele ocurrir en otros países
que, incluso, constitucionalmente no le acuerdan una posición específica a los
ex – presidentes, pero calibran muy bien el papel que les incumbe como líderes
eméritos.
Los venezolanos
supimos de la útil fórmula en el curso de los debates más trascendentes del
país, como el de la nacionalización petrolera, estelarizando los senadores
vitalicios Rómulo Betancourt y Rafael Caldera; éste,con motivo de los consabidos hechos de 1992, actualizó
sus aspiraciones políticas para volver a Miraflores, como antes lo había hecho
su vecino de curul Carlos Andrés Pérez; Luis Herrera Campíns y Jaime Lusinchi,
se quedaron en el Capitolio y también en el país, dependiendo de las cada vez
más disminuidas jubilaciones y del seguro parlamentario. Y, podemos concluir, respecto
a la citada gráfica castellano-manchega, cuan ventajoso les resulta a los
españoles contar activamente con sus viejos líderes para asuntos realmente
importantes, por más discrepancias ideológicas que pudieran suscitar.
Depara todavía
sorpresas un régimen que capitaliza muchos de los cursos académicos en el mundo
sobre las novísimas dimensiones autoritarias alcanzadas, según los eufemismos
en boga que logran esconder una vocación y un propósito francamente
totalitarios. Esta vez, el secuestro en Chile del teniente Ronald Ojeda, sus
más variadas y trágicas circunstancias, incluyendo el silencio y la posterior
versión oficial de Caracas, negando toda responsabilidad, expone una faceta
inédita, por ahora,en torno a la
realización continental y efectiva del socialismo del siglo XXI, dejando muy
atrás casos como el muy consabido de Alberto Lovera que supo de una intensa y
libérrima campaña de medios, parlamentaria y judicial, arribando a la correspondiente
sentencia condenatoria de los autores del vil homicidio.
Algo propensos
a la sola consideración criminal y criminológica de lo que empezó como un
“proceso”, después trastocado en “revolución”, sin que tenga ya otros rincones
del lenguaje que tomar por asalto (por lo demás, vulgar asalto), olvidamos – en
un sentido – la (des)acumulación de todas las experiencias vividas y contadas, triunfos
y postergaciones, marchas y contramarchas, tentativas y frustraciones, coincidencias
y discrepancias, errores y ensayos, por estos más de veinte años. Los felones
de 1992, aprendieron del poder desde el poder mismo, improvisándose en medio de
la perpetua voluntad de sobrevivir a cualquier precio, al mismo tiempo que el
liderazgo opositor, irreductiblemente plural, ha probado los más variados
caminos para alcanzar una transición democrática.
Nos explica un
gigantesco repertorio de hechos y actores, como de presentimientos,
increíblemente fáciles de soslayar por los decisores de una oposición de varios
ciclos, después que determinados sectores de la sociedad civil creyeron que
ésta se bastaba por sí misma para generar el cambio, y, fracasada, supo de la
Coordinadora Democrática, la MUD y la Plataforma Unitaria, hoy, en trance de
una insospechada y dura prueba.Siendo
tan desleal la competencia con una innovadora y cruel ingeniería del poder, en
propiedad, la de los aventajados servicios de (contra)inteligencia, nada más y
nada menos que los del Estado, importa y demasiado el esfuerzo unitario,
colegiado, mancomunado, concursado, común de una oposición fundada en la
memoria – al menos – estratégica: luce inaceptable que los más o menos
recientes sucesos, sean tomados literalmente como una absoluta primicia para
agravar defectos de un elevado costo, cuales autosuficiencia, vanidad, o
improvisación convertida en un obsceno dato cultural.
Convengamos,
cada quien se presenta y mueve con el peso de todo su equipaje de conocimientos
y vivencias en el escenario político, proclives a la exaltación del propio
genio, aunque – en otro sentido – sepamos que la muy antes Venezuela fue
también obra de una rica tradición de debate que, por ironía, jurándose en otra
etapa republicana y socialista, cuidó esmeradamente de no dar Chávez Frías ni
Miquilena, y muchísimo menos en el ámbito de la consabida constituyente,
convertido en un nefasto legado y doctrina oralmente transmitida. Más adelante,
retado el barinés, se sirvió de una ridícula excusa para no polemizar in situ con el bien dispuesto Mario
Vargas Llosa, quien – despuntando la otra centuria – escandalizó a propios y
hasta a extraños con un texto portador de una extraordinaria advertencia que
todavía agradecemos, intitulado “El suicidio de una nación”, pues, arraigada la
costumbre, discusión alguna merece el fondo, en el nombre de todas nuestra
prisas, urgencias y exasperaciones.
Viejo hábito
el de la controversia que garantizó una rica herencia de bienes y valores políticos,
el dirigente partidista y social igualmente incursionaba en la imprenta para
ensayar una perspectiva de fondo, o buscarla a través de la compilación de sus
columnas de opinión, discursos y entrevistas, agreguemos, realizadas por
periodistas formados e informados en la fuente. Hoy, debemos bregar en una era
de la digitalización para mercados efímeros, sucedáneos y banales, aún
quebrados como el nuestro, exactamente lo más conveniente y adecuado para este
socialismo del siglo XXI que no quiere saber de liberales, socialcristianos,
socialdemócratas, tecnotrónicos, tampoco de los otros marxistas que le irriten,
u otras escuelas formadas o en formación.