domingo, 26 de enero de 2025

Noticiero retrospectivo








- Guillermo José Schael. "Brújula: Los (boy) scouts se reúnen". El Universal, Caracas, 14/08/1953.

- Edgar C. Otálvora. "El olfato político para la reforma del Estado". El Nacional, Caracas, 19/02/86.

- Luis Alvaray. "Macagua". Economía Hoy, Caracas,  29/01/97.

- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "Pido la palabra: ¿El secuestro, delito militar?". El Nacional, 31/03/87.

- Demetrio Boersner. "En Venezuela no hay revolución". Economía Hoy,  02/03/2000.

Reproducción: Humberto Peñaloza. Semana, Caracas, N° 72 del 17/07/1969.

sábado, 25 de enero de 2025

Piedad


DE UNA BREVÍSIMA COMPARACIÓN

Luis Barragán

Las redes digitales universalizaron el servicio religioso con el que culminaron las celebraciones oficiales en Washington, por el regreso de Donald Trump al poder. Conmovieron profundamente las palabras de la obispo episcopaliana Mariann Edgar Budde, en demanda de piedad para los inmigrantes e integrantes de la comunidad LGTB+, después de suscritas las órdenes ejecutivas concernientes en la Casa Blanca.

Naturalmente que la intervención de Budde puede suscitar toda suerte de polémicas, respecto a la dramática situación de una inmigración que, por cierto, no se entiende sin la industria del coyotaje; la ideología de género y, en general, la cultura woke; la posibilidad del ejercicio femenino del sacerdocio y la oportunidad de alcanzar la más alta prelatura, en contraste con la Iglesia Católica; la observación que pueda hacerse en relación al denominado lenguaje inclusivo, aunque el DRAE aporta precisión, etc. Sin embargo, importa señalar la hermosa y significativa escena de la obispo dirigiéndose con una extraordinaria serenidad y aplomo al desenfadado Trump que inmediatamente comprendió las solemnes circunstancias del acto, gracias a Dios.

Es el caso, una situación semejante no es posible en este lado del mundo; por lo menos, deben admitirlo los críticos más pertinaces de la democracia estadounidense. Y, constatemos,  no sólo la prelado (*) goza de la autoridad eclesiástica y moral para su llamado, sino de los derechos y garantías constitucionales y legales tan indispensables, contando – ella -  con la libertad de expresarse y – otros - de transmitirla con una amplitud e instantaneidad antes inimaginable.

Por estos predios, ha de presumirse que la religiosa podría protagonizar y, no faltaba más, hasta repetir un mensaje semejante, pues, añadida la de Cuba, la superlegalidad latinoamericana teóricamente lo permite. Huelga comentar el riesgo que ella, o cualquier otra persona, correría, solo con intentarlo.

Probablemente, proyectada más allá de las fronteras, recibirá numerosas invitaciones para visitar sendas instituciones religiosas afines y universidades de distintos países. Claro está, no es de esperar que veamos pronto a la obispo Budde en el nuestro.

(*) La expresión “prelada” está reservada a la persona superior de un convento o comunidad eclesiástica, en la primera acepción del DRE, mientras que, en la siguiente,  “prelado” lo refiere al obispo, entre otras dignidades eclesiástica.

Fotografía: Tomada de la cuentafacebookeana de MEB (https://www.facebook.com/photo/?fbid=104016718054087&set=a.120849733382964). 

Reseña: The Washington Post, 23/01/25.

26/01/2025:

https://www.lapatilla.com/2025/01/26/luis-barragan-de-una-brevisima-comparacion/

Cfr.

https://x.com/Ronxyz00/status/1882108504514961441

https://latinus.us/eu/2025/1/25/no-fue-un-regano-fue-una-suplica-dice-obispa-que-pidio-trump-

compasion-por-los-migrantes-los-ninos-trans-133448.html

https://www.dw.com/es/trump-arremete-contra-la-obispa-que-le-pidi%C3%B3-apiadarse-de-personas-inmigrantes-y-lgtbiq/a-71371444

https://www.youtube.com/watch?v=dW-idcs0wfg

Sermón: https://www.youtube.com/watch?v=xwwaEuDeqM8

Consciente y descansado, sabio y pleno

EL "DISCURSO PROGRAMÁTICO" DE JESÚS

(San Lucas, 1: 1-4; 4, 4-21)

Enrique Martínez Lozano

En consonancia con el modo de hacer propio de los historiadores de la época, Lucas inicia su obra (Evangelio y Libro de los Hechos de los Apóstoles) con un prólogo, en el que, tras mencionar al destinatario, deja constancia de su propio trabajo de investigación.

Desconocemos si el destinatario era un personaje real –algún mecenas o personaje ilustre, conocido en la comunidad- o se trata, simplemente, de un juego literario para referirse, sencillamente, a cualquier lector: el término "theo-filos" significa "amigo/amado de Dios".

El prólogo reconoce expresamente que, entre Jesús y el autor, hay toda una generación de "testigos y predicadores de la Palabra". Entre líneas, podemos advertir que se habla de un trabajo redaccional ("muchos han emprendido la tarea de componer un relato") y otro previo tradicional ("siguiendo las tradiciones transmitidas").

Tras aludir a ese recorrido generacional, el autor certifica su trabajo de comprobación y su interés por hacer un relato ordenado, con un objetivo declarado: fijar la verdad y solidez de la doctrina ("para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido").

Desde nuestro modo moderno de concebir el trabajo historiográfico, podríamos pensar que este prólogo exige una lectura literal del texto. Pero una vez más es necesario insistir en que esa actitud es totalmente anacrónica. El concepto de "historia" que ellos manejaban no estaba en absoluto reñido con el recurso al relato simbólico ni alegórico. Para ellos era suficiente la certeza de estar transmitiendo lo que creían como "verdad"; el "modo" de transmitirlo era algo secundario.

Tras el prólogo, saltándose los relatos de la infancia, el bautismo y las tentaciones, el texto que leemos hoy nos sitúa en el comienzo de la llamada "actividad pública" de Jesús con la proclamación de lo que, en este evangelio, constituye su "discurso programático".

Lo primero que llama la atención es la presentación que Lucas hace de Jesús como alguien que es movido "por la fuerza del Espíritu". No siempre somos conscientes de las "fuerzas" que nos mueven en nuestro vivir cotidiano, ni tampoco de las motivaciones reales que nos impulsan. Jesús llamaba la atención por la claridad de sus motivaciones y la coherencia con las mismas: es el hombre íntegro y fiel, lúcido y transparente. Se deja conducir por lo más profundo de sí mismo, por el Espíritu: deja que Dios se viva en él.

Y llama igualmente la atención que Lucas haya colocado precisamente esta escena para iniciar el relato de la actividad pública de Jesús. Marcos y Mateo situarán la visita de Jesús a Nazaret bastante más tarde (Mc 6,1-6; Mt 13,53). No hay duda de que Lucas persigue un objetivo claro: hacer de este discurso en Nazaret el programa de lo que va a ser toda la actuación de Jesús en Galilea.

Parece claro, por tanto, que las cosas no pudieron ocurrir históricamente de ese modo: nos hallamos en el inicio mismo de la actividad. Se trata del modo que el autor ha elegido para decir a sus lectores quién es Jesús.

Para ello, recurre a un texto de Isaías (61,1-2), que reproduce en su literalidad..., excepto en una frase, que Jesús omite. Se trata de la expresión de Isaías que habla del anuncio del "día de venganza para nuestro Dios".

Esa omisión no es casual ni insignificante, sino intencionada y trascendental. En el texto de Isaías, como en prácticamente todas las religiones, Dios aparecía con un rostro ambiguo: podía ser fuente de bendición, pero también de maldición; podía traer buenas noticias, pero también venganza y cólera. Se trataba de un Dios demasiado parecido a nosotros, en sus sentimientos y reacciones. La omisión de esa frase significa acabar definitivamente con cualquier rastro de ambigüedad en el lenguaje sobre Dios. Dios no es gracia o castigo, buena noticia o amenaza. Según Jesús, Dios es amor y sólo amor, compasión y bondad gratuita e incondicional.

Al leerlo así, probablemente captemos mejor la intención de Lucas cuando sitúa esta escena en el inicio de la actividad. Está presentando a Jesús como el "ungido" (literalmente, "mesías") de Dios, cuya misión consiste en ser "buena noticia" para todos ("pasar por la tierra haciendo el bien", tal como recogerá el mismo Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles: 10,38). Y ser así, realizando ese programa de vida, como mostrará o desvelará el Rostro de la Divinidad.

Una vez leído el texto del profeta, la palabra de Jesús trae a todos al presente: "Hoy se cumple esta Escritura". En Lucas, se trata de un "hoy" continuado, siempre actual, con la única condición de que nos dejemos introducir en él. Es un "hoy" que bien podría traducirse por "aquí y ahora", al que venimos en cuanto detenemos la mente; el presente atemporal en el que todo está bien, donde todo es bendición, gracia, libertad y Vida. El Presente tampoco es ambiguo, sino que, abrazando los dos polos de la realidad relativa (el "bien" y el "mal"), se nos desvela como Plenitud.

Recordemos otros textos del mismo evangelio, en los que aparece este mismo "hoy". En el relato (mitológico) del anuncio del nacimiento de Jesús, los ángeles dicen a los pastores: "Hoy os ha nacido un Salvador" (2,11). Tras la curación de un hombre paralítico, símbolo de la humanidad aplastada, la gente proclama: "Hoy hemos visto cosas extraordinarias" (5,26). En el encuentro con el publicano Zaqueo, Jesús le dice: "Hoy tengo que alojarme en tu casa" (19,5), para terminar con una constatación: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa" (19,9). Finalmente, ya en la cruz, al compañero de suplicio que le pide compasión, Jesús le responde con una palabra esperanzadora y cargada de vida: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso" (23,43).

Cada uno de esos "hoy" remite al lector a su propio presente. Por eso no pierden nunca actualidad..., siempre que el lector los acoja en esa misma clave.

Pero, antes que nada, nos muestran a Jesús como un hombre que vive en un presente consciente y descansado, sabio y pleno.

Mientras estamos identificados con nuestra mente, nos vemos condenados a vivir entre la nostalgia del pasado y la ansiedad del futuro. Perdidos en las cavilaciones mentales, no logramos salir de la maraña de pensamientos y emociones que llevan las riendas de nuestra vida, hasta hacer de nuestro "yo" una prisión que nos encierra en la ignorancia y el sufrimiento.

Por el contrario, la persona que "ha visto" ha descubierto el engaño de esa reducción y ha experimentado el Presente –la Presencia- como el "lugar" de la Plenitud. En la Presencia, experimenta que no falta nada, y que no hay nada que "esperar". Todo está ya; sólo hace falta verlo. Pero sólo lo vemos cuando tomamos distancia del "velo" de la mente.

Jesús es, en el sentido más hondo de la palabra, el hombre de la Presencia. No es extraño que su modo de estar impactara a la gente y desprendiera tanta vida. Quien vive establecido en el "aquí y ahora" es un espejo transparente de la Divinidad, Presencia plena y atemporal.

Esa forma de vivir se halla a nuestro alcance: todos ponemos tener acceso a ella. Basta con ejercitarnos en venir al presente, sin sobreexigencias ni perfeccionismos, sin tensión ni culpabilidad por no lograrlo, sino con paciencia y perseverancia. Una vez más, en Jesús vemos lo que el ser humano es capaz de vivir.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2004-el-discurso-program%C3%A1tico-de-jes%C3%BAs.html

Ilustración: Maximino Cerezo Barredo.

Padre S. Martín. Actualidad católica: https://www.youtube.com/watch?v=pUU6w2dYkjU


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=Eun1rHaqk-0 

jueves, 23 de enero de 2025

El nihilismo, el más inquietante de los invitados

EL OCASO DE OCCIDENTE

Giorgio Agamben

 Para quienes saben leer con cierta lucidez los signos de los tiempos, es evidente que estamos viviendo el fin de la cultura que, para abreviar, podríamos llamar Occidente. Sin necesidad de recurrir a profetas como Spengler que lo anunciaron hace ya más de un siglo, también un historiador inteligente como Emanuel Todd, a través de un análisis detallado del declive demográfico, de las estructuras familiares, de la desaparición de la religión y del triunfo del nihilismo en todos los aspectos de la vida social, nos obliga en un libro reciente a enfrentarnos a lo que él llama la derrota y la autodestrucción de la cultura occidental. Sin embargo, como cualquier diagnóstico apocalíptico, este tampoco sirve de nada si no somos capaces de comprender lo que significa vivir el fin de una cultura. El fin de una cultura, en efecto, no es un acontecimiento puntual que pueda fijarse como un hecho cronológico. Es más bien un proceso continuo que, en un momento dado, llega a una crisis, término al que conviene devolver su significado original de «juicio». «Krisis» –palabra procedente de la medicina griega, en la que designaba el momento en que el médico debe decidir si el paciente morirá o sobrevivirá– significa a la vez «juicio» y «separación» y vivir el fin de Occidente significa que también nosotros estamos hoy llamados a juzgar y separar –como en realidad deberíamos haber hecho en cada instante– lo que está muerto y lo que está vivo, lo verdadero y lo falso que hay en nosotros y a nuestro alrededor.

Como comprendieron los teólogos, los primeros en abordar el problema del fin de un mundo, anticipando en el plano de la filosofía de la historia las tesis que Freud traduciría en términos psicológicos, toda cultura contiene en sí misma, desde el principio, dos elementos opuestos, uno que conduce a la disolución y la muerte y otro que nutre y mantiene la vida. Y, sin embargo, mientras estén históricamente vinculados, los dos elementos se condicionan mutuamente y dependen necesariamente el uno del otro. Así, San Agustín, retomando las tesis de un brillante teólogo, Ticonio, que inspiró decisivamente el pontificado de Benedicto XVI, concibe la historia de Occidente como resultado del cruce de dos ciudades, la ciudad de Dios y la ciudad terrena, que siguen estando estrechamente unidas (el santo de Hipona escribe «perplexae«, densamente entrelazadas) hasta el momento final de la gran separación, en el que los buenos y los malvados, la vida y la muerte, se dividirán. «De esto se deduce» –escribió Ratzinger cuando aún no era Benedicto XVI– que el Anticristo pertenece a la Iglesia, crece en ella y con ella hasta la gran separación, que será introducida por la revelación definitiva.

La desintegración de Occidente es, literalmente, la disolución progresiva e imparable del nudo que mantenía unidas la vida y la muerte, la verdad y la mentira, la libertad y la esclavitud, lo legítimo y lo ilegítimo, la guerra y la paz, el dialecto y la lengua gramatical, que de esta manera se volverán indiscernibles. Porque en el momento de la disolución los dos elementos, que ya nada mantiene unidos, lejos de separarse, tienden a fusionarse y caer el uno en el otro. No debemos dejar escapar este momento, que coincide con el presente, porque solo en él puede ocurrir la «krisis», el juicio sobre el propio tiempo, que interviene para separar de nuevo lo que pretendía haber hecho indistinguible. Para quien pronuncia este juicio, cada día es el último día, cada instante es el decisivo. De hecho, en el momento de la disolución, precisamente lo que está muerto se disfraza de vivo, mientras que el elemento vital es rechazado en el pasado como si ya no estuviera vivo y es a este pasado al que el juicio histórico debe mantener abierto el acceso.

Lo que ha ocurrido en los últimos tres años es que este juicio no ha sido ejercido o lo ha sido solo de forma marginal y por unos pocos, mientras los medios de comunicación repetían en masa e irresponsablemente las consignas de la confusión y de la mentira. Así, el estado de excepción se ha confundido con la ley, la mentira con la verdad, la tecnología con la naturaleza, la medicina con la religión, situación tanto más peligrosa cuanto que, si la sustitución de lo verdadero con lo falso se vuelve integral, quien miente ya no sabe que miente y lo verdadero y lo falso, la buena fe y la mala fe se confunden en su mente hasta el punto de hacerle perder todo sentido de la realidad. Esto significa que la mentira escapa a su control y puede volverse en primer lugar contra él, obligándole a actuar en contra de sus propios intereses hasta el punto de conducirle, como ocurrió con las vacunas y como está sucediendo según todas las pruebas con la guerra de Ucrania, a la autodestrucción.

Creo que muchos se han preguntado por qué Occidente, y en particular los países europeos, cambiando radicalmente la política que habían seguido en las últimas décadas, de repente decidieron hacer de Rusia su enemigo mortal. En realidad, existe una respuesta perfectamente posible. La historia muestra que cuando, por alguna razón, fallan los principios que aseguran la propia identidad, la invención de un enemigo es el dispositivo que permite –aunque sea de manera precaria y en última instancia ruinosa– hacerle frente. Esto es precisamente lo que está sucediendo ante nuestros ojos. Está claro que Europa ha abandonado todo aquello en lo que creyó durante siglos, o, al menos, creía creer: su Dios, la libertad, la igualdad, la democracia y la justicia. Si ya ni siquiera los sacerdotes creen en la religión, con la que Europa se identificaba, también la política hace tiempo que perdió su capacidad de guiar la vida de las personas y de los pueblos. La economía y la ciencia, que han ocupado su lugar, no son en modo alguno capaces de garantizar una identidad que no tenga la forma de un algoritmo. La invención de un enemigo contra el que luchar con cualquier medio es, a estas alturas, la única manera de colmar la creciente angustia ante todo aquello en lo que ya no se cree. Y, ciertamente, no demuestra mucha imaginación el haber elegido como enemigo a quien, durante cuarenta años, desde la fundación de la OTAN (1949) hasta la caída del Muro de Berlín (1989), hizo posible librar en todo el mundo la llamada Guerra Fría, que parecía, al menos en Europa, definitivamente desaparecida.

Contra aquellos que estúpidamente intentan encontrar de esta manera algo en que creer, hay que recordar que el nihilismo es el más inquietante de los invitados, pues no solo no se deja domesticar con mentiras, sino que únicamente puede llevar a la destrucción de quien lo ha acogido en su casa.

Artículo publicado en el diario ABC de España

01/07/2024:

Honrar, honra

CARLOS ANACHE MATA

Rodolfo Izaguirre

Carlos Canache Mata (1927-2023), médico, abogado, político ejemplar y parlamentario, sirvió durante años como Presidente de la Cámara de Diputados de la República de Venezuela porque dentro de su amplia trayectoria pública fue destacado dirigente de Acción Democrática. Fue venezolano de temple y testigo de excepción cuando El Barcelonazo, y el estado Anzoátegui lo conoció y admiró la vez que le tocó ejercitarse allí en las alturas del magisterio.

Mientras AD disponía del poder o se activaba fuera de él nunca fui partidario ni amigo fervoroso de los adecos, pero tampoco de los copeyanos ni de ninguna otra organización política, porque he preferido siempre mantener mi libertad de pensamiento, una manera solapada o indirecta de mencionar al ego que se alimenta de nuestra personal vanidad. Cogía la acera de enfrente cuando veía venir a algún adeco o copeyano, pero nunca los consideré enemigos porque además de ser consecuentes con sus ideas, eran demócratas como yo.  No sabría decir, además de mi ignorante inocencia, por qué sentía que había algo de justicia social en el marxismo y me producía cierta reticencia la poca simpatía de Betancourt, su físico ingrato y su descarrilado timbre de voz.

Pero descubrí a tiempo el andar fascistoide de los comunistas, pero no me percaté que el Techo de la Ballena, no obstante su vibrante e irreverente dadaísmo tardío y tropical, fue un movimiento políticamente equivocado y de alevosa inspiración cubana que trató despiadadamente a Rómulo Betancourt, un hombre que mantuvo en todo momento una firme conciencia democrática. Yo también he sido y seguiré siendo demócrata y asistí a los funerales de Canache Mata porque fue durante su larga vida un verdadero demócrata! Y los que son igual y decididamente demócratas como Canache y yo, sufren el despiadado autoritarismo y la alta mediocridad de un enajenado pensamiento único que de manera ilegal está cimentándose en el país.

Estuve también, acompañado de Jesús Peñalver, en el homenaje que se le rindió con motivo de su último aniversario de vida y Canache dio muestras de una memoria portentosa y en un determinado momento de su discurso me miró y mencionó mi nombre y me sentí desbordado por el privilegio. En esa oportunidad y luego, durante los funerales, fui recibido con inmerecido afecto.

Si asistí a los funerales de Román Chalbaud, mi amigo de largos años de fascinante vida cinematográfica, antes de abrazarse feroz y voluntariamente al chavismo ¿por qué no puedo unirme a los socialdemócratas venerados y decididos amigos y seguidores de Carlos Canache Mata, distanciados como muchos de nosotros del autoritarismo y los desplantes dictatoriales?

Lo que ha cambiado en mí es que a mi avanzada edad me he impuesto la obligación de borrar de mis nuevas perspectivas o apreciaciones políticas, las calificaciones de adecos o copeyanos y referirme como demócratas a los militantes de los partidos políticos tradicionales, exceptuando al Partido Comunista y a los que surjan del pantano populista.

Al imponerme esta tarea es como si dedicara lo que me queda de vida a eliminar los arrecifes en las costas y permitir que el mar, al no estrellarse contra las rocas, descubra y encuentre su propia libertad.

Fotografía: LB (2013).

19/01/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/carlos-canache-mata-5/

La palabra eficiente

 EL PAÍS, Madrid, 23/01/25.

"... Los amigos se vuelven enemigos en un momento dado"

Margott Pérez-Jiménez: 

EL 23 DE ENERO DE 1958 LO RECUERDO COMO UN CAMBIO BRUTAL

Williams Perdomo

El general Marcos Pérez Jiménez fue un dictador. Así lo reconoce sin titubeos su hija, Margott Pérez-Jiménez, que recuerda la noche del 23 de enero de 1958 como si ocurrió ayer a pesar de que solo era una niña cuando, junto a su padre, tuvo que salir de Venezuela por el fin del régimen. 

La hija de Pérez Jiménez describe esa noche como una en la que todo cambió. No sintió miedo, pero sí tuvo incertidumbre. No entendía lo que estaba pasando. Solo 24 horas antes su vida era una maravilla. “Mi mamá sí lloraba, pero porque mi papá le dijo que si él no llegaba al avión que nos fuéramos porque era que lo habían matado”, dijo en conversación con El Nacional. 

Uno de los momentos que la marcó aquella noche fue cuando al despedirse de varios militares, muchos de ellos le pedían al general Pérez Jiménez que no se fuera del país. Para su hija, eso era una demostración del respeto que le tenían. Insiste en que su padre abandonó el poder porque quiso. Además, asegura que su padre no tenía intenciones de mantenerse en el gobierno. Es enfática en afirmar que su intención era estar 10 años como presidente para cumplir su proyecto país: poner a Venezuela por encima de los países de la región en cuanto a desarrollo y economía. 

«Hay cosas que se te quedan en la memoria como sellos. Ver a hombres de bigote uniformados, llorando, diciéndole: ‘general no se vaya por favor, no se vaya’. Eso yo lo viví, lo sentí. Y me impresionó porque imagínate a una niña, que ve a un señor llorando, vestido de militar. La policía militar estaba ahí, llorando todos».

Sobre el desenlace de esa noche, no tiene dudas de que se dio por la traición. Señala que el fin del gobierno de su padre se dio por la ambición de Wolfgang Larrazábal y de Rómulo Fernández: «Yo he llegado a una conclusión en mi vida: mi papá no era político. Mi papá era un gran gestor y así a lo mejor no se puede andar por el mundo o no se podía andar. Él era un gestor que quería a Venezuela y que el país surgiera. Él decía que quería que Venezuela estuviera, como está geográficamente, a la cabeza de América en todos los sentidos».

Aquellos días en Venezuela quedaron en el recuerdo. Margot Pérez-Jiménez dice que el general murió con el anhelo de regresar a su país. Falleció en Alcobendas, España el 20 de septiembre de 2001 tras un ataque al corazón y el haber perdido la consciencia en sus últimas semanas.

Quiere también que los venezolanos recuerden un lado de su padre del que poco se habla: el del hombre familiar y comprometido con su nación: “Para el todo era su familia. Mi papá se desvivía por sus nietos. Mi padre yo lo describiría como un padre maravilloso. Mientras más pasa el tiempo y me hago más vieja, más lo entiendo”.

Sobre el presente, Margott Pérez-Jiménez señala que si su padre viera la situación actual de Venezuela «no la viviría. Se hubiera muerto. Él lo que quería era que Venezuela siguiera progresando y le dolía ver lo que se había perdido en el país y eso que no había visto lo que se está viendo ahora. Mi papá habrá sido lo que haya sido, pero quería a su país por sobre todas las cosas».

—¿Cómo recuerda la noche del 23 de enero de 1958?

—El 22 por la noche fue mi papá a hablar con mi mamá. No sabíamos qué estaba pasando. Veíamos que en la casa entraba y salía gente. Esa noche me impresionó mucho y me enseñó muchísimo en la vida. Por ejemplo, me enseñó que los amigos se vuelven enemigos en un momento dado. Yo creía que el mundo era Disney World, hasta ese 23 de enero que me di cuenta que no lo era. Él fue a hablar con mi mamá. Mi hermana y yo nos pegamos en la puerta a ver qué decían. Ahí le oímos decirle a mi mamá que él se tenía que ir a Miraflores, que él la llamaría a ella, para que cuando él o Pauli Chalbaud, jefe de la Casa Militar,  llamara, nos fuéramos a la embajada de Paraguay le dijo que de ahí la llamaba para que nos fuéramos a La Carlota. También le dijo: ‘Si yo no llego, quiere decir que me han matado en Miraflores, entonces coges a doña Angelina y a las niñas y sal de Venezuela’. Justo mi hermana y yo pensamos que nos habíamos salvado porque mi mamá tenía una colección de piedras duras, muy bonitas, y a nosotras se nos ocurrió nada más que poner una sábana en el suelo y tirar todas las piedras duras en la sabana, que se volvieron añicos. Entonces mi hermana y yo decíamos ‘que caiga el gobierno porque si el gobierno no cae, mi mamá nos mata’ (risas).

—¿Cómo describiría ese día?

—Como si el mundo está cambiando y tú no sabes por qué no entiendes nada. Lo que era una maravilla hacia 24 horas, se convertía en una cosa negativa. Eso para un niño no es fácil en su cabeza. Lo recuerdo como un cambio brutal.

—¿Cómo fue la salida de Venezuela?

—Ese día nos acostaron en la casa y como a la media hora de estar acostadas nos levantaron y salimos para la embajada de Paraguay. Llegamos y la esposa del embajador nos acostó a los niños en unas camas que tenían. Como a los 10 minutos o media hora nos levantaron. Me acuerdo en La Carlota estando mi mamá, mi abuela y nosotros en un Cadillac y mi mamá viendo la hora y llorando, hasta un momento que le dijo mi abuela: ‘Flor, tenemos que salir del carro’ y mi mamá iba a salir y de repente, no sé si fue el chofer que dijo ‘ahí vienen unas luces’ y se veían a lo lejos unas luces y ahí llegó mi papá con su escolta perfectamente. Por eso me da tanta rabia cuando dicen que salió huyendo de Venezuela. Es mentira. Se bajó todo el mundo y se formó como si fuera un viaje oficial para que él saliera.

—¿Sintió miedo?

—Miedo no. Por un momento incertidumbre. Mi mamá sí lloraba, pero porque mi papá le dijo que si él no llegaba al avión que nos fuéramos porque era que lo habían matado.

—Usted ha contado que había militares que le pedían que se quedará….

—Hay cosas que se te quedan en la memoria como sellos. Por ejemplo, ver a hombres de bigote uniformados, llorando, diciéndole: “general no se vaya por favor. No se vaya”. Eso yo lo viví, lo sentí. Me impresionó porque imagínate una niña, que ve a un señor llorando, vestido de militar. La policía militar estaba ahí, llorando todos y mi papá les dijo: “Me tengo que ir”.

—¿Cree que fue un error?

—Se lo pregunté más tarde, en una Navidad. Le pregunté por qué se fue de Venezuela si esos militares estaban llorando, y me respondió que se había alzado la Escuela Militar y que para quedarse hubiera tenido que fusilar un par de cadetes y él no quería tener en su consciencia sangre y sangre joven. Por eso salió de Venezuela. Yo le dije que estábamos en desacuerdo. Yo no dejo el poder. Yo creo que no se debe dejar cuando cuando estás colocado en un sitio y sobre todo mi papá que no quería perpetuarse en el poder. Él siempre lo dijo: él quería 10 años para hacer una Venezuela sólida y entregarla teniendo unas bases muy fuertes.

—Para nadie es un secreto que la economía de Venezuela en esa época creció y la mejor infraestructura del país se hizo durante ese gobierno, ¿por qué cree usted que cayó Pérez Jiménez?

—No sé mucho qué pasaba en el gobierno. Era una niña. Después después viendo las cosas y todo. Yo he llegado a una conclusión en mi vida, que mi papá no era político. Mi papá era un gran gestor y así a lo mejor no se puede andar por el mundo o no se podía andar. Él era un gestor que quería a Venezuela. Era un gran gestor que adoraba a su país.

—Pero hubo traición….

—De Wolfgang Larrazábal, de Rómulo Fernández, y de todos esos militaruchos, que vieron que Pérez Jiménez había llegado a donde había llegado, porque mi papá viene de lo más bajo. Eso yo lo admiro de él: nunca se le olvidó de dónde venía. Esos militaruchos que no surgieron porque no tenían la capacidad de surgir, eran unos mandados, pero ni siquiera fueron unos buenos mandados, se rebelaron contra eso. O sea, fue alguien que dijo “yo puedo más que este, yo me rebelo y a este hay que sacarlo”. Yo creo que fue basado en eso. Yo no sé si se unirían con los que estaban fuera, con los adecos y con la gente que estaba en el exilio, pero mi papá nunca habló de eso. Después ya de grande viendo y acordándome de Larrazábal y de Rómulo Fernández, cómo era. Era un pobre acomplejado. Estos, que yo llamo militaruchos que lo rodeaban, entre ellos estaba la semilla. Eso fue. Dijeron: “quitamos a Pérez Jiménez y nosotros llevamos el país como lo lleva este hombre”. Pero no lo hicieron igual que él.

—¿Cree que sea reconocido el rol de su padre en la historia de Venezuela?

—Yo creo que todavía no. Llegará, yo siempre digo, a lo mejor yo no lo veo ni mis hijos, pero a lo mejor dentro de 100 años. La historia tiene la manía de depurarse porque es así. Al principio la escriben los que ganan, los que tienen más. Pero la historia tiene la manía de depurarse y yo creo que pasados los años se reivindicará. Pero, ¿sabes lo que te da satisfacción? A mí por lo menos me da una grandísima satisfacción que yo sé la verdad verdadera. El otro día me preguntaron “¿y a ti no te molesta que le digan dictador?”. Yo digo: ¿a mí? Ni me molesta que digan que es un asesino, ni me molesta que digan que es un ladrón, es que verdaderamente me pasa por encima porque yo sé lo que era. Como yo sé lo que soy yo sé lo que era mi padre. A mi papá lo han calificado de todo, menos de maricón, de todo. A mí es que da igual, nunca me he sentido cohibida y te digo que tengo amigos que son de izquierda, me acuerdo un día en una discusión me dicen “pero tú…” y les digo “pero cómo voy a ser si tengo la sangre de un dictador por las venas, ¿qué quieres que sea? Yo soy como soy”.

—¿Es posible que alguien de la dinastía Pérez-Jiménez se involucre en la política?

—No creo. Son seres que se han criado fuera de Venezuela. Para ellos es un país del que saben lo que nosotros le hemos contado. Pero eso hay que llevarlo en la sangre. Lo que hizo mi papá tiene que llevarse en la sangre.

—¿Cómo viviría su padre la situación actual del país?

—No la viviría. Se hubiera muerto. Él lo que quería era que Venezuela siguiera progresando y le dolía ver lo que se había perdido en el país y eso que no había visto lo que se está viendo ahora. Mi papá habrá sido lo que haya sido, pero quería a su país por sobre todas las cosas.

—¿Cree que el país puede conquistar la libertad en la situación actual?

—Yo creo que sí. Pero siempre cuando me preguntan yo digo: le hace falta otro Pérez Jiménez. Le hace falta una mano dura, un hombre que quiera al país. Un hombre que construya las bases para que Venezuela surja y un hombre que limpie todo. Si Venezuela quiere llegar a ser lo que fue con Pérez Jiménez, tiene que buscarse otro Pérez Jiménez.

—¿Su padre fue un dictador?

—Yo creo que sí. Todo se hizo como él quería. Me da risa cuando algunos decían “hacíamos”. No. Ellos hacían lo que les decía mi papá. Mi papá tenía su proyecto mentalmente y era el que quería desarrollar en 10 años. No más porque él decía que eso no era vida y tenía razón.

Fotografía: Fundación Empresas Polar.

 23/01/2025:

https://www.elnacional.com/venezuela/margott-perez-jimenez-el-23-de-enero-de-1958-lo-recuerdo-como-un-cambio-brutal/#google_vignette

Para la coincidencia y la discrepancia

  https://www.youtube.com/watch?v=3x0NBgVr4gk